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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 07-08-2011

EE.UU. no tiene un problema de deuda, tiene una crisis de valores

Imara Jones
Colorlines/Truthout

Traducido del ingls para Rebelin por Germn Leyens


El default era la mejor alternativa. El vergonzoso y peligroso acuerdo sobre el techo de la deuda promulgado ayer lo dej claro. Tiene sus races en el grandioso pacto que la clase poltica hizo en 2008: salvar a Wall Street y permitir que el resto de EE.UU. se ahogue como en el caso del huracn Katrina. El plan succionar dinero de una economa desbaratada que no se puede permitir ese lujo y exigir sacrificios a comunidades maltratadas y extenuadas que probablemente no puedan soportar lo que se les est pidiendo. Sin embargo, permitir que los estadounidenses ms acaudalados se salgan con la suya y sa es la trampa se beneficien de la miseria exacerbada por el plan.

No tena que ser as. En 2008, los demcratas fueron elegidos con las mayoras ms elevadas en dos generaciones. El presidente podr pensar que fue elegido para cambiar el tono en Washington, pero el electorado lo envi all para cambiar de direccin. El pueblo estadounidense quera que reorientara la cultura poltica para alejarla de la defensa de los pocos extremadamente ricos hacia la del resto de la poblacin.

Pero Obama slo es el ltimo en una lista de presidentes que, desde los aos ochenta, apoyan la perversin de Ronald Reagan de los intereses comunes para establecer un conjunto de polticas que concentran la riqueza en un nmero cada vez ms pequeo de personas. Debido al desastre financiero de 2008, deberamos haber aprendido que ese enfoque simplemente no funciona por lo menos no para el 90% de los estadounidenses que sobreviven con trabajo remunerado, en lugar del 10% que se gana la vida con inversiones-. Fue un recuerdo de un precepto crucial de la historia de EE.UU.: que el pas crece mejor y ms fuerte cuando su economa trabaja para todos.

En lugar de emprender una lucha continua por una economa justa, el aparato de toma de decisiones de la nacin se ha retorcido en otro debate ftil sobre alternativas falsas, entre 1) calamidad econmica y 2) ms medidas que ayudarn a los dueos del capital de EE.UU. a enriquecerse an ms, creyendo que de alguna manera al hacerlo crearn una base ms amplia y una prosperidad ampliamente generalizada. Pero que no haya dudas, la discusin que acabamos de concluir no tiene nada que ver con el mundo econmico en el que vivimos. Todo era solo poltica.

Plena fe en el crdito

Para amaar esta crisis y as satisfacer el clamor ilusorio de su base el Partido Republicano vincul dos cosas que haban permanecido separadas durante 235 aos de historia estadounidense: la capacidad de EE.UU. de pedir prestado (el techo de la deuda) y los prstamos reales (deuda). De manera regular, desde el comienzo de la Repblica, el Congreso ha votado para aumentar el lmite crediticio de EE.UU. Se hizo ms de cuatro veces bajo el presidente George W. Bush sin que se prestara mucha atencin y con menos alharacas.

El aumento del lmite de la deuda no tiene nada que ver con el uso efectivo del crdito que nos concedemos. De hecho, el techo de la deuda es como el lmite de una tarjeta de crdito personal. Solo porque Mastercard o Visa aumentan tu capacidad de hacer compras de, digamos, 5.000 dlares a 20.000, no te obligan a ir al centro comercial y hacer inmediatamente compras por 15.000 dlares. El techo de la deuda tiene que ver con el potencial para pedir prestado, no con los prstamos reales.

Pero incluso cuando EE.UU. se vio obligado a volver a salir y aumentar billones (millones de millones) de dlares en gastos a corto plazo, como sucedi en 2009 y 2010, pudo hacerlo. Como posee la mayor economa del mundo y la nica moneda aceptada sin problemas en cualquier parte del globo, EE.UU. es el nico pas que puede aumentar su lmite de crdito y pedir prestado con suficiente xitopara utilizarlo. Antes de este debate, EE.UU. poda pedir al mundo cualquier cantidad de crdito que necesitara y la obtena fcilmente. De hecho, en el clmax de la crisis financiera de 2009, haba ms gente en todo el mundo interesada en comprar deuda de EE.UU. que la que poda obtener. Cuando tiene que ver con nuestra deuda, especialmente en tiempos inseguros, mientras otras monedas globales se tambalean, la demanda de deuda de EE.UU. en forma de bonos puede superar la oferta.

