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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-07-2011

Intervencin en el programa de radio Contratiempo sobre el Diccionario de la Real Academia de la Historia
Sus vidas sin nosotros

Germn Labrador Mndez
Rebelin


Lo peor de una polmica es cuando nace vieja, porque no ser posible que nos implique, porque ser muy difcil que nos ensee nada. Eso es algo que cada vez con ms frecuencia nos sucede, a propsito de cuestiones referidas a la investigacin, la universidad, el saber, la cultura y las instituciones, polmicas en las que, curiosamente, tales asuntos tienden a desvincularse de lo comn, de la ciudadana, de la poltica, de la revolucin. Un investigador profetizaba en un peridico esta semana que, en el futuro, las investigaciones de tipo histrico no estaran movidas por la erudicin sino por la originalidad, y todo gracias a internet: esa descripcin se corresponde al mundo en el que ya habitamos muchos investigadores en el campo de las humanidades, muchas y muchos, no siempre jvenes y, desde luego, no siempre residentes en el solar patrio.

Cuando se nos dice que el futuro es aquello que ya ha sucedido quieren engaarnos. Cuando se nos dice lo contrario, que aquello que ya ha sucedido todava tiene que pasar, hablamos de la incapacidad de entender el mundo en el que otros ya habitan, aunque el propio se reconozca como caduco, y como decadente. En mi presente de investigador, mi erudicin empieza en google y, como google, sus fronteras son las de un ocano: pero no como nos dicen- porque se haya desvalorado el papel que tienen los archivos, las horas de estudio, el anlisis, y todas esas figuras de conocimiento que han construido una suerte de beatera del trabajo con la que un determinado tipo de acadmico (espaol) se justifica, como si las horas que uno pasa en la biblioteca o en la taberna- fuesen en si mismas provechosas.

Al decir mi erudicin comienza en google, se habla de una inmensa biblioteca comn, se quiere poner juntos el conocimiento y lo pblico, juntos, de un modo que nadie pueda arrebatarlos. Nunca ha habido tantos archivos de acceso pblico como hoy en internet: es obvio. De lo que no siempre se habla es de sus ciudadanos archiveros, de aquellos que los generan, cuidan y actualizan. Y ahora no pienso en portales acadmicos, bibliotecas de congresos, ni google-books, o Cervantes Virtual, todos ellos hermosos y felices, ni siquiera de los cientos de miles de personas que regalan su tiempo y su esfuerzo y sus conocimientos para generar una enciclopedia global, annima, multilinge y gratuita. Y ciudadana: no conozco a nadie que d subvenciones voluntariamente a la Real Academia de la Historia, pero somos muchos los que damos donaciones peridicas a Wikipedia.

En realidad, al hablar de ciudadanos e-bibliotecarios, quiero pensar en toda esa gente que ha transcrito las letras de los poemas que necesito comentar, ha colgado las referencias bibliogrficas que busco, ha subido las imgenes, ha construido las redes de afinidades electivas por las que mi investigacin se desplaza. Mis ltimas investigaciones no seran posibles sin los archivos gratuitos y personales que flotan en internet como Indias Galantes. En el mundo del cmic de los aos 40, por ejemplo, impresiona el grado de conocimiento, de erudicin, de rigor, con que bibliotecarios amateur cuidan y organizan la memoria de una precaria cultura de masas, de nios y de papel, y ponen gratuitamente a disposicin de todo el mundo saberes fragmentarios y pobres sobre dibujantes annimos, hroes imposibles y nios que ponan en suspenso la pesadilla de su infancia franquista gracias a todo aquello, gracias a Ayax el Griego o gracias a Mscara de Hierro. Los cmic de los cuarenta slo contaban la historia del Conde de Montecristo...

Es muy difcil entender las razones de los otros. Conocimiento libre, abierto, annimo y gratuito es algo que amenaza las vidas de los profesionales del conocimiento. Los odios frente a nuestra negativa a aceptar la Ley Sinde slo se explican desde la agresividad de aquel que ve su privilegio amenazado: la negativa a aceptar la propiedad intelectual es una negativa a aceptar la autoridad de los productores de cultura oficiales. El hecho de que las formas emergentes de intercambio cultural tienden a ser (mientras nos dejen) horizontales, autnomas, desreguladas y libres plantea un desafo a las culturas institucionales. Si hay gentes que dan sus tiempos, sus saberes, sus archivos gratuitamente y en abierto a los dems, por qu habra entonces que pagar especficamente para ello? Qu plus, qu incremento de valor justificara una inversin pblica? No se trata de descartarla, es simplemente que la existencia de una cultura libre y desregulada obliga, cuando menos, a justificar el tipo de cultura que se hace en nombre de lo pblico: en qu casos, a cambio de qu, bajo qu mecanismos de control. Si una cultura pblica ya existe: necesitamos una cultura pblica que no nos represente?

Como vemos todos los das a propsito de las polmicas sobre el conocimiento, la reaccin displicente frente a los desafos que la cultura autnoma propone al mundo de la universidad, de las academias, nos habla de la falta de espritu democrtico, rigor nacido de la dificultad de justificar un privilegio. Cuando hace unos das, una ciudadana preguntaba al heredero al trono por el mecanismo para solicitar el acceso a su mismo privilegio, era esta misma cuestin la que se derivaba: si hay un Rey, pues entonces yo quiero saber por qu yo no soy el Rey, que el Rey nos verbalice su privilegio, su injusticia. Tambin tenemos derecho legtimo a saber por qu no somos nosotros los presidentes de la Real Academia de Historia.

Obviamente, no se trata de ser ni lo uno ni lo otro, sino de obligar a instituciones que histricamente estn configuradas por una visin de la sociedad antidemocrtica y autoritaria a explicarnos qu esfuerzos han realizado para ubicarse en el tejido colectivo de una sociedad democrtica, qu contribuciones, que incrementos de valor nos ofrecen. Todos sabemos que un banco es enemigo de lo pblico, pero no esperamos lo mismo de una academia, de una escuela. Las instituciones pagadas con dinero de todos estn obligadas a hacerse imprescindibles para que no decidamos comenzar por prescindir precisamente de ellas. En un mundo en el que la cultura es libre, en el que producimos conocimiento libre y gratuitamente (este texto, este programa de radio son ejemplos), por qu los ciudadanos tenemos que pagar a nadie para que haga una cultura que no nos representa?

Las instituciones y sus representantes no dan respuesta a estas preguntas. Las respuestas que nos dan nos obligan a plantear preguntas sin respuestas. Un ejemplo fue la que dio Gonzalo Anes, el presidente de la Real Academia de Historia Espaola, preguntado por las mejoras que su institucin necesita con urgencia:

Ms mujeres. Las hay muy preparadas pero menos que los hombres. Hay una cuestin: un historiador necesita disponer de muchas horas para documentarse en los archivos. Y, por desgracia, en las mujeres esas miles de horas estn dedicadas a criar a sus hijos y a ser amas de casa. (El Pas, 04/06/2011)

Insisto, las horas pasadas en un archivo o en una taberna no son patente de corso. No hay que confundir la religin con la beatera. Pero, como nos ha enseado la crtica feminista, esas miles de horas dedicadas a criar hijos, a cuidar, a cocinar, no son horas baldas, como afirma Anes, horas que impiden a lxs que no somos como Anes llegar a ser Anes. Las horas dilapidadas cuidando nios son, ms bien, todo lo contrario, horas de crecimiento humano, horas de vida, que producen un determinado tipo de subjetividad, de relacin con el mundo y con el conocimiento. Un tipo, s, de biografas. Si las declaraciones de Anes vienen enmarcadas en la polmica a propsito del sesgo revisionista, cripto-franquista, de un diccionario biogrfico que nos ha costado 6.4 millones de euros, gastados con una opacidad tpicamente institucional, el comentario de Anes sobre la prdida del tiempo de las mujeres, no pudo ser ms pertinente.

No es necesario hablar de la vida de tantas y tantas brillantes investigadoras, no siempre jvenes y, desde luego, no siempre residentes en Espaa. Pero cabe traer a colacin un ejemplo, una biografa histrica que viene totalmente a propsito de una discusin sobre horas de investigacin, de vidas, de academias, de mujeres y de repblicas. Se trata de Mara Moliner, brillante investigadora y archivera durante la Repblica, madre por cierto de cuatro hijos, quien asumi la tarea de dirigir la organizacin de las bibliotecas pblicas en guerra, como nos recuerda Bibliotecas en guerra, un maravilloso documental producido por la Biblioteca Nacional, que muestra lo que sucede cuando una institucin funciona. En definitiva, se trataba de una cuidadora de libros y de lectores, una mujer que dio su juventud a la tarea de permitir el acceso a la cultura a los ciudadanos de un pas rico en Reales Academias y pobre en bibliotecas populares. Moliner fue precisamente represaliada por ello. Tras la guerra, dedic su vida a la elaboracin del primer Diccionario de Uso del Espaol, la primera obra de esa naturaleza en espaol, caracterizada por trabajar con corpus, es decir, por no utilizar el criterio de autoridad del conocimiento (yo, acadmico, defino una palabra y te aconsejo como debes usarla) sino de emplear un criterio de uso, al tratar de entender cmo las gentes sus propietarias- usan una palabra, y producir a partir de ello un inventario civil del lenguaje. Obviamente, a pesar del intento de Lapesa y de Dmaso Alonso, y slo porque era mujer, Mara Moliner nunca entr en la Real Academia de la Lengua.

