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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-06-2011

Declaracin de Izquierda Anticapitalista
El movimiento del 15-M, balance y perspectivas tras un mes de actividad

Rebelin


El movimiento de la gente indignada o movimiento 15-M ha surgido en el Estado espaol despus de que, durante un periodo dilatado de tiempo, las crisis econmica, poltica y social se fuera desarrollando, sin que ninguna de las grandes fuerzas polticas o sindicales- comenzando por el PSOE gobernante a escala estatal - se manifestara capaz de hacerles frente en beneficio de la clase trabajadora y de la mayora de la gente ciudadana. El PSOE se ha convertido en gestor directo de los intereses de los mercados y de los grandes poderes financieros y empresariales, aplicando dursimas polticas de recortes y leyes contra los derechos laborales y sociales que han erosionado su base social, mientras que el PP ha hecho lo propio en las Comunidades Autnomas que hasta ahora estaba gobernando, al tiempo que se vea implicado en escndalos de corrupcin de gran magnitud. En el mbito sindical, las direcciones de CCOO y UGT, tras decidirse despus de muchas dudas a convocar una Huelga General el 29 de setiembre del 2010, cedieron luego de manera casi inmediata en forma vergonzosa, firmando un desmovilizador Pacto Social y aceptando la Ley de Reforma de las Pensiones.

Por otra parte, los partidos situados a la izquierda del PSOE tampoco han sido capaces de aparecer como referente en esta situacin. En unos casos por sus propias debilidades polticas y organizativas y por su apego al PSOE, como IU y ERC; en otros, como la izquierda anticapitalista, por tratarse de formaciones aun muy pequeas y con escasa audiencia de masas. Los sindicatos de izquierdas y combativos se han encontrado en una situacin similar, unindose a menudo a las dificultades propias de su escasa implantacin las derivadas de prcticas que no han favorecido su accin unitaria en la lucha.

Surge el movimiento 15-M

Cuando el panorama econmico, social y poltico pareca cercano a la desolacin, primero en respuesta a un llamado a la movilizacin en forma de manifestaciones el 15 de Mayo de Democracia real ya, realizado a travs de las redes sociales, y posteriormente, tras los incidentes en la Puerta del Sol de Madrid, mediante la ocupacin de un gran nmero de plazas en ciudades y pueblos, naci el que ha sido llamado movimiento de la gente indignada o movimiento 15-M.

El nuevo movimiento ha demostrado en muy poco tiempo, un mes y das, unas capacidades y potencialidades sorprendentes, rompiendo en pedazos muchos esquemas falsos, en particular aquellos que denunciaban la incapacidad de la gente de a pie del Estado espaol para hacer frente a los ataques que se producan y su supuesta pasividad y adhesin a los discursos imperantes sobre la inevitabilidad de todo lo que est sucediendo.

Desde el principio se han integrado en el movimiento 15-M un gran nmero de jvenes- que constituyen uno de sus principales motores -y entre ellos tanto algunas que ya haban realizado experiencias previas de lucha (combate estudiantil contra el Plan de Bolonia, movilizaciones de Juventud sin Futuro...) como otras para las cuales ste es su bautizo de fuego en la accin poltica.

Pero, igualmente, forman parte del movimiento 15-M otras personas de todas las edades, entre las cuales destacan el grupo de las viejas y viejos luchadores que se forjaron antes y durante la Transicin; algunas han permanecido activas durante aos formando parte de colectivos de izquierdas y de movimientos sociales, otras han renacido ahora a la poltica, tras aos de pasividad, al calor del movimiento de la gente indignada.

El apoyo al movimiento 15-M por parte de las organizaciones representativas de los diferentes movimientos sociales ha sido tambin masivo desde sus inicios. Las diferentes formaciones polticas situadas a la izquierda del PSOE, empezando por IU, tambin se han adherido al movimiento, si bien con intensidades y actitudes distintas respecto de l.

La suma de todo lo anterior ha sido un magma muy frtil, una amalgama en la que se combina y recombina de manera constante lo nuevo y lo viejo, los inventos de las nuevas generaciones y las experiencias acumuladas de las mayores.

