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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-04-2005

El director de la revista Punto Final da su opinin sobre los desafos de la izquierda chilena
Chile : la ancha corriente Antineoliberal

Manuel Cabieses D.
Punto Final


Este ao poltico ser clave para echar las bases de un amplio frente antineoliberal que abra camino a un futuro gobierno de democracia participativa y justicia social. El debate y las propuestas electorales que se enfrentarn en estos meses ofrecern las condiciones para una crtica a fondo, razonada y propositiva, del modelo neoliberal, y para levantar una alternativa que acumule fuerza para echar a andar un movimiento poltico-social robusto e independiente.

Sera una torpeza imperdonable no aprovechar esta oportunidad. Las limitantes, sin embargo, son muchas y algunas muy difciles de vencer. Las principales son nuestras incapacidades, desconfianzas, prejuicios y temores. Esos factores nos han impedido durante estos aos romper el cerco al que estn confinadas las fuerzas del cambio. Las encuestas e investigaciones (incluyendo las de la ONU), reiteran una y otra vez que la mayora de la poblacin est descontenta con un modelo que slo beneficia a un puado de grupos econmicos locales y de empresas transnacionales. Las estadsticas corroboran que Chile es uno de los pases con mayor desigualdad en la distribucin del ingreso -el 10% ms pobre capta apenas el 1,1% mientras el 10% ms rico se lleva el 42,3% del ingreso-. Las cifras oficiales demuestran que la injusticia social se ha hecho ms profunda bajo los gobiernos de la Concertacin. El acceso a educacin, salud y vivienda de calidad es privilegio de una lite. El desempleo mantiene ocioso a medio milln de trabajadores. Los bajos salarios, las jornadas extenuantes y la precariedad del trabajo, el deterioro de las pensiones y jubilaciones, hacen cada vez ms insegura la vida de la familia y ms incierto un futuro, donde los derechos sociales no tienen ninguna salvaguardia.

Son millones los ciudadanos que sufren la terrible degradacin social y cultural que produce el modelo neoliberal que los gobiernos de la Concertacin -y en particular el de Lagos- han llevado a su mximo refinamiento. Jams el empresariado haba ganado tanto dinero como bajo el actual gobierno. Sin embargo, en el campo de los enemigos del neoliberalismo actuamos como si los nicos capaces de comprender la perversidad del sistema y anhelar su cambio fuesen los ciudadanos de Izquierda con sus pequeas agrupaciones polticas. Objetivamente, hemos ayudado a crear la imagen de que el enemigo del neoliberalismo es slo la minora que en las elecciones presidenciales no supera el 5%. Como Izquierda hemos renunciado, hasta ahora, a jugar el papel que nos corresponde: articular un frente amplio, diverso y pluralista, de todos los sectores sociales y polticos cuyos intereses vitales tienen una infranqueable contradiccin con el modelo neoliberal. No importa que estos o aquellos sean por ahora carne de can de los partidos de la Concertacin o incluso de la propia derecha. Igual sufren la injusticia como el resto de la poblacin, atrapada en un cepo sin alternativa.

Los derrumbes ideolgicos ocurridos en el mundo -y en particular el traumatizante terrorismo de Estado que se vivi en Chile- explican el desbarajuste social y la enorme confusin de los alineamientos electorales de hoy. Pero esto no debera hacernos olvidar el abc de la estrategia del cambio: actuar sobre lo que el Che Guevara llam el denominador comn de los pueblos de Amrica Latina, el Hambre del Pueblo (con maysculas, tal como lo escribi el Che en Subdesarrollo y Revolucin), o sea -en sus palabras-: el cansancio de estar oprimido, vejado, explotado al mximo, cansancio de vender da a da miserablemente la fuerza de trabajo (ante el miedo de engrosar la enorme masa de desempleados), para que se exprima de cada cuerpo humano el mximo de utilidades, derrochadas luego en las orgas de los dueos del capital. Se teme, en algunos casos, perder la identidad partidaria, el bagaje de la propia historia, los vnculos entraables, la cuota de poder de los pequeos espacios. Esto impide dar el salto que permitira forjar una nueva identidad mucho ms fuerte, integradora de historias grupales, capaz de librar una larga campaa de desgaste social, poltico e ideolgico contra un sistema muy fuerte, hbil e inescrupuloso y que cuenta con una amplia reserva de recursos.

