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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-07-2011

Por favor, salven a la Unin Europea y el euro!

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Europa vive tiempos convulsos. La integracin, resultado de una accin comn en los rdenes econmicos, polticos y sociales, tanto como culturales, se tambalea a pesar de haber aprobado, en diciembre de 2009, el Tratado de Lisboa, sucedneo de lo que fuera, en principio, una ambiciosa idea de Constitucin supranacional. El rechazo en referndum, por parte de la ciudadana francesa y holandesa en 2005, mostr las primeras fisuras. Tres aos ms tarde, en 2008, Irlanda tambin dijo No en otro referndum. De esta manera las fisuras se transformaron en grietas, haciendo insostenible el edificio. As se ide un plan B. No ms referendos y de paso que Irlanda repitiera el suyo. Los ciudadanos haban votado mal, y deban rectificar. En octubre de 2009, con una participacin inferior a 55 por ciento, se reverta el No. Europa respiraba tranquila. Sin embargo, el proyecto naufragaba. Mejor abortar el proyecto de Constitucin y dar vida a una alternativa menos ambiciosa. As, nace el Tratado de Lisboa y se salvan los muebles. Fue un acuerdo de mnimos.

Con este handicap, los idelogos del tratado buscaron soslayar las distancias que separaban a los pases ms desarrollados, Alemania, Francia y Gran Bretaa y en menor medida Italia, Holanda, Dinamarca, Austria, Blgica de Grecia, Portugal, Espaa o Irlanda. Lo importante era legitimar las instituciones de la Unin y darle un nuevo contexto. El tratado se mostraba como el instrumento perfecto para cobijar las, antes, disgregadas organizaciones centrales de las cuales emanaban las polticas comunitarias. Ahora, el Parlamento Europeo, el Consejo de Europa, el Tribunal de Justicia y de Cuentas, tanto como la Comisin Europea, podan contar con un dique. Sin embargo, pocos dudaban de la orientacin del proyecto. Su redaccin y aprobacin dejaba al descubierto los valedores de la operacin. En primer lugar, los partidos polticos con una tradicin integracionista forjada desde los aos 50 del siglo pasado. Socialdemcratas, liberales, conservadores y democristianos, a los cuales hubo que sumarle los restos de algunos partidos comunistas y un sector de la llamada izquierda verde. Sus dirigentes se han mostrado a favor del tratado y lo han impulsado sin cortapisas. En segundo trmino, empresarios, banqueros y el capital financiero. Por consiguiente, los crteles de las trasnacionales. Y en tercer lugar, un sector de la sociedad civil integrado por los sempiternos intelectuales institucionales comprometidos con la economa de mercado y la poltica de seguridad diseada por la OTAN. Por consiguiente, una propuesta lanzada al unsono por los defensores a ultranza de la desregulacin, las privatizaciones y el desmantelamiento del sector pblico. Como tal, un proyecto montado desde arriba para satisfacer los intereses econmicos de los hoy llamados mercados.

La ciudadana no estuvo presente ni fue consultada en la elaboracin; de all su rechazo. En el mejor de los casos, se mostr indiferente. Aqu cabe una digresin. Entre los partidarios del No activo a la Constitucin y al Tratado de Lisboa, encontramos la llamada izquierda europea. Su No se funda en la exclusin de las grandes mayoras y apuesta por otra integracin, la de los pueblos, con nfasis en una cultura comn y una identidad compartida en la experiencia histrica y geopoltica. Por otro lado, tenemos un No articulado en una nueva derecha xenfoba y racista, cuyo discurso tiene anclaje en argumentos chovinistas y no es partidaria de ningn tipo de integracin. Por otro lado los partidarios del S al tratado no han sabido, por lo dicho anteriormente, despertar motivacin en la ciudadana cuando se convocan elecciones al Parlamento Europeo. Pocas veces se ha logrado, y es significativo, pasar el umbral del 50 por ciento de electores que acuden a las urnas. En algunos casos no llegan ni a 40 por ciento. La apata y el desinters son las actitudes que pueden explicar la baja participacin en las elecciones.

Hoy la crisis capitalista destapa la demagogia europesta de la integracin total. Las polticas de rescate y lo planes de ajuste en Grecia, Portugal o Irlanda dejan a las claras que hay pases de primera, segunda, tercera y hasta de cuarta clase. En este contexto, para salvar del colapso al euro y dar un respiro a su banco central, la fatigada Unin, sus elites econmicas y polticas, han decidido recortar los derechos sociales, polticos, y por ende humanos, a los ciudadanos comunitarios. Tras la reunin de Bruselas, los mercados estn exultantes. Sus propuestas han sido aceptadas, consumndose el golpe de fuerza de los mercados. Nuevamente han ganado la batalla al poder poltico. Hoy los centros econmicos y financieros ensanchan su coto de caza. En una puesta en escena casi dramtica, el acuerdo alcanzado configura un mapa de la Europa comunitaria secuestrada por los especuladores y banqueros. Las cinco decisiones tomadas van esta direccin. 1) Para rebajar las condiciones de los crditos a los pases rescatados al 3.5 por ciento y aumentar el plazo de pago de 7 a 15 aos no pueden retroceder en las reformas; al contrario, debe acelerarse su proceso. 2) Si se constata tal voluntad, se articula un supuesto Plan Marshall donde los pases de la Unin podrn invertir y beneficiarse de dichas polticas de ajuste en Grecia y los dems pases rescatados en su caso. 3) La llamada inversin privada, es decir, su compromiso de aportar una parte al rescate, se deja en la opcin de renovar, recuperar o canjear los actuales bonos por deuda. 4) Curiosamente se conceden ms apoyos a la banca privada para que active la inversin y los crditos. Y 5) se permite comprar los actuales bonos en el mercado secundario a los pases donde sus valores se han visto sometido a los vaivenes de especuladores. En conclusin, nada nuevo bajo el sol. Las medidas adoptadas no tratan de mejorar la condicin de vida de la ciudadana griega. El quid de la cuestin era otra, dar garantas al capital financiero y especulativo, tanto como a sus socios menores el capital industrial, para seguir explotando a diestra y siniestra a la clase trabajadora y de paso acabar de una vez con el sector pblico, privatizando sus ltimos bienes. En pocas palabras, nada nuevo bajo el sol.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/07/23/index.php?section=opinion&article=018a2pol



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