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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-06-2011

El 15-M-en su sexta semana

ngel Guerra Cabrera
La Jornada


El 15-M o movimiento de los indignados, en el Estado espaol, llega a su sexta semana de existencia con un rico saldo de decisiones, acciones y prestigio social acumulados. Ello apunta a su permanencia, todava no asegurada pero en cuya direccin marcha. Importantes avances polticos y organizativos se aprecian en el mtodo asambleario adoptado y su extensin a los barrios, que evoca la Comuna de Pars. Tambin la organizacin temtica de los debates en comisiones y grupos que luego someten el resultado a las asambleas y la madurez mostrada ante la salvaje represin de la polica catalana. De enorme importancia, las multitudinarias marchas el 19 de junio en 60 ciudades del Estado contra el saqueador Pacto del Euro, que rebasaron todas las expectativas de participacin, organizacin y civilidad. Las consignas, ahora ms radicales, concretas y de raigal contenido anticapitalista Europa para los ciudadanos y no para los mercados, entre otras demuestran el crecimiento numrico y cualitativo del movimiento y su firme voluntad democrtica y pacfica.

Esa hazaa es doblemente meritoria al haberse logrado bajo el fuego concentrado de la delirante campaa de linchamiento lanzada por los medios en estrecha alianza con los intelectuales orgnicos del sistema tomando como pretexto la sentada en los alrededores del Parlament y la supuesta violencia de los indignados. El afamado y celebrado Fernando Savater devel su entraa autoritaria cuando los calific de hatajo de mastuerzos que no representan a nadie. Sin embargo, una encuesta encargada por El Pas dio cuenta de que 81 por ciento de la poblacin apoya al 15-M, dato verdaderamente sorprendente y aleccionador. Nada menos que en el mismo Estado donde un mes atrs millones entregaron su voto a la extrema derecha franquista del Partido Popular, que hara pensar en un pas muy conservador.

Entre las iniciativas que ms educan al movimiento y le granjean la adhesin de la ciudadana estn las desarrolladas en los ltimos das junto a las asociaciones de vecinos para detener la expulsin de sus hogares de familias menesterosas, en su mayora inmigrantes. Un gesto de profunda solidaridad humana, internacionalista, y de rechazo al racismo institucional. Si el movimiento no se hubiera interpuesto y movilizado a los vecinos los gobiernos municipales habran demolido las casas de estas personas en beneficio del insaciable negocio inmobiliario o desahuciado a tenedores de hipotecas basura para continuar engordando a los banqueros. Son acciones que desafan al Estado como dueo absoluto del monopolio de la violencia y al sacrosanto derecho de propiedad privada, envilecido ya hasta lmites de mxima crueldad.

Hablando de violencia, una experiencia muy valiosa vivida por los indignados y por participantes de la comunidad de internautas ha sido el debate sobre el origen de aquella, a raz de la campaa meditica contra el movimiento por los supuestos actos de guerrilla urbana llevados a cabo frente al Parlamento de Catalua, pretexto con que se intent justificar la represin. Este debate, pospuesto por mucho tiempo, es muy revelador sobre la naturaleza del capitalismo. Ahora facilitado por el grado de desfachatez a que ha llegado la expoliacin de los pueblos europeos durante la ltima crisis. Violencia, han afirmado los indignados en decenas de miles de mensajes y manifiestos, es el paro, los desahucios, el que los diputados e imputados ignoren a los votantes para tomar decisiones fundamentales sobre su futuro, es la reduccin de salarios y jubilaciones y el desmantelamiento de los derechos sociales mientras los ricos se hacen cada vez ms ricos, es la corrupcin de los polticos; o la aprobacin de la ley que liquida el derecho a la negociacin colectiva entre obreros y patronos. Es tambin la verdad escamoteada por los medios de difusin, el silencio que hacen sobre los movimientos sociales cuando no su descalificacin, o su defensa a ultranza del orden establecido.

El movimiento tiene ya un programa de acciones. Entre otras, continuar la lucha por impedir los desahucios y su estructuracin en todo el Estado. Una represin recrudecida no debe descartarse y qu hacer entonces. La horizontalidad y la toma de decisiones por unanimidad han sido principios de su funcionamiento. Pero no hay que temer el surgimiento de liderazgos en el camino debido a sus mritos. Mucha falta que hacen. En Amrica Latina podemos dar fe de ello.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/06/23/index.php?section=opinion&article=026a1mun



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