Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2011

El mercado para legos

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Un nuevo dios recorre el mundo, el mercado. Son muchos quienes temen su presencia. Nada ms pronunciar su nombre se ponen a temblar, les entra el miedo, pierden la compostura y no saben dnde meterse. Entre sus cualidades destaca la omnipresencia. Su sombra cubre el planeta. Quienes lo provocan sufren la ira del supremo. Posee un hambre insaciable, nunca est satisfecho y exige tributos a diario. Las ofrendas tributadas provienen del sector pblico. Traga compaas de electricidad, hospitales, redes telefnicas, de navegacin, viviendas sociales, universidades, etctera. Nunca le hace asco a la privatizacin. Se pierde por la desregulacin. Le encanta ver a los suyos portar viandas llenas de contratos basura, trabajo precario y despido libre. Se pirra por la esclavitud infantil, los inmigrantes sin papeles, la trata de blancas, el desahucio por impago o el lavado de dinero. Se atiborra de corrupcin, fraude fiscal y subidas de IVA. A banqueros, empresarios y trasnacionales les ofrece, a cambio de profesar su doctrina, un trato de favor. Los exonera de impuestos, pagos a la seguridad social y les otorga el plcet para ejercer la usura. Asimismo, les bendice cuando realizan cualquier transaccin donde se cobran comisiones abusivas a costa del sufrimiento de las mayoras sociales empobrecidas.

Invocarlo en vano es una insensatez. Mejor plegarse a sus designios, de lo contrario desata su furia y castiga a los paganos con incertidumbre, miseria, hambre y muerte. Sus seguidores constituyen una secta. Fanticos que practican rituales de sangre cuyo chivo expiatorio, el Estado del bienestar, degellan, ofreciendo su cabeza al capital financiero y las trasnacionales. En su nombre se convocan reuniones internacionales, aquelarres en las cuales prima el despilfarro, acompaado de buenas viandas. Son cnclaves cuyos apstoles se dan a la tarea de redactar homilas y sermones a los infieles. En ellos fijan objetivos e identifican a los enemigos, declarndoles una guerra a muerte. Tras la hecatombe, derrotado el hereje, se le ofrece una paz consistente en la reconstruccin. Es el momento para hacer negocios, repartir comisiones, ahondar en la corrupcin y poner gobiernos conversos. As, el dios mercado se siente satisfecho y pletrico. En caso de resistencia, sus cruzados invaden el territorio permitiendo aumentar los beneficios del complejo industrial-militar, uno de sus ms leales seguidores.

Para venerar al nuevo profeta se erigen catedrales. Entre las ms conocidas, citamos la sede del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organizacin Mundial del Comercio. Asimismo, un lugar rancio se transforma en templo de peregrinacin diaria, las bolsas de valores. De all emanan los orculos para el conjunto de los mortales. Con un lenguaje crptico nos declaman los idus del da. No hay pas, grande o pequeo, rico o pobre, que no se precie de tener, al menos, uno de estos templos. All, tambin ventilan sus pecados y bendicen su suerte. Igualmente posee, como toda religin totalitaria, un tribunal inquisidor, un centro para el control de la fe y la doctrina. En este caso son las agencias de calificacin de riesgos. Con casi un centenar de ellas esparcidas por el mundo, destacan tres: Standar&Poors, Moodys Investor Service y Fitch Ratings. Al ms mnimo desliz se abalanzan sobre el infractor, al cual torturan hasta que se retracte, utilizando todos los mtodos a su alcance. La ortodoxia debe ser garantizada a cualquier precio.

Al nuevo dios no hay nada que se le resista, pertenezca al reino vegetal, animal o mineral. Bosques, selvas tropicales, ocanos, ros, plantas, animales, oro, plata, coltn, petrleo, forman parte de los bienes tributados por sus aclitos. El mercado tiene cara de pocos amigos, siempre est dispuesto a provocar el caos. Aunque todo hay que decirlo, hubo un tiempo donde su poder era escaso y sus adoradores unos pocos cientos. Sin embargo, lentamente, sus discpulos fueron tejiendo redes y ganando adeptos hasta convertirlo en dios de dioses. En esta labor de proselitismo se le atribuyeron milagros como bajar la inflacin, racionalizar los recursos, gestionar mejor y haber vencido al maligno en forma de comunismo. Con su espada justiciera luch contra todo aquel que defendiera polticas de igualdad, pleno empleo, redistribucin de la renta o patrocinara la inversin pblica. Los herejes y resistentes han sido perseguidos. Considerados escoria deben ser destruidos. Slo les queda un camino, entonar el mea culpa. Y para expiar los pecados tendrn que hacer penitencias. La primera y ms destaca consiste en divulgar el evangelio escrito por sus apstoles: Hayek, Von Mises, Smith, Mandeville, Rawls o Friedman.

La economa de mercado se ha impuesto por la fuerza. Sin poder demostrar ninguno de sus milagros, se refugia en la violencia y ejerce la censura. La mejor manera para garantizar su hegemona es recurrir al miedo y sembrar la desesperanza. Cada vez que es combatida se aferra a su profeca: sin mercado no hay vida, intentar controlarlo nos aboca al fracaso como especie. O lo cuidamos y facilitamos su expansin o vendrn tiempos de estanflacin, recesin e ingobernabilidad. No habrn centros comerciales, televisores de plasma en 3D, celulares, ordenadores, pensiones, ni crecimiento. Banqueros y empresarios se vern avocados a despedir a millones de gentes y por ltimo se restringir el uso de tarjetas de crdito. Volveremos a la edad de piedra. Para evitar que la profeca se cumpla y su maldicin caiga sobre nuestras almas, debemos mantenernos firmes. La solucin propuesta es sencilla, hay que apostatar de la democracia, incluso la representativa, la justicia social, la igualdad, la dignidad, la tica, y la cooperacin social para el bien comn. Por favor soltemos amarras y demos la bienvenida al nuevo mesas!!

En la economa de mercado, sus voceros anuncian la salvacin de la humanidad si dejamos actuar su mano invisible mediante la ley de la oferta y demanda. Defensores acrrimos del lucro, la usura, practicantes del individualismo, la moral egosta, la competitividad y el despilfarro, no tienen escrpulos en mentir. Tras aos de predicar las buenaventuras del dios mercado, ninguna de sus promesas se han cumplido. Ms inflacin, desempleo, prdida de derechos sociales y polticos, por tanto involucin en los derechos humanos. La crisis actual lo atestigua. An as, le rezan, ponen velas y brindan las ltimas ofrendas para saciar su hambre de privatizacin, esperando de esa manera colmar su voraz apetito y apacige su ira sacndonos de la crisis. Bienaventurados los incrdulos, de ellos ser el reino del mercado. Amn.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/07/30/opinion/024a1mun



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter