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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-07-2011

Los intelectuales y el 15-M: una modesta propuesta para autoabolirnos

Luis Martn-Cabrera
Rebelin


ste no es un artculo ms sobre el futuro del movimiento 15-M, ni tampoco un diagnstico terico ms certero que otros que circulan por la red. Ni prediccin de futuro, ni anlisis final: intento de apertura, lea para el fuego que alienta la rebelin y el cambio, modesta aportacin de alguien que slo quiere ser un obrero annimo de la palabra.

En los ltimos meses han corrido ros de tinta sobre lo que es y no es el movimiento 15-M. De manera bienintencionada, pero no siempre generosa, algunos han querido ver en las asambleas de las plazas la confirmacin de todas sus teoras: son comunistas, son ilustrados, es la multitud que se levanta sobre su suelo inmanente para abatir el capitalismo, hasta la colmena sin obreros ni reina. Otros, de manera menos bienintencionada, han gritado son marionetas de Rubalcaba, perroflautas (qu mente fascista habr inventado este neologismo!) infiltrados de ETA. Y, por ltimo, no pocos sectores de la izquierda, vctimas de teoras milenarias de la conspiracin que dotan al poder de una racionalidad que por fortuna no tiene, han visto en el 15-M la consagracin de Punset y sus discpulos de la nueva fe de los comunicadores de masas, la apoteosis del nuevo libro de estilo del capitalismo reinventado.

Es lgico todos queremos tener razn, todos queremos ver en el 15-M la confirmacin de nuestra visin del mundo y nuestros anhelos. Todos -y por todos aqu me refiero sobre todo a las y los intelectuales queremos dar consejos, dirigir, mostrar: por ah no, por aqu s, nuestra experiencia histrica dice que, no seis ingenuos. Publicamos incluso libros para decir, esto ya os lo decamos nosotros, por fin la gente me hace caso y no nos damos cuenta de que llenar las bibliotecas de nuevos libros no es cambiar la realidad, no nos damos cuenta de que hablando as, mirando as a la plaza, no somos ms que entomlogos que diseccionan la insurreccin como se destripa a un insecto. Me cuenta ngeles Diez -mi sociloga de cabecera- que los ms oportunistas o los ms inconscientemente reaccionarios ya suean incluso con el momento en el que el 15-M dejar de existir en las plazas para existir slo en las bibliotecas, mariposa disecada, pero sobre todo, wishful thinking.

Sin embargo, ha llegado el momento de invertir la mirada, ha llegado la hora de suspender el goce infinito que proporciona el voyeurismo intelectual, dejemos por un minuto de mirar obsesivamente a la plaza, invirtamos el campo visual, mirmonos ahora a nosotros mismos mirando, o incluso mejor, dejemos de una vez por todas que el movimiento 15-M nos mire a nosotros, seamos objetos y no slo sujetos del anlisis. Para hacer esto podramos empezar por leernos un libro ya clsico de Frances Fox Piven y Richard Cloward Poor Peoples Movements sobre los xitos y fracasos de los movimientos sociales en Estados Unidos. En este libro se puede leer cmo histricamente los movimientos sociales de base el movimiento sindical en los aos treinta o el movimiento de derechos civiles en los aos sesenta- obtienen sus mayores conquistas en el momento de la insurreccin y se apagan y pierden su fuerza cuando las dirigencias tratan de orientar y estructurar la protesta. Muchas veces con la mejor de las intenciones las y los dirigentes de estos movimientos, sacaron a la gente de la calle para encerrarlos en despachos, desconvocaron protestas para redactar estatutos y formar organizaciones que acabaron siendo cooptadas por unas elites que estn siempre ms tranquilas cuando saben con quin tienen que lidiar y cunto vale un o una dirigente.

Las tesis de Fox Piven y Cloward son, por supuesto, ms que discutibles; y si bien es cierto que a veces una organizacin potente, estructurada y vanguardista como el PCE durante la dictadura puede ser una herramienta de resistencia efectiva, muchas otras veces la organizacin, la estructura, los lideres, la vanguardia del partido y la lista de demandas pueden ser una manera de domesticar la insurreccin (la propia historia de la dirigencia del PCE durante la transicin no es ajena a esta catstrofe). En este sentido, los medios y los polticos se mueren de ganas por poner cara y precio a las y los lderes del 15-M, pero el movimiento ha hecho algo mucho ms importante,ha robado la Poltica (con mayscula y en femenino), a los polticos (con minscula y en masculino) como se roba el fuego a los dioses, y de paso ha inventado nuevos lenguajes -Democracia en construccin, perdonen las molestias- y un nuevo tiempo de decisin afuera del tiempo acelerado de los mercados, vamos despacio porque vamos lejos.

Esta nueva forma de la poltica no debe renegar de la fuerte tradicin de lucha que hay en Espaa y en otras partes, pero tampoco debe rendirle pleitesa, porque cuando menos ha creado, por derecho propio, un espacio la asamblea en el que se puede escuchar:

-A un militante de una asociacin de vecinos explicando cmo defendieron el cierre de una escuela pblica en Carbanchel, porque las asociaciones de vecinos pueden ser una forma potente de organizacin basada en el conocimiento que da vivir con otras.

-Una feminista explicando por qu el trabajo domstico o el cuidado de los vulnerables lo hacen de manera no remunerada mayoritariamente las mujeres porque nuestras construcciones de gnero nos han convencido de que el trabajo domstico no es trabajo y el cuidado es una inclinacin natural de la mujer.

