Portada :: Colombia
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-07-2011

La burocracia intelectual de la guerra y la creacin de una nueva historia oficial sobre la violencia

Renn Vega Cantor
Rebelin

Con la mal llamada Ley de Vctimas se abre el camino a una nueva historia oficial, cuyo relato se centra en negar las causas histricas del conflicto armado en Colombia y se fortalece una memoria oficial, la de la oligarqua colombiana, una memoria mutilada y fragmentada que sirve al capitalismo salvaje a la colombiana para presentarse como una victima ms de la guerra y ocultar su protagonismo como el responsable del genocidio continuado que ha desangrado a este pas durante los ltimos 65 aos.


La llamada ley de Vctimas es un decreto demaggico e insustancial que no ataca los problemas de fondo que han originado la tremenda impunidad que encubre el terrorismo de Estado, entre otras razones porque el Estado no asume ninguna responsabilidad en la violencia, como si hubiera sido, y lo siguiera siendo, una mansa paloma. En la mencionada ley se incurre en el esperpento de sealar que hasta los militares forman parte de las vctimas (Artculo 3, pargrafo 1). Tamao despropsito no se compadece con la historia de horror en que se han visto involucrados los cuerpos represivos del Estado en los ltimos 50 aos, sobresaliendo como el hecho ms reciente los denominados falsos positivos, un nombre elegante para referirse al asesinato de ms de tres mil colombianos por parte del Ejrcito.

Cuando se plantea el asunto en estos trminos, se est incurriendo en una tremenda falsificacin de la historia colombiana, para negar las races histricas del conflicto interno y para ocultar la responsabilidad de las clases dominantes y de su Estado en la perpetuacin de la violencia en este pas hasta el momento actual.

Para hacer posible esta maniobra orquestada de maquillaje han sido funcionales la mayor parte de los violentologos y de los pazlogos (expertos en la paz) una gran cantidad de los cuales fueron uribistas, y ahora son santistas. Estos violentlogos, unos verdaderos mercenarios en el campo del intelecto, se han dado a la tarea de lavarle la cara al capitalismo criollo, a cambio de unas cuantas migajas. Estos violentlogos son los que han hecho del tema de la violencia no tanto un asunto de reflexin sino una forma de vivir. Para ello, han creado ONGs, fundaciones, institutos de investigacin, a travs de las cuales han recibido cuantiosos fondos en moneda dura (lase euros o dlares) de entidades ligadas en forma directa con los intereses imperialistas, como la Fundacin Ford, la Unin Europea y la USAID, entre otras.

Esos violentlogos se autoproclaman como los representantes de la sociedad civil, una nocin por completo insustancial y sin sentido alguno, pero que les sirve para presentarse como intelectuales de avanzada y obtener reconocimiento tanto dentro como fuera del pas, lo que es otra forma de decir que se cotizan en el mercado del conocimiento como los expertos nmero uno en el tema de la violencia, a cambio de lo cual obtienen cuantiosos dividendos. Son los mismos que aparecen como expertos en todos los asuntos que guardan relacin con la guerra y la paz y continuamente son invitados por canales de televisin a que den sus doctas opiniones, en las cuales difcilmente se encuentra una idea crtica del capitalismo criollo, algo que ha desaparecido por completo de su imaginario. Se han convertido en asesores de presidentes, ministros o alcaldes en materia de seguridad y brindan consejos al respectivo prncipe sobre la forma como deben hacer la guerra y le dan sugerencias al Ejrcito sobre las tcticas y estrategias ms eficientes que deben emplear en el campo de batalla para salir triunfadores, al tiempo que piden que se inviertan ms recursos en comprar aviones y helicpteros para bombardear a la gente del campo, as como alaban todos los resultados positivos de las acciones contrainsurgentes y el refinamiento en el arte de matar por parte del Estado.

Estos mismos violentlogos se convirtieron en una de las columnas centrales, de tipo ideolgico, del rgimen uribista y ahora continan por esa misma senda durante el rgimen santista. Uno de sus tericos de cabecera vendi la idea que Colombia es una democracia asediada por los violentos y el Estado es una de las victimas y luego puso en circulacin la ocurrencia funcional del uribismo de que nos encontramos en la etapa del posconflicto. Ese mismo individuo presidi durante los ocho aos de AUV la Comisin Nacional de Reparacin y Reconciliacin (CNRR) y ahora, como para que no quede duda del carcter burocrtico de su labor, forma parte de la junta directiva del Fondo de Vctimas de la Corte Penal Internacional (CPI).

En la prctica, esos violentlogos contribuyeron a escribir una nueva historia oficial de la violencia en Colombia, muy en sintona con la llamada historia revisionista, que practica un individuo como Eduardo Posada Carbo (ver ese conjunto de ocurrencias sin sentido histrico que se encuentran en ese libelo de mal gusto titulado La nacin soada), que pretende convencernos que este pas es un remanso de paz, democracia y libertad, con unas instituciones slidas y, adems, se deleitan en alabanzas a la Constitucin de 1991 como el mximo logro de nuestra pretendida civilidad.

Esos violentlogos han copado los pocos espacios de opinin que existen en este pas. Son indistintamente investigadores o directores de investigacin de proyectos avalados por COLCIENCIAS, por la ONU o por cualquier ente burocrtico nacional o extranjero, siempre y cuando entreguen dinero, manejan departamentos y programas acadmicos en universidades pblicas y privadas (el IEPRI de la Universidad Nacional, Departamentos de Ciencias Polticas, Corporacin Nuevo Arco Iris). Los peridicos y revistas tradicionales de la oligarqua (El Tiempo, El Espectador, El Colombiano, Semana) les han abierto sus pginas para que escriban columnas en las que, codendose con sicarios de pluma de la extrema derecha, alaben al Estado colombiano, al Ejrcito, al Plan Colombia, a la intervencin estadounidense como medidas necesarias para acabar con el terrorismo, porque con muy contadas excepciones, el grueso de los violentlogos ha asumido la misma matriz analtica de las clases dominantes de este pas y del imperialismo.

No por casualidad, los violentlogos y pazlogos han contribuido a difundir el trmino de victimas para referirse indistintamente a antagnicos sectores sociales y polticos, porque con este lenguaje lastimero se le quita el carcter poltico y consciente de lucha a sujetos que han resistido la opresin y han defendido su dignidad (y por eso sera mejor llamarlos vencidos) y para cerrar el cuadro se le asigna el mismo carcter a quienes han enfrentado la injusticia (ubicados en el espectro poltico en la izquierda y pertenecientes a comunidades campesinas, indgenas o de trabajadores), como a los que forman parte de organismos criminales por excelencia (como son las fuerzas armadas de Colombia).

Ahora, para completar, la Ley de Victimas va a fundar una extendida burocracia en diversos mbitos, entre la que sobresale la creacin de un Sistema Nacional de Atencin a las Victimas, que reemplaza a la intil Comisin Nacional de Reparacin y Reconciliacin. Pero tambin, y es lo que debe subrayarse, se crean otras entidades burocrticas como el Centro de Memoria Histrica, adscrito al Departamento Administrativo de la Presidencia de la Repblica (artculo 146). Aunque en el Pargrafo del artculo 143 se afirme que las instituciones del Estado no impondrn una historia o verdad oficial, la creacin de un Centro de Memoria Histrica, ligada de manera directa a la Presidencia de la Repblica, apunta en la direccin de fortalecer una visin oficial de la historia de la violencia en Colombia, versin que, por lo dems, ya aparece en la Ley de Victimas, porque all ni el Estado, ni sus cuerpos represivos, ni las clases dominantes son responsables de la violencia y el terrorismo oficial. Esta tergiversacin de nuestra historia ya forma parte de la verdad oficial, y es la que los violentlogos y pazlogos han contribuido a reforzar en los ltimos aos desde la CNRR y desde todos los medios de difusin acadmicos y periodsticos en los que participan.

Como la Ley de Victimas tiene una vigencia de diez aos, los negociantes acadmicos de la violencia, deben estarse frotando las manos de jubilo y alegra y deben estar haciendo cuentas con calculadora en mano, porque durante un decenio van a tener asegurado un empleo rentable, como investigadores y asesores en la repugnante tarea de contar muertos o desaparecidos, con lo cual los ms prestigiosos violentlogos y pazlogos aseguran cuantiosos ingresos econmicos, mientras explotan a vasta escala a estudiantes y asistentes de investigacin, los que en realidad efectan las labores duras de recoleccin de informacin y trabajo de campo.

Por supuesto, a cambio de empleo y recursos, los intelectuales de la guerra van a contribuir a fortalecer la historia oficial y la memoria del poder en Colombia, en lo cual ya han avanzado de manera notable al negar todas las barbaridades y crmenes cometidos durante los ocho aos del rgimen narcotraqueto del ordinario finquero que ocup el Palacio de Narquio, al que alaban abiertamente por su poltica de inseguridad antidemocrtica y por devolverle la tranquilidad al pas, porque, entre parntesis, algunos violentlogos tienen finca en las afueras de las grandes ciudades y se regocijan porque son los que pueden viajar por las carreteras del pas. Incluso, esos mismos violentlogos apoyaron, de manera abierta o velada, acciones tan criminales y violatorias del derecho internacional, como la masacre de Sucumbos en marzo de 2008.

As que con la mal llamada Ley de Victimas se abre el camino a una nueva historia oficial, cuyo relato se centra en negar las causas histricas del conflicto armado en Colombia y se fortalece una memoria oficial, la de la oligarqua colombiana, una memoria mutilada y fragmentada que sirve al capitalismo salvaje a la colombiana para presentarse como una victima ms de la guerra y ocultar su protagonismo como el responsable del genocidio continuado que ha desangrado a este pas durante los ltimos 65 aos.

En esa perspectiva, no resulta raro que en lo sucesivo veamos la repeticin constante de imgenes de un cinismo extremo, como aquellas en las que un personaje que por su amplio prontuario criminal ocup la presidencia de la Repblica, se declar victima y perseguido ante las cmaras de televisin. Esto es una simple expresin de la forma -y un anticipo de todo lo que nos espera en materia de memoria- como se est reescribiendo la historia contempornea de la violencia en Colombia, en la que los criminales aparecen como prsperos empresarios y hombres de bien y el resto de colombianos pobres y humildes, que han sido despojados y masacrados por terratenientes, cuerpos represivos y sus paramilitares, son presentados como simples bandidos o terroristas.


(*) Renn Vega Cantor es historiador. Profesor titular de la Universidad Pedaggica Nacional, de Bogot, Colombia.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.




Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter