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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2011

Ensayo publicado originalmente en La Repblica, Montevideo, 8 January 2003, antes del fallecimiento de Oriana Fallaci
El lento suicidio de Occidente

Jorge Majfud
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Occidente aparece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecucin preventiva de inocentes. Virtudes como la tolerancia y la autocrtica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende ahora, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algn tipo de progreso, tico y material. La mayor esperanza y el mayor peligro para Occidente estn en su propio corazn. Quienes no tenemos "Rabia" ni "Orgullo" por ninguna raza ni por ninguna cultura sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos pero tampoco tan malos.

Actualmente, algunas celebridades del pasado siglo XX, demostrando una irreversible decadencia senil, se han dedicado a divulgar la famosa ideologa sobre el "choque de civilizaciones" -- que ya era vulgar por s sola -- empezando sus razonamientos por las conclusiones, al mejor estilo de la teologa clsica. Como lo es la afirmacin, apriorstica y decimonnica, de que "la cultura Occidental es superior a todas las dems". Y que, como si fuese poco, es una obligacin moral repetirlo.

Desde esa Superioridad Occidental, la famossima periodista italiana Oriana Fallaci escribi brillanteces tales como: "Si en algunos pases las mujeres son tan estpidas que aceptan el chador e incluso el velo con rejilla a la altura de los ojos, peor para ellas. (. . .) Y si sus maridos son tan bobos como para no beber vino ni cerveza, dem." Caramba, esto s que es rigor intelectual. "Qu asco! -- sigui escribiendo, primero en el Corriere della Sera y despus en su best seller "La rabia y el orgullo", refirindose a los africanos que haban orinado en una plaza de Italia -- Tienen la meada larga estos hijos de Al! Raza de hipcritas." "Aunque fuesen absolutamente inocentes, aunque entre ellos no haya ninguno que quiera destruir la Torre de Pisa o la Torre de Giotto, ninguno que quiera obligarme a llevar el chador, ninguno que quiera quemarme en la hoguera de una nueva Inquisicin, su presencia me alarma. Me produce desazn". Resumiendo: aunque esos negros fuesen absolutamente inocentes, su presencia le produce igual desazn. Para Fallaci, esto no es racismo, es "rabia fra, lcida y racional". Y, por si fuera poco, una observacin genial para referirse a los inmigrantes en general: "Adems, hay otra cosa que no entiendo. Si realmente son tan pobres, quin les da el dinero para el viaje en los aviones o en los barcos que los traen a Italia? No se los estar pagando, al menos en parte, Osama bin Laden?" Pobre Galileo, pobre Camus, pobre Simone de Beauvoir, pobre Michel Foucault.

De paso, recordemos que, aunque esta seora escribe sin entender -- lo dijo ella --, estas palabras pasaron a un libro que lleva vendidos medio milln de ejemplares, al que no le faltan razones ni lugares comunes, como el "yo soy atea, gracias a Dios". Ni curiosidades histricas de este estilo: "cmo se come eso con la poligamia y con el principio de que las mujeres no deben hacerse fotografas. Porque tambin esto est en el Corn", lo que significa que en el siglo VII los rabes estaban muy avanzados en ptica. Ni su repetida dosis de humor, como pueden ser estos argumentos de peso: "Y, adems, admitmoslo: nuestras catedrales son ms bellas que las mezquitas y las sinagogas, s o no? Son ms bellas tambin que las iglesias protestantes". Como dice Atilio, tiene el Brillo de Brigitte Bardot. Faltaba que nos enredemos en la discusin sobre qu es ms hermoso, si la torre de Pisa o el Taj-Mahal. Y de nuevo la tolerancia europea: "Te estoy diciendo que, precisamente porque est definida desde hace muchos siglos y es muy precisa, nuestra identidad cultural no puede soportar una oleada migratoria compuesta por personas que, de una u otra forma, quieren cambiar nuestro sistema de vida. Nuestros valores. Te estoy diciendo que entre nosotros no hay cabida para los muecines, para los minaretes, para los falsos abstemios, para su jodido medievo, para su jodido chador. Y si lo hubiese, no se lo dara". Para finalmente terminar con una advertencia a su editor: "Te advierto: no me pidas nada nunca ms. Y mucho menos que participe en polmicas vanas. Lo que tena que decir lo dije. Me lo han ordenado la rabia y el orgullo". Lo cual ya nos haba quedado claro desde el comienzo y, de paso, nos niega uno de los fundamentos de la democracia y de la tolerancia, desde la Gracia antigua: la polmica y el derecho a rplica -- la competencia de argumentos en lugar de los insultos.

