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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-06-2011

Extremadura, IU y el 15M
Plazas que disuelven cortijos

Juan Andrade Blanco y Manuel Caada Porras
Rebelin


1. En el ltimo mes, dos acontecimientos han roto la espesa normalidad dominante, apuntando a una fase nueva: la emergencia del 15M y la sublevacin de las bases de IU Extremadura. Las grandes manifestaciones de Democracia Real Ya y la rebelin en la pequea aldea extremea tienen en comn su condicin de anomalas, de relmpagos insolentes e inesperados. En plena campaa electoral, las plazas de todo el pas son ocupadas; la gente se rene y grita en ellas las verdades furtivas, sin pedir permiso. En la calle se alumbra un movimiento popular capaz de combinar con una sabidura indita pragmatismo y desobediencia, burlando las amenazas y restricciones del poder. Una emocin indisimulable recorre las plazas, que intuyen la trascendencia del desafo.

Das despus, en Extremadura, las bases de IU se revuelven contra otro lmite, el de ser la fiel infantera del PSOE, condenada a auxiliarle en las situaciones de apuro electoral, aunque esa subalternidad contradiga a su propia formacin poltica como alternativa. El crculo vicioso de la asistencia automtica a uno de los pilares del bipartidismo y de la democracia-falacia se rompe.

Los dos acontecimientos tienen un aire de familia y apuntan a los lmites sociales, polticos y simblicos del sistema y los desbordan, desplazan los mrgenes, dislocan el terreno de lo posible. Se termin el sota, caballo y rey. Los aos de plomo, el tiempo de la resignacin toca a su fin.

2. Lo llaman democracia y no lo es. Un clamor en las plazas portando certezas impronunciables hasta ahora, desvelando las plutocracias de nuestro tiempo, las dictaduras del dinero disfrazadas con ropajes democrticos. No somos mercancas en manos de polticos y banqueros. Los gritos atraviesan las mediaciones, sobrepasan las demandas corporativas y los clculos de la reivindicacin medida para apuntar directamente a los de arriba, a la estructura, a los fundamentos del sistema. Suenan tambin ecos de luchas anteriores, del movimiento contra la globalizacin, contra la guerra de Irak o el Plan Bolonia, pero ahora lo hacen con una rabia y verosimilitud ya olvidadas. No es suma de movimientos, es hibridacin, fecundacin mutua, creacin nueva.

No es una crisis, es una estafa. El capitalismo popular, la religin de los propietarios, es bajado de los altares. Algunos alcaldes tienen que salir por la puerta trasera de los ayuntamientos, tras ser investidos; los parlamentos son cercados; en las sucursales bancarias se multiplican las ocupaciones simblicas. La crisis econmica ha mutado en crisis de legitimidad del sistema.

3. La caprichosa aritmtica parlamentaria sumada al crecimiento en votos otorga a IU Extremadura la llave para decidir el gobierno regional. Por primera vez, tras 28 aos, el PSOE no es el partido ms votado. En los despachos del poder y en las redacciones se activa el dispositivo de seguridad previsto para estas ocasiones, la campaa de la pinza. Pero algo falla, parece que se detecta una resistencia excesiva en las bases de IU. Entonces, se ponen en marcha diversas medidas para hacer entrar en razn a los cerriles militantes extremeos.

Se har una consulta entre los afiliados, pero, eso s, no vinculante. Muchos de ellos hacen ver la contradiccin entre exigir democracia real en el pas y practicar la soberana limitada en el interior de la organizacin; pero por esa rendija de participacin se cuela, imparable e inapelable, la voluntad de la gente: el 80% se pronuncia por la abstencin. Desde arriba se orquestan todo tipo de maniobras para torcer la opinin de los amotinados: la direccin regional se inventa el voto ponderado para que pese ms el voto de los afiliados de la ciudad que el de quienes viven en los pueblos; el secretario regional de CCO reclama en entrevista ex profeso que IU tiene que pringarse; los principales medios de comunicacin regionales o el peridico Pblico reciben clases aceleradas del Grupo Prisa, decano en la nauseabunda teora y orquestacin de la pinza: todos insisten a coro en las calamidades que sobrevendran si los obtusos militantes persisten en su empecinamiento. Parece que poco a poco se van venciendo las resistencias; para acabar de doblegarlas, a la carrera se elabora una propuesta programtica de 12 mandamientos que parece facilitar la respuesta favorable de Vara, y sta se produce con la solemnidad y mesura apropiadas Pero ni por esas, los testarudos no aflojan; supuran rencor, dice la versin oficial, por los desencuentros histricos entre las dos organizaciones. A la desesperada, el mismsimo Cayo Lara y un puado de dirigentes federales-o, por mejor decir, coloniales- aterrizan en Extremadura para imponer su criterio, violentando la decisin de las bases pero salen con el rabo machado.

