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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-07-2011

El uso de la fuerza de los ricos contra los pobres
Mujeres desplazadas exigen justicia en Port-au-Prince

Bill Quigley y Jocelyn Brooks
Institute for Justice and Democracy in Haiti

Traducido para Rebelin por S. Segu


Un centenar de voces cantaban Las mujeres exigimos justicia para Marie! Marie, una joven embarazada de 25 aos, fue herida por agentes gubernamentales cuando stos le estamparon una puerta de madera en el estmago durante una invasin, a primeras horas de la maana, de un campamento de desplazados damnificados por el terremoto en Port-au-Prince. El Gobierno est usando la fuerza para forzar a miles de personas a abandonar los campos, sin proporcionarles ningn lugar donde vivir. La gente est respondiendo con su lucha.

Estas personas que piden justicia son los residentes de un campamento improvisado llamado Camp Django en el barrio de Delmas 17, en Port-au-Prince. Estn en pie de guerra por las lesiones causadas a Marie, una de sus madres jvenes, y por las repetidas amenazas del gobierno de demoler sus casas. A pesar de los 38 grados de calor, ms de un centenar de residentes, en su mayora madres, marcharon por la ciudad para exigir al Gobierno el cumplimiento del derecho humano a la vivienda.

Por invitacin del grupo, los seguimos de vuelta al lugar donde han vivido desde que el terremoto del 12 de enero de 2010 dejara a cientos de miles sin hogar. En un terreno en cuesta, ms pequeo que un terreno de ftbol, ​​doscientas cincuenta familias viven en refugios hechos a mano con piezas de plstico grises y azules, restos de tiendas, maderas y variopintas piezas de latn. Las lonas bajo las que viven se han descolorido tras un ao y medio al sol, pero an muestran las marcas de USAid, World Vision, Rotary International, UNICEF, UNFAM, Repblica de China y otras. Fuera del campamento, grandes rboles verdes con flores de vivo color naranja proporcionan color y sombra.

En el interior, los bebs y los nios observan a travs de las aberturas de las tiendas, que dejan ver esteras en el suelo, camas y cajas. Las familias viven a pocos centmetros de sus vecinos. Compran el agua fuera del campamento y la llevan a sus tiendas. Cuatro cajones de madera con lonas de plstico azul de la ONU son las duchas donde la gente puede lavarse, siempre que traiga su propia agua y jabn. Los agujeros en el suelo de los baos son escasos, estn a rebosar, despiden un penetrante olor bajo el fuerte calor y estn rodeados por enjambres de moscas. Cuando llueve, el agua de lluvia entra en las tiendas de campaa y la porquera de los baos se extiende por todas partes.

Un adolescente vestido slo con ropa interior se lava con jabn entre dos tiendas. Una mujer de mediana edad est sentada bajo un banano cuidndose una herida abierta del tamao de un billete de dlar que tiene en el pie, una lesin producida por el terremoto, que requiere un injerto de piel que no puede pagar. Una familia hierve una cacerola de aluminio llena de agua gris y pltanos pelados. Los lderes del campo nos cuentan que en su comunidad viven ms de 375 nios, de ellos 20 cuyos padres murieron en el terremoto.

Somos vctimas del terremoto, nos cuentan mujeres y hombres mientras nos muestran el campamento. Tenemos el derecho humano a vivir en alguna parte. No queremos luchar por el derecho a permanecer en estos campamentos. Hace mucho calor aqu y no se puede estar en las tiendas en medio del da. Pero buscamos y buscamos y no hay otro lugar adonde ir. Hasta que tengamos alojamiento, estos hogares son todo lo que tenemos.

Hay cerca de un millar de campamentos de este tipo en todo Port-au-Prince. En algunos, viven miles de personas; en muchos otros, como el Camp Django, centenares.

Segn una de las leyendas urbanas que divulga el Gobierno, la gente sigue en los campamentos slo para recibir comida, agua y servicios mdicos. La verdad es que muchos campamentos, muchos, entre ellos Camp Django, no tienen servicios de agua ni reciben alimentos o medicinas. Estn all, nos cuentan, porque no tienen otro lugar adonde ir.

Visitamos a Mara (nombre ficticio) en su tienda en forma de caja. Yace en una cama retorcindose de dolor. Ha estado vomitando y sangrando y est rodeada por vecinos del campamento que se turnan sostenindola en brazos y secndole la frente. Nos explican que Mara fue agredida por hombres que entraron en el campamento por orden del alcalde del barrio de Delmas.

El sbado pasado, un grupo de cinco hombres, algunos armados con pistolas, irrumpieron en el campamento y amenazaron a los residentes. Cuatro de los hombres vestan camisetas verdes con la leyenda Mairie de Delmas (Alcalda de Delmas).

Los hombres del alcalde les dijeron que pronto destruirn sus tiendas. Se jactaron de que podan maltratarlos incluso peor de lo que ocurri en el puerto de Carrefour Aero, en referencia a la violenta expulsin ilegal de un campamento de desplazados en ese lugar, ordenado por el propio alcalde y la polica hace menos de un mes.

Los hombres de la Alcalda se abrieron paso por el campo a empujones, recogiendo los nombres y nmeros de identificacin de los cabezas de familia y marcando las tiendas de campaa con nmeros pintados con spray rojo.

Cuando estos hombres llamaron a la puerta del refugio de madera con techo de lona en el que Marie, de 25 aos de edad, embarazada, viva con su esposo, sta trat de evitar que entraran. Marie trat de explicar que su marido no estaba en casa. Pero el lder del grupo JL abri con violencia la puerta de madera de su tienda y se la estamp en el estmago, hacindole caer de espaldas al piso.

Tres das ms tarde, Marie segua con fuertes dolores y estaba en cama, sumamente preocupada por su beb.

Cuando uno de los vecinos de Mara protest ante JL por su brutalidad, ste se enfureci y lo amenaz con matarlo. Los presentes teman sus palabras, sobre todo cuando se dieron cuenta de que llevaba una pistola en el cinturn. Cuando estos agentes gubernamentales hicieron su entrada el campamento, los residentes llamaron a los defensores de los derechos humanos del Bureau des Avocats Internationaux (BAI) y les pidieron que vinieran en seguida.

Jeena Shah, una abogada de BAI, lleg a Camp Django mientras los agentes gubernamentales estaban todava all. Jeena pregunt a JL quin haba enviado a su grupo al campamento y por qu se haba marcado con nmeros de las tiendas. JL se mostr evasivo, repitiendo una y otra vez que el gobierno le haba enviado. Finalmente afirm que haba sido el Palacio Nacional, refirindose al actual presidente, Michel Martelly, quien lo haba enviado. En el momento de redactar el presente artculo, el Presidente no haba confirmado ni negado la autorizacin o la participacin en la amenaza de desalojo.

Los residentes en el Camp Django teman, con razn, que su campamento siguiesen la misma suerte los de tantas personas desplazadas desde el terremoto, hace ya ms de 18 meses: desalojo violento, agravamiento de su ya vulnerable situacin y falta de un lugar donde vivir.

Camp Django es slo un pequeo ejemplo de lo que est sucediendo en Hait. La Organizacin Internacional para las Migraciones (OIM) estima que en abril de 2011, 166.000 damnificados por el terremoto, una cuarta parte de la poblacin desplazada, se enfrentaban a una amenaza inminente de desalojo. Los desalojos los ha llevado a cabo el Gobierno mismo, u otros con la aprobacin tcita de ste, a pesar de las resoluciones de la Comisin Interamericana de Derechos Humanos que instan al gobierno de Hait a establecer una moratoria para los desalojos y a adoptar las medidas adecuadas para proteger de los desalojos ilegales forzados a la poblacin desplazada.

An no est claro si el alcalde de Delmas ha favorecido o condenado los actos concretos de violencia contra los residentes de Camp Django, pero la posicin de la Alcalda sobre los desalojos forzosos es bien conocida. Despus de liderar una oleada de violentos desalojos ilegales el mes pasado, el alcalde declar recientemente en la televisin haitiana que seguir obligando a las comunidades desplazadas a abandonar los campamentos, a pesar de que todava no tienen a donde ir.

El presidente Martelly, quien se ha negado a condenar pblicamente los desalojos violentos forzados del alcalde de Delmas, es responsable de cualquier dao y amenaza que recaiga sobre la comunidad de Camp Django y los miles de haitianos que se encuentran en los restantes campamentos de desplazados.

Las mujeres alzan sus voces pidiendo justicia. Los ricos, nos dicen, usan la fuerza contra los pobres de Hait. Exigen justicia para Marie. E insisten en que se proteja su derecho humano a la vivienda. Se estn organizando y sus voces son fuertes, su pasin es pura, su causa es justa. Nos inspiran para unirnos a ellas.

Bill Quigley ensea en la Universidad Loyola de Nueva Orleans y es director jurdico del Centro de Derechos Constitucionales (CCR). Jocelyn Brooks es miembro del Centro Ella Baker para los Derechos Humanos, asociado al CCR, y colabora en el Bureau dAvocats Internationaux (BAI) en Port-au-Prince.

Para ms informacin sobre los desalojos y la campaa de resistencia a los mismos, puede visitar www.ijdh.org (Institute for Justice and Democracy in Haiti).



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