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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2011

A propsito de Todo Calibn de Roberto Fernndez Retamar
Caliban y la cultura insurgente

Nstor Kohan
Rebelin


Para Roberto, maestro, compaero y amigo

Un clsico latinoamericano

Descifrar el enigma y trazar el derrotero de la cultura insurgente de Nuestra Amrica implica, entre otras tareas impostergables, recuperar la obra de sus pensadores revolucionarios y sus intelectuales crticos. Este continente sufrido, rebelde e insumiso, no slo ha encendido la llama de innumerables levantamientos e insurrecciones populares. Al mismo tiempo ha creado teora y generado reflexin. Diga lo que diga la Academia y su sesgado canon eurocntrico, tambin aqu tenemos nuestros clsicos.

Como los Siete ensayos de interpretacin de la realidad peruana de Maritegui, El socialismo y el hombre en Cuba del Che o Dialctica de la dependencia de Ruy Mauro Marini para mencionar tan slo tres obras emblemticas el ensayo Caliban de Roberto Fernndez Retamar constituye una cumbre del pensamiento latinoamericano, de cuya publicacin se conmemoran cuarenta aos [i] .

Lo lemos tres veces, en distintas ediciones [ii] . En cada una de ellas el ensayo de Roberto nos sorprendi nuevamente. Sin ninguna duda, resiste varias lecturas, proporcionando cada vez nuevas aristas, ngulos no observados en las anteriores visitas, generando siempre renovadas preguntas.

 

En el fuego de los hornos

El Caliban de Fernndez Retamar adquiri forma y contenido en el fuego de los hornos iluminado por esa luz insurgente que intent convertir a la cordillera de los Andes en la Sierra Maestra de Amrica Latina. Lejos de constituir un obstculo, ese condicionamiento poltico que lo cincel desde su mismo origen posibilit una gran apertura para sus planteos radicales.

Tratando de legitimar la irreverencia de la revolucin cubana, el ensayista y poeta lo escribe en medio de varios debates.

En primer lugar, discutiendo y polemizando con los promotores de la revista Mundo Nuevo, impulsada por la CIA a travs de toda una seria de instituciones pantalla y anillos de proteccin cultural, como la Fundacin Ford, destinados a ocultar los verdaderos objetivos de dicha publicacin: el combate por la hegemona (y el intento de neutralizacin) de la intelectualidad crtica latinoamericana. En el ojo de la tormenta, Fernndez Retamar encabeza la indignada denuncia antiimperialista que impugna la presencia del dlar norteamericano y de los aparatos de inteligencia militar yanqui, escondidos detrs de la inocente crtica literaria de Mundo Nuevo [iii] .

En segundo lugar, abordando los desafos y los tremendos sinsabores que le gener a la revolucin cubana la prisin de Padilla y sus autocrticas, donde algunos segmentos de la intelectualidad europea creyeron ver un calco automtico de los juicios de Mosc del ao 1936, en los cuales el estalinismo liquid a la vieja guardia bolchevique que haba encabezado la revolucin de octubre junto a Lenin (en el caso cubano, nadie muri y Padilla estuvo, seguramente sin necesidad, no ms de 30 das en la crcel, en la cual jams recibi torturas ni apremios).

En tercer lugar, intentando sistematizar las grandes lneas estratgicas de la poltica cultural tanto en la lectura del pasado como en la estrategia de futuro que guiaron como mnimo los primeros doce aos de la revolucin cubana.

El ensayo de Roberto Fernndez Retamar (del cual nunca reneg, por lo cual se sigui editando, con suplementos y nuevos textos complementarios hasta el da de hoy) seguramente corona la primera fase de la revolucin cubana, la ms radical y profunda, que no desapareci posteriormente pero que atraves no pocos vaivenes y avatares que ahora no es posible indagar por razones de espacio [iv] .

 

Un programa antiimperialista para la cultura

El ensayo Caliban condensa con gran maestra, lucidez y capacidad de sntesis todo un programa de investigacin, reflexin y debate sobre nuestra cultura, nuestras races y nuestro horizonte poltico futuro, pergeado desde un ngulo inocultablemente antiimperialista y anticapitalista. Un punto de partida que, a nuestro modo de ver y entender, sigue estando a la orden del da y de ninguna manera ha caducado, aunque se vayan desplazando los escenarios de disputa frente a distintas modalidades e intervenciones del imperialismo [v] .

Una de las principales virtudes de ese ensayo reside en su cuestionamiento sin ninguna ambigedad del eurocentrismo y la cultura especular que para poder sobresalir debe reflejar pasivamente los brillos, las luces, las normas y criterios de consagracin, los tics y las categoras de la mirada europea. Si hay un tipo de intelectual que recibe un golpe fulminante en la escritura de Caliban es el intelectual ventrlocuo, que mueve los brazos, la boca y la pluma sin voz propia o al menos reproduciendo una voz inocultablemente ajena.

Esa figura que mezcla la mentalidad colonial, el cipayismo y la sumisin sin el ms mnimo beneficio de inventario ante la cultura de las grandes metrpolis capitalistas, falsamente presentada como universal, puede rastrearse en la crtica de diversos exponentes de la intelectualidad domesticada. Desde los ms brillantes, refinados y eruditos (por ejemplo nuestro compatriota Jorge Luis Borges, por quien Fernndez Retamar no deja de reconocer, a pesar de su cida crtica, su sincera admiracin, al punto de reunir aos ms tarde escritos suyos en una antologa [vi] ), pasando por antiguos izquierdistas devenidos rpidamente en conversos (por ejemplo Carlos Fuentes) hasta segundones de tercera o cuarta lnea (como es el caso del crtico literario Emir Rodrguez Monegal, quien se prest mansamente a encabezar un emprendimiento cultural con dineros de la CIA). Todo ese abanico intelectual es impugnado en un mismo movimiento multicolor por el autor de Caliban.

Fue un error? Creemos que no.

