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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2011

Reflexiones sobre el debate interno en Honduras

Ricardo Salgado
Rebelin


Los debates internos, sobre todo los de carcter terico y filosfico dentro del Frente Nacional de Resistencia Popular son, posiblemente, la generacin de pensamiento ms intensiva que se ha vivido en la historia hondurea; sin embargo, las debilidades del capitalismo dependiente han propiciado una notable falta de medios que nos permitiera estar en contacto con el desarrollo alcanzado en este sentido en otras partes del mundo. De ese modo, a pesar de la riqueza creativa, seguimos recurriendo a dogmas y visiones ajenas a nuestra realidad para tratar de interpretar el momento que vivimos.

Para el caso, padecemos de un desconocimiento profundo del capitalismo como formacin socioeconmica, al tiempo que, aunque lo atacamos todos los das, no entendemos a ciencia cierta lo que es el neoliberalismo. Estas carencias nos hacen caer constantemente en errores de anlisis, que, consecuentemente, impactan en los resultados que obtenemos en la lucha por la liberacin de Honduras. Nuestra inclinacin a sustentar nuestros argumentos en frases de pensadores cuya prctica revolucionaria se enmarcaba en realidades diferentes a la nuestra, y estaban condicionadas por estas.

En muchos casos nos encontramos afirmando nuestra adhesin a cuerpos de pensamiento, como el marxismo, o el leninismo, sin atender hechos concretos sobre los mismos: por ejemplo, todo el desarrollo metodolgico marxista se da en el marco de la dialctica, concepto que citamos mucho pero comprendemos poco. En cualquier caso, es impensable que la dialctica, que postula el cambio permanente, se negara a s misma, quedando como una doctrina inmvil, ptrea. En cuanto a las visiones de Lenin, Grossi, Rosa Luxemburgo, Maritegui y el mismo Che, pretendemos darles carcter cuasi premonitorio, que, usualmente, les hace perder su valor conceptual.

El imperialismo concebido por Lenin dista mucho de las formas que el mismo ha adquirido con casi un siglo de desarrollo; tampoco sea escapado al paso del desarrollo terico la visin del Estado-Nacin el que, aceleradamente, se convierte en un apndice mnimo del capital especulativo. El capitalismo busca incesantemente el rompimiento de las estructuras que le estorban al mercado, las fronteras entre ellas, especialmente en aquellos pases que no muestran una dinmica favorable a la dinmica del sistema.

El hombre nuevo del Che, no era un concepto antojadizo; al contrario se trata de un ser humano con caractersticas distintas al que ha sido forjado por casi medio siglo de enajenacin transnacional, que nos indica que el xito y el dinero son la misma cosa; que debemos informarnos pero no formarnos; que el problema del vecino es asunto suyo, y que nuestro objeto sobre el planeta es consumir sin ningn tipo de restriccin, siendo esta la mayor expresin de nuestra libertad. Comenzar por superar los intereses personales en beneficio de la colectividad, algo que tanto cuesta en nuestros pases.

No cabe duda que muchos y muchas se sintieron desconcertados cuando se declaraba el fin de la historia, y el reino del mercado, quiz por mil aos. La construccin de nueva expresiones de resistencia ante el rgimen surgieron para mantener viva la reivindicacin, aunque con muchas dudas ideolgicas, y con propsitos ms limitados. La cuestin del poder, esencial en la lucha del pueblo, igual que su partido de clase, paso a un segundo plano, y, de un modo extrao pasamos a ser parte del sistema. Todo este desarrollo, aunque dialctico, no pudo ser previsto por pensadores centrados en las realidades de su tiempo.

Los movimientos sociales en varios pases latinoamericanos optaron en principio por convertirse en contra poder, una especie de fuerza moral, sin incidencia actual para frenar la voracidad del modelo, tampoco apta para enfrentar las crisis que este sistema produce en su propio seno. Sin embargo, la leccin ms importante que conseguimos de estos pueblos hermanos es su cambio de posicin frente al poder, frente a la clase dominante, y la comprensin acertada de la correlacin de fuerzas al interior de sus sociedades. En ese momento, los movimientos sociales recobran su funcin principal que es poltica; el sistema no se cambia con contra poder, el poder popular tampoco es contra poder.

