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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2011

El Papa, el lacismo y la democracia

Enrique Ruiz del Rosal
Rebelin


En la ltima, hasta ahora, carga de la brigada acorazada episcopal, los obispos catlicos llaman a desobedecer la futura Ley de Muerte Digna, y aprovechan para poner en duda, una vez ms, la legitimidad de los poderes pblicos que la elabora y aprueba.

En realidad, esta supuesta ley, no sera ms que una ley para que se pueda cumplir otra ley, la de Autonoma del Paciente (2002), que reconoce unos derechos que hoy estn lejos de cumplirse en los hospitales espaoles. En todo caso, no sera una ley de eutanasia, como hasta el propio Rouco Varela ha reconocido.

Al parecer, para los obispos espaoles, asalariados del Estado, si el Parlamento aprueba unos Presupuestos declarando la visita de Benedicto XVI (B16, en adelante) acontecimiento de excepcional inters pblico, en este caso estamos ante unos poderes pblicos legtimos.

Gracias a esta declaracin se beneficiarn de ms de 60 millones de euros del dinero pblico, de todos los espaoles, sean cuales sean sus creencias o convicciones, convertirn la capital de Espaa en un gigantesco campamento juvenil catlico durante una semana, el Parque del Retiro en un grandioso confesionario, el Palacio de Cibeles (Ayuntamiento) en la sacrista de la fiesta de bienvenida a B16, el Paseo de Recoletos en un va crucis con 14 pasos de semana santa y se pondrn cuantiosos recursos humanos y estructurales a su servicio (7 Ministerios, un aerdromo, 800 colegios pblicos, 6.000 policas, cazas del Ejrcito del Aire, cesin de polideportivos).

El colofn ser brindar honores de Estado a una visita de carcter religioso y, por tanto particular, por ms o menos masiva que sea la asistencia y, por ltimo, que los mximos representantes del poder civil (Estado y Gobierno) rindan pleitesa una vez ms a B16, en un acto de clara e inconstitucional subordinacin del poder civil al poder religioso.

De esta forma, con claro desprecio de la supuesta aconfesionalidad del Estado, nuestras administraciones pblicas y sus representantes contribuirn, como comparsas, a otra nueva edicin de Catolicircus, esa extraa amalgama de espectculos confesionales, beneficios comerciales, atracciones tursticas y aplastante cobertura meditica en prensa y TV.

A todo este enorme desaguisado ha contribuido el Parlamento, ante el clamoroso silencio cmplice de la casi totalidad de los grupos polticos, salvo algunas honrosas excepciones. A los laicistas no nos cabe duda de que con este comportamiento se intenta, una vez ms, remachar la falsa idea de que existe una supuesta identidad religiosa catlica como valor nacional, a pesar de que la Constitucin hace ms de 30 aos que est vigente.

Este masivo acto de proselitismo forzado (por las autoridades religiosas y por los poderes pblicos que dicen representar a [email protected] [email protected] [email protected]) lleva implcita una abrumadora violencia sobre la libertad de conciencia de [email protected] [email protected] que no sienten como suyas las creencias catlicas, e incluso de muchas personas que, siendo catlicas, no coinciden con la parafernalia y valores de este Catolicircus puesto en marcha por la jerarqua catlica.

As pues, para estos obispos a sueldo del Estado, las decisiones puestas en marcha por el poder civil (y especialmente por el Parlamento) para posibilitar esta nueva versin del Catolicircus en pleno agosto, son muy legtimas; pero si se trata de aprobar leyes que reconozcan o amplen derechos civiles a distintos colectivos de [email protected], como en el caso del derecho a morir dignamente, sin sufrimiento gratuito y, sobre todo, con respeto a la autonoma de decisin de las personas y a su dignidad, en este caso, el poder pblico que las elabora y aprueba es ilegtimo.

Esta calificacin no obedece a que les parezca escasamente democrtica, con poca participacin y deliberacin cvica entre los actores sociales concernidos, o a que violente la libertad de conciencia de los individuos. Como ya sabemos, los usos democrticos no juegan ningn papel en la prctica diaria de la institucin catlica, ni en las vidas cotidianas de sus jerarcas y pastores, como corresponde a una monarqua absoluta de corte medieval como la Iglesia catlica.

No, les parece ilegtima porque no se ajusta a su particular moral y a sus particulares valores, imbuidas de su Verdad absoluta e incontestable que, cual aceite de ricino, deben tomar [email protected] [email protected], les guste o no, por su bien.

Olvida la jerarqua episcopal que en una democracia constitucional todas las creencias y convicciones, sean o no religiosas, estn situadas en el mismo plano, en condiciones de igualdad jurdica, por lo que no es posible admitir certezas y creencias dogmticas que se impongan a [email protected] [email protected] [email protected] En eso consiste el ejercicio de la autonoma respecto al poder dogmtico de cualquier religin o ideologa. Y en eso consiste la dinmica democrtica: en una continua confrontacin de convicciones y valores, ejerciendo la libertad de conciencia, para buscar las mejores opciones para la convivencia social.

Los obispos estn en su derecho de exhortar a sus seguidores a asumir todo tipo de obligaciones religiosas, siempre que no atenten contra sus derechos constitucionales, que es la fuente de los valores morales por los que debemos regirnos [email protected] [email protected] [email protected] Ahora bien, [email protected] [email protected] no tenemos por qu admitir (seamos religiosos o no) que se coarte nuestra libertad de conciencia y nuestra autonoma individual en base a obligaciones dogmticas de naturaleza religiosa.

Estoy convencido de que cuando el recurso a la religin no es un factor de fortalecimiento de la democracia, de la libertad de conciencia y de la convivencia entre las diversas creencias y convicciones, se convierte en una forma de intentar sustituir la democracia por otra cosa. Y la historia nos ha dado mltiples ejemplos de ello.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


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