Una razn clave por la cual los mercados han mostrado una confianza continua en la deuda estadounidense es que a diferencia de los problemas de deuda, como por ejemplo enGrecia y Portugal, los dficit de EE.UU. son en gran parte el resultado de poltica gubernamental en lugar de un problema estructural fundamental de la economa. La mayor parte de la deuda estadounidense desde 1980 es el resultado de recortes tributarios y guerras, primero las reducciones de impuestos de Reagan en los aos ochenta y la intensificacin de la Guerra Fra por su gobierno, luego los recortes tributarios de Bush y las guerras en Afganistn e Iraq. EE.UU. no tiene un problema de deudas; tiene un problema de valores.

Con una escala de valores diferente, nuestro problema deficitario podra eliminarse y reducir nuestra deuda. La nueva ley de la deuda especifica recortes por 2,5 billones de dlares. Si se permitiera que caducaran los recortes de impuestos de Bush para los que ganan 250.000 dlares y ms se obtendran 700.000 millones de dlares. Si a esto se suma el final de las guerras de Afganistn e Iraq, sera casi equivalente a todo el monto de recortes exigidos por la ley. Adems si se permitiera que los recortes tributarios de la era Bush caducaran para todos los estadounidenses, y se permitiera que las tasas volvieran a las de los aos del auge de los noventa, ingresaran otros 3,5 billones de dlaresen el Tesoro de EE.UU., una suma casi equivalente a los planes de deuda ms ambiciosos propuestos por cualquiera de los dos partidos.

Si EE.UU. pudiera reactivar la economa y restaurar el desempleo aunque sea a niveles moderados digamos a un 7% la cantidad de deuda requerida en los prximos 10 aos se reducira en un 50%. Eso porque, como en el caso de las personas, el aumento del ingreso disminuye la necesidad de utilizar crdito. Incluso una recuperacin moderada resolvera una parte significativa del problema. Por lo tanto toda la conversacin sobre la deuda fue equivocada y desorientada. Con el mayor desempleo y subempleo desde la Gran Depresin, el problema era, es, y sigue siendo, la creacin de empleo.

El engao del TARP

Bajo la presin de la codicia y del fraude de los bancos, como lo explica detalladamente la Comisin de Servicios Financieros del gobierno, los puestos de trabajo desaparecieron a un ritmo rcord tras la crisis financiera de 2008. Los dirigentes polticos y econmicos de EE.UU. convencieron al pblico de que la recin infectada economa solo se poda sacar del atolladero mediante un rescate de la fuente del problema: Wall Street financiado con fondos pblicos.

Mediante el Programa de Alivio de Activos con Problemas (TARP), irnicamente, se peda a los que tenan que abandonar sus casas que financiaran a los mismos bancos e instituciones de servicio hipotecario que haban utilizado medios potencialmente ilegales para hacer que los contribuyentes estadounidenses aceptaran prstamos peligrosos y deudas txicas. Aunque aborrecible, las autoridades financieras de Washington decan que era necesario. Elsecretario del Tesoro y ex de Wall Street Hank Paulson quien se puso literalmente de rodillas frente a la presidenta de la Cmara de entonces Nancy Pelosi para implorar su apoyo prometi que el TARP inyectara dinero a las instituciones financieras, estabilizara los precios de las viviendas, reanimara la economa y detendra la prdida de puestos de trabajo. Con el transcurso del tiempo, el Congreso controlado por los demcratas lleg a aceptar que los intereses de Wall Street y los de los estadounidenses de a pie eran los mismos.

Aunque fue promulgado por Bush, el TARP fue casi enteramente administrado por el presidente Obama y el secretario del Tesoro Tim Geithner. Utiliz 700.000 millones de dlares de dineros pblicos, que hubo que pedir prestados, para apoyar a los bancos. Ms importante an, la Reserva Federal permiti que los bancos utilizaran como colateral las hipotecas txicas de alto riesgo contabilizadas, para tener acceso a ms de 1 billn de dlares en dinero del gobierno con poco o ningn inters. Para los bancos era dinero gratuito.

Pero no utilizaron ese dinero gratuito para mantener a las familias en sus casas o para financiar industrias que crearan empleo, como haban prometido. En su lugar lo destinaron a hacer negocios por cuenta propia: bsicamente casinos privados legalizados que las firmas utilizan para apostar a movimientos en los precios de las acciones. El juego subvencionado con dineros pblicos en Wall Street llev a que 2010 fuera el ao mejor remunerado de la industria financiera de todos los tiempos.

Entretanto, los estadounidenses sufrieron un desempleo de dos dgitos, el nivel ms bajo de propiedad de viviendas en 40 aos, 12 billones de dlares en riqueza eliminada y los peores indicadores econmicos para gente de color en casi dos generaciones. La brecha racial de la riqueza creci a 20 a 1, impulsada por una crisis de ejecuciones hipotecarias en los barrios negros y latinos que sigue aumentando, mientras la pobreza y el hambre llegaba a tasas rcord. El salvamento de Wall Street no salv a EE.UU.