El coraje de los militantes extremeos termina con un rgimen clientelar de tres dcadas y, de paso, sin proponrselo, abre un debate sobre el grado de independencia real y sobre el sentido del proyecto de IU.

4. No hay pan para tanto chorizo. Lo que ayer era indecible, encuentra su cauce en la indignacin de millones de personas. La gente practica en la calle el arte del acontecimiento y va desvelando la trama de la crisis. Tenemos la solucin: los banqueros a prisin. En el erial donde antes se consinti sin rechistar una transferencia de billones de euros para el llamado rescate bancario, surge hoy el dedo colectivo sealando a los urdidores de la estafa.

Pero esta crisis es, al tiempo, ms que una estafa. Al principio, todava en las plazas se agitaba la ilusin de volver a los tiempos de bonanza, a la senda del crecimiento, como repite la jerga meditica. Ahora, el enunciado dictadura de los mercados pasa de ser retrica poltica a encarnarse en la vida cotidiana; los planes de ajuste se traducen en paro, exclusin, precariedad, desahucio, recortes de las ayudas sociales, miedo al despido Manos arriba, esto es un contrato, se desgaitan los jvenes, haciendo trizas la caricatura que presenta el 15M como una revuelta romntica y esttica.

En las plazas, que los demcratas salvajes han convertido en escuelas de alfabetizacin poltica (Alba Rico), la gente se adiestra en relacionar consecuencias y causas, intereses parciales y globales. La crisis va para largo y la lucha ser dursima. Un hilo subterrneo une el desastre nuclear de Fukujima, la guerra de Libia y las resistencias en Grecia, Islandia o Espaa. El capitalismo autista se topa con los lmites de la naturaleza, se multiplican las guerras del expolio, el fantasma del corralito recorre Europa y las clases medias abandonan su castillo encantado de corporativismo y consumo.

Se extiende la intuicin de un cambio de poca. Tras la guerra global permanente (Guerra de Irak), la crisis global permanente como forma de dominio, como reorganizacin del capitalismo.

5. Un rgimen de poder ha terminado en Extremadura. Treinta aos caracterizados por el neoliberalismo econmico, el populismo poltico y el clientelismo social. El pacto entre los arribistas de los dos bandos que supuso la transicin poltica (Rafael Chirbes) en Extremadura se tradujo en la modernizacin y legitimacin del cortijo. De Jarrapellejos a Alfonso Gallardo: del derecho de pernada a la naturalizacin del clientelismo y la arbitrariedad. Del cortijo autosuficiente a las subvenciones millonarias de la Unin Europea y la inversin en bolsa.

Una nueva lite poltica y econmica que entroncaba y se renovaba a partir de la slida red caciquil y de poder existente durante todo el franquismo. Vara y Francisco Fuentes, dos de los hombres fuertes del PSOE extremeo, constituyen una esclarecedora metfora de ese proceso. El primero llega a presidente de la Junta tras ser afiliado durante 10 aos del PP, hasta su captacin por vecindad con Ibarra. El segundo, procedente del falangismo, es el to del principal empresario de la regin que ha hecho su fortuna a la sombra de la Junta de Extremadura.

El partido que lleg al poder autonmico aupado en la lucha contra la central nuclear de Valdecaballeros es desalojado cuando pretenda usar Extremadura como un basurero para refineras, trmicas y cementerios nucleares. La lucha constante e inteligente de esos rebeldes que segn Ibarra no son nadie, y cuya mejor expresin ha sido la Plataforma Ciudadana Refinera No, ha sido decisiva en la derrota del PSOE.

Pero, como recordaba con irona Saramago, muerto el perro slo se acaba la rabia de ese perro, la rabia sigue. La rabia del neoliberalismo y del clientelismo sigue, ahora con otros protagonistas. Sera absurdo esperar del PP la regeneracin democrtica o una poltica social. Es la otra rama del partido del poder econmico en Extremadura, obedece a los intereses de la clase dominante y a una ideologa reaccionaria. La izquierda alternativa y los movimientos sociales tendrn que enfrentarse a su poltica desde el principio.

6. El 15M desborda a los sindicatos mayoritarios y pone de manifiesto que las razones aducidas por sus dirigentes para la contencin eran una justificacin autocomplaciente o un pretexto para cubrirle las espaldas a terceros. Cuando ms insistan las burocracias sindicales en que no haba respaldo social suficiente para impulsar una movilizacin sostenida, miles de personas se echan a la calle y se instalan durante semanas en las plazas. Cuando ms nfasis ponan en la necesidad de medir bien la respuesta social a los recortes que en esa rara ocasin ellos mismos no haban respaldado, la gente, liberada de tanto liberado sindical, emprende acciones que desafan toda mesura. Quienes se decan a s mismo que no daban pasos adelante porque la gente no los poda seguir son de pronto rebasados por la gente y se quedan solos y a lo lejos. En ese momento los que se presentaban a s mismos como la vanguardia de los trabajadores se revelan como su lastre. Quienes se presentaban como el nico cauce legtimo para la movilizacin se visualizan ahora como un freno. El 15M se lleva as por delante a CCOO y UGT.

