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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-03-2005

Texto presentado por Corriente Roja en el Congreso del PCE
Las condiciones para un proyecto comunista del siglo XXI

Rebelin


La doctrina materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y la educacin, y, por lo tanto, unos hombres nuevos sern producto de nuevas condiciones y de educacin nueva, olvida que son los hombres precisamente, los que alteran las circunstancias, y que tambin los educadores tienen que ser educados.

Karl Marx. Tesis sobre Feuerbach
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Nos encontramos en un momento en el que, de un modo cada vez ms violento y descarnado, las agresiones del capitalismo en su versin neoliberal son sufridas por los trabajadores y las capas populares del Estado Espaol. Uno de los factores clave que explican la actual hegemona ideolgica del capitalismo se visualiza en la correlacin de fuerzas de clase; nos encontramos con unas organizaciones de la terica izquierda poltica y sindical que no slo no son capaces de presentar y desarrollar un proyecto alternativo creble, sino que ni siquiera tienen la capacidad, y en la mayora de los casos tampoco la intencin, de articular una estrategia mnima de resistencia.

En este marco, la necesidad de un proyecto comunista autnomo se hace ms necesario que nunca. El fracaso del proyecto reformista de la socialdemocracia ha quedado demostrado, no solo en nuestro estado, sino a nivel europeo y mundial. El desmantelamiento casi total del llamado Estado del Bienestar y su conversin en un Estado de Guerra Global y Permanente es una buena muestra del proceso de involucin que se ha producido incluso en los pases del centro del sistema. La privatizacion de los servicios pblicos es un proceso real que en nuestro pas viene impuesto desde la Unin Europea, con el apoyo del grupo socialista. La lucha imperialista por los recursos energticos, tiene en EEUU, su cara ms violenta y arrogante; pero todos los pases europeos, incluidos los gobiernos socialdemcratas, tienen estrategias con sus multinacionales: para ganar reas geoestratgicas de influencia, abrir mercados exteriores a las empresas privadas nacionales, cubrir la demanda energtica interna y repatriar las ganancias de estas empresas que operan en los pases subdesarrollados que tienen importantes recursos naturales y graves problemas de financiacin de su desarrollo econmico. En definitiva, no existen alternativas de izquierdas con partidos que apoyan este orden econmico internacional.

Pensamos que el objetivo de la superacin del capitalismo hacia el socialismo y el comunismo no constituye simplemente una aspiracin, sino que nace de las propias contradicciones que el capitalismo no est en condiciones de resolver. El capitalismo ha entrado en el tercer milenio con contradicciones y con expresiones de injusticia social cada vez ms acentuadas, fenmenos como la guerra, el racismo, el trabajo esclavo, o el analfabetismo son buena muestra de la direccin del camino emprendido. Un camino que va en un sentido contrario al de la humanizacin de las relaciones sociales, va en el camino de la barbarie.

Afirmamos, tambin, la vigencia de la nocin de imperialismo. El Estado, pese que ha cambiado sus funciones en algunos casos, contina siendo un elemento clave en el desarrollo del capitalismo y la expansin de las empresas transnacionales. La guerra de Iraq y la continua lucha, tanto en lo estrictamente econmico como en lo geoestratgico, entre los principales polos imperialistas, Estados Unidos, Unin Europea y Japn, constituyen un ejemplo incuestionable.

La refundacin del proyecto de los comunistas espaoles, o lo que es lo mismo, la reconstruccin del proyecto emancipatorio de los trabajadores y los pueblos de nuestro estado, no debe pasar ni por la tentacin de renegar del pasado, ni por la de no hacer balance de la historia de nuestro partido ni del movimiento comunista internacional. Seriamos enormemente injustos si despreciramos el enorme potencial que supone para los comunistas el ejemplo y la tradicin de la lucha antifascista y de las experiencias unitarias del siglo XX. Lo seriamos tambin, si no somos capaces de analizar los motivos que hicieron que el siglo del comunismo terminase con la derrota y la prctica desaparicin de las experiencias socialistas.

Nosotros estamos convencidos de que el desmoronamiento de la Unin Sovitica y de la prctica totalidad del campo socialista no supone, de ningn modo, la cancelacin de la necesidad del comunismo ni una derrota ni mucho menos definitiva. Todos los grandes pensadores marxistas, Marx, Engels, Lenin, que constituyen nuestros principales referentes culturales, reflexionaron y sacaron consecuencias de las mltiples derrotas de la clase obrera: 1848, Comuna de Pars, revolucin de 1905. Sin estos anlisis y derrotas temporales, grandes triunfos como la gran revolucin socialista de Octubre no hubieran sido nunca posibles. Debemos seguir su ejemplo e identificar los errores para no volver a repetirlos.

A la muerte de Lenin, el grupo que result vencedor en la lucha por la direccin del partido sovitico, encamin el citado partido, y, por ende, al movimiento comunista internacional, hacia una lnea poltica que fue poco a poco separando la voluntad de las masas de la de sus gobernantes; que destruy el profundo contenido democrtico del concepto dictadura del proletariado; que fue gradualmente subordinando el internacionalismo a los intereses del estado sovitico; y que, termin con la vengorzante traicin, del pase, con armas y bagajes, de la burocracia dirigente, a las filas del capitalismo.

El divorcio definitivo de esa lnea poltica y de la socialdemocracia, en su actual versin neoliberal, constituye condicin indispensable para poder plantear hoy la cuestin del comunismo.

Negamos categricamente las teoras del revisionismo histrico segn las cuales el marxismo mismo lleva en su cdigo gentico la tendencia al totalitarismo o a la ausencia de democracia. Es un hecho puntual, pero significativo que en el otoo de 1989, cuando la RDA llegaba a su fin, pintaron con aerosol en el monumento a Marx y Engels en Berln, las palabras No Culpables. No creemos, tampoco, que de haber triunfado el grupo que disputaba por la direccin del estado sovitico con el de Stalin, en la lucha desarrollada en los aos 20 del pasado siglo, debido a su tendencia al personalismo y a la interpretacin dogmtica del marxismo, estuviera garantizado un desarrollo de los acontecimientos mucho mejor que el que finalmente se dio.

La nica alternativa al burocratismo y a las interpretaciones dogmticas del marxismo es el desarrollo de la democracia socialista. El rpido abandono de experiencias, muy positivas, como los frentes populares antifascistas y la liquidacin en el este europeo de las experiencias de democracia popular supusieron golpes, quiz definitivos, para el movimiento comunista internacional y especialmente para el europeo occidental. Por el contrario, los partidos comunistas occidentales, incluido el espaol, adoptaron una variante crtica de la lnea sovitica oficial, que fue el eurocomunismo, y que constitua la aceptacin acrtica del liberalismo y del secuestro de la soberana popular por parte de los parlamentos. Cometieron un error tan evidente como confundir democracia burguesa con democracia socialista. Hoy estamos pagando las consecuencias.

El Partido contina constituyendo un instrumento esencial para los comunistas. Necesitamos un partido comunista capaz de organizar luchas, de promover conflictos, de desarrollar movimientos, con profundas races en la sociedad y en el mundo del trabajo y culturalmente autnomo de las ideologas dominantes: un partido que sea capaz de mantener abierta la perspectiva de la superacin del capitalismo. Que ponga en primer plano la necesidad de una poltica para la organizacin, especialmente en la formacin de cuadros y militantes, y al reforzamiento de las estructuras de base.

La fisonoma del partido debe ser determinada por las caractersticas concretas, actuales, de las transformaciones sociales y productivas. La construccin del partido no debe estar ligada a un modelo siempre vlido, sino que la validez del modelo es determinada por su capacidad de representar y de ser instrumento adecuado de la idea de transformacin que es propia de los comunistas. Cualquier aproximacin dogmtica al partido, que no parta de su cualidad de instrumento y de su contextualizacin histrica, es absolutamente errnea.

Si en nuestro pas, la versin propia del eurocomunismo encabezada por la direccin liquidacionista de Carrillo, asumiendo la falsa democracia burguesa y renunciando expresamente al cambio revolucionario, asest el golpe de gracia al proyecto de los comunistas espaoles, la nica solucin consiste en iniciar el camino opuesto. La propuesta comunista slo tendra unas bases tericas slidas si se construye sobre la negacin de los pilares ideolgicos de las instituciones del sistema. Solo el cuestionamiento del proceso de Transicin, la denuncia de la ilegitimidad del rgimen monrquico, la ruptura del pacto constitucional, y la denuncia permanente de la falsa identificacin del parlamentarismo burgus como expresin de la soberana popular, y la recuperacin de la necesidad de la ruptura democrtica pueden abrir el camino de la refundacin comunista.

