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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-07-2011

A Jorge Julio Lpez, por quien seguimos exigiendo su aparicin con vida
Cuando los derechos humanos duelen en Argentina

Rubn Kotler
De Igual a Igual


Quien escribe el presente artculo ha hecho importantes aportes a la comprensin de la lucha de las organizaciones de derechos humanos de nuestro pas. Desde mi formacin de grado en la carrera de historia me he preocupado por estudiar y difundir la historia del movimiento de derechos humanos de mi provincia, Tucumn, donde la represin de las distintas dictaduras tuvo una saa particular y donde las principales luchas sociales por la defensa de los derechos fundamentales fueron violentamente reprimidas. Para m, el estudio de la historia del movimiento de derechos humanos nunca fue un negocio, de hecho, he dejado dinero, tiempo y parte de mi alma en dar a conocer la historia del movimiento y sus principales militantes, recogiendo sus testimonios y publicando en distintos medios y formas, esa historia de lucha, no por el supuesto prestigio de tales publicaciones, sino por dar a conocer una lucha que sent y sigo sintiendo propia.

Las noticias trascendidas en las ltimas semanas y que vinculan a una de las organizaciones principales con actos de corrupcin me han hecho reflexionar sobre una cantidad de cuestiones que de hecho siempre fueron mi preocupacin. Una de ellas es la relacin de las organizaciones de Derechos Humanos con el Estado durante las distintas administraciones desde 1983 a la fecha.

Recuerdo los primeros discursos que he escuchado de Hebe de Bonafini en la pirmide de la Plaza de Mayo. En mi memoria sobrevuela la intransigencia hacia una cantidad de cosas del orden establecido, me caan simpticas, sobre todo, porque senta que parte de mis sentimientos hacia el Estado burgus eran las mismas que las manifestadas entonces por Hebe. Crea, y sigo creyendo, que la defensa de los derechos humanos es incompatible con el sostenimiento de un Estado cuya base organizativa es el capitalismo. Siempre sostuve que capitalismo y derechos humanos son incompatible, no solo desde lo discursivo sino y sobre todo, desde las prcticas que supone una relacin entre dominado y dominador en el esquema de la divisin capitalista del trabajo.

Deca entonces que los discursos de Hebe en la pirmide de la plaza, la mtica Plaza de Mayo, me agradaban, porque entre otras cosas, siempre hablaba de la lucha de los hijos desaparecidos y de la necesidad de construir otro pas. Sin embargo, mi primer quiebre con relacin a la figura de Hebe la tuve cuando haca mi tesis de licenciatura, all por los ltimos aos del siglo pasado, en el que indagaba en la historia de las Madres de DetenidosDesaparecidos de Tucumn. Haba descubierto entonces que la primera fractura de las madres no haba sucedido en 1986 con la aparicin de Madres Lnea Fundadora, separadas de las Madres que lidera Hebe, sino que una primera fractura, haba sucedido en Tucumn, hacia diciembre de 1983, cuando la injerencia de Hebe termin en una feroz pelea en la organizacin local. Entonces, quien era presidenta de la agrupacin local, Nelly de Bianchi, tuvo que dar un paso al costado. La pelea de Nelly con el grupo local se origin cuando ella haba decidido ir como candidata a la gobernacin por el Partido Obrero en las primeras elecciones del periodo transicional. Nelly sostena que la apertura democrtica era una veta que se abra en el sistema y que participar de los comicios podra visibilizar la existencia de la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. Segn los criterios adoptados entonces por las Madres de Buenos Aires, mientras se llevara el pauelo blanco en representacin de la organizacin, no podran participar dentro de las estructuras partidarias. Esta discusin cal profundo en las Madres de Tucumn por la interferencia de Hebe y su intransigencia.

Luego de este descubrimiento otras actitudes de Hebe me llevaron a sospechar sobre el tipo de prcticas que llevaba adelante, an cuando segua sintiendo admiracin por la lucha de los pauelos blancos, admiracin que sigo sintiendo al da de hoy pese a todo. Pero Hebe, el emblema de una de las lneas de Madres, es una figura ciertamente contradictoria y hasta por momentos autoritaria. No acepta las crticas y cuando alguien cercano se las indica no duda en descalificarlo o apartarlo. Ya conocemos la historia de cmo fueron alejados de la Universidad Popular intelectuales de la talla de James Petras, intelectuales comprometidos con el cambio social. Quizs, la carta que le escribiera Nstor Kohan a las Madres, tras su alejamiento, sirve para comprender lo que sucede en el campo intelectual crtico con una organizacin que siempre gener adherencias pero que en los ltimos aos provoc una cantidad cierta de rupturas. La carta de Kohan a las madres es reveladora en ese sentido [1]. Han pasado cuatro aos de aquella misiva y la misma mantiene hoy ms que nunca la vigencia del mensaje certero y la crtica sincera. Lo triste, y hay que decirlo sin eufemismos, que duele tener que marcar estos puntos de ruptura porque duele que se ensucie la memoria de los 30.000 y la lucha del movimiento de derechos humanos en su conjunto.

