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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-07-2011

Ultraderecha, racismo y xenofobia en el contexto poltico espaol

Arturo Borra
Rebelin


Al menos en ciertos discursos circulantes ya constituye un tpico asociar ultraderecha, racismo y xenofobia. Si por un lado, de manera bastante tibia, se llama a combatir esos grupos extremistas por todos los medios jurdico-policiales disponibles, por otro se muestra una permisividad estatal que raya la complicidad: desde la autorizacin de manifestaciones de movimientos como Espaa 2000 hasta la lentitud e insuficiencia de las actuaciones policiales ante prcticas inadmisibles en una sociedad democrtica, como es la incitacin al odio racial o tnico o la vulneracin de un principio de igualdad (1). Sigue pendiente una investigacin a fondo acerca de los vnculos entre polica y empresas de seguridad (algunas de las cuales son propiedad de conocidos lderes de la ultraderecha). En cualquier caso, esos vnculos no son secretos y ponen bajo sospecha la legalidad y compatibilidad entre funciones pblicas y prcticas privadas de estos presuntos agentes de seguridad.

Que la ultraderecha crece no slo en Espaa sino en toda Europa se hace patente con el giro poltico de gobiernos como el de Francia e Italia, con sus propuestas actuales de reformar -de forma ms excluyente todava- el de por s cuestionable tratado de Schengen (2), luego de haber adoptado medidas tan deplorables como la deportacin y persecucin de personas de etnia gitana, la creacin de ministerios de identidad nacional o grupos para-policiales que patrullen las calles. De forma similar, es la direccin adoptada por Dinamarca, con su negativa a respetar dicho tratado y reforzar los controles fronterizos internos a la Unin Europea. De hecho, 19 pases europeos tienen partidos polticos de ultraderecha con representacin parlamentaria. En particular, en Holanda, Austria, Finlandia, Estonia, Dinamarca, Estonia, Lituania, Francia y Rumania esos partidos tienen una importancia significativa, superando el 10% de los votos totales en sus pases respectivos.

Por su parte, en Espaa, las elecciones municipales y autonmicas del 22 de Mayo de 2011 muestran que el nmero de votos de esos partidos ultraderechistas (que incluyen a Espaa 2000, Democracia Nacional, Coalicin Valenciana, Plataforma per Catalunya, Falange Espaola o Alternativa Espaola, entre otros), se ha duplicado en cuatro aos, pasando de 47.000 votos a ms de 100.000 (3).

Podra alegarse que, al fin y al cabo, aunque haya crecido de forma indisimulable el porcentaje de votantes de estos partidos, su posicionamiento sigue siendo lateral: entre el 1% o el 2% de los votos computados, segn el territorio (con alguna excepcin en municipios pequeos, como es el caso de Silla [Valencia], en los que se super el 10% de los votos). Si se tiene en cuenta el total de votantes (22.971.350), la poblacin abiertamente identificada con la ultraderecha es por el momento menor (lo que no significa en absoluto que no deba conducir a tomar medidas polticas y jurdicas correctivas y preventivas al respecto).

Dicho esto, se agota el problema del racismo y la xenofobia en esta ultraderecha protofascista que apuesta a capitalizar demaggicamente una crisis econmica y unos cambios culturales inculpando a la inmigracin de estas realidades? La respuesta es una negativa rotunda, por cuatro razones al menos:

a) adems de los votantes efectivos, no deberamos perder de vista que la representatividad de unas elecciones como las del 22-M est seriamente limitada: el partido ms votado (el PP) obtuvo casi 9.000.000 de votos, pero a su vez hay ms de 11.000.000 de abstenciones y alrededor de 1.000.000 de votos nulos y en blanco. Suponer que esos doce millones de votantes (que optaron por no votar a ningn partido poltico) tienen necesaria y uniformemente una orientacin de izquierdas es una hiptesis errnea, incluso si aceptramos que la abstencin creci en este caso entre sectores desencantados del partido de gobierno (PSOE). En una medida que no sabemos, no es vlido descartar que una parte de ese electorado tenga filiaciones que no dudaramos en tachar de xenfobas y racistas.

b) El crecimiento real de partidos de derecha y de centro-derecha, por otra parte, tambin seala la consolidacin de una hegemona neoconservadora que, aunque no sea identificable a secas con un programa explcitamente xenfobo y racista, suele establecer en su gestin de la inmigracin obstculos ms severos todava que los ya instaurados por el gobierno actual. Aun cuando pudiera interpretarse este giro poltico desde el prisma del voto-castigo (a un partido de gobierno que no slo no ha respondido con eficacia a la crisis econmica sino que tampoco lo ha hecho de forma coherente con su proyecto social-demcrata) hay buenas razones para suponer que una de las expectativas de parte del electorado de derechas es que dichos partidos endurecern las polticas inmigratorias, en ocasiones nutridas por las promesas xenfobas y racistas inequvocas de la campaa electoral de sus candidatos (4). En sntesis, puesto que el rechazo a los extranjeros (xeno-fobia) aumenta a medida que nos desplazamos hacia la derecha, el crecimiento electoral de partidos de esa orientacin constituye un indicio preocupante de una posible radicalizacin de polticas inmigratorias de signo negativo.

c) Entre las preocupaciones principales de los espaoles, segn el C.I.S., la inmigracin est en cuarto lugar (5). Aunque de esta informacin no puede deducirse un posicionamiento invariante con respecto a la cuestin racial, tnica y de nacionalidad, s puede interpretarse como sntoma de que una proporcin relevante de la poblacin, irreductible a la ultraderecha y socialmente mucho ms amplia, tiene actitudes negativas hacia el fenmeno migratorio. De forma general, la cultura de la segregacin no es exclusiva a ningn partido poltico. Incluso en partidos que pasan por centristas, el llamado a una poltica de cupos de inmigrantes es cada vez ms frecuente y aumentar a medida que avancemos hacia las elecciones generales del 2012 (6).

Finalmente, d) que la mayora de los votantes se haya volcado tpicamente hacia alternativas poltico-partidarias que no llaman expresamente a expulsiones masivas o al cierre absoluto de fronteras externas, apenas dice algo sobre sus filiaciones profundas al respecto. En sociedades en las que la creencia en la propia superioridad coexiste en el imaginario colectivo con una creencia en ciertos derechos humanos fundamentales, las prcticas abiertas de discriminacin racial, tnica o por origen nacional tendern a ser sustituidas por prcticas menos visibles, habitualmente eufemizadas por una retrica de la igualdad (formal) que puede ser (y habitualmente lo es) contradicha de hecho. Dicho de otro modo, que alguien no se declare abiertamente xenfobo y racista, por considerarlo vergonzante en muchos mbitos sociales, no equivale a no discriminar.

De lo expuesto podemos extraer al menos dos conclusiones. 1) Recluir el racismo y la xenofobia a la ultraderecha es una falacia radical que esconde el grado de extensin o propagacin de la xenofobia y el racismo tanto a nivel social como estatal. En particular, esta estratagema discursiva evita interrogarse tanto sobre unas estructuras institucionales y partidarias en las que esta constelacin ha calado de forma escandalosa como acerca de un electorado mucho ms vasto que, de forma ms encubierta que abierta, mantiene disposiciones negativas hacia determinadas minoras tnicas, raciales y nacionales (gitanos, judos, negros, rumanos, marroques, etc.). 2) Si bien es previsible que a medida que nos desplazamos en el arco poltico hacia la derecha encontraremos ms propagadas estas posturas discriminatorias, ello no es bice para sealar que el actual partido de gobierno (PSOE), lejos de elaborar polticas y medidas antidiscriminatorias, ha mostrado un desinters tan manifiesto como persistente por estos problemas, tal como fue denunciado oportunamente por Amnista Internacional (7). Apenas hace falta recordar las declaraciones de tintes xenfobos del ex ministro de Trabajo e Inmigracin Celestino Corbacho, quien adems de llamar a combatir la inmigracin ilegal, manifest en 2009 que Espaa ya no puede absorber ms inmigracin, siendo el mercado laboral quien marca la capacidad de acogida de un pas (8).

La visin absolutamente instrumentalista de la inmigracin (reducida a recurso econmico de bajo coste) tiene como contracara un discurso que no duda en plantear como solucin una poltica expulsiva que vulnera los derechos de los colectivos de trabajadores inmigrantes y tiende a estigmatizarlos en el campo laboral (planteados como sobrantes o amenaza laboral). El correlato de esta visin se institucionaliza jurdicamente con la nueva Ley de Extranjera que profundiza la direccin restrictiva que puede reconocerse en otros mbitos de actuacin estatal (9).

Dicho lo cual, el anlisis sociolgico de la estructura del electorado, aunque pueda constituir un apoyo emprico, es insuficiente para determinar el nivel de extensividad del racismo y la xenofobia tanto a nivel estatal como societal. Una lectura crtica tiene que abordar otras dimensiones de anlisis: las prcticas econmicas, polticas y culturales de diversos sujetos colectivos, reguladas por instituciones pblicas y privadas de diferente ndole (administracin pblica, sistema judicial y policial, mercado laboral, sistema de enseanza formal, acceso a vivienda, sistema sanitario, etc.).

