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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-08-2011

Hacia un feminismo con conciencia ecologista

Alicia Puleo
Ecologista


Puede decirse que, hoy por hoy, el ecofeminismo o feminismo ecolgico es todava una corriente minoritaria del feminismo mundial. Su profunda crtica al modelo de desarrollo hegemnico no encaja fcilmente en la agenda del feminismo mayoritario.

En el mbito del Estado espaol, el porcentaje de presencia del ecofeminismo en el conjunto del feminismo, en tanto teora y movimiento social, es an mucho ms escaso. Aunque en los ochenta se hablaba de la posibilidad de un dilogo con el ecologismo, en el siglo XXI estamos todava en los inicios del contacto entre los dos pensamientos ms revolucionarios de nuestra poca.

El ecofeminismo no se reduce a una simple voluntad feminista de gestionar mejor los recursos naturales, sino que exige la revisin crtica de una serie de dualismos que subyacen a la persistencia de la desigualdad entre los sexos y a la actual crisis ecolgica. Su anlisis de las oposiciones naturaleza/cultura, mujer/varn, animal/humano, sentimiento/razn, materia/espritu, cuerpo/alma ha mostrado el funcionamiento de una jerarquizacin que desvaloriza a las mujeres, a la Naturaleza, a los animales, a los sentimientos y a lo corporal, legitimando la dominacin del varn, autoidentificado con la razn y la cultura. El dominio tecnolgico del mundo sera el ltimo avatar de este pensamiento antropocntrico (que slo otorga valor a lo humano) y androcntrico (que tiene por paradigma de lo humano a lo masculino tal como se ha construido social e histricamente por exclusin de las mujeres). La negacin y el desprecio de los valores del cuidado, relegados a la esfera feminizada de lo domstico, ha conducido a la humanidad a una carrera suicida de enfrentamientos blicos y de destruccin del planeta.

Origen de la sensibilidad ecofeminista

A estas alturas de la historia del feminismo, ya existen varias corrientes de teora ecofeminista. Las ms recientes, de carcter deconstructivo, suelen autodenominarse feminismo ecolgico para distinguirse de las precedentes. Utilizo aqu los trminos ecofeminismo y ecofeminista indistintamente para todas ellas. Por razones de espacio, no puedo referirme a sus diferencias conceptuales [1]. Me limitar a sealar el origen de la sensibilidad ecofeminista para entender mejor su situacin en el Estado espaol.

El desarrollo de una conciencia ecofeminista se dio en primer lugar en mujeres de sociedades hiperdesarrolladas preocupadas por su salud, por los riesgos alimentarios originados por pesticidas, fertilizantes, y por los efectos perversos de la excesiva medicalizacin del cuerpo femenino. Estas pioneras buscaron una ginecologa alternativa y holstica. De all surgi ese extraordinario manual del Colectivo de Mujeres de Boston: Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas.

En el sur de Europa todava no hemos llegado a un nivel tan alto de desconfianza con respecto a la tecnologa y a sus expertos como para que el temor permita ese cuestionamiento de la sociedad qumica. Las campaas feministas que denuncian la vinculacin entre el aumento de casos de cncer de mama y los xenoestrgenos de pesticidas, dioxinas, productos de limpieza, plsticos, pinturas, etc., apenas han tenido eco. El fatalista y cmodo lema de algo hay que morir impide la reflexin crtica sobre estos temas a gran parte de un colectivo que, recordemos a modo de sntoma, todava ve la adiccin al tabaco como una conquista de igualdad (segn las encuestas, entre los ms jvenes, 31% de fumadoras frente a un 23% de fumadores varones). An as, hay que sealar que la versin en castellano, actualizada en el ao 2000, de la citada biblia de la salud femenina, estuvo a cargo de colaboradoras de la revista Mujeres y Salud (MYS) de Barcelona.