Frente a esa mentalidad colonial, de quienes se sienten el mejor alumno por repetir mecnicamente lo que el magister europeo dictamina, Roberto defiende la necesidad de una intelectualidad crtica con mentalidad emancipada y fuertemente enraizada en el suelo popular. Pero no se queda en el cmodo y polticamente correcto compromiso (de todas formas, tan vilipendiado durante los aos crueles del neoliberalismo y el posmodernismo). El programa poltico-cultural de Caliban va ms all. Comprometerse implica solidarizarse con alguien que sufre o padece, que lucha por una causa justa por la cual se experimenta cierta empata y solidaridad pero que en ltima instancia se sigue considerando ajena. El compromiso es con un otro. Fernndez Retamar, en sus polmicas y en sus argumentos, realiza una entusiasta defensa del intelectual militante, no simplemente crtico ni meramente comprometido, sino orgnico del movimiento emancipador revolucionario. Eso fueron precisamente Jos Carlos Maritegui y Ernesto Che Guevara; nada diferentes a Simn Bolvar y Jos Mart, o Jos de San martn y Mariano Moreno.

Fernndez Retamar no habla ni escribe desde el vaco de una supuesta esfera pblica incontaminada, incolora e inspida (equidistante y neutralmente valorativa), como propondra, para mencionar tan slo un nombre significativo y famoso en el campo del pensamiento, Jrgen Habermas.

Tanto la crtica y las impugnaciones como la propuesta poltico cultural de Caliban se realizan desde la revolucin cubana. La voz del autor no juega a ser portavoz oficial ni funcionario dcil. Fernndez Retamar es sin duda alguna uno de los principales exponentes intelectuales de la revolucin cubana.

Dejando a un costado cualquier simulacin de neutralidad, su voz y su escritura interpelan al lector o la lectora desde una singular institucin conocida como Casa de las Amricas que en esos aos se convirti de hecho, bajo el liderazgo de Hayde Santamara y del propio Fernndez Retamar, en el puente cultural contrahegemnico que permiti abrir un dilogo y tejer mltiples alianzas con toda la rebelda y las insurgencias de Amrica latina (vnculo que haba sido roto por el bloqueo econmico, diplomtico, poltico y militar impulsado hasta el da de hoy [2011] por Estados Unidos).

Aunque en ediciones y agregados suplementarios posteriores al Caliban original Roberto Fernndez Retamar se esfuerza por contextualizar o matizar algunos componentes denuncialistas de su primera versin, nosotros consideramos que estas tres dimensiones (la crtica, la propuesta y el ngulo poltico insurgente asumido de manera explcita) continan escandalosamente vigentes. Aquellos aspectos ms disruptivos, iconoclastas e incluso chocantes que el recorrido atento de este ensayo permite entrever a un lector o lectora del siglo XXI, no fueron errores, exabruptos ni exageraciones personales de Roberto. Fue la revolucin cubana en su conjunto de manera abierta y radical en esos primeros doce aos, luego con entonaciones diferentes que fueron variando en diversas coyunturas histricas la que se anim a atropellar contra el canon de la cultura oficial, contra los estndares habitualmente tolerados por el arco de lo polticamente correcto, violentando en la teora y en la prctica el horizonte de ese seudo pluralismo pegajoso y del progresismo ilustrado y bienpensante con que, todava hoy, se sigue asfixiando, neutralizando y aplastando toda disidencia radical. En el siglo XXI esa tarea, por ms que suene exagerada o genere crispacin, permanece pendiente.

La dialctica, de Sarmiento a Jos Mart

El trabajo de Fernndez Retamar, no desprovisto de erudicin ni de filologa hermenutica, nunca se limita a una mera indagacin en los personajes de La tempestad (1611, la ltima gran obra de William Shakespeare) ni a la descripcin de su recepcin latinoamericana. Junto a los personajes conceptuales del teatro isabelino, por Caliban desfilan Jos Mart, Domingo Faustino Sarmiento, Rubn Daro, Jos Enrique Rod, Julio Antonio Mella, Anbal Norberto Ponce, Oswald de Andrade [vii] , Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Fidel Castro y el Che Guevara, entre muchos otros y otras de una extensa secuencia histrica. Todos intelectuales.

Lo que sucede es que la estructura ntima de esta obra gira, an sin citarlo de manera explcita ni redundante (como se pondra de moda aos despus en el mundillo acadmico), en torno a la gran pregunta gramsciana: cmo generar una intelectualidad revolucionaria que pueda crear el tejido ideolgico de la hegemona socialista y antiimperialista de Nuestra Amrica?

Para responder esa pregunta, Fernndez Retamar no apela a un esquema genrico ni a citas de los clsicos marxistas (modalidad muy comn en la cultura de los manuales importados de la Unin Sovitica, que comenzaran a predominar en Cuba a partir de 1972 hasta por lo menos 1986) [viii] . Ensayando una especie de sociologa de la intelectualidad latinoamericana, Caliban recorre una serie altamente significativa de intelectuales emancipados y coloniales, antimperialistas y cipayos, revolucionarios y defensores del status dependiente de la cultura latinoamericana.

La matriz dialctica inicial que Fernndez Retamar recorta y propone para comenzar a desplegar ese tipo de ejercicio permanente de comparacin y analoga por contraposicin (sin caer nunca en visiones dicotmicas esquemticas ni en antinomias simples propias de un discurso estructurado a partir de la lgica formal) est centrada en dos arquetipos fundamentales: Mart y Sarmiento [ix] . De all que Caliban proporcione una aproximacin fundamental para los debates de Argentina, al animarse a discutir sin tapujos las contradicciones de una de sus principales figuras histricas, emblema de toda la cultura oficial, de raz burguesa y liberal, pero tambin de importantes segmentos de la izquierda marxista en sus diferentes familias internas [x] .

Si el paradigma dialctico inicial elegido por Fernndez Retamar se estructura a partir de dos modelos intelectuales del siglo XIX, el resto de su ensayo gira en torno al siglo XX. Siempre sobreimprimiendo estos acuciantes debates polticos sobre el fondo de los personajes de Shakespeare (recuperados, interpelados, resignificados y en ltima instancia comidos como buen antropfago en clave latinoamericana).

Mediante un dilogo socrtico con Caliban Roberto nos va llevando desde Shakespeare y la conquista de Amrica a las aporas irresueltas del siglo XIX, y de all a los problemas de la cultura antiimperialista y la hegemona socialista en el siglo XX (y XXI, ya que las ltimas ediciones prolongan aquellas discusiones de 1971 hasta nuestros das).

Cmo termina el ensayo? Con un programa poltico cultural explcitamente guevarista, dialogando en voz alta con las reflexiones del Che, ya no como pster comercial o inofensivo icono pop, sino como interlocutor, terico y pensador marxista de la revolucin latinoamericana de nuestro tiempo. El guevarismo como programa para la cultura insurgente de Nuestra Amrica. Se entiende entonces por qu consideramos que este ensayo contina vigente hoy en da?

Shakespeare, desde Nuestra Amrica

Si nos detenemos en el punto de partida de Caliban, la primera interrogacin que surge es, desde luego: por qu Shakespeare, un autor ingls y europeo, para pensar nuestra cultura? Lo que sucede es que el ensayo de Fernndez Retamar se inicia respondiendo la provocadora pregunta de un periodista europeo: acaso existe una cultura latinoamericana? [xi] .

Ms all de la existencia de aquel periodista real o imaginaria, verdica o provocadora, da exactamente lo mismo la eleccin de Shakespeare no es exclusiva de Roberto. Proviene del siglo XIX y principalmente del pensador uruguayo Jos Enrique Rod [xii] . El Caliban de Fernndez Retamar puede ser ledo desde muchas perspectivas y ngulos, pero principalmente como un dilatado y extenso dilogo con el Ariel de Rod. Aquella obra, publicada en 1900 (su autor tena entonces 29 aos), justo en el cambio de siglo, apela al simbolismo de las imgenes y personajes construidos por el dramaturgo isabelino en La tempestad para plantear una oposicin irreductible entre Amrica Latina y los Estados Unidos, potencia identificada como la encarnacin mediocre y cuantitativa de un mercantilismo corruptor y de un despiadado despotismo imperial. No es casual que Rod haya sido fuertemente conmocionado como gran parte de los escritores vinculados al modernismo [xiii] por la intervencin norteamericana en la guerra entre Cuba y Espaa [xiv] . Identificando a los Estados Unidos como el gran peligro para el porvenir y la independencia de Amrica Latina, Rod apela a los personajes simblicos de Shakespeare, creyendo ver en Caliban la sntesis de todo lo detestable de la modernidad imperialista desplegada en forma expansiva desde los Estados Unidos y su sociedad mediocre, cuantitativa, mercantil y vulgarmente materialista; refugindose al mismo tiempo en la parte noble y alada del espritu, es decir, en la espiritualidad cualitativa de la cultura y el arte, condensados metafricamente en el personaje Ariel [xv] .

Quizs Rod apunta Benedetti se haya equivocado cuando tuvo que decir el nombre del peligro, pero no se equivoc en su reconocimiento de donde estaba el mismo [xvi] . Slo por eso, aquel ensayo de Rod merece pasar a la historia, aun cuando su prosa permanezca ms vinculada al siglo XIX que al XX y pueda cuestionarse su interpretacin de los personajes shakesperianos y su homologacin errnea del imperialismo norteamericano con Caliban.

Fernndez Retamar realiza una minuciosa historia de las diversas lecturas y hermenuticas que fueron reconfigurando la significacin poltica y cultural otorgada a cada personaje de la obra de Shakespeare. Lejos de la primera asimilacin modernista (de Rubn Daro y Rod) entre Caliban y Estados Unidos, la conclusin de su ensayo apunta a sealar que Caliban sintetiza y condensa como personaje conceptual el conjunto de problemticas de los pueblos de Amrica latina y el Tercer Mundo sometidos, explotados y sojuzgados por el imperialismo. Nuestro smbolo no es pues Ariel, como pens Rod, sino Caliban [xvii] .

A diferencia de lo que sucede con Caliban, en el caso del personaje Ariel, Fernndez Retamar no cuestiona la interpretacin habitual que lo identifica desde el uruguayo Rod y el cubano Julio Antonio Mella hasta el martiniqueo Aim Cesaire, pasando por los argentinos Anbal Ponce y Deodoro Roca, entre otros con la figura del intelectual [xviii] .

Si la discusin tradicional sobre La tempestad que Fernndez Retamar recupera tomando partido y hacindose eco de polmicas anteriores ha girado en torno a la disyuntiva sobre qu representan Caliban y Ariel, en los ltimos aos un nuevo personaje de la obra, hasta ayer en segundo plano, ha ganado la atencin y entrado en la palestra del debate. Se trata de la bruja Sycorax, madre de Caliban, que segn Shakespeare opera con hechizos, sapos, escarabajos y murcilagos [xix] . Ese personaje endemoniado y aparentemente difuso, siempre opacado y en un segundo plano, es recuperado con gran acierto y lucidez por el pensamiento feminista marxista de nuestros das [xx] .

 

Los conversos y su obsesin contra la historia

Uno de los tantos pasajes altamente sugerente (aunque escasamente transitado) del libro de Fernndez Retamar es su intervencin crtica y polmica hacia el escritor mexicano Carlos Fuentes [xxi] .

Se conoce que este famoso intelectual y novelista mexicano, idelogo de la revista Mundo Nuevo financiada por la CIA y la Fundacin Ford, ha sido un converso, como tantos otros. Tambin se sabe que ha formado parte de todo un elenco que alquil su pluma al servicio de causas poco nobles (staff en el que Retamar incluye a Guillermo Cabrera Infante, Emir Rodrguez Monegal, Severo Sarduy, entre otros). Pero a lo que se le ha otorgado inexplicablemente poca atencin es a la especificidad de su intento de elaboracin de argumentos para legitimar sin culpas su conversin hacia la derecha y su abandono de antiguas simpatas izquierdistas.