Pero como yo no poseo un nombre tan famoso como el de Fallaci -- ganado con justicia, no tenemos por qu dudarlo --, no puedo conformarme con insultar. Como soy nativo de un pas subdesarrollado y ni siquiera soy famoso como Maradona, no tengo ms remedio que recurrir a la antigua costumbre de usar argumentos.

Veamos. Slo la expresin "cultura occidental" es tan equvoca como puede serlo la de "cultura oriental" o la de "cultura islmica", porque cada una de ellas est conformada por un conjunto diverso y muchas veces contradictorio de otras "culturas". Basta con pensar que dentro de "cultura occidental" no slo caben pases tan distintos como Cuba y Estados Unidos, sino irreconciliables perodos histricos dentro de una misma regin geogrfica como puede serlo la pequea Europa o la an ms pequea Alemania, donde pisaron Goethe y Adolf Hitler, Bach y los skin heads. Por otra parte, no olvidemos que tambin Hitler y el Ku-Klux-Klan (en nombre de Cristo y de la Raza Blanca), que Stalin (en nombre de la Razn y del atesmo), que Pinochet (en nombre de la Democracia y de la Libertad) y que Mussolini (en su nombre propio) fueron productos tpicos, recientes y representativos de la autoproclamada "cultura occidental". Qu ms occidental que la democracia y los campos de concentracin? Qu ms occidental que la declaracin de los Derechos Humanos y las dictaduras en Espaa y en Amrica Latina, sangrientas y degeneradas hasta los lmites de la imaginacin? Qu ms occidental que el cristianismo, que cur, salv y asesin gracias al Santo Oficio? Qu ms occidental que las modernas academias militares o los ms antiguos monasterios donde se enseaba, con refinado sadismo, por iniciativa del papa Inocencio IV y basndose en el Derecho Romano, el arte de la tortura? O todo eso lo trajo Marco Polo desde Medio Oriente? Qu ms occidental que la bomba atmica y los millones de muertos y desaparecidos bajo los regmenes fascistas, comunistas e, incluso, "democrticos"? Qu ms occidental que las invasiones militares y la supresin de pueblos enteros bajo los llamados "bombardeos preventivos"?

Todo esto es la parte oscura de Occidente y nada nos garantiza que estemos a salvo de cualquiera de ellas, slo porque no logramos entendernos con nuestros vecinos, los cuales han estado ah desde hace ms de 1400 aos, con la nica diferencia que ahora el mundo se ha globalizado (lo ha globalizado Occidente) y ellos poseen la principal fuente de energa que mueve la economa del mundo -- al menos por el momento -- adems del mismo odio y el mismo rencor de Oriana Fallaci. No olvidemos que la Inquisicin espaola, ms estatal que las otras, se origin por un sentimiento hostil contra moros y judos y no termin con el Progreso y la Salvacin de Espaa sino con la quema de miles de seres humanos.

Sin embargo, Occidente tambin representa la Democracia, la Libertad, los Derechos Humanos y la lucha por los derechos de la mujer. Por lo menos el intento de lograrlos y lo ms que la humanidad ha logrado hasta ahora. Y cul ha sido desde siempre la base de esos cuatro pilares, sino la tolerancia?