Uso y abuso de los derechos humanos en la gestin K

Si hay una gestin que ha hecho uso y abuso de los derechos humanos y un manejo poltico, en el peor sentido del trmino, del pasado represivo en nuestro pas, es la gestin Kirchner en sus dos vertientes: Nstor y Cristina Fernndez, cooptando a organizaciones, apropindose de banderas y discursos que no les eran propios e invirtiendo dinero para generar una industria de los derechos humanos [2]. Las torpezas de los Kirchner incluso han abonado el discurso de la derecha ms retrgrada, aquella que suea con la vuelta de las botas y que echa espuma por la boca cuando ve a sus generales en los tribunales del pas. El proceso abierto en 2003 de revisin judicial del pasado dictatorial tuvo que haberse mantenido al margen del Poder Ejecutivo para generar un clima de confianza en las instituciones que d en la opinin pblica, la idea del juzgamiento genuino de los genocidas. Sin embargo, los ltimos acontecimientos de corrupcin en los que se vio envuelta la asociacin de Madres de Plaza de Mayo, termina sirviendo de justificativo para que los sectores fascistas de nuestro pas profundicen su campaa contra todo el movimiento de derechos humanos. Cierto es que igualmente esa derecha ultra no necesita de sucesos como estos para procurar atacar una lucha de aos, pero en Tucumn lo hemos visto con claridad a partir de los afiches diseminados por toda la ciudad del partido fascista Fuerza Republicana, indicando, con un signo peso, el valor de los derechos humanos. Literalmente los afiches de los seguidores del genocida Bussi expresan la siguiente consigna: Derecho$ Humano$. Lo que no pudieron los enemigos del movimiento, lo hicieron desde adentro Schoklender y parte de la administracin del gobierno central, ensuciando la bandera de los derechos humanos, ensuciando a los pauelos blancos, orgullo de esa lucha contra la dictadura, y en ltima instancia, ensuciando la memoria de los 30.000.

Aqu es donde los derechos humanos duelen. Duele que se juegue con la memoria de los desaparecidos que soaron con un pas muy distinto al diseado por los Kirchner, donde las injusticias sociales siguen a la orden del da. Mal que les pese a los jvenes K. Hay que decirlo claro: El supuesto modelo alternativo que buscan consolidar no es tal y no es un modelo inclusivo ni redistributivo, es el mismo modelo diseado a partir del consenso de Washington y que viene siendo ejecutado por las distintas administraciones en dictadura o en democracia desde 1966, por lo menos, hasta la fecha.

Insisto: este modelo es absolutamente incompatible con los derechos humanos y es incompatible porque al margen del juzgamiento de unos pocos genocidas, el aparato represivo del Estado sigue intacto, la represin estatal es moneda corriente contra las organizaciones de izquierda que osan cuestionar a los K. Todo esto sin mencionar que en nuestro pas siguen existiendo bolsones de pobreza importantes, las comunidades indgenas siguen postergadas, nios de sectores de extrema pobreza sigue muriendo de hambre por desnutricin, la salud est dejada en las manos de Dios y los jubilados que ganan la mnima no consiguen el 82% mvil que les haga un poco ms digna la vivencia de su tercera edad. Para decirlo claro: en reas estratgicas de defensa de los derechos fundamentales, la gestin K deja mucho que desear. Y deja mucho que desear simplemente porque prioriza el pago de la deuda externa mientras somete al olvido el pago de la deuda interna, aquella que debe priorizar todo gobierno que hable de un modelo alternativo y que sostenga el discurso de los derechos humanos. Porque el pas que soaron los desaparecidos no es el pas de Hebe sino la llamada patria socialista, aquella que planteaba otras relaciones sociales de produccin.

Mirar al pasado para reconocer el presente

Los Kirchner fueron astutos jugadores en el campo de los derechos humanos. Maquiavlicamente construyeron un discurso que se apropi de la lucha de organizaciones que se jugaron la vida en momentos crticos de la historia argentina, cooptando a alguna de estas organizaciones y defenestrando por todos los medios a aquellos organismos que no comulgaron ni comulgan con estas prcticas. Los Kirchner sentaron en el banquillo de los acusados a unos pocos viejos decrpitos para mostrar su supuesto compromiso con los derechos humanos, pero dejaron al aparato represivo intacto, recurriendo incluso, cuando hizo falta, a la tercerizacin de la represin, como lo vimos en el asesinato del joven militante del Partido Obrero, Mariano Ferreira.