Fuentes se esfuerza por ridiculizar lo que denomina, peyorativamente, la vieja obligacin de la denuncia (un eufemismo para rechazar el ejercicio del pensamiento crtico de escritores en particular e intelectuales en general). Lo hace a partir de ciertos ademanes estructuralistas, por entonces a la moda. Slo a partir de la universalidad de las estructuras lingsticas pueden admitirse, a posteriori, los datos excntricos de nacionalidad y clase, afirmaba el mexicano hacia fines de los 60.

No es este el lugar para profundizar en la epistemologa implcita en ese tipo de aseveraciones tericas. Pero s resulta til identificar y destacar el estilo de pensamiento y de mtodo comn a varias generaciones de intelectuales conversos, que habitualmente comienzan en la rebelda de izquierda y terminan en la derecha, la institucionalidad y la comodidad mediocre del orden establecido.

Al leer la argumentacin de Fuentes (y la crtica de Fernndez Retamar) nos sorprendimos. Porque un par de dcadas ms tarde, nos volvemos a chocar prcticamente con los mismos lugares comunes de Fuentes en las justificaciones de otra camada intelectual, en este caso argentina, tambin proveniente del marxismo y convertida con entusiasmo a la socialdemocracia [xxii] . Si en Fuentes el seuelo terico de la conversin poltica resida en el estructuralismo lingstico; en este ltimo caso, la apelacin al abandono de los criterios metodolgicos marxistas, del anlisis de clase, por un lado, y de toda perspectiva antimperialista, por el otro, se fundamentaba en una lectura sesgada de Michel Foucault.

Desde ese ngulo, una parte significativa de este elenco argentino postulaba una visin posestructuralista de la historia como si sta consistiera en el suceder azaroso y caprichoso de capas geolgicas sin ninguna conexin ni continuidad entre s. En nombre de la crtica de una concepcin hegeliana (basada, supuestamente, en el mito del origen y en la teleologa), se terminaba prescribiendo el abandono de cualquier aproximacin unitaria a la historia de Nuestra Amrica, a la continuidad de sus luchas y resistencias a lo largo de perodos extensos, incluso de siglos; en consecuencia se terminaba negando la supervivencia de cualquier tradicin (que no sea la del mercado y la democracia tal como ellos la entienden).

De ese modo la historia termina acadmicamente descuartizada dcada por dcada (muy al estilo de los proyectos de investigacin universitarios, donde jams hay continuidad entre una poca y otra; cuanto ms detallista, descontextualizada y despolitizada la investigacin, mejor, ms posibilidades de obtener dinero y financiacin tiene).

En nombre del paradigma (Thomas Kuhn), la formacin discursiva (Michel Foucault) y la problemtica (Louis Althusser), esa metodologa de estudios de historia intelectual destaca y pone en relieve nicamente los cortes y la discontinuidad obturando y cancelando de antemano sin investigacin previa, por puro prejuicio universitario cualquier posibilidad de articular vasos comunicantes entre luchas y resistencias populares de diversas pocas. Sin ninguna posibilidad de encontrar una mnima continuidad y racionalidad en la historia, se esfuma cualquier construccin de una identidad poltica colectiva en la lucha de nuestros pueblos e incluso hasta la existencia misma de nuestra cultura. De all que todo el ensayo Caliban comience intentando responder la pregunta: acaso existe una cultura latinoamericana?.

Si no hay identidad poltica y cultural, tampoco hay sujetos y sin sujetos no hay resistencia ni revolucin. Eso es en definitiva lo que esta gente pretende cuestionar e impugnar [xxiii] .

El gran presupuesto de toda esta operacin ideolgica contra el marxismo, convertida institucionalmente en programa de historia intelectual? La apologa acrtica del especialista profesional y el rechazo explcito de toda politizacin y militancia revolucionaria de la intelectualidad universitaria [xxiv] . De un lado el campo intelectual y del otro el campo poltico (Pierre Bourdieu, ledo en clave sesgadamente profesionalista). De un lado la Academia, del otro lado y bien lejos, la revolucin. Divorcio aplaudido como el mejor de los mundos posibles.

Con ese tipo de argumentos, tan similares a los defendidos por Carlos Fuentes y criticados en Caliban por Roberto Fernndez Retamar, toda una franja de antiguos militantes izquierdistas, marxistas y revolucionarios, se pasaron a las filas de la socialdemocracia tras las dictaduras militares del cono sur y se replegaron en la universidad.

Por eso, para quien escribe estas lneas desde el sur de Nuestra Amrica, resulta tan sugestivo releer una vez ms Caliban. En su inteligente rechazo de las argumentaciones puramente literarias de Carlos Fuentes, Fernndez Retamar adelanta en 1971 el ncleo central de las crticas a muchos conversos y ex izquierdistas de dcadas posteriores

Tienen derecho los conversos a cambiar de bando en las luchas sociales para vivir ms cmodos? Por supuesto que s! Tenemos derecho a no acompaarlos en su desercin y a sospechar de sus relatos apologticos y autojustificatorios, disfrazados de cientificidad acadmica profesional? Si se deja de lado la mala fe, creemos que se nos debe conceder una respuesta igualmente positiva.

A contramano de esa metodologa anti-dialctica (utilizamos la expresin anti porque explcitamente se conforma como una arremetida en toda la lnea contra el pensamiento dialctico), para nosotros la historia no consiste en un caprichoso suceder de capas geolgicas sin ninguna conexin entre s (recordemos las aseveraciones en este sentido que hizo Michel Foucault en su Microfsica del poder). La historia tampoco constituye un proceso sin sujeto (como plantea Louis Althusser en su libro Para una crtica de la prctica terica. Respuesta a John Lewis).

Segn nuestro modo de comprender, la historia constituye el resultado contingente de la praxis colectiva en la lucha de clases. Por s misma, segn nos ensearon Marx y Engels en La ideologa alemana, ella no hace nada. La historia es el mbito donde actan los sujetos. En ese accionar, se producen derrotas y victorias, hay cortes pero tambin continuidades. Luego de feroces represiones, matanzas y genocidios, los vencedores pretenden decretar el fin de la historia (Hitler, Francis Fukuyama, el Pentgono). Contra esa visin oficial, es tarea de los vencidos pasarle el cepillo a contrapelo a la historia, recuperar las luchas del pasado, la memoria de quienes nos antecedieron (Walter Benjamin) y as poder construir una identidad cultural y poltica colectiva como pueblos en lucha y resistencia [xxv] .

