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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-08-2011

Cunto tiempo tenemos que esperar?

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio


Leyendo hace no mucho Los jacobinos negros, el clsico de C.L.R. James sobre la independencia de Hait, una frase banal me hizo reparar en la dificultad que tiene un lector moderno para entender un libro de historia. Los jacobinos negros relata un acontecimiento gigantesco e irreversible: sin conocerse, separados por el Atlntico, los pobres franceses y los negros haitianos se tomaron en serio los valores ilustrados que los ilustrados mismos -muchas veces burgueses con intereses coloniales- utilizaron contra el Ancien Regime para traicionarlos enseguida. Este vnculo geogrfico y de clase entre dos continentes se llam Revolucin Francesa, un vertiginoso acelern histrico que se extendi por todas partes, volteando no slo el orden europeo sino amenazando tambin el equilibrio colonial en Amrica. Cinco aos bastaron para revolcar una inmovilidad de siglos. Un fogonazo, un latigazo, un relmpago. Lo imaginamos de esta manera, como un estallido o una erupcin volcnica o, al menos, como una erupcin cutnea que cubri en un instante el mapa del planeta. Lo imaginamos, por as decirlo, como la actualizacin de una pgina de internet de la que estaran pendientes, horcas y trabucos en mano, todos los pueblos del mundo.

Y sin embargo la frase que de pronto me dej perplejo fue sta: un da de septiembre lleg un barco al puerto y el capitn, dirigindose a tierra deprisa, corri por las calles de El Cabo gritando la noticia del 14 de julio. La noticia de la destruccin de la Bastilla tard 45 das en llegar a Hait! 45 das sin enterarse -ni propietarios ni esclavos- de que el mundo en el que vivan haba cambiado! Este mes y medio de diferencia nos propone un misterio, si se quiere, metafsico. Un mes y medio que hoy, aherrojados como estamos en las nuevas tecnologas, nos puede parecer perdido o intil, y desde luego extraordinariamente denso, pero que en cualquier caso, por eso mismo, constituye un enigma. Durante un mes y medio ms los negros de Hait vivieron en un mundo inmutado y doloroso, sin esperanza de cambio, y sus explotadores siguieron convencidos de su superioridad eterna; y durante un mes y medio, atravesando el ocano, el capitn del barco tuvo que soportar en su pecho la brasa de esa noticia que no poda comunicar inmediatamente, sin tener la seguridad adems de que, de vuelta a Francia, no habra quedado ya empequeecida o desmentida por un nuevo acontecimiento.

Podemos ver as las cosas. Pero al hacerlo cometemos quizs un doble error: el error de concebir retrospectivamente la historia entera a la espera de la noticia del 14 de julio; y el error concomitante de considerar ese mes y medio de diferencia -el tiempo de irradiacin trabajosa de la noticia desde el centro a la periferia- como un tiempo de espera. Pero no. Ese mes y medio, mientras discurra, era en el caso de Hait un tiempo de historia, en el que los esclavos acumulaban las fuerzas que luego utilizaran contra el opresor; y era un tiempo de biografa en el caso del capitn, para el que el viaje rapidsimo entre Francia y el Caribe era una ocasin de poner a prueba su oficio y una fuente de imprevisibles y peligrosas peripecias. Podemos decir metafricamente que la Humanidad est siempre a la espera de la Parusa y que la vida es la espera de una carta que nunca llega; pero podemos decir tambin, con igual o mayor fundamento real, que la espera de la cosecha se llama cultivo y la espera de la obra se llama trabajo y la espera de la libertad se llama lucha. La historia no es ms que una sucesin de esperas activas y la Revolucin Francesa la hicieron los pobres de Pars mientras esperaban sin duda otra cosa.

Los mismos medios que permiten hoy que la revolucin tunecina se extienda en pocos das por el mediterrneo, que los ciudadanos de Barcelona reaccionen en pocos minutos frente a la agresin policial de Plaza Catalunya o que una sacudida ssmica en Japn sacuda inmediatamente todas las pantallas del mundo determinan una excitacin de la conciencia que nos mantiene siempre a la espera de una Revolucin Francesa (o de una final de ftbol) y que al mismo tiempo convierte la espera de la nueva noticia, por muy poco que dure, en un residuo intil y en una dolorosa agona. Ningn viaje en barco es tan largo como esa diminuta transicin; ningn mes y medio de esclavitud es tan insoportable como esos pocos segundos que tarda nuestro servidor informtico en llevarnos hasta la ltima versin del mundo. Paradjicamente, nunca la humanidad ha esperado tanto, ni con tanta impaciencia, como ahora que Pars y Hait estn a la misma distancia del Acontecimiento.

Me escandalizaba hace unos das leyendo la noticia de que la National Gallery de Londres no iba a permitir a los visitantes detenerse ms de cuatro minutos ante los cuadros exhibidos en el museo. Al contrario que un libro, que una pelcula, que un vdeo de youtube, un cuadro no acaba nunca, no tiene final y el tiempo que exige para que agotemos su contenido es potencialmente infinito. Es difcil imaginar un acto de violencia tan atroz como el de interrumpir la mirada que explora a Da Vinci o a Whistler; eso es tambin un acto objetivo de esclavizacin cultural y de injusta violencia individual. Me escandalizaba, s, pensando en este grillete visual, pero enseguida imagin el escndalo contrario al mo. Porque para una conciencia excitada por la sucesin velocsima de imgenes, quizs la medida de la National Gallery de Londres es ms bien una amenaza. Cuatro minutos ante el mismo cuadro! Ante un cuadro en el que no pasa nada! Qu insoportable castigo! Ya es bastante duro tener que pararse ante una imagen muerta para tener encima que contemplarla ms de treinta segundos. La Gioconda se repite, repite sin parar la misma mujer inmvil en ese marco que no permite ni el off ni el zapping.

Por eso es tambin interesante el movimiento 15-M que desde hace dos meses, de manera imprevisible, ha declarado inacabada -ni siquiera comenzada- la transicin democrtica espaola y que ha construido ya una legitimidad alternativa a la del capitalismo europeo. Inseparable de los medios rapidsimos que han convocado y coordinan las movilizaciones, toda su fuerza converge en realidad en el espacio de la asamblea, donde el Tiempo es obligado de nuevo a ocupar una plaza, a cruzar un ocano, a contar un cuento. Vamos lentos porque vamos lejos, deca una pancarta en la Puerta del Sol, durante la larga acampada que se apoder en mayo del centro de la ciudad. Entre Francia y Hait hay muchos das de navegacin; entre la humanidad y la razn tambin. Mientras esperamos otra cosa -una carta, una cita, un milagro-, mientras aguardamos la ltima actualizacin de la web del mundo, la historia sigue trabajando: democracia en construccin; perdonen las molestias.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

* Una version ms breve de este artculo fue publicada en el nmero 15 de la revista asturiana Atlntica XXI: http://www.atlanticaxxii.com/blog/



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