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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2011

Tras siglos de segregacin voluntaria en las montaas, rabes y bereberes de Libia obligados hoy a convivir en los campos de refugiados del desierto tunecino
Unidos por y ante la adversidad

Karlos Zurutuza
Gara


Los libios tienen bsicamente dos formas de atravesar el sureste de Tnez estos das: hacinados en vetustos y sobrecargados Peugeot de matrcula amarilla, o heridos en ambulancias a la carrera en direccin a Tataouine, la capital de la remota provincia homnima.

Varios de ellos se quedarn en el campo de refugiados de Dehiba, la primera parada en Tnez nada ms cruzar la voltil frontera; sa que se han disputado tropas de Trpoli y rebeldes libios desde que estallara la guerra entre ambos el pasado febrero.

Levantado y gestionado con fondos de Emiratos rabes Unidos, el campo de Dehiba acoge a 811 libios llegados desde las montaas de Nafusa (Libia).

El mes pasado llegamos a albergar a 1.820 refugiados pero hoy tenemos 811. Hay gente que abandona el campo pero no sabemos si vuelven a casa o se dirigen hacia otras ciudades de Tnez, no preguntamos, explica a la entrada del recinto Khalfan Said al-Qurerini, responsable del campo.

Las noticias desde el frente occidental en Nafusa son siempre contradictorias por lo que el emirat evita toda especulacin en torno a una hipottica mejora de la situacin en las montaas. Y es que un pueblo presuntamente liberado ayer mismo puede haber cado bajo control de Trpoli al da siguiente, y as sucesivamente. Por si fuera poco, a la de por s complicada coyuntura blica parecen estar sumndose otros problemas ya dentro de este limbo de tiendas de campaa:

La mayora de las familias son bereberes de Nalut pero tambin tenemos otras tres rabes, de Zintan. Ayer mismo hubo una pelea entre ellos. Result tan violenta que tuvimos que pedir a la Polica que entrara en el campo porque nosotros no podamos controlar la situacin, seala Khalil Harraz, otro de los responsables del campo.

Odios ancestrales

Harraz no duda en apuntar a la ancestral enemistad entre rabes y bereberes de Libia. Estos ltimos apenas sumaran el 4% de la poblacin del pas en guerra y, si bien apenas les diferencia fsicamente de los rabes, los bereberes de Libia se distinguen por su propia lengua, el amazigh, y una confesin del Islam desmarcada de la ortodoxia sun hegemnica en Libia. Quizs sus mezquitas en las montaas sean las nicas del mundo que no estn orientadas hacia La Meca.

Nuestras aldeas estn construidas desde un punto de vista defensivo, en las zonas ms escarpadas e inaccesibles. Nalut, Jadu, Qalaa, Kabaw y Yefren son bereberes, mientras que los rabes de Nafusa viven en Zintan, Rushba y Rayaina, indica Waheed, natural de Nalut. Hemos vivido separados durante siglos porque esa ha sido la nica manera de sobrevivir, de no desaparecer. En Tnez apenas queda nadie que hable la lengua amazigh y en Libia slo se ha conservado en las montaas de Nafusa, aade este bereber desde la tienda de la televisin. Aqu nadie quiere perderse las informaciones que llegan desde el frente a travs de Al-Jazeera.

El mapa de aldeas mono-tnicas que describa Waheed se refleja grficamente sobre el terreno en el campo de refugiados de Remada, a 40 kilmetros de la frontera.

rabes y bereberes ocupan reas distintas del campo, pero tenemos que vigilar con atencin las zona comunes para que no se insulten ni se produzcan agresiones, explica Hatim Said, un sudans que dirige este campo levantado por Naciones Unidas.

Desde que nos instalamos el pasado abril hemos podido constatar que muchos bereberes miran con desdn a los rabes. Si bien varios de los primeros tienen estudios universitarios, son profesores, mdicos, enfermeros... todava no hemos recibido a ningn rabe con una formacin equivalente, apunta Patricia Eckhoff, responsable de la seguridad del campo. Esta trabajadora aade que a pesar de los talleres de costura, ingls e Islam, los columpios para los nios son la zona comn ms exitosa del campo.

El campo de refugiados de Tataouine se levant con fondos qatares dentro del antiguo estadio de la capital de la provincia. Puede que a simple vista su distribucin rectilnea obedezca a los patrones habituales. No obstante, el de Tataouine puede haber traspasado una lnea roja en la convivencia entre ambas comunidades, o incluso haberla hecho desaparecer: aqu rabes y bereberes esperan a que acabe la guerra en tiendas anexas.

A escasos metros de la portera sur, Muftah, rabe de Zintan y profesor de ingls hasta el pasado febrero, resta toda importancia a la inesperada configuracin del campamento:

Aqu las tiendas estn juntas pero eso es lo de menos. Lo ms importante es que, tras siglos dndonos la espalda, por fin estamos haciendo algo juntos: luchar contra el tirano, asegura este profesor con chilaba que no ve la hora de retomar el curso.

Fuente original: http://www.gara.net/paperezkoa/20110625/274812/es/Unidos-ante-adversidad



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