Esta concepcin de la historia nos permite abordar nuestra cultura a partir de las luchas histricas, sin fetichismo de los particularismos ni metafsicas deterministas al margen de los sujetos. Las figuras conceptuales que Roberto Fernndez Retamar modela en su Caliban se vuelven inteligibles y dan cuenta, precisamente, de la historia de la colonizacin y la resistencia de nuestro continente en funcin de un proyecto colectivo futuro.

 

Caliban y las insurgencias del siglo XXI

El ensayo de Fernndez Retamar concluye proponiendo un programa para la cultura insurgente de Nuestra Amrica, basado en las reflexiones de Fidel sobre la cultura en los cuales el lder histrico de la revolucin cubana se opone a asimilar la nocin de intelectual con la de un grupo restringido de hechiceros, con un ademn desacralizador que mucho hace recordar los Cuadernos de la crcel y fundamentalmente en los escritos y discursos del Che Guevara. Desde El socialismo y el hombre en Cuba (donde Guevara reflexiona cuestionando el realismo socialista y discutiendo sobre las vanguardias acerca de los artistas, los becarios y otros intelectuales) hasta su clebre reclamo de que todo el mundo cultural y universitario de Nuestra Amrica se pinte de negro, de mulato, de obrero y de campesino, es decir, de pueblo. En palabras de Roberto, el Che le propuso a Ariel, con su propio ejemplo luminoso y areo si los ha habido, que pidiera a Caliban el privilegio de un puesto en sus filas revueltas y gloriosas [xxvi] .

Cuatro dcadas ms tarde de aquellas ltimas palabras profticas con las cuales Fernndez Retamar da la ltima pincelada a su ensayo, el programa poltico-cultural que estructura el discurso anticapitalista y antiimperialista de Caliban sigue quemando. La revolucin no pasa de moda. Sus impugnaciones radicales, no fueron crispaciones propias de una poca ya fenecida en tiempo y espacio, ni tampoco pecadillos infantiles, que habra que aggiornar o directamente abandonar en aras de una amplitud sin fronteras, segn aquella vieja y triste expresin de Roger Garaudy subordinada a la razn de Estado y a las conveniencias diplomticas del momento actual. No. La perspectiva radical, tercermundista, crtica del capitalismo y el imperialismo, continan siendo nuestro faro y nuestra brjula en las aguas turbulentas del siglo XXI. Seguimos marchando colectivamente en bsqueda de la tierra prometida y combatiendo contra los molinos de viento del capital. A veces cometemos errores o nos convertimos, involuntariamente, por nuestras propias limitaciones, en la armada Brancaleone. Otras, en cambio, logramos construir fuerzas sociales insurgentes con proyectos serios y a largo plazo. Pero siempre vamos, porfiados, en la misma direccin. No nos detendrn.

En estos tiempos Prspero (sojuzgador de Caliban en La tempestad) es ms lcido, cnico y astuto que en los aos 60 y 70. Se disfraza de progresista para mantener a raya al pueblo e institucionalizar sus demandas radicales. Si en la obra de Shakespeare Caliban adopt el lenguaje de Prspero, en nuestra poca este ltimo incorpora smbolos de rebelda calibanesca para aggiornarse, mediante una revolucin pasiva, manteniendo intactas las estructuras de la dominacin, explotacin, marginalidad y dependencia.

Hoy ms que nunca Caliban necesita estrechar lazos con Ariel (el amauta de la isla) para emprender la batalla cultural contrahegemnica. Maritegui propuso superar a Rod [xxvii] , pero su reelaboracin del marxismo en clave cultural (no economicista), permitira tranquilamente identificar en la figura del amauta el saber colectivo de la comunidad a un Ariel resignificado desde los pueblos originarios y desde la tradicin de Nuestra Amrica. El programa de Amauta (la revista de Maritegui) recupera y supera el Ariel dejando caer todo lastre de tentacin aristocratizante o marca eurocntrica (como cierto culto a Grecia que aun sobrevive en Rod [xxviii] ). No es Grecia el subsuelo presupuesto en las insurgencias y los combates emancipadores de Caliban sino los pueblos originarios insumisos y la clase trabajadora en lucha.

A despecho de lo que decretaron los relatos posmodernos, multiculturales y posestructuralistas (que no nacieron, dicho sea de paso, ni en la selva Lacandona ni en las favelas, villas miserias o cantegriles de Nuestra Amrica, sino en lo ms elitista y snob de la Academia parisina y neoyorkina), Caliban no ha desaparecido. El sujeto no se ha esfumado en un abanico indefinido y polvoriento de inofensivos juegos de lenguaje. Por el contrario, hoy Caliban tiene muchos hijos e hijas, cada vez ms rebeldes. La revolucin cubana ya no est sola como cuando Roberto Fernndez Retamar escribi su Caliban. La isla, perdn, quise decir, Nuestra Amrica, est poblada por indomesticables calibanes. Prspero, a pesar de su keynesianismo armamentstico de guerra infinita, su gigantesco complejo industrial-militar y sus marines con mal aliento, tiene miedo. Por eso cada vez se pone ms agresivo y guerrerista, instalando siete nuevas bases militares en Colombia tratando de frenar infructuosamente a la insurgencia comunista y bolivariana de las FARC-EP (y al ELN).

Mientras tanto lanza su IV flota imperial a recorrer y vigilar los mares, preparndose para futuras invasiones y bombardeos que van dejando tras de s una estela tenebrosa de miles y miles de cadveres (Afganistn, Irak, Libia, etc, etc). En nombre de la libertad, generaliza la vigilancia ciberntica de todos los ciudadanos y a escala mundial, metindose en la vida privada de todas las personas, instalando cmaras de control cada medio metro, en cada cuadra, cada manzana y cada esquina, inspeccionando quien retira qu libro en cada biblioteca del planeta con una obsesin que hara sonrojar de vergenza por su timidez al senador McCarthy. Su lupa gigantesca repleta de satlites espas e infinitos programas de control tiene bajo la mira la totalidad de la vida humana en el globo terrqueo. Ya no hay conversacin que no sea escuchada ni persona que no sea fotografiada y clasificada.