Sin embargo el discurso pro derechos humanos de los Kirchner se topa con la dura realidad, muy distinta en los hechos. La accin del extinto ex presidente, Nstor Kirchner, de descolgar los cuadros con las fotos de los generales de la Esma, no fue ms que un acto de pantomima ya que en los hechos de la realidad emprica, sostuvieron alianzas con oscuros personajes vinculados al aparato represivo de los 70, como el lder de la CGT, el camionero Hugo Moyano, sospechado de haber sido mano de obra de la Triple A en la ciudad de Mar del Plata.

La astucia de Kirchner para cooptar adems a ciertos pseudos - intelectuales progres se ha evidenciado en el programa de la propaganda estatal en la televisin pblica. Por las cmaras de 6, 7, 8 hemos visto desfilar a decenas de intelectuales que procuraron explicarnos las bondades de los Kirchner en materia de derechos humanos. Una de esas voces ha sido la del joven Juan Cabandi, hijo de desaparecidos y hoy leal al gobierno nacional, a quien no le escuchamos en los ltimos aos reclamar por la desaparicin, durante el gobierno de Nstor, de Jorge Julio Lpez. Tampoco al avezado panel de propagandistas quienes en su ardua pelea con el grupo Clarn, se olvidaron del compaero Lpez desaparecido.

S, en nuestro tiempo presente, y bajo la administracin de un gobierno que afirma revisar el pasado dictatorial en nombre de los derechos humanos, desapareci un ciudadano por razones polticas. Y peor an que las organizaciones de derechos humanos, aquellas que optaron por jurar lealtad a los Kirchner, no mencionan desde hace mucho a Lpez ni reclaman su aparicin con vida. Tal vez las claves para entender estas actitudes tengamos que rastrearlas en el pasado y verificar si para determinados grupos, algunos desaparecidos valan ms que otros. Triste, sobre todo cuando el consenso de los aos previos a los Kirchner era el de la lucha frontal contra un estado capitalista que mataba de hambre a importantes sectores sociales. Seamos claros: no se puede pronunciar a viva voz que este es el pas que soaron los desaparecidos. Decirlo de esta manera resulta un oprobio a la memoria de quienes se jugaron la vida por un pas muy distinto al que tenemos. Decir que las cosas han cambiado, cuando seguimos viendo a pibes pedir en los colectivos o cuando conocemos casos de nios muertos por malnutricin, o cuando vemos que los jubilados siguen siendo apaleados por el aparato represivo del Estado por reclamar sus derechos, o que sectores de docentes en lucha son reprimidos por exigir un salario digno, mientras los habitantes de la Rosada y sus aclitos se enriquecen exageradamente incrementando sus patrimonios, es mentir caprichosamente hacindole el juego a un gobierno que dista mucho de llevar a cabo polticas sociales redistributivas.

Pero hay que mirar al pasado siempre y sacar de los archivos del olvido la verdadera lucha por los derechos humanos. No sta que duele, sino la genuina lucha que histricamente levant como banderas las consignas de verdad y justicia. No por el lucro, no por conveniencia poltica, no por usufructo personal o de ciertos colectivos. Sino por el resguardo de la memoria de los 30.000 compaeros desaparecidos. Aquellos que S se imaginaron otro pas, muy distinto al de los Kirchner. Y por Jorge Julio Lpez, de quien debemos seguir exigiendo su aparicin con vida. De lo contrario, el pasado ms atroz siempre rondar a nuestros alrededores y por ms que un par de viejos represores guarden crcel, seguiremos sumidos en el pasado que grandes sectores pretendemos transformar. Como lo so la generacin de los tucumanazos o los cordobazos.

Notas:

[1]  http://www.kaosenlared.net/noticia.php?id_noticia=37344  

[2] Recurro a la expresin de industria de los derechos humanos del intelectual estadounidense Norman Finkelstein, quien habla de industria del holocausto para referirse al uso del genocidio judo por parte de sectores cercanos a Israel con fines non santos. Tambin en nuestro pas se ha usado con fines dudosos el genocidio perpetrado por la ltima dictadura militar y que se ha puesto en evidencia durante las dos gestiones de los Kirchner. Lamentablemente, esta industria, ha ido en desmedro de la lucha por la verdad y la justicia que siempre se ha reclamado desde el campo popular. Esta industria incluso le ha servido de argumento, como lo expongo en este artculo, a la derecha ms retrgrada para cuestionar los avances en materia judicial en el juzgamiento de los represores ya condenados, Bussi y Menndez entre ellos.

Fuente: http://www.deigualaigual.net/es/opinion/firma/5262-cuando-los-derechos-humanos-duelen-en-argentina

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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