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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-07-2011

Don Adolfo Snchez Vzquez, in memoriam

Atilio A. Boron
Rebelin


Ser marxista hoy significa no slo poner en juego la inteligencia para fundamentar la necesidad y posibilidad de esa alternativa (al capitalismo), sino tambin tensar la voluntad para responder al imperativo poltico-moral de contribuir a realizarla.

Adolfo Snchez Vzquez Por qu ser marxista hoy Discurso pronunciado al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de La Habana

Una triste noticia: ayer, 8 de Julio, mora a los 95 aos de edad don Adolfo Snchez Vzquez, quien sin exageracin podra ser caracterizado como uno de los ms grandes filsofos marxistas de la segunda mitad del siglo veinte y cuya influencia se dejara sentir hasta nuestros das. Falleci en Mxico, pas que lo acogiera con su proverbial hospitalidad, al finalizar la Guerra Civil espaola en 1939.

Por muchas razones, la desaparicin fsica de don Adolfo me lleg a lo ms profundo del alma. Fue l quien me invit a introducirme a fondo en el campo de la filosofa poltica, instndome a completar mis anlisis sociopolticos y econmicos del capitalismo con una mirada ms filosfica que me abriera las puertas a una reflexin ms integral, totalizadora y dialctica de las sociedades contemporneas. Eso ocurri en Mxico, en 1976, cuando en la FLACSO -por ese entonces todava un foco de pensamiento crtico- lo invitaron a dictar un curso de Filosofa Poltica en la Maestra de Ciencia Poltica que se dictaba en esa institucin. Al aceptar, me solicit que fuera su asistente de ctedra y desde ese momento su obra y su persona se convirtieron en una fuente constante de estmulo para mi pensamiento. Como dira otro espaol excepcional, Alfonso Sastre, don Adolfo se convirti en mi sombra con la cual habra de dialogar permanentemente desde entonces; sombra inquisidora y socrtica, que me impulsaba a formularme las preguntas fundamentales, sorteando cualquier tentacin de facilidad, las engaosas certezas de las apariencias, o la comodidad del saber establecido. Por eso no exagero al decir que aquella experiencia de trabajo con l me cambi la vida y mi visin del mundo. Cuando gran parte de lo que en aquel entonces pasaba por marxismo era una indigesta coleccin de "manuales estalinistas" o de confusos desvaros estructuralistas o post-estructuralistas -porque Gramsci todava estaba a la espera de su relectura en clave comunista y no socialdemcrata, y porque Maritegui, Fidel y el Che no haban logrado horadar el obstinado europesmo y la colonialidad que an prevaleca en las filas del marxismo- con su valiente ejemplo Snchez Vzquez me ense a descartar tanto las imposiciones tericas de una burocracia pseudo revolucionaria como a desconfiar de las modas intelectuales de la poca, por ms seductoras que fueran. Esas modas, deca, eran los seuelos que la burguesa alentaba con astucia para captar y extraviar a los espritus rebeldes pero ingenuos, desviando su potencial contestatario hacia los estriles campos de las pequeas disputas en la intrascendente repblica de las letras lejos, bien lejos de los cruciales frentes en donde el capital libraba sus cruciales batallas contra los trabajadores.

El de don Adolfo era un marxismo abierto, antidogmtico, fresco y, por lo tanto, en permanente renovacin, sintonizado constantemente al igual que Marx, Engels, Lenin- con el desenvolvimiento de las contradicciones del capitalismo en cuyos entresijos se internaba con audacia para descubrir, desde all, la ruta hacia la nueva sociedad. No le arredraban ni la feroz crtica de la derecha, ni su sistemtico ninguneo, ni la furia de las momias de la ortodoxia, a cuyo cargo estaba la custodia de un dogma que nada tena que ver con el marxismo. En esta empresa su sabidura le permiti distinguir con precisin entre la necesidad de una continua reactualizacin de la gran herencia de la tradicin marxista del "liquidacionismo" posmoderno en virtud del cual los supuestos "renovadores" del marxismo lo "renovaron" con tanto entusiasmo que terminaron pasndose a las filas del pensamiento burgus. Por eso, con su muerte se nos ha ido un grande de la filosofa marxista aunque, al releer estas lneas aclaro, para ser fiel a sus enseanzas, que don Adolfo fue, como buen marxista que era, filsofo pero tambin socilogo, economista, historiador y politlogo, aparte de poeta. Esas fronteras disciplinarias slo tienen sentido al interior del pensamiento fragmentador y fetichizado, por eso siempre profundamente conservador, de la burguesa. Quien nos ha abandonado fue un intelectual de una sabidura y erudicin deslumbrantes que enalteci como pocos la palabra "maestro" y que jams abjur de sus convicciones revolucionarias ni hizo concesin alguna al capitalismo, al cual nunca se cans de denunciar por su incorregible esencia predatoria, explotadora y antihumana, que haca de la revolucin socialista una imperiosa necesidad. Fiel al legado marxiano saba que si la humanidad no se sacuda el yugo del sistema capitalista, en todas sus formas y manifestaciones, su futuro sera la barbarie. Sus enseanzas, recogidas en ms de veinte libros e infinidad de artculos, seguirn siendo fuente perdurable de inspiracin, arrojando un potente haz de luz en medio de las tinieblas que genera la sociedad burguesa en su lenta pero inexorable putrefaccin. Hasta la victoria siempre, don Adolfo!



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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