Caractersticas del movimiento de la gente indignada

Una vocacin global

El movimiento del 15-M no puede ser asimilado a otros movimientos ya existentes en el Estado espaol, porque est dotado de unas caractersticas muy especficas que lo convierten en una herramienta extremadamente poderosa. En primer lugar posee una vocacin global que se manifiesta en su voluntad de cambiar todas las cosas. Si bien es cierto que, en un primer momento, parecieron imponerse en su seno posiciones centradas fundamentalmente en conseguir reivindicaciones de tipo estrictamente poltico e integrables por el propio sistema (reforma de la ley electoral, separacin de poderes, prohibicin de que la gente corrupta fuera elegida, aplicacin de medidas contra la corrupcin y el lucro personal de la clase poltica...), tambin lo es que, al poco, se fue recuperando el contenido inicial de las convocatorias del 15-M bajo el lema No somos mercanca en manos de polticos ni banqueros, incluyndose en los diversos consensos de mnimos demandas de tipo econmico y social claramente en contradiccin con las polticas neoliberales en curso y con el propio sistema capitalista. La elaboracin de las tablas reivindicativas del movimiento, hasta convertirlas en patrimonio comn dotado de coherencia y de discurso, ha sido en apariencia lenta (pero estamos hablando del plazo de apenas un mes!) y aun queda mucho por hacer. Sin embargo, los hechos son rotundos: las manifestaciones del 15-M fueron convocadas ya Contra el Pacto del Euro a pesar de que, seguramente, muchas de las personas que las secundaron desconocen los contenidos reales del mencionado pacto neoliberal y tampoco tienen claridad con respecto a las alternativas a plantear frente a l. Sin embargo, la direccin del camino parece estar muy bien trazada.

Gobernando el propio destino: asambleas y metodologa de debate

Pero, junto a su vocacin global, la gente indignada ha manifestado una clara voluntad de gobernar su propio destino. Esto se ha expresado tanto en el carcter asambleario del movimiento surgido, como en su disposicin a debatir de manera exhaustiva todos los temas por medio de las asambleas y de mltiples comisiones. La metodologa de la bsqueda del consenso, si bien llevada al extremo convierte en muy lenta la toma de decisiones y desgasta, tiene tambin el enorme mrito de obligar a realizar debates en profundidad y a buscar soluciones a los problemas de forma ms ingeniosa; dificulta, asimismo, la formacin de corrientes sectarizadas unas con otras en el seno del movimiento y promueve su espritu unitario.

Al centralizarse inicialmente la actividad en las plazas ocupadas, esto ha favorecido que aquellas personas y grupos de personas que se encontraban en situacin de permanecer en ellas durante largos espacios de tiempo (normalmente gente joven y sin trabajos estables) cobraran un especial protagonismo. Muchos de los trabajos y discusiones de las comisiones se han realizado a altas horas de la noche y de la madrugada, dejando as fuera a aquellas gentes que por su ocupacin, edad o estado de salud, no podan seguir tales ritmos. Lo anterior ha dotado a las asambleas de un sesgo muy determinado, en particular al decaer la afluencia masiva de gente a las plazas, tras las primeras semanas lgidas. No obstante, la posterior formacin de asambleas barriales en las principales ciudades y la coordinacin de stas, ha dado un vuelco a la inercia antes citada, permitiendo una mayor participacin ciudadana en las asambleas y haciendo que stas comenzasen a entrar en contacto con el tejido asociativo de los barrios. Una vez las diversas acampadas centrales vayan finalizando, todo el peso recaer sobre las asambleas barriales y sus diversas coordinaciones (locales, comarcales, nacionales y estatal) que estn destinadas a convertirse en la estructura estable del movimiento 15-M. Se tratar de un proceso complejo, que seguramente tendr lugar al calor de las nuevas movilizaciones que el movimiento deber abordar.

Apartidismo y asindicalismo: algo bueno y algo malo al tiempo

El rechazo a la prctica de los grandes partidos y sindicatos, junto con su tremendo desprestigio social, ha llevado al movimiento 15-M a constituirse frente a ellos y a declararse apartidista y asindicalista. Que un movimiento manifieste su autonoma frente a partidos y a sindicatos es algo muy positivo e incluso necesario para su desarrollo. El hecho mismo de que las propuestas debatidas en las asambleas y comisiones deban ser vehiculizadas a travs de personas y no de organizaciones, obliga por otra parte a quien de manera honesta quiera intervenir en el movimiento a volcarse en l y a demostrar los mritos de sus planteamientos a travs del debate y de la accin, no por el peso o credibilidad de etiqueta alguna.

