Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2011

El stano

Edgar Borges
Rebelin


Me encontraba detrs de un escenario, en cinco minutos intervendra en una lectura de escritores. Entre las manos tena un papel con el microrelato El vuelo de Can. (La ltima maana de 1899, Rafael se levant de su cama dispuesto a volar). En aquel instante me vino a la mente la insistencia de crisis que golpea afuera: El ciclo de las crisis consecutivas. Y pens en el afuera que est ms all de la sala que refugia a escritores y a oyentes. De pronto record a una seora que una vez me dijo que yo no la engaaba con mis papelitos intiles, pues a ella siempre le parecieron intiles los hombres que andan con papelitos entre los brazos. Entonces sent una carga de conciencia. Se enfrentaron mi necesidad de ficcin y la necesidad de realidad de la seora. Por vez primera pens, en serio, en la inutilidad de la escritura. Qu hace un escritor en esta sala contando ficciones mientras afuera el mundo se reduce a los intereses de los llamados mercados. Caen estados; quiebran individuos, familias; quiebran naciones. Y yo aqu, prximo a relatar la posibilidad de un espacio menos duro que el de la calle real (Visti el traje y la sonrisa serena de un audaz piloto; sali al jardn, mir a los cielos y suspir).

Nunca antes me sent ms intil que durante aquellos cinco minutos. Ya lo escuch hasta el cansancio: El pragmatismo se est devorando todas las ideas. De tanto pensar en lo tangible se volvi intangible el deseo. Y nos convertimos en piedras de un camino demasiado duro y ajeno. La tierra ha dejado de ser nuestra, tan slo somos obreros de un mundo secuestrado. Todo cuanto ocurri fue una cadena de ensayos para arribar a esta encrucijada. Eso ya lo sospechaba. El funcionamiento del capitalismo clsico haba colapsado; los dueos de la maquinaria, jefes tanto de la ley como de la trampa, necesitaban demoler la estructura para mutar hacia una forma de dominio superior: el mercado virtual. Ya no podemos seguir jugando a hacer amigos en las redes. Mucho menos podemos regresar a las calles. No hay tiempo, nos robaron el tiempo. Acudimos al plan global de la esclavitud cargados de modernidad y con la sonrisa forzada. Somos la vergenza de todos los esclavos antiguos. Ellos defendieron la tierra que ahora nosotros entregamos. (l saba que pronto alcanzara el gran sueo sagrado de los mortales. Baj la cabeza a la altura de los hombres y at las cuerdas del globo a la motocicleta).

De pronto sent una mano en mi hombro; el presentador me adverta que yo era el siguiente (Sin despedirse de su hogar, subi a su poderoso vehculo de dos ruedas con alas y se ech a volar por el mundo). Si bien asent con la cabeza, me cre ms intil que antes. En la calle el presente estaba atrapado en un futuro inminente; en mi mente el futuro, previamente escrito por los dueos de la maquinaria, ya era pasado. Mientras yo, como el actor que llega tarde a todas las funciones, pretenda salir a escena en el teatro del destiempo. (En su ruta fue dejando caer los papeles de su tarda confesin: Mi verdadero nombre es Can; hace siete das asesin a mi hermano menor y dej su cuerpo en la calle 11 de la avenida norte. A l, denle cristiana sepultura; a m ni me busquen porque jams me encontrarn).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter