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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2011

La progresa y el movimiento 15-M

Carlos Taibo
Rebelin


En algn momento he sealado que en trminos generales las gentes de la izquierda tradicional se han portado decentemente en relacin con el movimiento 15-M: han participado en las asambleas, han rehuido las identificaciones partidarias y se han percatado del significado de lo que estaba ocurriendo. Lo anterior es verdad aun cuando no hayan faltado en algunos lugares problemas que calificar de menores --intentos, por ejemplo, de manipulacin y control-- y aun cuando algn responsable poltico --as, el candidato de IU a la alcalda de Madrid, ngel Prez, o el otrora mximo dirigente de Esquerra, Josep-Llus Carod-Rovira-- haya realizado declaraciones impresentables.

Si la izquierda tradicional ha estado genricamente a la altura de las circunstancias, cabe preguntarse de quin no puede decirse otro tanto. Me olvidar ahora de la ruindad ingente que rodea a los sindicatos mayoritarios; qu llamativo parece que haya sido el movimiento 15-M el que haya convocado el pasado da 19 las manifestaciones contra el Pacto del Euro, mientras las cpulas de CCOO y UGT guardaban silencio. Me interesa prestar atencin, antes bien, a un grupo humano cuya conducta ante los hechos de las ltimas semanas merece ms de un comentario. Hablo de esa constelacin progresista de la que forman parte un buen puado de estrellas de la intelectualidad y de las artes.

Lo primero que me produce sorpresa es el hecho de que estas gentes no duden en utilizar, para identificarse, la etiqueta de progresistas. Pocos trminos hay ms gastados que ste. Gastados, en primer lugar, por la retrica vacua que ha empleado en los ltimos decenios el partido que sigue dirigiendo el Gobierno espaol. Cmo es posible que quienes en estas horas afirman que quieren romper amarras con todo lo que significa ese partido no duden en seguir empleando un calificativo tan delatador? Siempre cerca de estructuras de poder, nuestros progresistas se han adherido en el pasado a todas las miserias imaginables. Alguien ha olvidado, por cierto, la lista de partidarios del Tratado Constitucional de la Unin Europea --surtidor principal de la mierda que hoy arrastramos-- que promovi la SGAE en diciembre de 2004? No parece, en un terreno prximo, que estas gentes se hayan desmarcado convincentemente de sus intereses personales, en un escenario en el que no menudean las noticias que den cuenta de cmo han reconocido pblicamente sus errores del pasado. Mientras, por un lado, nunca han pisado un centro social okupado --para algo estn los oropeles del Crculo de Bellas Artes madrileo--, por el otro han mantenido hasta hace bien poco --acaso algunos la mantienen todava-- una relacin muy clida con esos dos combativos sindicatos que he mencionado unas lneas ms arriba. Hablo de gentes, en fin, que se autoatribuyen la conciencia de la izquierda y que estiman que no podramos pasar sin el socorro de sus declaraciones y manifiestos.

Tengo la firme conviccin de que los intelectuales y artistas progresistas arrastran problemas graves en materia de comprensin de lo que ocurre entre nosotros. En su discurso lo suyo es que se denuncie lo que est en la epidermis mientras se esquivan las cuestiones de fondo. Si la corrupcin y la precariedad forman parte de la primera, el capitalismo y la supeditacin del poder poltico a sus reglas viven entre las segundas. La nica respuesta posible y consecuente --as lo han entendido amplsimos sectores del movimiento 15-M-- asume la forma de la contestacin franca del capitalismo desde perspectivas antiproductivistas, antipatriarcales e internacionalistas. Semejante proyecto casa mal, dicho sea de paso, con la obsesin de nuestros intelectuales y artistas por los partidos y las elecciones. Cul no ser al respecto la ltima idea brillante que estarn iluminando en lo que se refiere a maravillosos frentes en los que confluyan algunos de los primeros? Y qu lderes nos propondrn ahora? Habr alguno que no huela a lo mismo de siempre, al designio de reunir a la izquierda claudicante bajo banderas aparentemente nuevas? Qu significativo resulta que muchos de quines hace bien poco le rean las gracias al PSOE se sientan hoy traicionados. Vaya que han tardado tiempo en tomar nota de la realidad! Lo de Izquierda Unida, entre tanto, no parece convencerles, acaso porque en el maltrecho proyecto de la refundacin no se les reservaba el lugar que esperaban, acaso porque siguen pensando que es preferible ser cola de len que cabeza de ratn.

Mayor relieve que todo lo anterior corresponde, sin embargo, a un hecho: nuestros intelectuales y artistas se han visto por completo desbordados por lo que ha ocurrido tras el 15 de mayo. Y su situacin es incmoda, antes que nada, por algo que salta a la vista: nada han tenido que ver con la gestacin de un movimiento que, por razones fciles de intuir, no comprenden, inmerso como est en la vorgine de la asamblea y de la autogestin, lejos de divos y de famoseos. En lugar de acercarse humildemente a lo que empezaba a manifestarse, se han entregado con pundonor a la tarea de rebajar la radicalidad de la propuesta que vea la luz en las plazas, procurando adaptarla a una letana repentinamente superada por la reaccin airada de los jvenes. Para ello han dispuesto, como siempre, de los resortes preceptivos que ofrecen los medios progresistas: El Pas y la SER, Pblico y Radio Nacional.

Sin norte, nuestros amigos procuran en estas horas, con escaso xito, recuperar el protagonismo que tanto les gusta. Bueno sera que tomasen nota, sin embargo, de algo que parece evidente: los indignados no slo lo estn con los banqueros y con los gobernantes que les sirven. No sienten ningn cario, tampoco, por quienes han redo las gracias demasiadas veces a los unos y a los otros. Para certificarlo basta con echar una ojeada a los foros de muchos de esos medios de comunicacin progresistas que acabo de nombrar.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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