En el llamado Tercer Mundo, la miseria de las mujeres rurales, perjudicadas por el mal desarrollo basado en pesticidas y monocultivos, la marginacin de pueblos indgenas con culturas ms respetuosas de la Naturaleza y el activismo ambientalista de chabolistas de algunas megaciudades inspiran a la filsofa altermundialista Vandana Shiva y a la teloga brasilea de la Liberacin Ivone Gebara. Nuestro escenario local carece de estos tintes dramticos. Se habla poco del infierno txico de los invernaderos, reservado a inmigrantes. Tampoco existen culturas ajenas a la tradicin judeo-cristiana por lo que el ecofeminismo, en tanto justicia social y visin mstica del mundo natural, no tiene una base tan cercana en la que apoyarse. No obstante, su discurso ha generado aqu importantes grados de solidaridad feminista internacionalista, as como reflexiones de telogas feministas.

Algunas de las primeras formas del ecofeminismo dieron una explicacin biologicista de la guerra y de la crisis ecolgica y vieron en las mujeres a las salvadoras del planeta frente a la tecnologa destructora masculina. Este esencialismo que no atenda ms que a las diferencias entre los sexos, ignorando explicaciones histricas de clase, raza y economa y retornando a la antigua identificacin patriarcal entre mujer y Naturaleza, gener un fuerte rechazo en el feminismo del Estado espaol, orientado mayoritariamente hacia la obtencin de la igualdad en el marco de una comprensin feminista socialista de las relaciones entre mujeres y hombres. Identificado con su primera plasmacin, el ecofeminismo fue desestimado. Slo unas pocas nos interesamos por su evolucin posterior. Para dar a conocer las nuevas corrientes, mucho ms complejas e interesantes, organizamos el Simposio Internacional Feminismo y Ecologa que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid en marzo de 2001 [2].

Ahora bien, aunque se comprenda que se ha superado la inicial identificacin de mujer y Naturaleza, subsiste una objecin feminista a que las mujeres se preocupen por los problemas ambientales: por qu agregar una tarea ms a las oprimidas mientras los opresores destruyen alegremente? Ante esta cuestin, me parecen interesantes las acciones destinadas a integrar polticas de empoderamiento del colectivo femenino con otras orientadas al desarrollo sostenible [3]. Si la preocupacin por la Naturaleza se canaliza hacia la generacin de nuevos yacimientos de empleo, ya no se tratara de apelar al proverbial espritu de sacrificio femenino.

En la medida en que aumente la conciencia ecolgica general, se incrementar el nmero de ecofeministas. Y el ecologismo ganar espacio entre las mujeres si atiende a su sensibilidad, a sus intereses y a sus aspiraciones de igualdad en la realidad de la militancia actual y en el proyecto futuro de una sociedad que atienda a las necesidades de cuidado propias de los ciclos vitales humanos y no humanos. La meta ha de ser avanzar hacia un feminismo con conciencia ecolgica y hacia un ecologismo profundamente igualitario y no androcntrico. En ambos sentidos nos queda un largo camino por recorrer.

Notas

[1] Ver PULEO, A. Feminismo y ecologa, El Ecologista, 31, verano 2002, pp.36-39; de manera ms extensa en PULEO, A.,Del ecofeminismo clsico al deconstructivo: principales corrientes de un pensamiento poco conocido, en Amors, Celia (ed.), Historia de la teora feminista, en prensa.

[2] Las ponencias se recogen en CAVANA, M., PULEO, A., SEGURA, C., Mujeres, Ecologa, Sociedad, ed. Almudayna, Madrid, 2004.

[3] As, fruto de un acuerdo de la Consejera de Medio Ambiente y el Instituto de la Mujer de Andaluca, el proyecto Geoda se propone, con las posibilidades y limitaciones propias de lo institucional, investigar, asesorar, sensibilizar, impulsar movimientos ambientales liderados por mujeres, formar y apoyar iniciativas de empleo para las mujeres compatibles con el respeto al medio ambiente.



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