En ese ambiente represivo y macartista que mucho se parece a 1984 y otras novelas de futurologa antiutpicas, si hay una nueva tempestad ser mucho peor que la que describi Shakespeare en su obra de teatro. Este sistema capitalista, sanguinario, totalitario y mugriento con su civilizacin depredadora, no slo superexplota a la clase trabajadora, degrada a las mujeres, somete y humilla a infinitos pueblos del mundo. Por si acaso todo eso no alcanzara, adems ha destruido el ecosistema y el clima, ya no slo en la isla de La tempestad sino en todo el planeta.

S, en lo oscuro de la noche Prspero se pone nervioso, tiembla y teme. Los calibanes se multiplican bajo su bota prepotente y comienzan a moverse, con paciencia de hormiga y persistentemente a lo largo del tiempo. Las demandas de cambio se manifiestan a travs de diversas formas de lucha, desde experiencias institucionales como el proceso bolivariano en Venezuela (con todas sus contradicciones internas), pasando por movimientos sociales de masas (como el Movimiento Sin Tierra de Brasil, entre otros) hasta el accionar de la insurgencia poltico militar (que no ha desaparecido ni es un recuerdo nostlgico de los aos 60). Permanece an pendiente la construccin de una coordinacin continental que reagrupe y aglutine esas variadas formas de lucha como propona un muchacho de mi barrio llamado Lenin. Para ello habr que superar sectarismos, pero tambin oportunismos reciclados en nombre de la conveniencia diplomtica.

Esa lucha no queda reducida a Nuestra Amrica. All, apenas un par de pasitos ms lejos y al otro lado del agua, sigue resistiendo de pie y gran dignidad la justa lucha de nuestros hermanos palestinos y el pueblo vasco que reclama, con terquedad, independencia y socialismo, mientras en Europa, en el norte de frica e incluso al interior de los mismos Estados Unidos se generalizan la indisciplina social, las protestas radicales y la desobediencia civil.

Tanto Caliban como sus hijos y sus hijas, en Nuestra Amrica y en todo el mundo, debern rechazar los cantos de sirena que hoy los invitan en nombre de la razn de estado, del pragmatismo geopoltico e incluso del mercado convertido en nueva panacea a volver con la cabeza gacha al regazo de Prspero.

Una de las grandes tareas del Ariel amautense o del amauta arielizado consiste en crear los instrumentos culturales y tericos contrahegemnicos que permitan, con eficacia y suficiente atractivo para la juventud, contrarrestar esos envenenados cantos de sirenas. Nada mejor que los saberes rebeldes de las brujas insumisas de Nuestra Amrica para combatir el encantamiento fetichista de las sirenas mercantiles. Caliban contra Prspero. Las brujas desobedientes contra las sirenas del marketing. Ariel, transformado en amauta insurgente, contra la mediocridad de los tartufos mediticos promovidos por el imperio del dlar y el euro.

Gran razn tena el Manifiesto Comunista de Marx y su amigo, Federico Engels. La historia latinoamericana (y mundial) no es ms que la historia de la lucha de las clases y pueblos sometidos contra el poder. De eso se trata.

En pleno siglo XXI, Caliban sali de la isla y comenz a luchar contra Prspero en todo el continente. Pero ya no pelea aislado sino en compaa y estrecha unidad con la bruja y con Ariel. Slo la convergencia estratgica de los tres en un nuevo bloque histrico como ensea Antonio Gramsci podr derrocar el poder econmico, poltico y militar de Prspero.

Es esa alianza estratgica entre Caliban y el amauta (Ariel resignificado), articulada con los saberes sometidos y el cuerpo explotado de la bruja, la nica que podr enfrentar al feroz imperialismo de Prspero. La rosa blindada, smbolo de la cultura insurgente que los une, servir para enfrentar con valor y decisin la violencia sistemtica del capital.

Hoy el capitalismo, en medio de su crisis civilizatoria, asume con cinismo la pose de tolerante, humanitario, pluralista y multicultural. Si logramos mirar ms all de la punta del zapato, de poco le servir ese disfraz.

La insurgencia popular y la revolucin que pronto har justicia continan su marcha. Al lado nuestro vienen todos nuestros muertos y desaparecidos. Siguen sonando los tambores de la rebelin. Cada vez se escuchan ms fuerte y ms cerca. Los poderosos estn nerviosos y tienen miedo, por eso aumenta su agresividad. Prspero sabe que a largo plazo perder ya no slo la isla sino todo el continente y el mundo.

Boedo, julio de 2011

NOTAS

[i] El trabajo fue publicado originariamente en el N68 de la revista cubana Casa de las Amricas, en septiembre-octubre de 1971, bajo el ttulo colectivo: Sobre cultura y revolucin en la Amrica latina. Ese nmero de la revista era el tercero dedicado a las discusiones del caso Heberto Padilla y todo el debate que se gener a partir de una carta pblica redactada por Vargas Llosa y suscripta por varios intelectuales en Europa que cuestionaban la encarcelacin de ese escritor.

[ii] La primera que utilizamos fue Caliban. Incorporado al libro Para el perfil definitivo del hombre. La Habana, Letras Cubanas, 1995. pp. 128-181. La segunda Todo Caliban. Chile, Cuadernos Atenea, 1998. La tercera Todo Caliban [Prefacio de Fredric Jameson]. Buenos Aires, CLACSO, 2004.