Existe tambin otra visin que compromete el xito de la lucha contra el neoliberalismo. Es aquella que plantea que la estrategia de la Izquierda -considera por supuesto slo a la minora organizada que lleva ese nombre- consiste en crear una tercera fuerza, volver al esquema derecha, centro e Izquierda de la poltica chilena anterior al golpe del 73. Creemos que es un supino error por diversos motivos:

a) borra de un plumazo la experiencia histrica -ya sabemos adonde lleva esa poltica y por supuesto nadie est dispuesto a rehacer un camino cuyo desenlace se conoce-;

b) encajona a las fuerzas del cambio, que necesitan autonoma y amplios espacios de maniobra, en los compromisos de la institucionalidad neoliberal;

y c) desprecia considerar lo fundamental: que hoy la frontera social y poltica infranqueable es slo aquella que separa a los defensores de los enemigos del neoliberalismo. Lo que hay que intentar es construir la fuerza hegemnica capaz de aislar a la minora neoliberal y no volver a los tres tercios, en que el centro termina aliado con la derecha.

El modelo neoliberal no consiste slo en el mercado, asignando cuotas de riqueza y felicidad entre unos pocos y amenazando la supervivencia de la especie humana. Neoliberalismo significa tambin la mercantilizacin de las relaciones sociales, de la poltica y la religin, de las instituciones y de la cultura, as como la degradacin de los derechos, la dignidad y sentimientos ms nobles de millones de hombres y mujeres. Es un sistema que arrebata el futuro a los jvenes, que condena a la soledad y abandono a los ancianos y que destruye los lazos de solidaridad y dilogo entre los seres humanos. Desde luego para nosotros la nica alternativa real a la depravacin extrema del capitalismo neoliberal -aunque hoy en Chile no se atreva a decir su nombre- es el socialismo. Por supuesto un socialismo bien distinto de la brutal falsificacin que se deshizo como pompa de jabn en Europa del Este. Para esto se necesita recrear un sistema de ideas nacidas de la lucha social y poltica e impregnadas de distintas corrientes ideolgicas humanistas. Es la tarea a que convoca el presidente venezolano: inventar el socialismo del siglo XXI, como sostuvo en la reciente IV Cumbre de la Deuda Social en Caracas. De eso se trata -de inventar otro socialismo con el aporte de distintas corrientes- ante la evidencia de que a travs del capitalismo esquizofrnico, como el que se practica en Chile, es imposible superar la pobreza y la desigualdad. Ideas como stas son las que en Amrica Latina pueden costar la vida, como ocurri con Salvador Allende el 73 o con la amenaza que hoy se cierne sobre Hugo Chvez. Es el riesgo que hay que correr si creemos que otro mundo es posible.

En Chile, como sostiene un estudioso muy agudo y activo militante de la lucha social -el economista Rafael Agacino- la Izquierda ha regresado a la adolescencia. Construir la alternativa ser ms duro y complejo que en pases donde el movimiento antineoliberal ya ha hecho la experiencia de derribar, elegir y sostener gobiernos contra el golpismo imperialista. En muchos sentidos se trata de comenzar de nuevo, pero dotados esta vez de una experiencia invalorable que debera evitarnos cometer los mismos errores o recorrer los caminos trillados del voluntarismo. En el seno de un amplio frente antineoliberal que proporcione dimensin y derrotero poltico a la lucha social, que respete la autonoma de las organizaciones y que acumule experiencia de poder desde la base, se podr replantear una alternativa socialista en Chile. Esta, sin duda, ser bien diferente a la de los ingenuos aos 70.


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