Sin embargo, el apartidismo y el asindicalismo a menudo no se han limitado a lo anterior; por una parte, al llevar al extremo tales caractersticas, se ha metido en el mismo saco que al PSOE, PP, CCOO o UGT a organizaciones polticas y sindicales que, de hecho, vienen defendiendo desde hace mucho tiempo alternativas a las polticas neoliberales como las que est reivindicando ahora el movimiento de la gente indignada y que, adems, han estado luchando y llamando a la lucha, aunque con escasa audiencia social. Seguramente la deformacin de la visin colectiva sobre partidos y sindicatos que la prctica de aquellos afectos al sistema ha supuesto, necesita de un tiempo para clarificarse. Es indudable que los diversos partidos a la izquierda del PSOE (y algunos que no lo estn, como UPyD) han intervenido e intervendrn en el movimiento y si bien es cierto que no conviene en absoluto que este movimiento asambleario degenere en una batalla de partidos y de grupos polticos en su seno, tambin lo es que una adecuada madurez poltica ha de admitir su existencia y su valor, sin estigmatizar a personas o grupos de personas por su adscripcin poltica.

 

Un movimiento no violento frente a la violencia del Estado y de los mass media

Desde sus comienzos tambin, el movimiento 15-M se ha definido a s mismo como un movimiento pacfico, que utiliza como una de sus principales herramientas de accin la desobediencia civil no violenta. Tales mtodos y actitud parecen ser los ms indicados para el trabajo y penetracin social del movimiento de la gente indignada y hay que promoverlos. Los hechos sucedidos primero en el intento de desalojo en Barcelona el 27-M y sobre todo con posterioridad frente a las Corts Valencianes y al Parlament de Catalunya han supuesto pruebas que, finalmente, se han superado en forma victoriosa. Pero ha quedado muy clara la intencin del Estado, de los partidos del sistema y de los medios de comunicacin de masas de buscar excusas para criminalizar al movimiento ante la ciudadana; la campaa de acoso meditico ha sido brutal y slo las acertadas respuestas desde el movimiento y, finalmente y sobre todo, el clamor de las manifestaciones del 19-J han conseguido acallarla. Tal estrategia de acoso ya se adopt, con relativo xito, frente al movimiento antiglobalizacin. Hemos de estar atentos tanto frente a la actuacin de polica infiltrada, como ante aquellas personas o grupos que, con honestidad pero de manera equivocada, recurren a acciones de agresin frente a los cuerpos de seguridad del Estado o frente a los representantes electos; las formas de actuacin han de ser muy medidas para evitar su posterior manipulacin. Las soluciones que el movimiento ha dado hasta ahora parecen haber sido acertadas, pero convendr ir trabajando y elaborando ms al respecto.

Internet y redes sociales: zanjando debates

La utilizacin de las redes sociales y de internet ha sido una caracterstica ms del movimiento 15-M. Dirase que se est zanjando, por la va de los hechos, el debate sobre el papel que juegan las nuevas tecnologas virtuales en la accin poltica. Efectivamente, se ha podido constatar cmo el movimiento de la gente indignada ha hecho un uso combinado de lo nuevo (redes sociales, internet, tecnologas de telecomunicacin en general...) y de lo viejo aunque sea remozado (asambleas presenciales, manifestaciones, acciones en la calle...). Siguiendo la estela de lo ocurrido en las revoluciones rabes y seguramente mejorndolo, por tener al alcance mayores medios materiales y polticos, el movimiento va perfilando cmo sern las cosas en nuestro futuro prximo.

Los retos del movimiento 15-M

Tras el xito impresionante de las manifestaciones del 19-J, que han supuesto un verdadero refrendo popular para el movimiento despus el acoso al que haba sido sometido y tras disear, en lo ms bsico, la estructura que ha de permitirle permanecer y desarrollarse, el movimiento enfrenta varios retos, de cuya resolucin depender en buena medida su futuro.

Penetracin en el tejido social y articulacin con los movimientos sociales

La primera fase del movimiento de la gente indignada se ha realizado de manera centralizada y sobre la base fsica de las plazas tomadas; ahora van a ser las asambleas barriales, de centro o de localidad (en los casos de ciudades pequeas) las que tomen protagonismo, as como la coordinacin entre ellas. En estos casos, de manera muy natural, las asambleas entran en contacto con el tejido asociativo existente en los lugares y empiezan a establecer una colaboracin con las organizaciones y plataformas que, desde hace tiempo, vienen trabajando en ellos.

Qu tipo de relacin y de colaboracin es la ms ptima? Seguramente aquella que mantiene la autonoma de la asamblea del movimiento 15-M respecto de las organizaciones barriales y viceversa; producindose entre ambas un trasvase en forma de participaciones personales, acciones conjuntas y elaboracin de propuestas reivindicativas.

