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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 20-07-2011

Desigual batalla en EEUU: estamos asistiendo a una implacable guerra de clases desde arriba

Gregory Elich
Sin Permiso

Traducido por Antonio Zighelboim


Uno nunca puede tener demasiado dinero. En los EE.UU., el uno por ciento de la poblacin recauda casi un cuarto del ingreso nacional y goza de un 40 por ciento de la riqueza. Para esa clase, el problema es que con eso no basta.

Para los trabajadores comunes, la recesin slo trajo dificultades econmicas. Sin embargo, para las corporaciones norteamericanas, signific otra cosa: una oportunidad. Para ellas, fue la oportunidad de moldear de forma permanente la economa en algo que se aproxima al modelo del tercer mundo: una enorme riqueza y privilegios para los ms ricos y desempleo, cada de los salarios y servicios sociales inadecuados o inexistentes para el resto de la sociedad.

Aunque la recesin termin hace dos aos, ms de nueve por ciento de la poblacin an est desempleada. Si tomamos en cuenta a los trabajadores desalentados y a los trabajadores a tiempo parcial que desean un puesto a tiempo completo, casi una sexta parte de la fuerza laboral est subempleada. Para las personas de ascendencia africana, la situacin es an ms grave, con una tasa de desempleo que se acerca al doble. Sin embargo, los legisladores no han pensado siquiera en un programa de empleo.

En cambio, la tendencia ha sido a la reduccin en los beneficios en un momento de mayor necesidad, al mismo tiempo que se exigen ms recortes de impuestos para los ricos. Los dficits creados por el gobierno de George W. Bush y el presidente Barack Obama le han dado a la derecha un garrote para imponer su voluntad y disciplinar a los trabajadores. El presidente Obama no hubiera necesitado los votos del Congreso si hubiera estado dispuesto a dejar expirar simplemente los recortes fiscales de Bush. Al insistir en una imposible continuacin parcial de esos recortes, Obama se asegur de que la totalidad del paquete siguiera en vigor. En un momento en que la recesin ha provocado una cada en los ingresos fiscales, privando al gobierno de los fondos cuando ms se necesitan, a la poblacin se le est cobrando peaje para acceder al bienestar, y se ha abierto la puerta para el recorte de los beneficios. Segn la Oficina de Presupuesto del Congreso, la continuacin de los recortes fiscales de Bush hasta el ao 2020 agregar $3,300 billones ($3,300,000,000,000,000) a la deuda nacional. Este es dinero podra ser utilizado en la prestacin de muy necesarios servicios sociales y en poner en marcha un programa de empleo real, asumiendo, por supuesto, que existiera la voluntad poltica de hacerlo cosa que ha estado notablemente ausente.

Aadamos el hecho de que las guerras en Irak y Afganistn de la Administracin Bush estn costando la friolera de $1,2 billones, principalmente de fondos prestados. Consideremos tambin que con los costes asociados, el precio total de las guerras de Irak y Afganistn se elevaron a por lo menos $3,2 billones, segn el proyecto Cost of War. Y esas guerras continan devorando recursos; pero, como si eso no fuera suficiente, ahora el presidente Obama ha aadido una tercera guerra, la de Libia. No hay final a la vista al aventurerismo militar, y el presupuesto de defensa sigue siendo intocable. Este departamento permanece inmune ante todos los discursos de recortes presupuestarios. De hecho, la Cmara de Representantes vot recientemente para aumentar el ya inflado presupuesto de defensa en $ 17 mil millones.

Lo que tenemos en lugar de una poltica fiscal responsable y progresiva o el recorte del presupuesto de defensa es el constante bombardeo de mensajes de pnico por la deuda, con grandes exigencias de la necesidad de recortar los servicios sociales, reducir las pensiones y el salario y, por extrao que parezca, ofrecer reducciones de impuestos para los ricos. Este pnico de la deuda se ha convertido en el argumento de todos los ataques contra los trabajadores. Se est librando una guerra de clases, y al sentirse cerca de la victoria, la clase dominante no est dispuesta a tomar prisioneros.

