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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2011

Contra el Estado del bienestar

Manuel M. Navarrete
Rebelin


Leo en comunicados de la izquierda oficial (e incluso en comunicados de sectores de la izquierda extraparlamentaria) una defensa del Estado del bienestar que me parece muy peligrosa. Y no por una cuestin de purismo, sino, sencillamente, por una cuestin de internacionalismo. Una cosa es defender con uas y dientes las reformas logradas (cosa en la que todos estamos de acuerdo) y otra muy diferente aceptar, como paquete, como proyecto, eso que vino a llamarse Welfare State y que, por decirlo claramente, slo fue posible sobre la base de la explotacin del Tercer Mundo.

Es obvio que defender el Estado del bienestar implica abandonar la perspectiva de Rosa Luxemburgo, en la cual la reforma no es un fin en s mismo, sino un medio hacia la revolucin. Pero implica, adems, una grave incomprensin del carcter de clase del Estado, precisamente en un contexto histrico en el cual dicho carcter ha quedado meridianamente claro. De nuevo, slo un punto de vista internacional puede ayudarnos a comprender la realidad, al constatar que fue la correlacin de fuerzas a nivel mundial la que, tras las revoluciones socialistas y los movimientos de liberacin nacional, invitaba a los capitalistas a efectuar concesiones y polticas preventivas. Ahora, una vez derribado el campo socialista, sobornados los sindicatos y desarticuladas las organizaciones obreras en todo el mundo, el capital ejecuta su contraofensiva.

Sin embargo, la socialdemocracia, a pesar de estar recibiendo su refutacin ms definitiva por parte de los propios hechos, vuelve a ponerse de moda. Para qu colectivizar los medios de produccin, intercambio y distribucin? Basta con resucitar el modelo social europeo (como sugiere CCOO), incrementar los impuestos directos as como su progresividad (como sugiere Vicen Navarro) y, como mucho, crear una banca pblica -sin nacionalizar, faltaba ms, la privada- o alguna especie de Tasa Tobin (como sugiere ATTAC).

Problema? Que, en un capitalismo globalizado, los neoliberales tienen la razn: si haces eso, Moodys rebaja tu rating, tu deuda se incrementa automticamente y las empresas, simplemente, se deslocalizan y se van a otro pas donde encuentren condiciones ms ventajosas, hundiendo tu economa. La socialdemocracia, sencillamente, ha devenido imposible. Por eso hoy da los reformistas son ms utpicos que los revolucionarios: una salida de izquierdas para la crisis es imposible desde un punto de vista estrictamente tcnico y sin abandonar el sistema econmico capitalista.

Pero sobre todo, por otro lado y volviendo al principio, el proyecto del Estado del bienestar no puede separarse de su carcter imperialista, ya que las concesiones en las metrpolis del Primer Mundo estn estrechamente ligadas a la sobreexplotacin histrica de las neocolonias. Dicha explotacin ha financiado, en ltima instancia, la economa social de mercado, al producirse una redistribucin internacional de salarios entre los explotados. A consecuencia de dicha redistribucin, los trabajadores del Primer Mundo se han beneficiado objetivamente de la explotacin de sus equivalentes en el Tercer Mundo. Ya lo dijo el Che Guevara en El socialismo y el hombre en Cuba : Cabra aqu la disquisicin sobre cmo en los pases imperialistas los obreros van perdiendo su espritu internacional de clase al influjo de una cierta complicidad en la explotacin de los pases dependientes y cmo este hecho, al mismo tiempo, lima el espritu de lucha de las masas en el propio pas.

Si el nivel de vida no se calculara dividiendo el PNB de un pas nicamente por el nmero de habitantes del mismo, sino que en el denominador ubicsemos a todos los habitantes de otros pases que, de un modo u otro, han contribuido a su riqueza, las estadsticas de los pases imperialistas no seran tan halageas. Por eso, abandonar la perspectiva mundial del proceso de explotacin capitalista supone enmascarar el funcionamiento real del sistema.

La escuela mercantilista afirmaba que el enriquecimiento de una nacin slo se puede hacer a costa del empobrecimiento de otras. En realidad, el mercantilista conceba la riqueza nicamente en forma de metales preciosos, que, obviamente, slo podan incrementarse atesorndolos en el extranjero. Sin embargo, el concepto de riqueza actual no sufre una menor escasez que el de los mercantilistas. De hecho, en la siguiente direccin, http://www.footprintnetwork.org/newsletters/gfn_blast_0610.html, puede descargarse en lengua castellana un estudio del Global Footprint Network (California) que analiza la Huella Ecolgica del ser humano. Este estudio concluye que el nivel de consumo por habitante promedio de Estados Unidos y Europa es imposible de generalizar a toda la poblacin del planeta, porque seran necesarios, respectivamente, 53 (EE UU) y 3 (UE) planetas Tierra para ello.

La genealoga de esta situacin de privilegio tampoco es ningn misterio, ya que figura en los libros de historia. Los pases que experimentaron la revolucin industrial acudieron a los pases precapitalistas por necesidades comerciales, para extraer sus materias primas y para absorber mano de obra barata. A pesar del transcurrir de los siglos, las antiguas colonias, siempre retrasadas en la carrera tecnolgica, slo han logrado especializarse en las lneas de produccin que eran desmanteladas en las metrpolis, generando una nueva dependencia del equipo extranjero.

La herencia histrica del imperialismo ha conllevado la expoliacin de los recursos naturales de las neocolonias por parte de compaas extranjeras, que adems evaden los beneficios obtenidos y los reinvierten en la metrpolis; la distorsin de la estructura econmica mediante la imposicin del monocultivo; el intercambio desigual, debido a que los precios de los productos que exportan los pases subdesarrollados tienden a deteriorarse, mientras los precios de sus manufacturas importadas crecen sin cesar; la deuda externa, a base de crditos con elevados tipos de inters y condicionados a las privatizaciones que fija el FMI

El filsofo Carlos Fernndez Liria, observando las fronteras y las leyes de extranjera, escribi que los ministros de economa europeos proponen que nos encerremos en fortalezas, protegidos por vallas cada vez ms altas, donde poder literalmente devorar el planeta sin que nadie nos moleste ni nos imite. Es nuestra solucin final, un nuevo Auschwitz invertido en el que en lugar de encerrar a las vctimas, nos encerramos nosotros a salvo del arma de destruccin masiva ms potente de la historia: el sistema econmico internacional.

Y esa es la clave. Naturalmente, debemos enfrentarnos a cualquier recorte social. Pero defender el Estado del bienestar es defender un proyecto poltico muy determinado, lo que nos convierte en los cmplices progresistas del Auschwitz invertido del que hablaba Fernndez Liria. Porque el Estado del bienestar es un proyecto contrarrevolucionario de una clase dominante que, atemorizada por las revoluciones del siglo XX, soborn a la clase trabajadora del Primer Mundo para que siguiera callando ante la explotacin del Tercero, abandonando toda perspectiva global y los principios del internacionalismo.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

rCR



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