[iii] Hemos reconstruido las lneas centrales de esos debates en nuestro ensayo: La pluma y el dlar. La guerra cultural y la fabricacin industrial del consenso. En Casa de las Amricas N 227. abril-junio 2002. Sobre esta misma problemtica puede adems consultarse con provecho Mara Eugenia Mudrovcic: Mundo Nuevo. Cultura y Guerra fra en la dcada del 60. Buenos Aires, Beatriz Viterbo, 1997 (estudio focalizado en el caso latinoamericano) y el formidable volumen de Frances Stonor Saunders: La CIA y la guerra fra cultural. Madrid, Editorial Debate, 2001 (donde se privilegia el abordaje de Europa y los Estados Unidos) .

[iv] Hemos tratado de profundizar en esas diversas fases polticas y culturales en nuestro ensayo Pensamiento Crtico y el debate por las ciencias sociales en el seno de la Revolucin Cubana. Recopilado en AAVV: Crtica y teora en el pensamiento social contemporneo . Buenos Aires, CLACSO, 2006. pp.389-437. Tambin hemos intentado delimitar y recorrer esas pocas polticas y culturales en un libro pedaggico dedicado a sistematizar la historia de la revolucin cubana, desde Jos Mart a Fidel Castro [titulado Fidel para principiantes. Buenos Aires, Longseller, 2006. Traducido al ingls como Fidel: A Graphic Novel Life of Fidel Castro. New York, Seven Stories, 2009. (Edicin cubana en preparacin)].

[v] Aun manteniendo idntico ngulo y perspectiva (antiimperialista y anticapitalista) para la cultura, no podemos desconocer ni soslayar algunos cambios notables en los escenarios e instituciones de confrontacin. Si en tiempos de la redaccin de Caliban la principal penetracin de los aparatos de inteligencia estadounidense giraba en torno a los espacios de crtica literaria (donde se ubican las revistas, financiadas por la CIA y la Fundacin Ford, Cuadernos y Mundo Nuevo) y alrededor de los programas de ciencias sociales (en cuyo seno aparecan los proyectos Camelot y Marginalidad, con los mismos mecenazgos norteamericanos encubiertos); durante los ltimos aos el inters poltico, la forma de intervencin y el financiamiento de las agencias del imperialismo se desplazaron hacia ONGs y organizaciones supuestamente humanitarias, como la NED [ National Endowment for Democracy ] y USAID [U.S. Agency for International Development] . Para el caso de las ciencias sociales en los aos 60 vase la revista cubana Referencias N1 (volumen 2, mayo-junio de 1970), nmero temtico ntegramente dedicado a la temtica: Imperialismo y ciencias sociales. Referencias era una publicacin editada formalmente por el Partido Comunista de Cuba de la Universidad de La Habana y sala en forma paralela a Pensamiento Crtico. Para identificar los desplazamientos actuales de la forma de operar del imperialismo, v ase Eva Golinger y Jean Guy Allard: USAID, NED, CIA, la agresin permanente. En:

http://www.rosa-blindada.info/b2-img/agresionpermanente.pdf

[vi] Pueden consultarse los diversos escritos y estudios de Roberto Fernndez Retamar sobre Borges en su libro Fervor de la Argentina. Buenos Aires, Ediciones del Sol, 1993. pp. 29-44.

[vii] Sobre quien se explaya en un artculo posterior titulado Caliban ante la atropofagia (1999, incorporado como suplemento a la edicin de 2004 ya citada).

[viii] Vase nuestra entrevista a Fernando Martnez Heredia Cuba y el Pensamiento Crtico. La entrevista fue realizada en La Habana el 19 de enero de 1993, publicada en Dialktica N 3-4, Buenos Aires, octubre de 1993 y reproducida en Amrica libre N5, junio de 1994. Incorporada a nuestro libro De Ingenieros al Che. Ensayos sobre el marxismo argentino y latinoamericano. Buenos Aires , Biblos, 2000. Prlogo de Michael Lwy. Reedicin cubana con prlogo de Armando Hart Dvalos. La Habana, Instituto Cubano de Investigacin Cultural Juan Marinello, 2008.

[ix] Muchos aos despus, Roberto Fernndez Retamar volver sobre esa comparacin, principalmente en su ensayo Algunos usos de civilizacin y barbarie. Buenos Aires, Contrapunto, 1989, reeditado, tambin en Buenos Aires, en 1993 por Letra Buena.

[x] Debemos recordar que en Argentina no slo la tradicin del viejo Partido Socialista (fundado por Juan Bautista Justo en 1896) fue sarmientina. Tambin el Partido Comunista escisin del socialismo nacida en 1918 bebi de las mismas fuentes. Su mximo pensador y terico, Anbal Norberto Ponce (de gran influencia en el joven Ernesto Guevara), le dedic incluso varios de sus libros e hizo suyas muchas de las equivocaciones de Sarmiento (al final de su vida, en su exilio mexicano, Ponce comenz a revisar su adhesin a las tesis racistas y coloniales de Sarmiento y public cinco artculos titulados La cuestin indgena y la cuestin nacional, Mxico, 17 de noviembre de 1937 al 4 de febrero de 1938). Su temprana muerte le impidi continuar esa frtil reflexin que descolocaba totalmente el paradigma sarmientino de civilizacin o barbarie. Vase Anbal Ponce Obras completas. Buenos Aires, Cartago, 1974. Tomo 4, pp. 657-667. Pero no slo el socialismo y el comunismo argentinos fueron entusiastamente sarmientinos. Hasta un intelectual de inspiracin trotskista dotado de gran erudicin historiogrfica probablemente uno de los principales exponentes de esta constelacin poltica, ubicada a la izquierda del PS y del PC, termin rindiendo homenaje y tributo a Sarmiento (aunque ledo en este caso como un intelectual moderno carente de una burguesa pujante que pudiera llevar a cabo su proyecto modernizador). Vase Milcades Pea: Alberdi, Sarmiento, el 90 . Buenos Aires, Editorial Fichas, 1973. Al menos en estas tres corrientes de izquierda Sarmiento fue hegemnico. Para una mirada mucho ms atractiva y sugerente, realizada desde el marxismo, pero con un punto de vista crtico, creemos que la obra de David Vias resulta fundamental. Vase David Vias: De Sarmiento a Cortzar. Buenos Aires, editorial Siglo Veinte, 1971 y De Sarmiento a Dios. Buenos Aires, Sudamericana, 1998.