Las polticas actuales ya marginan de la recuperacin econmica a los trabajadores. En el transcurso de los dos aos de la recuperacin, los salarios de los trabajadores siguen esencialmente estticos, mostrando, de hecho, una ligera disminucin. Mientras tanto, la remuneracin promedio de los CEOs se dispar un 27 por ciento slo en 2010, llegando a unos simpticos $ 9 millones. Las ganancias corporativas antes de impuestos fueron an mejores, con un crecimiento de casi 37 por ciento en 2010 y mantienen su ritmo de nueve por ciento de crecimiento adicional en el primer trimestre de 2011. De hecho, tan unilateral ha sido la recuperacin que los beneficios empresariales representan hoy el 92 por ciento del crecimiento de la renta nacional desde el inicio de la recuperacin.

Estos son tiempos de auge para las corporaciones. Y en gran medida, esto se ha logrado a costa de sus trabajadores. Cuando los trabajadores son despedidos, los que permanecen en el trabajo deben asumir la carga adicional. Despus de eliminar millones de empleos durante la recesin, el mundo empresarial sigui reacio a contratar trabajadores a tiempo completo durante la recuperacin. La mitad de los nuevos empleos creados estn en las agencias de ayuda temporal, y muchos de los nuevos puestos de tiempo completo carecen de beneficios. Ms del 90 por ciento de crecimiento de la produccin se ha debido al aumento de la productividad. Los trabajadores que todava tienen la suerte de tener un puesto de trabajo estn obligados a trabajar ms, a poner ms horas y a asumir ms tareas sin ningn tipo de pago adicional. En trminos sencillos, la explotacin en el trabajo es cada vez mayor.

Los trabajadores estn comprensiblemente temerosos. Con una tasa de desempleo tan alta, y con los millones de desempleados para los que es difcil o imposible encontrar otro trabajo, nadie est dispuesto a arriesgarse. Las circunstancias hacen que los trabajadores sientan que tienen que soportar cualquier condicin que sus gerentes opten por imponer. El actual clima de miedo ha eliminado la accin sindical. Sin duda, esta es una continuacin de una tendencia de larga data. Durante la dcada de 1970, miles de trabajadores participaron en un promedio de 269 paros laborales por ao. Bajo el ataque de Reagan de los aos ochenta, el promedio se redujo a 69 por ao, y luego a 34 por ao en la dcada de los noventa. Pero incluso estas cifras han sido ampliamente superadas en los ltimos tres aos. En 2009, hubo slo cinco paros importantes, de lejos el total ms bajo desde que comenzaron los registros en 1947. El ao pasado hubo slo once huelgas y, al ritmo de lo que va del 2011, no se alcanzar ni siquiera esa cifra. La recesin ha producido un sueo hecho realidad para el mundo empresarial, con una plantilla que est esencialmente de-sindicalizada.

Pero a pesar de las medidas de aceleracin, los recortes de beneficios y la baja de los salarios, las empresas de EE.UU. siguen exportando empleos al extranjero. Por qu pagar un trabajador estadounidense $ 8 la hora, cuando se puede conseguir a alguien en Indonesia, por ejemplo, que haga el mismo trabajo por 50 centavos la hora? En la dcada previa a 2009, las corporaciones multinacionales estadounidenses recortaron 2,9 millones de empleos. Al mismo tiempo, se aadi 2,4 millones de empleados en el extranjero. Esta cifra representa solamente la contratacin directa y no toma en cuenta la subcontratacin de empresas extranjeras, que suele ser el medio utilizado para mover una fabricacin a talleres clandestinos (sweatshops).