Si resumimos, nuestra bsqueda del poder, por medio de un partido del pueblo es un proyecto concreto, una lnea estratgica definida. Nuestras tcticas deben estar destinadas a cambiar la correlacin de fuerzas de tal modo que las fuerzas hegemnicas tradicionales, estructuradas alrededor de oligarquas plutocrticas, sean desplazadas por una fuerza hegemnica nueva, democrtica y revolucionaria. Cualquier otra visin de nuestra misin nos aleja de la posibilidad real de cambiar estructuralmente.

La pretensin de transitar aceleradamente hacia la redefinicin de las relaciones de produccin, as como la redistribucin sbita de los medios productivos, luce ingenua, y muestra una falta de claridad sobre el escenario local e internacional en que vivimos. Es imperativo entender que nuestro enfoque principal debe estar dirigido al Estado Nacin, a su recuperacin, a la recuperacin perdida por este frente al avance neoliberal. A la derogacin de las leyes que afectan la soberana del pueblo sobre ejes centrales del desarrollo. Una primera etapa de nuestro proyecto debe estar dirigida necesariamente a la recuperacin soberana de la salud, la educacin, los recursos naturales, la energa, y otros sectores estratgicos que hoy son secuestrados por grupos de poder econmico.

El desmantelamiento de la superestructura, el aparato coercitivo y represivo del Estado es una tarea compleja que puede ser abordada nicamente con la participacin del pueblo organizado. Entidades como las Fuerzas Armadas requieren de un proceso de cambio profundo, sin olvidar que, por ahora, ellas son un pilar fundamental de la defensa del sistema, y de la clase dominante. Es imperativo someter las Fuerzas Armadas al poder popular, entendiendo a este como la expresin de poder real del pueblo organizado. Una alternativa confrontativa presupone que estamos en capacidad de entrar en un conflicto, y este no parece ser el caso.

Mucho se habla acerca del severo atraso que tienen la fuerzas productivas en relacin a los medios productivos, lo que, desde un punto de vista meramente eurocntrico, hara imposible pensar en transformaciones estructurales del capitalismo dependiente. Sin embargo, es nuestra misin primaria organizar polticamente al pueblo, de modo que participe activamente en la construccin de un sistema democrtico real, y un modelo socialista que responda a la realidad de nuestro pas. Ese, y no otro, es el mayor desafo que enfrentamos hoy. El papel de los movimientos sociales, en cuantas formaciones polticas, ser clave, si logramos entender que muchos de los problemas subyacentes que afectan de diversas formas a sectores de la poblacin son parte integral del proceso, pero que no cambian sbitamente. Estamos, por ejemplo, en contra de la discriminacin de gnero, el maltrato a la mujer, y su marginacin en todos los mbitos de la sociedad, pero seriamos sumamente ingenuos si creyramos que el machismo, arraigado por siglos en nuestra cultura, nuestras costumbres, nuestros prejuicios y hasta nuestras supersticiones, cambiara de una vez.

Creer que un proceso electoral por s solo cambia a una nueva sociedad automticamente, es un craso error de quienes as lo piensen; como tambin es un error grave marginarse de la posibilidad de utilizar esta va como una alternativa de lucha. Por esa razn, es que el debate no debe centrarse en las elecciones como fin, sino que debe ver hacia la conformacin de una estrategia integral de lucha que incluya la posibilidad de luchar en el campo adversario, bajo sus reglas, pues no existe manera racional de pensar que estos crearan condiciones objetivas y subjetivas para perder lo que tienen, y entregrnoslo a nosotros.

Es de vital importancia, elevar el nivel de nuestros debates, y eliminar el canibalismo que hasta ahora ha caracterizado este permanente desencuentro, para transformarlo en una plataforma de liberacin nacional, creble, consciente, fuerte. Hoy el mandato es debatir, organizando, movilizando, haciendo uso de todas las expresiones del pueblo. Cada rincn del pas debe estar dentro del proceso, cada individuo, cada clula que formemos, suma a una lucha que tiene varios escenarios posibles. La inmovilidad es lo nico que est prohibido, si lo que queremos es alcanzar las metas de nuestra gesta. No olvidemos que la lucha ha sido y sigue siendo de todos, aprendamos a unirnos trabajando, ese es el camino, no lo perdamos de vista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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