[xi] Vase Roberto Fernndez Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 19.

[xii] Antes que Rod, Ernest Renan (1878) y Paul Groussac (1898), entre otros, haban apelado a La tempestad para pensar los problemas polticos y culturales contemporneos pero en Rod el planteo analgico alcanza realmente otra dimensin.

[xiii] Vase Roberto Fernndez Retamar: Modernismo, 98, subdesarrollo. En Para el perfil definitivo del hombre. Obra citada. pp.120-127. En ese movimiento (nacido antes en Nuestra Amrica que en Espaa), adems de Rod, obviamente se encuentran Rubn Daro y uno de sus principales iniciadores, Jos Mart. Vase nuestra introduccin al libro de Armando Hart Dvalos: Marx, Engels y la condicin humana. Una visin desde Latinoamrica. Melbourne, Ocean Press, 2005. La vitalidad del pensamiento radical latinoamericano. pp. 3-17. A travs de los manifiestos de la Reforma Universitaria de 1918 nacida en Crdoba, esa prdica modernista prolonga sus ecos y entonaciones antimperialistas en todo el continente y a lo largo de varias dcadas del siglo XX. Hemos tratado de mostrar el modo en que la Reforma Universitaria jug el papel de mediacin entre el modernismo de fines del siglo XIX y la cultura antiimperialista del siglo XX en un caso emblemtico: el del redactor del Manifiesto fundacional de todo el movimiento en 1918. Vase nuestro libro Deodoro Roca, el hereje. (El mximo idelogo de la Reforma Universitaria de 1918 hoy olvidado por la cultura oficial). Buenos Aires, Biblos, 1999. pp.17 y sig.

[xiv] Vase Mario Benedetti: Genio y figura de Jos Enrique Rod. Buenos Aires, Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA), 1966. p. 39.

[xv] Vase Jos Enrique Rod: Ariel. Buenos Aires, Losada, 1996. pp. 49-50. Tambin Rubn Daro homolog a Caliban con Estados Unidos.

[xvi] Vase Mario Benedetti: Genio y figura de Jos Enrique Rod. Obra citada. p. 95.

[xvii] Vase Roberto Fernndez Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.33

[xviii] Vase Roberto Fernndez Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p.34 y sig.

[xix] Vase William Shakespeare: La tempestad. En Obras completas [traduccin y estudio preliminar de Luis Astrana Marn]. Madrid, Aguilar, 1951. p. 2034.

[xx] Para una discusin de los personajes, ledos al mismo tiempo en clave feminista y marxista (desde un ngulo crtico con el feminismo liberal y posmoderno), vase el excelente libro de Silvia Federici: Caliban y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulacin originaria. Madrid, Traficantes de sueos, 2010. Principalmente p.288 y sig. Una obra contundente, demoledora y de largo aliento que permite repensar no slo los personajes de Shakespeare analizados por Fernndez Retamar en Caliban sino incluso El Capital y la concepcin materialista de la historia de Marx y todo el sojuzgamiento de Amrica Latina y el Tercer Mundo.

[xxi] Vase Roberto Fernndez Retamar: Todo Caliban. Obra citada. pp.56-60.

[xxii] Se trata de todo un conglomerado intelectual de orgenes diversos, pero unificado en su variedad por el comn rechazo de sus antiguas militancias marxistas, agrupado en torno al Club de Cultura Socialista, de inspiracin socialdemcrata y de llegada directa a varios gobiernos, universidades y editoriales en Argentina.

[xxiii] No es casual que uno de los principales exponentes tericos de toda esta constelacin ideolgica, el profesor Oscar Tern (autor de una obra muy prolfica e impulsor de varios proyectos institucionales de historia intelectual, principalmente en las universidades de Argentina y Mxico, donde ha hegemonizado a varias camadas de investigadores acadmicos) comience uno de sus libros de esta manera: Precisamente si alguna vez reconsiderara algunos de los contenidos de la interpretacin sobre Maritegui aqu sustentados, la nocin de revolucin debera ser uno de los objetos tericos sujetos a revisin. Vase Oscar Tern: Discutir Maritegui. Mxico, Universidad Autnoma de Puebla, 1985. pp. 9-10. El mismo criterio lo condujo a revisar e impugnar el conjunto de la cultura de izquierda revolucionaria en Argentina (donde l comenz militando de joven, cuando integraba una organizacin guerrillera marxista) en su libro Nuestros aos sesentas. Buenos Aires, Puntosur, 1991. La metodologa obviamente crtica del marxismo y la dialctica y deudora del giro lingstico que convierte a todas las luchas en inofensivos objetos de discurso, que se encuentra presupuesta en este singular Programa de historia intelectual, puede encontrarse explicitada en la seleccin y presentacin de Oscar Tern a Michel Foucault: El discurso del poder. Mxico, Folios Ediciones, l983.

[xxiv] Sobre este fenmeno, que evidentemente no es exclusivo de Amrica Latina, resulta aleccionadora la reflexin de Fredric Jameson en su Prefacio a la edicin estadounidense de Caliban [Minneapolis, University of Minnesota Press, 1989]. Vase Todo Caliban. Obra citada. Particularmente p. 13.

[xxv] Hemos tratado de desarrollar este argumento en Nuestro Marx. Caracas, Misin Conciencia, 2011. pp. 68, 472-474 y sig.

[xxvi] Vase Roberto Fernndez Retamar: Todo Caliban. Obra citada. p. 71.

[xxvii] Vase Jos Carlos Maritegui: Aniversario y balance, Editorial de Amauta, 1928. En Jos Carlos Maritegui: Obras . La Habana, Casa de las Amricas, 1982.

[xxviii] Vase Jos Enrique Rod: Ariel. Obra citada. Las referencias a Grecia, entendida como modelo arquetpico de la cultura opuesto a la civilizacin de los Estados Unidos (un motivo comn a gran parte de los exponentes del modernismo latinoamericano), pueden encontrarse en pp. 54, 67, 80, 111 y 130.



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