Portada :: Cuba :: Abu Ghraib acusa a Cuba en Ginebra
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-03-2005

Washington desmoralizado

ngel Guerra
La Jornada


Fuera de Estados Unidos pocos dudan que ese es el pas con menos autoridad moral para criticar a otros por el tema de los derechos humanos y existe conciencia de ello hasta en sectores pensantes dentro de sus fronteras. Prueba fehaciente es que la superpotencia se ha visto forzada a patrocinar la resolucin contra Cuba en este periodo de sesiones de la Comisin de Derechos Humanos (CDH) de la ONU. La razn es que no ha podido encontrar ningn otro gobierno dispuesto a hacerle el favor. Esta situacin es nueva y es el resultado de cambios en la actitud hacia el imperio que se vienen operando en el mundo, particularmente en Amrica Latina. Resulta significativo que Washington no haya podido lograr esa conducta cipaya ni siquiera entre los aquiescentes gobiernos centroamericanos y de los ex pases socialistas de Europa central. Y es que al parecer no se han atrevido a hacer ese papel bochornoso y ridculo en el escenario internacional ni ante su propia opinin pblica. Un cambio sustantivo es el que se ha dado en la percepcin mundial sobre lo profundamente injusto e inequitativo que es este ejercicio anticubano. Ello obedece a una mayor sensibilizacin sobre el carcter violador por naturaleza de los derechos humanos del sistema estadunidense. De la misma manera, a la creciente certeza de que en Cuba, pese a la situacin de cerco en que vive, existen realizaciones nicas en el campo del respecto a los derechos humanos, incluidos derechos polticos, sociales y econmicos que no se observan en la mayor parte de los pases. Expresin clara de esto es el reciente manifiesto firmado ya por miles de intelectuales, acadmicos y figuras pblicas de distintas naciones, al que ltimamente se adhirieron tambin el premio Nobel de literatura Daro Fo, el dramaturgo ingls Harold Pinter y los compositores Mikis Theodorakis y Chico Buarque de Holanda. Influye en la nueva conciencia una visin ms clara sobre la criminal conducta de Estados Unidos una vez que trascendieron las torturas aplicadas por sus militares a los prisioneros en Guantnamo y ms tarde en Abu Ghraib y otras crceles de Irak y Afganistn. Esta visin ha logrado cierto eco incluso en la dcil prensa plana de Estados Unidos donde tambin se manifest cierto debate sobre la procedencia de la designacin como secretario de Justicia de Alberto Gonzales, promotor y justificador de la tortura.

El hecho de que el coloso del norte se quede sin otra alternativa que presentar l mismo la resolucin anticubana pone de relieve lo que el gobierno cubano se ha cansado de repetir. Que este instrumento ha sido siempre de la autora intelectual exclusiva de Washington, independientemente de que otros gobiernos se prestaran a servirle de mscara a partir de 1999. Queda claro que aun cuando los miembros de la CDH integrantes de la frgil Unin Europea ya hayan anunciado que se colocarn al lado del poderoso, el tema de los derechos humanos en Cuba es un espantajo de pura fabricacin estadunidense.

Estados Unidos, por eso, ya est derrotado moralmente en Ginebra antes de la votacin, que muy probablemente pierda pese a sus cuantiosos recursos para ejercer el chantaje y la intimidacin a que acostumbra en las relaciones internacionales, especialmente cuando se trata de lo relacionado con Cuba. La historia esclarecer pormenorizadamente en su momento los motivos de esta obsesin compulsiva, pero desde ahora sabemos que es la independencia lo que el vecino del norte no le perdona a la isla rebelde. La insistencia de la potencia en imponer universalmente un modelo nico, cuyos resultados han sido nefastos, y la consecuencia de Cuba en la defensa de su exitoso sistema propio no han pasado inadvertidos. Otro hecho que constituye una derrota moral para Estados Unidos es el descafeinamiento de su proyecto de resolucin, casi vacuo, cuyo nico objetivo sera continuar manteniendo a Cuba bajo escrutinio en el tema de los derechos humanos, ya que se ha dado cuenta que el clima existente en la CDH condenara de antemano a la derrota un texto ms explcito. La derrota de la mocin anticubana contribuira al rescate del mermado prestigio de la CDH, pero incluso en el muy improbable caso que pasara expondra como nunca su carcter politizado, selectivo y discriminatorio. La derrota tendra tambin el efecto de aislar ms a Washington en su poltica de agresin contra La Habana y lo privara de ese pretexto para continuar escalndola.

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