Si bien esa tarea difcil y apremiante excede estas breves reflexiones, lo dicho debera alcanzar para prevenirnos de un discurso que pretende confinar o identificar la problemtica del racismo y la xenofobia a una ultraderecha tan peligrosa como minoritaria. Que el problema es mucho ms grave se puede mostrar por caminos diferentes. Retomando el ya aludido Tratado de Schengen y por limitarme a ese ejemplo: contra una interpretacin dominante que lo considera una apertura hacia el exterior, desde una perspectiva crtica, no constituye ms que la expansin del permetro comn de Europa. El objetivo de dicha expansin no es otro que asegurarse provisin de mano de obra barata (proveniente de la periferia del propio continente) destinada a trabajos localmente indeseables, sin por ello dejar de hacer concesiones demaggicas a sentimientos xenfobos en aumento, esto es, sin dejar de plantear crecientes obstculos hacia la inmigracin extracomunitaria. Como corolario, el tratado permite institucionalizar el control sobre los ciudadanos en nombre de un nuevo rgimen de seguridad interna y la encarcelacin preventiva sin juicio previo de personas consideradas sospechosas. Clasificar a las vctimas del engrandecimiento principalmente como una amenaza para la seguridad tambin permite la eliminacin de las molestas restricciones que el control democrtico ha impuesto o amenaza con imponer a las empresas, lo que se realizara a travs de la reclasificacin de decisiones polticas (en ltima instancia eminentemente econmicas) como necesidades militares (10). En vez de repolitizar la economa, los estados europeos han optado por ahondar en la economizacin de la poltica, esto es, en la subordinacin de sus polticas de gobierno a los mercados econmico-financieros globalitarios.

En definitiva, del mismo modo que es un error conceptual grave suponer que la problemtica del racismo y la xenofobia se reduce a una cuestin de violencia o agresin fsicas a unas minoras o de incitacin al odio por motivos de raza, etnia o nacionalidad, es un error similarmente grave identificar al conjunto de agentes discriminadores con esa ultraderecha que adopta en muchos casos rasgos autnticamente criminales. El tpico que restringe el alcance del racismo y la xenofobia a esa ultraderecha constituye, en ltima instancia, una coartada intelectual que mantiene a distancia la verdadera magnitud de estos problemas que ya son centrales dentro de Europa. Que las formas de segregacin ms extremas sean atizadas y utilizadas por estas fuerzas polticas renovadas no clausura un interrogante considerablemente ms inquietante y sin embargo irrenunciable: tanto en Europa como en Espaa, cul es el verdadero alcance que est adquiriendo el racismo y la xenofobia tanto en la sociedad civil como en las instituciones pblicas?

Blog del autor: http://www.tendencias21.net/inmi/

Notas:

(1) Por poner unos ejemplos concretos de un largo listado de actos de este tipo: a principios de julio de 2011, Espaa 2000 y Coalicin Valenciana boicotearon la presentacin de un libro de Vicent Flor sobre el anticatalanismo en Valencia. La polica tard ms de 20 minutos para personarse en el acto y poner fin a los incidentes generados por estos grupos de ultraderecha, aunque slo hubo 1 detenido (http://www.publico.es/espana/385541/la-ultraderecha-valenciana-revienta-un-acto-nacionalista). Tampoco debe olvidarse la manifestacin de noviembre de 2010 en Benimaclet (Valencia) (http://www.kaosenlared.net/noticia/alerta-antifascista-espana-2000-manifiesta-19-benimaclet-valencia), en las que hubo amenazas sufridas por los vecinos de dicho barrio. Dicha marcha fue permitida por la subdelegacin de gobierno a pesar de las peticiones de 11 entidades barriales para que la prohba (http://www.levante-emv.com/comunitat-valenciana/2010/11/19/once-entidades-benimaclet-rechazan-manifestacion-ultra-inmigrantes/758363.html). Mientras el crecimiento de estos discursos abiertamente xenfobos y racistas han inundado Internet, con ms de 200 sitios web solamente en Espaa, las autoridades estatales han mostrado y siguen mostrando una pasividad alarmante.

(2) El tratado de Schengen (en vigor desde 1995) es un acuerdo europeo que fija pautas comunes para suprimir controles fronterizos internos a la Unin Europea y unificar los controles fronterizos externos. Dicho tratado propone la libre circulacin de personas dentro de la comunidad europea, reforzando el control de unas fronteras externas comunes.

(3) Los resultados electorales pueden consultarse en http://elecciones.mir.es/resultados2011/

(4) El caso del PP en Badalona (la tercera ciudad de Catalua) es un inequvoco ejemplo del discurso claramente xenfobo que pueden adquirir, segn los contextos locales, estas orientaciones ideolgicas. Las imputaciones al actual alcalde Xavier Garca Albiol no dejan lugar a dudas:

http://periodismohumano.com/migracion/la-xenofobia-de-europa-llega-a-badalona.html; http://9bacull.org/?q=node/85; http://medios.mugak.eu/noticias/noticia/282786;

(5) http://ethic.es/2011/06/la-clase-politica-entre-las-mayores-preocupaciones-de-los-espanoles/

(6) http://www.publico.es/espana/386345/un-alcalde-de-ciu-propone-cupos-para-inmigrantes

(7)http://www.fundacionluisvives.org/actualidad/noticias/archivo//espana_no_se_implica_en_la_lucha_contra_el_racismo.html

(8) http://www.publico.es/dinero/191915/espana-ya-no-puede-absorber-mas-inmigracion

(9) Para una crtica a esta ley me remito, entre otros, a http://sosracismo.es/, INFORME ANUAL 2010. Sobre el racismo en el Estado espaol (pgs. 43-59; 234-337).

(10) Bauman, Europa, una aventura inacabada, Losada, Buenos Aires, 2006, pp. 49- 50.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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