Esta historia demuestra que es posible hacer un diccionario sin apoyo acadmico y vivir una vida mientras tanto, que se puede tener hijos y hacer una obra revolucionaria, que es posible producir conocimiento y saber fuera de las instituciones, contra las instituciones, que eso nunca te lo van a perdonar porque las instituciones nunca van a aceptar una legitimidad que no provenga de su interior, lo que es como decir de una confirmacin de las formas de vida institucionalizadas. Por eso mismo, una institucin franquista en su origen va a producir herencias criptofranquistas. El franquismo sociolgico tambin existe en el mundo de las instituciones. La historia de Mara Moliner lo que nos plantea es justo todo lo contrario de lo que Anes afirmaba: que es gracias a que te enamoras, de personas, de Repblicas, a que tienes hijos, y los cuidas, y a que fundas bibliotecas, que es gracias a las transformaciones que todo eso produce en ti, que uno se vuelve un determinado tipo de persona. Gracias a todo eso es posible producir un conocimiento que importe a alguien. Un conocimiento civil. Volvemos sobre lo pblico: en la religin de lo pblico, un funcionario corporativo es un beato, es un hipcrita, es un fariseo.

Gonzalo Anes es Marqus de Castrilln, segn el ttulo regalado por el Rey el ao pasado, en reconocimiento a su extensa y brillante labor acadmica, investigadora y docente, al servicio de Espaa y de la Corona . A pesar de los historiadores, seguimos sin saber lo que Espaa. Gracias a la memoria histrica sabemos qu significa renunciar a la Corona. Una nocin de historiadores al servicio de la patria y del rey no parece tener mucha relacin con una historia civil y democrtica, como la que fomenta wikipedia al servicio de la democracia y de la ciudadana global. No s si necesitamos una Academia de Historia, podemos discutirlo, pero en todo caso, no necesitamos una Real Academia, sino una academia real, ya.

Yo uso todos los das Wikipedia, pero confieso que el da que la RAH desparezca, tardar tiempo en darme cuenta. Cuando Anes se muera, lo ms seguro es que ni nos enteremos. Por eso que la RAH diga que Franco fue un tipo estupendo y que Espaa fue su pasin, la verdad, no importa demasiado. Que lo diga con dinero pblico preocupa ms, pero hay tanta gente diciendo con dinero pblico cosas, que simplemente cabe considerarlo uno ms de los problemas de representacin que se dan en la cultura espaola en esta maravillosa primavera de 2011, que no se acabe nunca. El problema es la idea concreta que subyace a la idea de una biografa de Franco. Tendra que decir que era un psicpata, un tarado, un abstemio, un tipo que despreciaba la vida humana porque no era capaz de ver la hermosura que tiene todo lo que es delicado, un tipo que ensangrent este pas por una pasin onanista por la muerte, pero, aunque dijese todo eso, no necesitamos esa biografa.

El problema no es que el diccionario hable de la guerra como Cruzada, el problema es la mera idea de un diccionario de vidas, una obra que se acumula en volmenes que no va a leer nadie, por ms que nos hablen ahora de una pgina web en la que pagando un poquito (cmo iba a ser gratis!) vamos a poder leer quien era Franco, quien era Fulano, quien era Anes. El problema es una concepcin de la historia como una suma de vidas. El problema es una historia de la historia como las vidas heroicas de los hombres solteros. El problema no es que la biografa de Franco sea una hagiografa, el problema es el entendimiento de las biografas como hagiografas, como cursus honorum, como acumulaciones: de xitos, de experiencias nacionales, de victorias, o, en su reverso acadmico, de libritos, de trienios, de premios acadmicos, de ttulos nobiliarios... El problema es una historia de las vidas de los otros que no considera ni por asomo lo que llevamos discutiendo treinta aos de modo intenso sobre la biografa como gnero (no es posible una teora de la biografa que no sea a la vez una teora literaria de la biografa): sus relaciones con los otros, con las identidades, con las relaciones de poder, con las colonizaciones, con las razas y las clases sociales. Yo quiero leer las vidas de los hombres infames, de los ajusticiados, de las prostitutas, de los ciudadanos bibliotecarios, de Agustn Luengo, el gigante de Puebla de Alcocer, de Fernando Merlo, poeta, suicida y drogadicto, pero en ese diccionario de reyes y ministros estarn? Slo guarda la literatura las vidas de aquellos que no mandan? La historia son las vidas de quienes nos han gobernado?

Pero, adems, es que no hay vida propia sino es en medio de los otros, y as qu mundos puede separar el orden alfabtico? No es posible contar vidas sin hiperlinks, sin lazos, sin vnculos. Un hipervnculo lo solucionara todo: al pinchar en la palabra Cruzada llegaramos a un artculo donde nos explicaran que ese trmino slo se emplea desde una memoria afectiva comprometida con los presupuestos morales a partir de los que un grupo de sdicos pas a sangre y fuego todos y cada uno de los sitios de este pas. Diciendo que estaban sirviendo a Espaa, la llenaron de hurfanos.

El problema del diccionario biogrfico es el diccionario biogrfico. Es el problema de la vida, de tener buen rollo con la vida. Y el problema final es que toda esa gente tiene muy mal rollo. Ms vala que frecuentasen ms las tabernas y no las bibliotecas. O las plazas y sus asambleas. En realidad, ms vala que dedicasen horas a cuidar a sus hijos. ste es un problema que es un problema biogrfico, pero en el sentido que utiliza Alba Rico cuando explica la antropologa humana diciendo que la soltera (pero la soltera moral) genera la violencia, porque un mundo gobernado por solteros es un mundo que, cuando se reproduce, slo genera hurfanos.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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