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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-07-2011

Tauromaquia: cultura y heces

Mercedes Cano Herrera y Julio Ortega Fraile
Rebelin


Arrimarse por completo unos a otros en un rincn buscando intilmente proteccin, y que el sistema nervioso parasimptico relaje los esfnteres favoreciendo la salida de heces y de orina, es una reaccin fisiolgica repetida en situaciones en las que seres humanos, aterrorizados y paralizados, se saben a merced de sus agresores sin que para ellos exista opcin para la lucha o la huida, bien por ser inviable o por la propia naturaleza de los prisioneros. Esa imagen, dantesca y sobrecogedora, donde cobra nombre y forma el precio de los ms ruines instintos de algunas mentes perversas y criminales, consigue que se clave en nuestros estmagos el miedo atroz de individuos indefensos e inocentes a punto de morir, as como la cobarda y la crueldad de sus verdugos inconmovibles ante el agudo pavor de las vctimas, de sus vctimas. Slo puede provocar -excepto en aquellos de moral muy yerma o ambicin desmedida- unas lgrimas que no logran diluir la rabia y la afliccin por la escena que la retina enva a nuestro cerebro y que nos desgarra razn y sentimiento.

Pero no siempre son mujeres, hombres y nios los que aprietan entre s sus cuerpos descompuestos en un desesperado e infructuoso intento por escudarse y evitar tan espantoso final: la fotografa que nos ha llegado de siete toros de esos que llaman bravos y que al da siguiente seran toreados en Azpeitia por los matadores Fandio, Mora y Gallo, es la mejor y ms irrefutable prueba no slo de cmo la especie humana comparte respuestas somticas y psquicas con otros animales, sino tambin de hasta qu punto esa pretendida fiereza y agresividad del toro de lidia, no es ms que una miserable mentira, un bulo concebido como parte de una estrategia sobre un mamfero herbvoro y pacfico que en modo alguno siente deseo ni placer por el enfrentamiento fsico, tal y como nos quieren hacer creer para justificar lo injustificable.

Los siete toros, de la Ganadera de los Adolfos, aparecen en la imagen pegados de costillares y arrimados de nalgas a un muro blanco. En la piedra de esa tapia y a la altura de sus anos se observa una mancha longitudinal y continua: es la que dejan sus heces. Porque esas criaturas -cuya retirada ms all es fsicamente imposible- derraman en esa salida cegada a la libertad todo el miedo e indefensin que entra por sus ojos y cuyo cerebro no alcanza a interpretar plenamente pero s a intuir como real, extremo e ineludible.

La cultura de la violencia, de la dominacin, de la tortura, de la sangre, de la impiedad, del dolor y de la muerte. La cultura, en definitiva, de las heces. Esa es la que aplauden desde el mbito taurino y la que el Gobierno les ha brindado a los amantes y negociantes de la Fiesta Nacional, con la aceptacin de su demanda de transferir buena parte de las competencias sobre tauromaquia del Ministerio del Interior al de Cultura, haciendo posible con esa medida que, entre otras ventajas, gocen de descuentos fiscales que se sumarn a sus ya habituales subvenciones millonarias y disfruten de mayor fomento y proteccin, en una campaa incesante de blindaje econmico y tico como respuesta al permanente descenso en el nmero de aficionados y a la creciente sensibilidad en contra de una tradicin que alimenta la ferocidad y el ensaamiento con seres vivos.

A esta decisin viene a sumarse el que en varias localidades espaolas las corridas de toros hayan sido ya declaradas Bien de Inters Cultural. Y como ltimo objetivo del sector de la tauromaquia est el que la UNESCO proclame la lidia como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. No deja de resultar amargamente irnica la alusin a la inmaterialidad en esta denominacin, cuando en las heridas del toro se podra meter un puo, cuando el sayn habr de lavar sus manos para eliminar la sangre derramada por el animal, y cuando se pueden escuchar los estertores de su agona. Los veinte minutos de cada toro en la arena, son tan inmateriales como veinte minutos de torturas de la DINA a presos en Chile o veinte minutos del tormento de Schnauzi, el cachorro de perro al que no hace mucho un malnacido martiriz durante once horas hasta matarlo y despus colg el vdeo y la descripcin de su faena en internet.

Al igual que no es necesario colaborar en una ONG de auxilio a refugiados de guerra o de ayuda a vctimas de la represin para sentir angustia ante la imagen de seres apiados y aterrorizados frente a sus ejecutores, adems de un asco infinito por estos ltimos, no tendra que ser condicin indispensable formar parte del activismo por los derechos de los animales para conmoverse ante la estampa de siete toros atrapados, asustados e incapaces de contener sus esfnteres por saberse abocados a un destino fatdico que no podrn describir ni concretar, pero s presentir.

Vivimos en una sociedad que transige con semejantes vulneraciones de los derechos ms fundamentales de seres vivos, y en la que buena parte de los responsables polticos estampan su firma para autorizar las ayudas a esta legitimacin de la violencia, con consecuencias fsicas letales para las vctimas no humanas pero tambin con efectos graves e indeseables para nuestra especie, y sobre todo para los nios, que crecen recibiendo el mensaje de que es lcita la tortura y que el sufrimiento puede ser catalogado como arte. Una comunidad como la descrita, o lo que es lo mismo, una comunidad como la nuestra, est dejando en el muro de la historia la huella de su paso con las heces de un comportamiento tan indigno y primitivo.

Los excrementos fecales de esos desventurados toros hieden mucho menos que las deyecciones morales de una especie, la nuestras, que utiliza su pretendida superioridad para regular a un tiempo el dao que inflige a otras criaturas y su impunidad por causarlo.

Mercedes Cano Herrera. Profesora titular de Antropologa Social en la Universidad de Valladolid.

Julio Ortega Fraile. Delegado de LIBERA! en Pontevedra

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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