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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2011

Los ojos del sistema

Marcos Roitman Rosenmann
Rebelin


Ms all de la paranoia y los delirios de persecucin son muchas las ocasiones en las cuales nos sentimos vigilados y meticulosamente diseccionados. Y no me refiero a las videocmaras instaladas en cajeros automticos, bancos, embajadas, metro, aeropuertos, estaciones de autobuses, trenes, ministerios, campos de futbol, museos, exposiciones, organismos internacionales, urbanizaciones privadas, joyeras, tiendas de lujo, hoteles, cines, teatros, estacionamientos de coches, supermercados y grandes superficies comerciales. Hoy, su presencia forma parte del paisaje urbano. Bajo el argumento de garantizar una mayor seguridad: " es por nuestro bien", las consideramos un regalo cado del cielo para juzgar delitos contra la propiedad privada o la llamada violencia callejera. En este sentido, la mayora de legislaciones admiten lo filmado por las cmaras de seguridad como prueba inculpatoria de delito.

Sin embargo, cuando aludo a los ojos del sistema apunto los dardos hacia la razn de Estado. A las maneras como, los servicios de inteligencia, nacionales e internacionales, realizan su labor de zapa en pro de la "seguridad nacional". Incrustados en partidos polticos, sindicatos y ONGs, sean legales o ilegales, la presencia de militantes que trabajan para inteligencia copan todo los espacios de la estructura social y de poder. Y no crea el lector que me adhiero inquebrantablemente a la teora de la conspiracin mundial. El problema es menos glamuroso. Hablo de gentes cooptadas y formadas para salvaguardar el orden poltico y cuya tarea consiste en penetrar las organizaciones y controlar personas.

Lderes sindicales, dirigentes polticos, decanos de facultad, jueces, fiscales, actores, intelectuales o legisladores, cualquiera puede servir diligentemente a la razn de Estado. Nunca ha dejado de sorprenderme, pasado una dcadas, la apertura de archivos clasificados secretos de Estado. Cuando sucede, aparecen nombres, hasta ese momento impensables, ligados a los servicios de inteligencia. Son personas recicladas. Muchos de ellos, poseen mritos, destacan en sus profesiones, pero reciben una ayudita adicional. Publicaciones, contratos o becas son el plus de calidad para coronar la cima. En este sentido, nada ms clarificador que el libro de Frances Stoner: La CIA y la guerra fra cultural. En sus pginas encontramos nombres ilustres. Isaiah Berlin, Nicols Nabokov, Arthur Koestler o Raymond Aron. Todos participaron del proyecto de la CIA, en la lucha anticomunista, conocido como Congreso para la Libertad Cultural. Ninguno era tonto, pero sus grandes egos les llevo a realizar la mutacin. Glamur a cambio de servir al Estado. Un quid pro quo.

Los informes pormenorizados donde se conocen tics, debilidades y fortalezas de activistas son de una precisin encomiables. Tal precisin es concebible si quienes los redactan conviven con las vctimas. Amigos de juergas y aficiones, vecinos o compaeros de trabajo. Cualquier perfil es bueno para realizar la funcin de zapa. A veces slo se trata de observar sin levantar sospechas, la misin puede durar toda la vida. La infiltracin es uno de los mtodos ms corriente utilizado por la inteligencia militar y las fuerzas de seguridad del Estado para malmeter, sonsacar, controlar y destruir, si es necesario, movimientos sociales y polticos considerados de riesgo. Honorables mdicos, profesores universitarios, deportistas, actores han formado parte del entramado de la razn de Estado. Baste que el Estado se sienta amenazado para dar luz verde a una operacin de seguimiento o entrsmo.

sin embargo, los ojos del sistema deben pasar desapercibidos, nadar como pez en el agua. No son policas, ni espas profesionales. Cuando se trata de partidos polticos forman parte de la organizacin desde su ms tierna infancia. Le dan vida, militan y se convierten en cuadros dirigentes. Participan activamente y no les duelen prendas para transformarse en adalides de las causas perdidas. Por este motivo, cuando en el movimiento 15M, en Espaa, trata de identificar infiltrados yerra si solo ve policas o provocadores contratados por las fuerzas de seguridad. Seguramente los habr, pero estos no son un peligro en medio y largo plazo. An as, desde el peridico Pblico, etiquetado de "progresista", cae en dicha ingenuidad. Ignacio Escolar, sin ir ms lejos. Hoy, pide perdn y se disculpa por haber etiquetado a un hombre bien vestido, a quien visualiz, en una foto de reportaje, como un polica provocador, amargndole la existencia. Pero no es el nico caso.

Quienes realmente son ojos del sistema en l M15 han participado en la fundacin del movimiento. Pero a da de hoy, se han incorporado nuevos sujetos. En este caso, y por las caractersticas del movimiento, provienen del mundo universitario, acadmico y de la vieja guardia militante. No generan suspicacias y su aceptacin es casi inmediata. Para evitar malos entendidos, su pedigr incorpora una historia militante de manual. Haber sido blanco de ataques de la extrema derecha, ser acosado y calumniado. Una vctima. Mientras tanto, la razn de Estado, le facilita vnculos y lo sita en el candelero. Le considerar portavoz de cuanta lucha antisistmica exista. Invertir tiempo y dinero en convertirlo en idelogo, transformndolo en tertuliano, habitual de programas televisivos, de radio y articulista de algn peridico "progresista". Ser el radical legitimado. El ms indignado, el ms de izquierdas, amigo de todos, respetuoso de las formas y con amigos en todos los sitios. De esta manera podr hacer mejor su trabajo. Su camuflaje es perfecto. Nunca ha sido de derechas, ha estado en todos los fregados, manifestaciones y siempre da la cara por cualquier causa, eso s que le rente notoriedad. Y no hablamos de James Bond, sper-espas o soplones a sueldo!.

Hoy, cuando el capitalismo sufre una profunda crisis de legitimidad y credibilidad, crecen sus necesidades de control social. La razn de Estado requiere muchos ojos y los coopta, ofreciendo como moneda de cambio los oropeles del la sociedad espectculo. Conferencias, viajes, buenas viandas, vinos, sexo y rock and roll. Todo vale para garantizar su continuidad. La manipulacin de programas informticos significa otra vuelta de tuerca. Sibilinamente, sin salir de los despachos se controla la correspondencia electrnica, jaquea ordenadores, accede a cuentas bancarias, secretos industriales, etc. La razn de Estado funciona desde lo poltico. Una relacin construida sobre el concepto de amigo - enemigo. Los ojos del sistema estn siempre alerta para detectar sus fisuras mas ahora donde la lucha de clases es una realidad a voces.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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