-Dos militantes de las brigadas antirracistas explicando cmo intervienen para parar las detenciones y maltratos a los inmigrantes indocumentados; explicando qu es un CIE, un Centro de Internamiento para Extranjeros, un mini Guantnamo que debera tambin indignarnos.

-Un grupo de estudiantes de Juventud sin futuro explicando que mientras vivamos en un mundo capitalista los jvenes no pueden tener presente ni futuro, slo pueden vivir el tiempo de la precariedad y la incertidumbre.

-Alguien ms habla de los bancos y de los polticos como ellos, y de las personas que estn sentadas en la plaza como nosotras. Nosotras contra Ellos, la plaza, nosotras, contra ellos y su patriarcado capitalista.

-Alguien que estuvo internado en un psiquitrico habla de la necesidad de cuestionar la normalidad y las camisas de fuerza.

-Alguien que pide un minuto de silencio por las y los desaparecidos del franquismo y cuenta que el edificio que tenemos en frente fue la Direccin General de Seguridad, un centro de tortura.

Todo esto y muchas otras cosas escuch un da en el debate alternativo del Estado de la nacin en la Puerta del Sol, y eso sin asistir el primer da, cuando se debatieron las propuestas de economa, educacin y salud. No es esto en s mismo un evento? de verdad necesitamos insistir en ordenar esta explosin de Poltica por miedo al futuro?

Eduardo Hernndez cuenta que en los pocos meses que el movimiento tiene de vida se han roto muchas de las convecciones burguesas que definan la esfera pblica; ya no se aplaude al o a la que habla bien, al o a la que exhibe su capital cultural, o no se les aplaude slo por eso, se apoya y se aplaude ms a los y las que se ponen ms nerviosos/as a las y los que carecen de capital cultural o de palabras y citas, para que puedan expresar lo que tienen que expresar con sus palabras que valen tanto o ms que las de un profesor universitario.

Las y los que hablan en las plazas no son nadie, son Esther, Juan o como mucho Silvia de la asociacin de vecinos de Vallecas. En las plazas los intelectuales tienen que esperar su turno como todo el mundo y carecen de apellidos y de currculo. Es lgico que muchos intelectuales se pongan nerviosos, acostumbrados como estamos a que nos den la palabra, la autoridad y el plpito inmediatamente. Por eso resulta doblemente pattico escuchar a Agustn Garca Calvo con todo el respeto que nos merece su trayectoria pontificando en la plaza y dando instrucciones a la asamblea para que no propongan nada, porque proponer es caer en el lenguaje del padre, del Estado, del orden que se trata de combatir. Si l mismo no puede ver que lo que nos queda de pueblo, para usar un concepto suyo, son estas asambleas, es que debe de estar ciego o que debe depreferir los cenculos libertarios que preside tan patriarcalmente.

Y Garca Calvo por desgracia no est slo en sus delirios iluministas, los intelectuales del manifiesto Una Ilusin compartida asumen una posicin igualmente iluminista y desptica al firmar un manifiesto que transpira un tufillo progre y oportunista que tira para atrs. Pero cmo se puede firmar una manifiesto en plan vanguardia histrica cundo hasta hace tres das muchos de los firmantes apoyaban a un gobierno que ha implementado las medidas mas regresivas y reaccionarias de los ltimos veinte aos? Cmo se puede hablar como si uno fuera promotor e inventor de una reconstruccin de la izquierda cuando el 15-M te ha pillado tomando copas en Cannes o disfrutando de las regalas de tu ltimo libro por cortesa de la Ley Sinde que has defendido a capa y espada en tu columna semanal? Esta ilusin compartida debe de ser la de seguir siendo izquierdistas profesionales no sea que aquello del no nos representan tambin les alcance a ellos.

Otros con suficiente capital cultural para derrocharlo, como Fernando Savater, pueden permitirse directamente ejercer la violencia epistmica que les otorga su tribuna y hacer pasar por filosofa aseveraciones del tipo, el 15-M me ha servido de tontmetro para medir el nivel de estupidez y cinismo de algunos. Frente a tanta desfachatez y tanto despropsito slo nos queda desclasarnos como intelectuales, escindirnos completamente de esta manada de dspotas iluminados y apstoles de la banalidad y el oportunismo. De todas maneras, como intelectuales no somos ms que mutiladas y mutilados. Ya Antonio Gramsci advirti de que todo hombre es un intelectual, pues no existen hombres ni mujeres que no tengan ideas sobre el mundo en el que viven, pues slo la separacin artificial y violenta entre trabajo manual y trabajo intelectual ha hecho posible que existan intelectuales con el tiempo y los privilegios suficientes para dedicarse profesionalmente a pensar, leer y escribir.

Por eso, cuanto ms avance el 15-M ms necesario ser abolirnos, no por "antiintelectualismo", sino porque lo ms intelectual que podemos hacer ahora mismo es, aunque el ego se resienta, acudir a las asambleas, aportar lo que buenamente podamos a las comisiones con humildad, escuchar de t a t, hablar sin apellidos ni ttulo y, como mucho, sentirnos orgullosas de lo que hacemos igual que un carpintero se siente orgulloso de la mesa que ha construido. Obreras de la palabra, no seores respetables, a cada cual segn su necesidad, de cada cual segn sus destrezas.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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