Entonces, qu conclusin se puede extraer de todo esto? Si usted escucha a los expertos y a los polticos, la necesidad urgente ahora es acabar con los privilegios de los trabajadores del gobierno. Destruir los sindicatos de empleados del gobierno, reducir las pensiones o eliminarlas por completo, reducir los sueldos y despedir trabajadores. Tiempos econmicos difciles exigen sacrificio compartido. Al escucharlos esto, se podra pensar que el pueblo estadounidense est pidiendo a gritos el fin de los beneficios decentes para todos los trabajadores: todos debemos que compartir el dolor. El presidente Obama ya congel los salarios de los empleados federales por durante dos aos - en la prctica, la aplicacin de un recorte salarial. Y l fue citado recientemente diciendo: En el sector pblico, lo cierto es que algunos de los planes de pensiones y los beneficios de salud que han estado en vigor estn tan fuera de proporcin con lo que est sucediendo en el sector privado que una gran cantidad de contribuyentes comienzan a sentir resentimiento... Lo que esto significa es, es que todos nosotros vamos a tener que hacer algunos ajustes. Es decir, todos menos los ricos, que pueden seguir la fiesta.

La filosofa de la derecha es profundamente anti-gobierno. A sus ojos, la nica funcin propia del gobierno es servir a los ricos e idear nuevas formas de permitirles enriquecerse an ms. Y para ello, hacen incesantes esfuerzos para convencer al resto de nosotros de que todas las funciones gubernamentales son esencialmente ilegtimas y deben ser reducidas o abolidas. La nica otra tarea urgente del momento es cmo ofrecer ms recortes de impuestos para las corporaciones, a pesar de que dos tercios de las empresas ahora no pagan nada por concepto de impuesto a la renta federal, y la mayora de las compaas Fortune 500 pagan un menor porcentaje en impuestos federales sobre sus ingresos que los trabajadores ordinarios.

Se nos dice que lo nico que impide la creacin de empleo son los impuestos excesivos. El refrn es que debemos liberar el poder del mercado reduciendo los impuestos a las corporaciones. Sin embargo, estas mismas corporaciones ya estn sentadas sobre una pila de $ 1,9 billones de dlares de reservas en efectivo, a las que se aferran como una cobertura contra la inseguridad econmica. La adicin de otro billn ms o menos a esta pila no las va a animar a construir nuevas planta de fabricacin para aumentar la produccin cuando los consumidores estn siendo golpeados con tanta fuerza que no hay suficientes compradores para los productos que ya estn en el mercado. La premisa de la creacin de empleo, por supuesto, es una cortina de humo para conseguir la aceptacin pblica de canalizar an ms dinero hacia los bolsillos de los ricos. Es desalentador or al presidente Obama repitiendo estos mitos, como en un comentario que hizo a finales de junio de que tiene sentido considerar otros incentivos fiscales para la inversin empresarial que podran marcar una gran diferencia en cuanto a la creacin de ms puestos de trabajo.

Uno de los planes ms prominentes es el de una amnista a la repatriacin del impuesto a las corporaciones. Hoy en da, las multinacionales estadounidenses no pagan impuestos federales sobre el dinero ganado en el extranjero hasta que - y slo si dicho dinero es repatriado a los EE.UU. Muchas tienen establecidas sedes ficticias en lugares como las Bermudas, y los fondos son desviados a travs de subsidiarias en el extranjero, todo con el fin de eludir las leyes fiscales. Cisco Systems, por ejemplo, redujo sus impuestos en $ 7 mil millones al registrar casi la mitad de sus ganancias en una pequea filial en Suiza.

Grupos de presin empresariales estn ganando considerable apoyo para la propuesta de amnista fiscal entre senadores y congresistas. En lugar de pagar una tasa mxima del 35 por ciento, la exoneracin temporal de impuestos permitira a las empresas transferir esos fondos a los EE.UU. a una tasa mxima de poco ms de cinco por ciento. Este plan, se nos dice, podra generar $ 1,000 billones y as fomentar la inversin y la creacin de empleo. El nico problema es que esta propuesta se ha intentado antes, cuando se impuso una amnista dos aos al impuesto por la repatriacin concedida en 2004 para el mismo objetivo. En esa ocasin, las multinacionales estadounidenses aprovecharon la oportunidad para transferir $ 400 mil millones a los EE.UU., y utilizaron ese dinero para pagar deudas, ofrecer dividendos a los accionistas, y dar bonificaciones a los directivos, en fin, todo excepto la creacin de puestos de trabajo. Es improbable que una repeticin produzca un resultado diferente. De hecho, la aprobacin de dicho plan sera una seal ms para las empresas de que deben exportar una mayor parte de su produccin al extranjero, ya que solo tendran que esperar otra ocasin para disfrutar de la siguiente amnista de impuestos y pagar menos impuestos de lo que tendran que pagar si mantienen sus plantas en los EE.UU.

La recesin redujo drsticamente los ingresos fiscales para los gobiernos estatales en todo el territorio, pero con 29 gobernadores republicanos a la cabeza, las deficiencias han otorgado una oportunidad para atacar a los trabajadores en el mbito estatal e introducir recortes en los servicios sociales en casi todos los estados.

En Nueva Jersey, por ejemplo, el gobernador Chris Christie elimin los fondos para planificacin familiar, redujo la asistencia mdica para la atencin domiciliaria y residencias de ancianos, acab con la financiacin de los programas legales de la Universidad de Rutgers que ayuda a los pobres, y en recort en 40 por ciento la financiacin de servicios legales para los necesitados. No le dio dinero al programa de Zona Empresarial Urbana, que haba sido diseado para fomentar el desarrollo econmico en los barrios pobres. Tambin retir el financiamiento de programas despus de la escuela, mientras que los cambios a las reglas de elegibilidad causaran que ms de 50.000 personas pobres pierdan el acceso a la cobertura de salud.

Estos recortes se considera necesarios en razn de los inadecuados ingresos estadales, pero al mismo tiempo, Christie concedi las empresas $ 180 millones en recortes de impuestos.

La Corte Suprema de Nueva Jersey revoc los recortes a la educacin de Christie por $ 1,000 millones el ao pasado, ordenando que el estado gaste la mitad de esa cantidad en sus escuelas ms pobres en el ao fiscal en curso. Sin embargo, Christie considera esto slo un revs momentneo. Irremisiblemente hostil a la concepcin de la educacin pblica, Christie prev la completa privatizacin de la educacin en su estado, y para ayudar a impulsar los esfuerzos en esa direccin, nombr Comisionado de Educacin a Christopher Cerf, ex presidente de Edison Schools Incorporated,. La sustitucin de la educacin pblica con un sistema de bonos ha estado durante mucho tiempo en la agenda de la derecha. Los ricos, que envan a sus hijos a escuelas privadas, resienten tener que pagar impuestos para apoyar la educacin pblica. Con su rechazo narcisista del concepto de bien pblico, slo se preocupan de sus propios intereses personales. A sus ojos, las bellezas del sistema de cupones son mltiples. Las familias pobres no seran capaces de pagar la diferencia de los montos de los cupones, con el resultado de que sus hijos estaran condenados a asistir las escuelas de menos fondos. La chusma, en otras palabras, estara fuera de la vista. Por otro lado, sin embargo, los ricos pagaran menos de lo que pagan actualmente a las escuelas privadas, por el monto del vale. Y lo mejor de todo en la mentalidad de libre mercado, sera la eliminacin de los sindicatos de maestros de escuela y la oportunidad para las empresas privadas de manejar las escuelas, donde la calidad de la educacin estara en un distante segundo lugar despus del afn de lucro.

Para poner otro ejemplo, el gobernador de Ohio John Kasich ha desempeado un papel especialmente destacado en el ataque a los trabajadores. Incluso antes de asumir el cargo, anunci que iba a matar al incipiente programa para llevar el muy necesario servicio de tren para unir las ciudades de Cincinnati, Columbus y Cleveland, donde la mayor base poblacional carece de dicho servicio. El servicio de tren que iba a llevar finalmente al ferrocarril de alta velocidad result impopular con el nuevo gobernador, ya que sera de propiedad pblica.

A pesar de las persistentes manifestaciones en oposicin, Kasich logr fcilmente la aprobacin de un proyecto de ley que elimina los derechos de negociacin colectiva para los trabajadores estatales. Mediante esfuerzos decididos por el movimiento obrero, se reunieron 1,300,000 firmas para una iniciativa de ley para derogar la ley, y el resultado de esa batalla an est por verse. Aunque los resultados de la encuesta son inicialmente alentadores, las grandes sumas de dinero en publicidad que seguramente se dedicarn a la campaa convencern a los votantes a rechazar la medida.

En su primera conferencia de prensa tras la victoria electoral, Kasich prometi aplicar un recorte de impuestos de cuatro por ciento. Al asumir el cargo, proclam que hay que reducir los servicios sociales porque no haba suficiente dinero en las arcas del Estado. En el presupuesto estatal recientemente aprobado, Kasich cumpli su promesa de aplicar la reduccin fiscal. En el presupuesto, se redujo el apoyo a los gobiernos locales por $ 630 millones, lo que sin duda se traducir en un efecto adverso en los servicios sociales locales. Cinco prisiones sern privatizadas, y hay planes de privatizar la autopista de peaje de Ohio, con lo que se espera que se aumente fuertemente las tarifas a los usuarios. Los distintos condados se estn otorgando la capacidad de vender edificios de propiedad de los gobiernos locales, para luego arrendarlos de los nuevos propietarios, como una especie de regalo para los intereses de los ricos. Tambin se incluye en el presupuesto un plan para ayudar a las pequeas empresas, que se espera que reduzca los ingresos del Estado en $ 100 millones cada dos aos. Tambin est programada la eliminacin del impuesto al patrimonio a partir de 2013, lo que reducira los ingresos para los gobiernos locales en $ 250 millones al ao. Y en otro regalo a los intereses corporativos, el presupuesto de Kasich prohbe las ciudades intentar regular el uso de grasas trans en las comidas en restaurantes.

No se equivoquen. Lo peor an est por venir. La Cmara de Representantes en manos de los republicanos, continuar empujando al presidente Obama hacia la derecha. Y est claro en qu direccin irn las elecciones de 2012. Cabe sealar que muchos trabajadores, preocupados por el desempleo y la disminucin de los niveles de vida, estn expresando su voluntad de votar una candidatura republicana, con la ilusin de que una victoria republicana beneficiar a los trabajadores. Las corporaciones estn planeando inundar la prxima temporada de campaa con publicidad poltica, y en una cultura donde la mayora de personas depende de la televisin para su visin del mundo, este tipo de publicidad tiene un efecto.

Los grupos de presin empresariales estn sitiando Washington, todos empujando las mismas propuestas. Y los think tanks de derecha estn operando en sobremarcha, produciendo una cantidad alarmante recomendaciones de poltica que reciben mucha atencin en el Capitolio. Estos esfuerzos determinan, en gran medida, los lmites del discurso y las cuestiones que se consideren dignos de atencin. Como resultado, las preocupaciones de los trabajadores quedan fuera del espacio de debate, mantenindose sobre la mesa slo la agenda de las corporaciones.

No hay mucha variacin en las polticas por las que abogan que los cabilderos corporativos y los grupos de reflexin de derecha. Dondequiera que uno mire, se observa el mismo conjunto de recomendaciones. As, es suficiente considerar un solo ejemplo, el del Cato Institute, como tpico de la naturaleza de las propuestas para reducir el tamao del gobierno federal.

