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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-08-2011

Heces mentales

Santi Ortiz
Rebelin


Jams estar en contra de quienes no les gustan las corridas de toros, incluso de los que abominan de ellas; al fin y al cabo, ir o no a los toros es un ejercicio de libertad que cada cual debera poder ejercer a su manera. Sin embargo, los que quieren coartar esa libertad a los aficionados al toreo, los que difaman la Fiesta, los que mienten sobre ella a pesar de su desconocimiento de la misma, los que tratan de engaar a la gente predisponindola en su contra a fin de acabar con ella, siempre me tendrn enfrente y presto a combatirles con las armas de la razn y el conocimiento. Ms an si pertenecen a ese creciente fanatismo religioso llamado animalismo, que encuentra campo abonado en el infantilismo e hipocresa de nuestra sociedad actual, tan modosita, tan babosa y tan apegada a lo polticamente correcto.

El Animalismo es un fundamentalismo religioso y como tal peligroso, de origen anglosajn, que, con el pretexto de elevar las especies animales las que creen convenientes a la condicin humana, no pretende en el fondo sino degradar al hombre a nivel de las bestias. Desentendindose de la lucha contra la desaparicin de las especies animales como un todo, que es lo que compete a la ecologa, el animalismo cae en la incoherencia de pretender salvaguardar la existencia de cada individuo de dichas especies, para lo cual debe incurrir en la beatera de imaginar un idlico paraso de cartn piedra, diseado por la factora Disney, donde el hermano lobo y la hermana oveja deben convivir en franciscana y beatfica armona, ignorantes del papel que la cadena trfica asign a cada uno. Desde luego, pretender salvar la especie zorro y preocuparse de la suerte individual de las gallinas, es un despropsito indigno de cualquier racionalidad.

Comn a los fundamentalismos de distinto cuo es pretender convertir sus creencias que no ideas en un dogma de fe, cuya confrontacin con la realidad prohbe o niega los hechos que sean contrarios a la autoridad de las correspondientes Sagradas Escrituras. Segn tal dogma, la realidad debe subordinarse a la creencia, y como no es infrecuente que el mundo real se muestre reacio a avenirse con tal subordinacin, el fundamentalismo de turno suele resolver el problema fabricando una realidad mutilada a la medida de sus intereses; una realidad de la que niega o hace desaparecer todo aquello que estorba a sus propsitos, conservando tan slo lo que le es propicio.

Aplicando tal modelo a las corridas de toros, el animalismo pretende hacer pasar por inofensiva vctima a un animal el toro de lidia que, como fruto de la seleccin cultural llevada a cabo durante siglos por los ganaderos, es un poderoso guerrero, extremadamente peligroso y temible en el combate cara a cara. Por ello, el torero, lejos de ser un cobarde como tambin tratan de pintarlo los animalistas, es un hombre con el acopio de valor necesario la mayora no lo tiene para enfrentarse a un toro bravo sin ms armas que un trozo de tela y una espada, y ms an, para hacer desaparecer cualquier sensacin de lucha a muerte revistindola con un ropaje artstico y esttico, que es lo que van a disfrutar los espectadores, que es lo que pretende sentir el torero, y que es lo que ha transformado el toreo en un arte de singular belleza para todos aquellos que tenemos sensibilidad empleo el trmino con toda intencin para gozar de l.

Por otro lado, es un hecho que el ascendiente del toro de lidia actual, el uro, que campaba por toda Europa, desde la Pennsula Ibrica a los Urales, desapareci del mapa excepto en aquellos lugares donde el toreo cuaj. Es un hecho, tambin, que el toro de lidia actual existe porque existe la fiesta de los toros. Sin sta, el ganado bravo desparecera o quedara reducido a una minscula reserva india, que, para cualquier ecologista serio, sera inaceptable por la catstrofe ecolgica que supondra. Y aqu es donde se ponen de manifiesto con mayor crudeza las contradicciones que enfrentan al verdadero ecologismo con el fundamentalismo animalista. Pero hablemos con datos en la mano:

Existen en nuestro pas 500.000 ha. de dehesa dedicadas a la cra del toro de lidia, lo que supone el 1% de la superficie de Espaa.

En ella viven, en rgimen extensivo que asigna algo ms de 1 ha. por animal, unas 275.000 cabezas de ganado.