Fallaci quiere hacernos creer que "cultura occidental" es un producto nico y puro, sin participacin del otro. Pero si algo caracteriza a Occidente, precisamente, ha sido todo lo contrario: somos el resultado de incontables culturas, comenzando por la cultura hebrea (por no hablar deAmenofis IV) y siguiendo por casi todas las dems: por los caldeos, por los griegos, por los chinos, por los hindes, por los africanos del sur, por los africanos del norte y por el resto de las culturas que hoy son uniformemente calificadas de "islmicas". Hasta hace poco, no hubiese sido necesario recordar que, cuando en Europa -- en toda Europa -- la Iglesia cristiana, en nombre del Amor persegua, torturaba y quemaba vivos a quienes discrepaban con las autoridades eclesisticas o cometan el pecado de dedicarse a algn tipo de investigacin (o simplemente porque eran mujeres solas, es decir, brujas), en el mundo islmico se difundan las artes y las ciencias, no slo las propias sino tambin las chinas, las hindes, las judas y las griegas. Y esto tampoco quiere decir que volaban las mariposas y sonaban los violines por doquier: entre Bagdad y Crdoba la distancia geogrfica era, por entonces, casi astronmica.

Pero Oriana Fallaci no slo niega la composicin diversa y contradictoria de cualquiera de las culturas en pleito, sino que de hecho se niega a reconocer la parte oriental como una cultura ms. "A m me fastidia hablar incluso de dos culturas", escribi. Y luego se despacha con una increble muestra de ignorancia histrica: "Ponerlas sobre el mismo plano, como si fuesen dos realidades paralelas, de igual peso y de igual medida. Porque detrs de nuestra civilizacin estn Homero, Scrates, Platn, Aristteles y Fidias, entre otros muchos. Est la antigua Grecia con su Partenn y su descubrimiento de la Democracia. Est la antigua Roma con su grandeza, sus leyes y su concepcin de la Ley. Con su escultura, su literatura y su arquitectura. Sus palacios y sus anfiteatros, sus acueductos, sus puentes y sus calzadas".

Ser necesario recordarle a Fallaci que entre todo eso y nosotros est el antiguo Imperio Islmico, sin el cual todo se hubiese quemado -- hablo de los libros y de las personas, no del Coliseo -- por la gracia de siglos de terrorismo eclesistico, bien europeo y bien occidental? Y de la grandeza de Roma y de su "concepcin de la Ley" hablamos otro da, porque aqu s que hay blanco y negro para recordar. Tambin dejemos de lado la literatura y la arquitectura islmica, que no tienen nada que envidiarle a la Roma de Fallaci, como cualquier persona medianamente culta sabe.

A ver, y por ltimo?: "Y por ltimo -- escribi Fallaci est la ciencia. Una ciencia que ha descubierto muchas enfermedades y las cura. Yo sigo viva, por ahora, gracias a nuestra ciencia, no a la de Mahoma. Una ciencia que ha cambiado la faz de este planeta con la electricidad, la radio, el telfono, la televisin. . . Pues bien, hagamos ahora la pregunta fatal: y detrs de la otra cultura, qu hay?"