El seguro de desempleo, afirma Cato, distorsiona la economa y debe ser reformado. En un momento en que millones de estadounidenses son incapaces de encontrar trabajo, Cato quiere reemplazar el seguro de desempleo con un sistema de ahorro personal. Segn Cato, el seguro de desempleo causa desempleo, ya todas esas personas que reciben los pagos, que son insuficientes para cubrir sus gastos, estn disfrutando de la experiencia, y optan por no buscar trabajo. Los trabajos estn por ah, dice, para quienes se molestan en buscarlos. Esto es tan extraordinariamente disparatado que desafa la comprensin. Los trabajadores slo deben ahorrar para cubrir los posibles perodos de desempleo, recomienda Cato. No importa si la mayora de trabajadores gana apenas lo suficiente para pagar sus cuentas, y que los jvenes trabajadores que pierden sus puestos de trabajo no hayan tenido mucho tiempo para ahorrar. Otra alternativa sugerida por Cato es poner toda la operacin al nivel de los estados, lo que les permitira a los estados ser libres para pasar a un sistema ms orientado al mercado, y derogar las leyes que impiden a las compaas de seguros ofrecer plizas privadas de seguro de desempleo. Aqu llegamos al meollo de la recomendacin del Cato Institute: bajo el sistema actual, las empresas privadas no tienen vela en ese velorio. De qu sirve el seguro de desempleo si las corporaciones no pueden beneficiarse directamente de l?

No es sorprendente que el Departamento de Trabajo atraiga la ira de Cato. Los servicios de empleo y de formacin deben ser eliminados, porque no cumplen con ninguna necesidad crtica que los mercados privados no satisfagan. El Congreso debe reducir el tamao de las actividades de reglamentacin del Departamento de Trabajo. Cato luego se queja de que la Administracin de Seguridad y Salud, la Divisin de Horas y Salarios, y otras agencias imponen una densa red de normas relativas a los empleadores de Estados Unidos. El tema principal no es el costo del presupuesto federal de estos organismos, sino el dao a la economa causado por reglamentos innecesarios, tales como el salario mnimo federal. Desde el punto de vista de las corporaciones, es el momento de deshacerse de las molestas normas que ayudan a proteger a los trabajadores de condiciones inseguras, y de eliminar cualquier limitacin a la capacidad de las empresas de reducir los salarios. Estas normas innecesarias se interponen con la capacidad de las empresas de aumentar sus ingresos.

La lectura de la filosofa de Cato en cuanto a los sindicatos es una experiencia alucinante. Es difcil creer que incluso los gerentes corporativos puedan tomar esto literalmente, y que estn tan agudamente conscientes de sus intereses de clase, y tan en desacuerdo con los intereses de clase de los trabajadores. Tal vez las declaraciones de posicin de Cato estn destinados a convencer a aquellos trabajadores que no tienen consciencia de clase de actuar contra sus propios intereses. Las principales intervenciones federales a favor de la sindicalizacin, tales como la National Labor Relations Act de 1935, razona Cato, se basan en la falsa idea de que la gestin empresarial y el trabajo son enemigos naturales. De hecho, tanto la patronal como la laboral son empleadas por los consumidores al producir bienes y servicios, y por lo tanto no tiene sentido suponer que haya una gran diferencia entre estos grupos. Hay que estar fuera de contacto con la realidad para hacer una afirmacin tan descabellada en estos tiempos econmicos difciles. Adems, el objetivo de las empresas es producir ganancias, y los bienes que producen son slo el medio de hacerlo.

Es importante que las autoridades reexaminen las leyes sindicales y que deroguen aquellas leyes que son perjudiciales para el crecimiento econmico e incompatibles con una sociedad libre, sugiere amablemente Cato. Y los legisladores estn respondiendo a estas propuestas, y se estn realizando esfuerzos en varios estados para prohibir que los sindicatos recaben membresas a travs de deducciones de nmina. Los trabajadores se veran obligados a escribir un cheque a nombre del sindicato cada mes. La intencin es obvia: hacer ms difcil que los sindicatos perciban derechos, y as mutilar sus operaciones. Los derechos de negociacin colectiva de los empleados estatales estn bajo asedio en varios estados. Las empresas no estn contentas con sus ventajas, desde ya desequilibradas. Estn buscando la victoria total, por la que los trabajadores se quedaran sin medios de defender sus derechos.

Cato quiere que se deroguen todas las leyes favorables a los trabajadores. Una de sus prioridades es la eliminacin de la prohibicin a la contratacin libre de sindicalizacin. Una regla que requerira que los trabajadores permanezcan libres de sindicatos como parte de la descripcin del trabajo, explica Cato, y el trabajador es libre de aceptar o rechazar la oferta de trabajo. Cun libres seramos, en un mundo de libre mercado de ensueo, en el que el resultado inevitable sera que casi todos los empleadores impondran el requisito de no afiliacin como condicin de empleo. El trabajador tendra la libertad de eleccin: o bien firma tal contrato o pasa hambre.