Ni en la temporada de mayor nmero de festejos, la cifra de reses lidiadas ha alcanzado la de 13.750 ejemplares.

Esto quiere decir que en la lidia muere anualmente menos del 5% de las reses que se cran, viven y se desarrollan en el hbitat privilegiado de la dehesa.

Supongamos ahora que se abole la fiesta de los toros y que, atendiendo a las demandas animalistas y pseudoecologistas se dejan, para su preservacin, un determinado nmero de cabezas viviendo en el mismo biotopo convertido ahora en parque natural.

Cuntas cabezas se conservaran?... Siendo, ms que optimistas, ilusos, este nmero no superara nunca el de 13.750. (Entre otras razones, porque para qu ms? Y si hemos de tener en cuenta lo especializado de su manejo, lo complicado del mismo y la profesionalidad que requiere, en todo caso sera sta una cifra inalcanzable por el elevado costo de su mantenimiento).

Pero, incluso aceptando dicho nmero, esto supondra una inversin de la situacin actual; esto es: sobreviviran el mismo nmero de reses que hoy se matan anualmente en las plazas, y sucumbiran en los mataderos ms de 260.000 ejemplares!

Esta masacre llevara aparejada la reduccin de hectreas dedicadas a dehesa, ya que conservando la misma proporcin actual de 1,8 ha. por cabeza, el mantenimiento de 13.750 reses conservara, redondeando por exceso, unas 25.000 ha. de terreno (superficie mayor que la mayora de los Parques Nacionales, incluido Doana). Esto significa que se perderan, o habra que reconvertir, 475.000 ha. de ese ecosistema paradisiaco llamado dehesa y que, actualmente, mantiene tan gran extensin gracias a que existen las corridas de toros.

Resumiendo: la desaparicin de 260.000 reses acompaado de las 475.000 ha. de terreno ecolgico que sera reconvertido y sin contar con el perjuicio que ello causara a otras especies como el lince, el jabal, el buitre, etc., que vive en este entorno, supondra la catstrofe ecolgica ms tremenda que habra sufrido nuestro pas en siglos. Catstrofe que, sin lugar a dudas, echara a la calle en manifestacin de protesta a todas las fuerzas ecolgicas del planeta, si no fuera porque la fiesta de los toros est de por medio, y muchos ecologistas, tirando piedras contra su propio tejado y contaminados por la aberracin animalista que nos asola, piden su abolicin; es decir: luchan porque esta catstrofe ecolgica se produzca.

El animalismo, con su intolerancia, suele solventar este problema poniendo de manifiesto uno de los rasgos que caracteriza a todo fanatismo: realizar actos o proponer medidas que van en contra de la causa que dicen defender. As, diciendo actuar en defensa de los toros, llega a confesar que prefiere la desaparicin de esta variedad biolgica con tal de que las corridas sean abolidas definitivamente para no ver sufrir en ellas al animal. Propuesta que se me antoja una atrocidad semejante a la que pretendiera eliminar la pobreza aniquilando a todos los pobres del mundo.

Sin embargo, lo insufrible, lo que ms me revuelve las tripas de todos estos defensores de los animales, es cuando tratan de equiparar situaciones humanas y animales para que comprendamos lo que padecen stos ltimos. Buscar un paralelismo entre el miedo que sienten un grupo de prisioneros y el temor que pudieran experimentar los toros de lidia en los corrales de una plaza, o identificar los veinte minutos de combate de cada toro en la arena con veinte minutos de torturas de la DINA a los presos de Chile, o comparar la faena de un torero ante un animal de media tonelada que puede matarlo con el martirio de un cachorro de perro, como hacen sin el menor escrpulo los autores del artculo Tauromaquia: cultura y heces aparecido en Rebelin, no slo es de una bajeza moral incalificable por cuanto tal comparacin supone un insulto a todas las personas que sufren o han sufrido situaciones semejantes, sino que es pura y llanamente falso.

El animalismo, en general, y dichos autores, en particular, parten de un error radical e inadmisible: que el sufrimiento del hombre es comparable al de cualquier otro animal. Como si la idea de la muerte que tenemos los humanos origen de nuestra angustia; es ms, como si cualquier idea fruto, no olvidemos, del entendimiento, del conocimiento intelectual, tuviera parangn en el resto del reino animal. Que el toro, el tigre o el canguro posean un instinto de conservacin que les haga ponerse en guardia para su defensa como los toros de la imagen del mencionado artculo o prepararse para la huida, en nada se parece a la conciencia que el hombre toma de su situacin de indefensin y el padecimiento intelectual que sta le produce. Por mucho que los animalistas quieran sostener esa igualdad entre las dems especies de mamferos y la humana argumentando la posesin de un sistema nervioso central equivalente o la comparticin de un elevado porcentaje de genes, todava no he visto a un lobo comunista, a una oveja monja o a un simio que haya escrito una obra literaria. Y esto es as porque, en la escala evolutiva, el hombre como especie ha experimentado un salto cualitativo en relacin a las dems que le dota de inteligencia abstracta, cosa de la que el resto carece. Y como la pertenencia a un partido poltico, a una orden religiosa, o la capacidad de utilizar la escritura son frutos de dicha inteligencia, quedan automticamente fuera del alcance de lobos, ovejas, simios o cualquier otro animal no humano.

A partir de este hecho que sibilinamente eluden los animalistas, todo intento de extrapolar sentimientos humanos a seres de otra especie carece de fundamento, al igual que hablar de derechos de los animales. Los animales no tiene derechos porque carecen de deberes, y no existe lo uno sin lo otro. Otra cosa bien distinta es que el hombre tenga obligaciones para con ellos; y las tiene, precisamente, porque no es un animal como los dems. Ahora bien, estas obligaciones vendrn reguladas por la relacin que mantengamos con dichos seres y no sern las mismas para un animal de compaa, un animal domstico u otro salvaje. El toro de lidia se halla en una zona ambigua que no lo hace verdaderamente domstico ni propiamente salvaje y nuestras obligaciones con l pasan por criarlos conforme a su naturaleza brava, respetar dicha naturaleza y matarlos de lidia son y a la lidia van conforme a las reglas del rito y a su fiereza natural.

Ni el toreo es tortura la frase, utilizada para intoxicar, no resiste el mnimo anlisis ni alimenta ningn tipo de ferocidad y ensaamiento con los seres vivos ni existe una sola prueba de que los taurfilos supongamos grupo de riesgo alguno por violentos o crueles ni hay quien se atreva a sostener fidedignamente que los individuos antisociales y violentos lo sean influenciados por su asistencia a los toros. Tampoco es cierto que la tauromaquia tenga efectos perniciosos sobre los nios, antes al contrario, porque la tica que sustenta la prctica del toreo fomenta valores como la superacin del miedo (que el toro impone), la solidaridad (para con el compaero en peligro), el espritu de sacrificio y el esfuerzo (eso tan olvidado por nuestra sociedad), la caballerosidad (para enfrentarse al enemigo sin artimaas), el dominio de s mismo (para evitar las reacciones incontroladas), la lealtad (para con el toro), etc.

Todo lo que se dice al respecto en el citado artculo es de una gratuidad que asombra. Puedo comprender la frustracin de los autores porque el toreo haya pasado al Ministerio de Cultura; pero ese es su lugar natural, y aunque, como todo arte, se crea a partir de una materia, el buen toreo asciende a un universo simblico, donde habitan la cadencia, el ritmo y la belleza, que justifica con creces su inmaterialidad.

Son, permtanme decirlo, las heces mentales de dichos autores no la de los toros de la foto, cuya manchada culata es, como herbvoros que son, de lo ms natural en cualquier situacin ya que nadie comete la aberracin, como a las mascotas, de limpiarles el culito, las que no les permiten ver la dimensin de la que hablo. Por ltimo, un favor: abstnganse de hablar de violencia refirindose a la fiesta de los toros. Violencia es que haya en el mundo ms de 900 millones de personas padeciendo hambre crnica, mientras gatitos, perritos y otras mascotas gozan de peluqueros, dietistas y los ms variados servicios de ciruga esttica; violencia es que el negocio de los alimentos equilibrados para perros y gatos ascienda ya a 200 millones de dlares, mientras segn datos de la FAO, muere un nio de malnutricin cada seis segundos. A stos son a los que hay que liberar, no a los toros, que viven como dios, aunque despus mueran peleando en la arena.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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