Las importantes agresiones al derecho a la vivienda- en forma principal pero no nicamente de desahucios -y al derecho a la sanidad y a la educacin, que van a continuar producindose y aumentando en el futuro inmediato, forzarn al movimiento a buscar respuestas que, para ser eficaces, debern contar con la participacin de diversas organizaciones y plataformas que han venido ya combatiendo contra dichos ataques. Adems de un trabajo conjunto entre movimientos, ser muy importante la existencia de un trasvase de participaciones personales entre unos y otros. A este respecto hay que sealar que la vocacin asamblearia del movimiento 15-M y su firme determinacin de continuidad y de trabajo a largo plazo pueden ser muy tiles como mecanismo de articulacin social y como punto de encuentro entre gentes que, hasta ahora, permanecan muy aisladas en su rea especfica de inters o de lucha.

Establecimiento de vnculos con el movimiento obrero. La Huelga General. Demandas laborales y salariales.

Algunas de las asambleas del movimiento 15-M ya han empezado a desarrollar un trabajo dirigido hacia las fbricas, polgonos industriales y centros de trabajos. En estos casos se ha podido constatar una excelente receptividad por parte de la clase trabajadora. Hay bastante gente obrera y trabajadora que forma parte del movimiento, sin embargo ste no ha empezado a articularse aun de manera notoria en las fbricas y centros laborales. Tampoco, aunque militantes sindicales trabajan en el movimiento de la gente indignada, los sindicatos combativos y de izquierdas han sido capaces de momento de definir una estrategia de acercamiento al movimiento. La emblemtica frase No tenemos miedo parece no haber calado aun lo suficiente de manera colectiva en un espacio que se ha visto fustigado cruelmente por la crisis y por prcticas sindicales nefastas cuya aplicacin durante decenios ha quebrado el espritu de lucha y de solidaridad de la clase trabajadora.

Las manifestaciones y toda la actividad de masas desplegada por el movimiento 15-M han demostrado la falacia de los argumentos de las direcciones sindicales mayoritarias que- negndose a convocar una nueva Huelga General tras la del 29-S -firmaron el Pacto Social razonando que, ante la pasividad social, no quedaba ms remedio que aceptar el mal menor. El debate sobre la necesidad de una Huelga General ha empezado a producirse ya en el seno del movimiento de la gente indignada. Sera sin embargo un error plantearse una convocatoria de tal naturaleza sin haber penetrado aun de manera adecuada en el tejido laboral y sin haber establecido vnculos y alianzas explcitos con el sindicalismo combativo existente. De lo que se trata es de crear las condiciones para que pueda haber una convocatoria unitaria de huelga general por parte de los sindicatos, del movimiento 15-M y de plataformas y movimientos sociales, con una presencia activa de los sectores y empresas en lucha.

El movimiento 15-M ha de continuar destacando y desarrollando sus contenidos reivindicativos en todos aquellos aspectos que hacen referencia a los derechos laborales y salariales, demandando la retirada de las leyes de reforma laboral y de pensiones y oponindose igualmente a la reforma en curso de la ley de negociacin colectiva. Las Propuestas abiertas de la Comisin de Economa de Sol o las Primeras medidas para una vida digna de la acampada de la plaza de Catalunya, trazan tambin un camino que se deber recorrer.

La gente indignada en Europa y en el mundo

As como el movimiento de la gente indignada pareci haber tomado ejemplo de las revoluciones acaecidas hace poco en el mundo rabe, su surgimiento en el Estado espaol ha tenido un reflejo solidario inmediato en Europa. De entre todas las respuestas que han existido- muchas de ellas meramente simblicas -la de Grecia ha sido la nica que, de momento, se ha convertido tambin en un fenmeno de masas. Lo anterior se ha debido sin duda tanto a la crtica situacin econmica y social que se vive en aquel pas, como a la experiencia de lucha acumulada por la ciudadana griega a lo largo de bastantes meses. Pero no es en absoluto descartable que fenmenos similares acaben producindose en otros pases muy golpeados por la crisis, como Portugal, o con tradiciones de lucha arraigadas (Francia, Italia, Reino Unido...).

En este contexto ser muy importante que el movimiento contine tejiendo relaciones a escala europea e internacional, porque es evidente que cambios de la envergadura como los que- explcita o implcitamente - se plantea slo podrn ser conseguidos mediante una accin conjunta muy amplia en lo geogrfico y en lo poltico. Frente a los planes diseados por los poderes financieros y empresariales europeos y mundiales, slo un contrapoder indignado, europeo y mundial, ser capaz de hacerles frente. Todo esto ser muy difcil, ya se sabe, pero tambin lo pareca la ruptura, en el Estado espaol, de una pasividad largamente sostenida frente a la crisis y se ha conseguido. No vamos lentas, vamos muy lejos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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