Respuesta fatal: detrs de nuestra ciencia estn los egipcios, los caldeos, los hindes, los griegos, los chinos, los rabes, los judos y los africanos. O Fallaci cree que todo surgi por generacin espontnea en los ltimos cincuenta aos? Habra que recordarle a esta seora que Pitgoras tom su filosofa de Egipto y de Caldea (Irak) -- incluida su famosa frmula matemtica, que no slo usamos en arquitectura sino tambin en la demostracin de la Teora Especial de la Relatividad de Einstein -- , igual que hizo otro sabio y matemtico llamado Tales de Mileto. Ambos viajaron por Medio Oriente con la mente ms abierta que Fallaci cuando lo hizo. El mtodo hipottico-deductivo -- base de la epistemologa cientfica se origin entre los sacerdotes egipcios (empezar con Klimovsky, por favor); el cero y la extraccin de races cuadradas, as como innumerables descubrimientos matemticos y astronmicos, que hoy enseamos en los liceos, nacen en India y en Irak; el alfabeto lo inventaron los fenicios (antiguos linbaneses) y probablemente la primera forma de globalizacin que conoci el mundo. El cero no fue un invento de los rabes, sino de los hindes, pero fueron aquellos que lo traficaron a Occidente. Por si fuera poco, el avanzado Imperio Romano no slo desconoca el cero -- sin el cual no sera posible imaginar las matemticas modernas y los viajes espaciales -- sino que posea un sistema de conteo y clculo engorroso que perdur hasta fines de la Edad Media. Hasta comienzos del Renacimiento, todava haban hombres de negocios que usaban el sistema romano, negndose a cambiarlo por los nmeros rabes, por prejuicios raciales y religiosos, lo que provocaba todo tipo de errores de clculo y litigios sociales. Por otra parte, mejor ni mencionemos que el nacimiento de la Era Moderna se origin en el contacto de la cultura europea --despus de largos siglos de represin religiosa -- con la cultura islmica primero y con la griega despus. O alguien pens que la racionalidad escolstica fue consecuencia de las torturas que se practicaban en las santas mazmorras? A principios del siglo XII, el ingls Adelardo de Bath emprendi un extenso viaje de estudios por el sur de Europa, Siria y Palestina. Al regresar de su viaje, Adelardo introdujo en la subdesarrollada Inglaterra un paradigma que an hoy es sostenido por famosos cientficos como Stephen Hawking: Dios haba creado la Naturaleza de forma que poda ser estudiada y explicada sin Su intervencin. (He aqu el otro pilar de las ciencias, negado histricamente por la Iglesia romana). Incluso, Adelardo reproch a los pensadores de su poca por haberse dejado encandilar por el prestigio de las autoridades -- comenzando por el griego Aristteles, est claro. Por ellos esgrimi la consigna "razn contra autoridad", y se hizo llamar a s mismo "modernus". "Yo he aprendido de mis maestros rabes a tomar la razn como gua --escribi --, pero ustedes slo se rigen por lo que dice la autoridad". Un compatriota de Fallaci, Gerardo de Cremona, introdujo en Europa los escritos del astrnomo y matemtico "iraqu", Al-Jwarizmi, inventor del lgebra, de los algoritmos, del clculo arbigo y decimal; tradujo a Ptolomeo del rabe -- ya que hasta la teora astronmica de un griego oficial como ste no se encontraba en la Europa cristiana --, decenas de tratados mdicos, como los de Ibn Sina y iran al-Razi, autor del primer tratado cientfico sobre la viruela y el sarampin, por lo que hoy hubiese sido objeto de algn tipo de persecucin.

Podramos seguir enumerando ejemplos como stos, que la periodista italiana ignora, pero de ello ya nos ocupamos en un libro y ahora no es lo que ms importa.

Lo que hoy est en juego no es slo proteger a Occidente contra los terroristas, de aqu y de all, sino -- y quiz sobre todo -- es crucial protegerlo de s mismo. Bastara con reproducir cualquiera de sus monstruosos inventos para perder todo lo que se ha logrado hasta ahora en materia de respeto por los Derechos Humanos. Empezando por el respeto a la diversidad. Y es altamente probable que ello ocurra en diez aos ms, si no reaccionamos a tiempo.

La semilla est ah y slo hace falta echarle un poco de agua. He escuchado decenas de veces la siguiente expresin: "lo nico bueno que hizo Hitler fue matar a todos esos judos". Ni ms ni menos. Y no lo he escuchado de boca de ningn musulmn -- tal vez porque vivo en un pas donde prcticamente no existen -- ni siquiera de algn descendiente de rabes. Lo he escuchado de neutrales criollos o de descendientes de europeos. En todas estas ocasiones me bast razonar lo siguiente, para enmudecer a mi ocasional interlocutor: "Cul es su apellido? Gutirrez, Pauletti, Wilson, Marceau. . . Entonces, seor, usted no es alemn y mucho menos de pura raza aria. Lo que quiere decir que mucho antes que Hitler hubiese terminado con los judos hubiese comenzado por matar a sus abuelos y a todos los que tuviesen un perfil y un color de piel parecido al suyo". Este mismo riesgo estamos corriendo ahora: si nos dedicamos a perseguir rabes o musulmanes no slo estaremos demostrando que no hemos aprendido nada, sino que, adems, pronto terminaremos por perseguir a sus semejantes: beduinos, africanos del norte, gitanos, espaoles del sur, judos de Espaa, judos latinoamericanos, americanos del centro, mexicanos del sur, mormones del norte, hawaianos, chinos, hindes, and so on.