La salida de los comunistas de Izquierda Unida constituye para nosotros condicin necesaria e indispensable, pero ni mucho menos suficiente, para el proceso de recuperacin del proyecto comunista. No podemos caer en errores idealistas al aproximarnos a la figura del partido como un fetiche. El partido comunista ser necesario en tanto en cuanto sea til para los trabajadores y para los oprimidos. No podemos negar la responsabilidad de los dirigentes del PCE, tanto en lo positivo como en lo negativo, en el proceso de creacin y desarrollo de IU. Pretender presentarse, por parte de los mismos responsables que han destruido de modo cientfico y calculado el PCE, como un partido y unos dirigentes que nada tienen que ver con la degeneracin de IU es un ejercicio de cinismo difcilmente superable.

Las siglas y la herencia histrica solo tienen un dueo y una legitimidad real, la de aquellos que mantienen la lucha y trabajan sin descanso por el comunismo. Direcciones liquidadoras, como la que termin con el PSUC, no tienen ningn derecho a traicionar los esfuerzos y los sufrimientos de los miles de militantes comunistas que se dejaron la vida en la pelea sincera por un ideal que pretenda la liberacin de todo el genero humano.

Los comunistas espaoles necesitamos un partido que trabaje por la reconstruccin de la unidad de clase, por la constitucin del sujeto social autnomo y por que la clase trabajadora espaola vuelva a constituirse en clase para s. Para esto es fundamental que el partido tenga una poltica definida y autnoma hacia las organizaciones sindicales y hacia el conjunto del movimiento obrero. El partido comunista no debe apoyar ninguna organizacin sindical incondicionalmente por tradicin. En la actualidad ni UGT ni CCOO constituyen herramientas eficaces para la defensa de los intereses de los trabajadores, sino todo lo contrario: forman parte y son sostn imprescindible de la estructura de dominacin, por lo que el partido debe apoyar todas las experiencias sindicales que se desarrollen bajo premisas democrticas, combativas y de clase. El partido no debe desaprovechar ninguna ocasin para denunciar y combatir con todas sus armas las traiciones de las cpulas burocrticas de los sindicatos.

Para la reconstruccin de la unidad de clase la integracin de los inmigrantes constituye una condicin indispensable y fundamental. No se debe contemplar la problemtica de los trabajadores inmigrantes como algo ajeno al conjunto de la clase, sino que se debe trabajar por que se consideren parte integrante del conjunto de esta, y por que los trabajadores nativos les consideren unos compaeros de lucha ms solo diferenciados por sufrir un grado de explotacin ms acentuado.

El fenmeno de la precariedad constituye el elemento clave para entender e intentar abordar toda la problemtica del movimiento obrero. La subordinacin de las direcciones de UGT y CCOO a los intereses de la patronal y la falta de estructuras eficaces para dar respuesta a esta problemtica sealan la invalidez de los modelos sindicales vigentes. Unas organizaciones que solo negocian a la baja los intereses de un estrato de la clase cada vez menos numeroso y con edad ms avanzada, no estn en condiciones de ser herramientas tiles para los nuevos proletarios. Una poltica comunista consecuente en este tema debe ir encaminada en el apoyo y el aprendizaje de las formas de lucha y autoorganizacin de los jvenes. El educador, ms que nunca, es necesario que sea educado.

Hablar de partido significa referirse a la clase y a su articulacin. Hoy la clase sigue el desarrollo de las fuerzas y asume una forma internacional concretamente y no ideolgicamente. Esto significa que todo proceso de organizacin debe tener bien presente, por lo que respecta a nuestro pas, la dimensin europea y su bloque econmico, dentro del cual se estn determinando los procesos de reorganizacin de la clase trabajadora.

Un proyecto comunista para el siglo XXI debe ser un proyecto netamente europesta e internacionalista. Un proyecto que no solo denuncie el Tratado de la Constitucin Europea sino que vaya a la raz del problema e impugne los pilares mismos del modelo capitalista de construccin europea. Una alternativa, que sin dejar de lado la intervencin en los espacios institucionales, apueste por la movilizacin social como eje central para la construccin de una Europa de los trabajadores, los derechos sociales y los pueblos.

Esta alternativa implica la salida del Partido de la Izquierda Europea. Un partido este, que carece de connotaciones de clase y anticapitalistas y que viene marcado por una perspectiva claramente institucionalista. Los comunistas debemos apoyar todas las iniciativas que, a escala europea y mundial, favorezcan una decidida unidad de accin de las fuerzas comunistas y de izquierda anticapitalista y antiimperialista. Un autntico proyecto internacionalista no puede quedar constreido a los marcos institucionales, con lo que ello tiene de aceptacin del sistema, de la Unin Europea.