Entre las reformas importantes que Cato insta al Congreso a aprobar estn la eliminacin de la representacin exclusiva, en otras palabras, la autorizacin de la multiplicidad de sindicatos; la aprobacin de una ley de derecho al trabajo, que permitira a las empresas a contratar permanentemente a trabajadores de reemplazo; y permitir a las empresas negarse a seguir empleando a los representantes sindicales. A Cato tambin le gustara ver un proyecto de ley que permita los sindicatos de empresas, ya que, como dice, la prohibicin actual a la cooperacin... no tiene sentido econmico.

Las recomendaciones de Cato para el Departamento de Salud y Servicios Humanos no son menos draconianas. Medicare reduce la libertad individual, proclama el grupo de anlisis. Cato resucita esa vieja y cansada cantaleta de que Medicare es una pirmide que le permite a cada generacin aprovecharse de la siguiente. Cato se pregunta por qu la gente joven tendra que someterse a la imposicin de tener que apoyar a los ancianos. No importa que las personas mayores ya hayan abonado al sistema. Una vez ms, se evidencia la muy comn hostilidad socioptica de la derecha hacia el bien comn. El Congreso debe reducir el gasto de Medicare, exige Cato, ya que los ancianos son ms prsperos que nunca antes. El Congreso debera poner fin a Medicare y ofrecer a los jubilados un bono para adquirir un seguro de salud. Esa es la solucin de Cato. Despus de todo, cul es el beneficio de un programa del que las empresas no pueden obtener ganancias? Cabra preguntarse, sin embargo, cuntas compaas de seguros estaran dispuestas a asegurar a una persona mayor, y si es as, a qu precios lo haran?

Cato alaba la reforma de los programas de apoyo social de 1996 del presidente Clinton por haber reducido en dos tercios la lista de personas elegibles. Pero se puede hacer ms. El objetivo final de la reforma, Cato explica, debe ser la eliminacin de todo el sistema de ingresos de bienestar para las personas en condiciones de trabajar. Esto significa que la eliminacin de no slo los cupones TANF, sino tambin los cupones alimentos, la vivienda social y otros programas. Las personas que no estn dispuestas a mantenerse a s mismas a travs del mercado de trabajo tendran que depender del apoyo de la familia, la iglesia, la comunidad o la caridad privada. Es el modelo perfecto del Tercer Mundo, esperando ser importado a los EE.UU. Tal vez Cato no se ha dado cuenta, pero el mercado laboral no ha funcionado tan bien para emplear a personas dispuestas, incluso ansiosas, de trabajar. Y no todos tienen parientes a los que puedan recurrir, ni tampoco todas las familias a las que les va bien econmicamente pueden asumir cargas adicionales. Hay que preguntarse cmo espera Cato que las organizaciones de beneficencia y las iglesias asuman la tarea de mantener a las millones de personas que lo necesitan. No hay suficientes albergues para darles cabida a todos. Pero no importa, porque la caridad privada es superior a la asistencia social del gobierno. Y todava hay un montn de bancos en los parques donde se puede dormir, y puentes bajo los cuales instalarse.

Cato guarda una especial hostilidad para el Departamento de Transporte. La Administracin Federal de Trnsito debe ser eliminada, debido a su apoyo al ferrocarril. La prdida de los subsidios de trnsito federales obligara a los gobiernos locales a abrir los mercados de transporte a operadores privados. El control del trfico areo debera ser eliminado del presupuesto federal y las operaciones gestionadas por una empresa privada. Amtrak tambin debera ser privatizada. Y la Administracin Federal de Carreteras debe ser eliminada, lo que alentara a los gobiernos estatales a mirar hacia el sector privado para ayudar en el financiamiento y operacin de carreteras, incluyendo los peajes electrnicos, todo ello con magnficas utilidades, naturalmente. Imagine una vida en la que para conducir por las carreteras conllevara repetidos cobros y donde el ferrocarril como un servicio de transporte alternativo seguro, rpido y ms amigable con el medioambiente haya sido permanentemente eliminado esa es una pequea muestra de algunas de las maravillas que nos puede traer este libre mercado de ensueo.