No hace mucho otro italiano, Umberto Eco, resumi as una sabia advertencia: "Somos una civilizacin plural porque permitimos que en nuestros pases se erijan mezquitas, y no podemos renunciar a ellos slo porque en Kabul metan en la crcel a los propagandistas cristianos (. . .) Creemos que nuestra cultura es madura porque sabe tolerar la diversidad, y son brbaros los miembros de nuestra cultura que no la toleran".

Como decan Freud y Jung, aquello que nadie deseara cometer nunca es objeto de una prohibicin; y como dijo Baudrillard, se establecen derechos cuando se los han perdido. Los terroristas islmicos han obtenido lo que queran, doblemente. Occidente parece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecucin preventiva de inocentes. Tanto tiempo imponiendo su cultura en otras regiones del planeta, para dejarse ahora imponer una moral que en sus mejores momentos no fue la suya. Virtudes como la tolerancia y la autocrtica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algn tipo de progreso, tico y material. La Democracia y la Ciencia nunca se desarrollaron a partir del culto narcisita a la cultura propia sino de la oposicin crtica a partir de la misma. Y en esto, hasta hace poco tiempo, estuvieron ocupados no slo los "intelectuales malditos" sino muchos grupos de accin y resistencia social, como lo fueron los burgueses en el siglo XVIII, los sindicatos en el siglo XX, el periodismo inquisidor hasta ayer, sustituido hoy por la propaganda, en estos miserables tiempos nuestros. Incluso la pronta destruccin de la privacidad es otro sntoma de esa colonizacin moral. Slo que en lugar del control religioso seremos controlados por la Seguridad Militar. El Gran Hermano que todo lo escucha y todo lo ve terminar por imponernos mscaras semejantes a las que vemos en Oriente, con el nico objetivo de no ser reconocidos cuando caminamos por la calle o cuando hacemos el amor.

La lucha no es -- ni debe ser -- entre orientales y occidentales; la lucha es entre la intolerancia y la imposicin, entre la diversidad y la uniformizacin, entre el respeto por el otro y su desprecio o aniquilacin. Escritos como "La rabia y el orgullo" de Oriana Fallaci no son una defensa a la cultura occidental sino un ataque artero, un panfleto insultante contra lo mejor de Occidente. La prueba est en que bastara con cambiar all la palabra Oriente por Occidente, y alguna que otra localizacin geogrfica, para reconocer a un fantico talibn. Quienes no tenemos Rabia ni Orgullo por ninguna raza ni por ninguna cultura, sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos pero tampoco tan malos.

Hace unos aos estuve en Estados Unidos y all vi un hermoso mural en el edificio de las Naciones Unidas de Nueva York, si mal no recuerdo, donde aparecan representados hombres y mujeres de distintas razas y religiones -- creo que la composicin estaba basada en una pirmide un poco arbitraria, pero esto ahora no viene al caso. Ms abajo, con letras doradas, se lea un mandamiento que lo ense Confucio en China y lo repitieron durante milenios hombres y mujeres de todo Oriente, hasta llegar a constituirse en un principio occidental: "Do unto others as you would have them do unto you." En ingls suena musical, y hasta los que no saben ese idioma presienten que se refiere a cierta reciprocidad entre uno y los otros. No entiendo por qu habramos de tachar este mandamiento de nuestras paredes, fundamento de cualquier democracia y de cualquier estado de derecho, fundamento de los mejores sueos de Occidente, slo porque los otros lo han olvidado de repente. O la han cambiado por un antiguo principio bblico que ya Cristo se encarg de abolir: "ojo por ojo y diente por diente". Lo que en la actualidad se traduce en una inversin de la mxima confuciana, en algo as como: hazle a l os otros todo lo que ellos te han hecho a ti -- la conocida historia sin fin.


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