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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-06-2011

Las marchas de la dignidad en Espaa

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Si algo desconcierta a los idelogos del sistema son las convocatorias capaces de aglutinar el descontento y malestar popular al margen de los partidos y sindicatos mayoritarios. La derecha las tilda de residuales y un peligro para la seguridad pblica. Quienes acuden tienen un plan concreto, desestabilizar la democracia, boicotear las instituciones y desacreditar a los representantes elegidos en las urnas. Los insultan, zarandendoles e impidiendo cumplan con sus tareas en el Parlamento y los ayuntamientos. Son violentos y tienen conexiones con el terrorismo internacional. La prensa conservadora los descalifica, escudndose en los nmeros. El peridico La Razn lleva el argumento a la portada: 22.971.350 votan el 22 de mayo; 125.000 manifestantes el 19 de junio. El mensaje es claro: son pocos y constituyen un magma de gentes de mal vivir, donde se rene lo peor de lo peor. La excresencia de la sociedad bien ordenada. cratas, homosexuales, punkis, izquierdistas, intelectuales, bohemios, actores, vagos, inmigrantes sin papeles y gitanos. Visten mal y emanan efluvios putrefactos. Su presencia perturba la paz y nos cuestiona las buenas maneras. Impide seguir robando, apoyando a polticos corruptos, usureros y banqueros sin escrpulos. En el otro extremo de los detractores del M-15 est la socialdemocracia institucional. Sus idelogos prefieren atacar por otro lado. Centra sus crticas en la falta de coherencia de la plataforma M-15. No tienen un programa mnimo, no se dotan de un lder permanente ni atinan a definir un enemigo. Son imprevisibles y entre ellos se cuelan los antisistema. Un da estn en el Parlamento denunciando los planes de privatizacin de la salud, los recortes sociales y el trabajo basura. Al siguiente se plantan en la vivienda de una familia desahuciada y evitan sea expulsada de su vivienda, luego hacen asambleas y convocan marchas. Con tal activismo nos estresan, no hay por dnde meterles mano y ni ellos mismo se aclaran. Por ltimo, y lo ms grave en el medio plazo, est en convertirse en carne de can para los populismos neofascistas. En conclusin, o se atienen a derecho o les borramos del mapa. Con nosotros o sin ti.

Ms all del baile de cifras, fueron cientos de miles los ciudadanos que coparon las calles de las grandes capitales de Espaa este domingo 19 de junio. Convocados originariamente desde un barrio popular de Madrid, Vallecas, en enero de 2011, por trabajadores en paro, tras el 15-M, su llamamiento fue cobrando fuerza y se convirti en un punto de encuentro en las acampadas de las plazas. El objetivo de la marcha era decir no al pacto del euro, cuyas consecuencias inmediatas han sido el aumento del desempleo, la exclusin, la precarizacin laboral y la desigualdad. Resulta curioso que un problema, que es considerado fundamentalmente tema de expertos, sin repercusin en los espacios del debate poltico ciudadano, se halla convertido en un factor aglutinante del descontento, y sea capaz de movilizar a miles de personas. Sin duda, muchos de quienes han marchado este domingo 19 de junio desconocen el intrngulis del pacto monetario, pero son conscientes de sus repercusiones. Su fracaso en Grecia, Irlanda, donde se aplicaron recortes sociales y salariales para favorecer la tranquilidad de los mercados, es una realidad. En Portugal, el itinerario parece seguir el mismo rumbo. Su aplicacin no se traduce en un alivio a las clases populares. Por el contrario las empobrece y beneficia al gran capital financiero y transnacional, quienes siguen llenndose los bolsillos y siguen viviendo de la sopa boba.

As, con un eslogan contra el pacto del euro y sus consecuencias, las marchas recorrieron, al menos en Madrid, decenas de kilmetros. Desde la 10 de la maana y los cuatro puntos cardinales, decenas de jvenes, mujeres, emigrantes, jubilados y trabajadores en general se fueron sumando hasta converger en un grupo compacto que ocupaba las calles centrales de las emblemticas avenidas de la Castellana y Paseo del Prado. Nunca, desde los aos 70, se viva una circunstancia parecida. Sin incidentes, no se respondi a ninguna provocacin y en la Plaza de Neptuno, a las 14:30 horas, se concluyo haciendo sonar el Himno de la Alegra. Los marchantes mostraron civismo, responsabilidad y buen hacer, dejando sin argumentos a quienes los tachan de violentos. Luego la fiesta sigui en la tarde en medio de una acampada espontnea.

La prxima convocatoria, el 23 de julio. Cien miembros de la plataforma del M-15 de Valencia inician una caminata de 34 das, cuya ltima estacin es Madrid. Ser en pleno verano. Probablemente ser otra demostracin de la vitalidad de este movimiento. Su objetivo es hacer desde Madrid un llamado a la huelga general terminado el periodo estival. Hay muchos peligros en el camino. Sin embargo, el M-15, con todas sus contradicciones, que las tiene y no son desconocidas por quienes participan de l, ha sabido catalizar una demanda presente en la sociedad. Otra manera de hacer poltica y desde abajo. Todos los domingos desde hace ya un mes, cientos de ciudadanos, en toda Espaa, participan durante horas en las plazas de sus barrios o pueblos, definiendo objetivos e informando sobre la marcha de los acontecimientos. En estas asambleas, la democracia se vive y se practica, ha sido rescatada de sus secuestradores, los mercados, la banca y una elite corrupta que sigue empeada en no entender el significado de este movimiento cvico. No entienden de dignidad, por ello desprecian sus reivindicaciones. En conclusin, las marchas del fin de semana pasado, si hay que adjetivarlas, sin duda elegira el apelativo de marchas de la dignidad.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/06/26/index.php?section=opinion&article=024a1mun



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