En las calles hay gente de todo tipo, pero abundan sobre todo los parados y precarios, precisamente la gente ms machacada y a la que menos atencin han prestado unos sindicatos que siguen viviendo de las rentas cada vez ms exiguas del fordismo. El nuevo sujeto de transformacin empieza a organizarse al margen (o a pesar) de ellos. Los indignados rompen el monopolio que ambos sindicatos se haban arrogado sobre el mundo del trabajo y expresan su rechazo a la reforma laboral y a la quiebra de los marcos de negociacin colectiva, pero con la legitimidad que les da su condicin de precarios y con la credibilidad de llevar la protesta hasta las puertas del Congreso. Pero la crtica llega al Pacto de las pensiones, y ah quienes venan pecando de omisin aparecen ahora como cmplices.

Entre los gritos de los indignados surge cada vez con ms fuerza la peticin de una Huelga General. En su boca la convocatoria carece del habitual tufillo a amago, ltima instancia o brindis al sol. Los sindicatos mayoritarios se ponen nerviosos, los gritos de no nos representan tienen una onda expansiva a la que no logran escapar. Durante toda la semana que va del 15M al 22M las pginas webs de los sindicatos ponen de manifiesto su desconcierto, tambin su miseria. En la de CCOO la informacin de las masivas movilizaciones ocupan un lugar ridculo comparado con la imagen enorme de un Toxo recin investido Presidente de la Confederacin Europea de Sindicatos. El divorcio entre el moviendo real de los que luchan y las organizaciones institucionales que dicen representarlos es patente, y tanto ms lacerante en un sindicato que tuvo su origen y fue digna expresin de lo primero. En el caso de UGT su pgina web guarda un silencio indecente rayano en la censura.

7. O ests en un lado o en el otro, pero no se puede estar en misa y repicando, dice ngel Prez, concejal de IU en el Ayuntamiento de Madrid, defendiendo al alcalde Gallardn, despus del abucheo recibido por parte del movimiento 15M. O ests con la institucin o con el movimiento. La declaracin de Prez tiene la virtud de verbalizar las contradicciones de la poltica oficial de IU, de hacer palpable que el Que no, que no nos representan tambin va con ella, con su enroque institucional.

IU est instalada en el sistema de representacin y el politicismo, ensimismada en su mundo de escaos y ruedas de prensa. Por eso, sus llamamientos a la refundacin o a la convergencia social suenan tan rutinarios o insinceros. Su prctica contradice su discurso. El advenimiento del 15M y la insumisin de las bases extremeas alumbran los lmites de su poltica actual. Los contrapoderes se construyen en la calle, la alternativa ha de romper sus dependencias con los pilares del bipartidismo.

Hace algunos aos, Fausto Bertinotti, que fuera dirigente de Refundacin Comunista, planteaba al calor de la irrupcin del movimiento antiglobalizacin una perspectiva que quizs sea, a estas alturas, la nica transitable y deseable: La construccin del nuevo sujeto transformador es el tema crucial para la salida de izquierda de la crisis de la poltica y de la crisis del movimiento obrero. Este compromiso exige desplazar el centro de gravedad de la poltica desde las instituciones y las fuerzas polticas a la sociedad y los movimientos, es decir, desde la representacin a la organizacin directa de la vida y de las relaciones sociales.

8. Las brigadas mediticas y polticas del orden trabajan a todo gas para capturar lo nuevo, para reabsorber las fugas tras la conmocin del acontecimiento. Hasta ahora le han fallado sus intentos de etiquetar el 15M como un movimiento marginal (perroflauta) o violento (la infiltracin y provocacin policial). Y les ha fallado el propsito de reducir el movimiento a los cdigos manejables por el poder: o sois kale borroka, o sois ciudadanistas; elegid: o violencia callejera o retrica de los derechos humanos. Por el contrario, la alianza entre juventud precaria y clases trabajadoras se consolida en los barrios y plazas. El movimiento demuestra una inteligencia y frescura que augura una etapa de fuertes resistencias a la ms que previsible continuacin de la poltica antisocial.

La potencia del acontecimiento reside en su capacidad para engendrar un tiempo propio (Badiou). El 15M y, con toda la modestia que se quiera, el vendaval en IU Extremadura, abren un campo de posibles insospechados. La palabra revolucin ya slo se escuchaba en los anuncios publicitarios y ahora ha vuelto a las plazas, sin solemnidad pero con determinacin. No es botelln, es revolucin, dicen los carteles de la acampada. La cuestin es, como plantea Santiago Lpez Petit, si nos atrevemos a pasar de indignados a revolucionarios.

Juan Andrade Blanco y Manuel Caada Porras, afiliados de IU Extremadura e integrantes del Colectivo La Trastienda

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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