Estos no son slo algunos de los conceptos descabellados, aunque ciertamente dan esa impresin. Los grupos de presin y de anlisis sienten que el momento ha llegado, y estn llevando a cabo estos objetivos con abandono. Los gobiernos estatales ya se estn avanzando para poner en prctica algunos de estos objetivos polticos, y los republicanos de la Cmara Baja han introducido una serie de proyectos de ley en este sentido. De hecho, la propuesta de Presidente del Comit de Presupuesto de la Cmara, Paul Ryan, refleja las recomendaciones de organismos como Cato e incluye muchas de las mismas ideas. Mientras que la propuesta de Ryan no tiene ninguna posibilidad de pasar a ley sin cambios, lo cierto es que tarde o temprano, algunos elementos encontrarn un espacio en la ley.

Los Republicanos de la Cmara proponen que se privatice Amtrak. En efecto, eso significara la venta del corredor noreste a una empresa privada que opere la lnea, cobrando tarifas ms altas a los usuarios. Y ya que la rentabilidad de esa lnea ayuda a apoyar el servicio de trenes para el resto de la nacin, es improbable que las dems lneas encuentren compradores, lo que resultara en su cierre. China se ha embarcado en un programa de $ 1,000 millones para la construccin de un ferrocarril de alta velocidad, infraestructura y carreteras, mientras que en los EE.UU. ese tipo de dinero est reservado para las aventuras militares y las reducciones de impuestos. En vez de eso, nos ofrecen planes de transporte basados en la privatizacin, la eliminacin de las alternativas al automvil e infraestructura deteriorada. El senador de Illinois, Mark Kirk, ha presentado un proyecto de ley que tipifica este enfoque, llamando a la inversin privada en carreteras y aeropuertos, y la comercializacin de los descansos en las carreteras.

Por como van las cosas, estas ideas slo ganarn ms traccin con la eleccin de un presidente republicano. Los trabajadores se enfrentan a una eleccin poco envidiable en las elecciones de 2012: votar por el Presidente Obama, que podemos estar seguros seguir sirviendo a los intereses corporativos, o votar por el candidato republicano, que har lo mismo, slo que de una manera ms dura.

En los prximos meses, podemos estar seguros de que veremos ms recortes salvajes de las pensiones y los servicios sociales, as como intentos de socavar la Seguridad Social. Los jueces en dos casos judiciales, en Colorado y Minnesota, han descartado los desafos legales presentados por trabajadores estatales jubilados a quienes se les ha eliminado los ajustes por costo de vida de sus pensiones. Estas decisiones son ampliamente vistas como una luz verde para que otras legislaturas estatales recorten las pensiones, y desde ya el gobernador Christie de Nueva Jersey ha firmado una ley que recorta severamente las pensiones y los beneficios de salud de los trabajadores estatales. Y Christie dice que ha recibido llamadas de los gobernadores de otros estados, pidindole asesoramiento sobre la forma en que pueden replicar su accin.

Con el bajo nivel de solidaridad entre trabajadores, la lucha es desigual. Pero los sindicatos, debilitados como estn, siguen enfrascados en una oposicin enrgica a los ataques contra los trabajadores. Siguen siendo la mejor arma para defendernos, y merecen todo nuestro apoyo. El mundo granempresarial est realizando agresivamente su programa. No deberamos ser menos militantes en la defensa de nuestros derechos.

Gregory Elich es miembro de la Junta Directiva del Jasenovac Research Institute y del Consejo Asesor de la Comisin de la Verdad de Corea. Tambin es autor del libro Strange Liberators: Militarism, Mayhem, and the Pursuit of Profit . 

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4310 

 


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