La lucha contra el imperialismo y el apoyo a los distintos pueblos que lo enfrentan representa un pilar fundamental para la reconstruccin de un nuevo internacionalismo. En este sentido es necesario redoblar los esfuerzos en apoyo de la revolucin cubana, especialmente contra los ataques que se hacen desde posiciones falsamente progresistas que deben ser las ms firmemente combatidas debido al peligro de confusin que entraan para los trabajadores. El apoyo y el seguimiento del proceso venezolano deben ocupar tambin gran parte de nuestros esfuerzos al tratarse de un proceso incipiente, original y especialmente molesto para los intereses imperialistas.

Junto a todo esto, apoyo a la resistencia de los pueblos iraqu y palestino. Nuestra apuesta por la paz no es contradictoria con el apoyo de la resistencia armada, las formas de lucha dependen del contexto en el que se practican: al igual que en el Estado Espaol hoy es posible practicar la lucha pacfica pese a que en el pasado hubo que empuar las armas contra el fascismo, los pueblos iraqui y palestino estn obligados, debido a una guerra y una ocupacin ilegitimas, a mantener una resistencia armada para derrotar a los invasores.

Un partido comunista que beba de las fuentes del marxismo no puede hacer otra que empearse en la defensa del derecho de autodeterminacin de los pueblos y las naciones de todo el mundo, siempre en un sentido socialista y no exclusivamente territorial, y por supuesto, de los pueblos y naciones del Estado Espaol. El derecho a la autodeterminacin debe ser entendido, en la mejor tradicin del Partido Comunista de Espaa, en el sentido leninista del trmino, esto es, como el derecho de cada uno de esos pueblos o naciones a hacer efectivo su derecho a elegir su futuro, incluida la secesin.

Es necesario que el partido se implique a fondo en la intervencin en los movimientos sociales en general, y en el movimiento antiglobalizacin en particular, como lugar de encuentro privilegiado con los sectores juveniles que acceden a la militancia poltica desde la militancia en los movimientos. La intervencin del partido debe traducirse en el fortalecimiento de los movimientos, en el estudio de sus dinmicas, en la asuncin de las formas organizativas ms eficaces y en su potenciacin. La poltica de los comunistas en los MMSS debe huir de todo tipo de dirigismo, tanto propio, como de otros grupos que pretendan dominar el movimiento para domesticarlo y rebajar sus contenidos anticapitalistas.

Los comunistas deben, tambin, contar con una poltica propia, autnoma y diferenciada en el mbito local. Este mbito supone un espacio de intervencin en el que los comunistas pueden tener la oportunidad de trabajar en la microfundacin del tejido social crtico y se nos presenta como lugar privilegiado para volver a recuperar, mediante el ejemplo, la ligazn, que nunca tuvo que romperse, entre tica y poltica.

La poltica local de los comunistas debe basarse en la reconstruccin de lo que muchos de sus dirigentes se empearon durantes aos en destruir: el tejido asociativo crtico y no domesticado; en la lucha contra la especulacin en todas sus formas; en la democracia participativa vinculante y en la exigencia de un comportamiento tico en la actuacin de los cargos pblicos.

En lo que respecta al aspecto organizativo necesitamos un partido democrtico, abierto a la diversidad de opiniones y a la juventud. Un partido permeable que sea capaz de aprender de las experiencias y las formas de organizacin de los jvenes y del nuevo precariado. Una organizacin que sirva para tender puentes y ayudar a los jvenes a construir la organizacin comunista eficaz para el futuro.

En esta organizacin el control de los censos no debe ser el objetivo fundamental que determina mayora y minoras. Es necesario que el debate y las propuestas polticas ocupen la mayor parte de los esfuerzos y desplacen o eliminen las luchas por el poder.

La organizacin debe tener una estructura adecuada a las condiciones reales de los trabajadores y los jvenes. Es necesario combinar, huyendo de frmulas preconcebidas, estructuras tanto en el territorio como en los centros de trabajo y estudio. Unas estructuras, estas, que respondan siempre a las necesidades y a militancias reales y que no reflejen simples estadsticas y contabilidades creativas.

El problema de la refundacin del comunismo de ningn modo se solventar con un retorno acrtico al pasado. Esta refundacin solo ser posible por medio de una combinacin audaz y prudente a la vez, de anlisis y accin. En este camino los militantes de las organizaciones tradicionales deberemos asumir el papel de saber construir los puentes necesarios para que los jvenes se empeen en la tarea de la reconstruccin de clase, y que, en este proceso vayan creando, siempre bajo criterios democrticos y no alienados, junto a nosotros, los instrumentos polticos y sindicales necesarios para la defensa de los intereses del conjunto de los trabajadores. Es un camino que merece la pena recorrer y en el que ninguna respuesta ni ninguna solucin nos vendr dada de antemano.



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