No obstante, ahora tenemos una ley de lmite de la deuda basada en los mismos argumentos de paso-directo-al-Apocalipsis utilizados para conseguir que se aprobara el TARP. A diferencia de 2008, este lo se cre virtualmentede la nada. Pero sirvi como una plataforma til para imponer un programa que deteriorara la capacidad de los estadounidenses de a pie para salir adelante mientras favoreca los intereses de una minora econmica enriquecida y jactanciosa.

Como en el caso del TARP, los demcratas hicieron pronsticos de un Apocalipsis econmico si no cedan a las exigencias republicanas. No se entregaran cheques del gobierno, los mercados de bonos caera en crisis, los bancos no podran prestar dinero, las tasas de inters para hipotecas aumentaran vertiginosamente, una economa ya dbil retrocedera precipitadamente y la recuperacin sera inimaginable. El nico camino hacia adelante, terminaron por acordar ambos partidos, era reducir los gastos de ayuda del gobierno para los ms necesitados durante una crisis excepcional, as como las inversiones necesarias para asegurar un crecimiento econmico equitativo y una sociedad en funcionamiento: escuelas, carreteras y puentes, hospitales, etc. Es un araazo gigantesco que distorsiona la realidad econmica.

La capacidad de pedir dinero prestado y los recortes en los gastos del gobierno no tienen nada que ver entre s. Pero en realidad el debate nunca tuvo que ver con principios econmicos o financieros; se trataba de poltica.

El Partido Demcrata de Ronald Reagan

El Tea Party se puede presentar como una asociacin informal de populistas comunes y corrientes, pero en realidad es una coleccin de elitistas econmicos. Fundado por los reservados hermanos multimillonarios Koch, los republicanos del Tea Party creen que los puestos de trabajo solo los crean los ricos. La llave del crecimiento econmico, desde su punto de vista, es reducir los gastos del gobierno y transferir todos los ahorros mediante la reduccin de impuestos a los extremadamente acaudalados. Es una frmula extraa en la que creen demasiados, en toda la capital y en ambos partidos.

La visin del mundo del Tea Partyen realidad es una versin un poco menos intensa de la de Ronald Reagan. En 1980, Reagan lleg al poder gracias al argumento de que el gobierno era el problema, no la solucin. Presion por recortes en los gastos gubernamentales que no tuvieran que ver con la defensa y por la reduccin de impuestos para los ricos. El resultado fueron los mayores dficit desde la Segunda Guerra Mundial. Tambin fue el candidato de Wall Street, y Wall Street prosper muchsimo gracias a su programa de desregulacin financiera, que en ltima instancia grav ms los ingresos obtenidos mediante el trabajo que los resultantes de inversiones.

Aunque era dbil en lo econmico, Reagan fue un xito poltico. Hasta tal grado que los demcratas adoptaron e implementaron su filosofa econmica: reducir el gobierno y transferir riqueza al sector privado. La amplia base de la aceptacin de la filosofa de Reagan por toda la clase poltica es el verdadero problema econmico. Inconscientemente, muchos demcratas han aceptado el dogma subyacente del Tea Party incluso si detestan su manifestacin ms extrema, representada por los insurgentes del Tea Party elegidos en 2010.

Ya que los demcratas cedieron hace tiempo el campo filosfico bsico a Reagan y su progenie, lo que pas esta semanaesencialmente es una discusin entre personas que estn de acuerdo. La mitad de los demcratas en la Cmara de Representantes y casi un 90% de los demcratas en el Senado votaron por la ley de la deuda.

Aunque se cuestiona al Tea Party en cuanto a los hechos, cuando se trata de la relacin entre deuda, dficit y empleo, su ideologa y el poder desde la base que tiene que ver con ella agrega impulso a este cambio filosfico mayor de las elites de ambos partidos. La crisis del techo de la deuda y la ley de la deuda, como antes el TARP, han sido solo la ltima vuelta de una conversacin decreciente sobre el futuro econmico de EE.UU.

Pero despus de lograr sus metas polticas ms amplias con su aprobacin, el objetivo econmico sigue siendo un enigma para los dirigentes de Washington. Disfrazada como un plan de reduccin de la deuda, la ley no hace realmente casi nada para reducir el mar de deudas del pas. De uan manera peculiar exige que EE.UU. reduzca los gastos del gobierno por el monto del aumento estimado en el lmite crediticio de la nacin. Es como reducir los gastos del hogar por el monto del lmite de deuda de una tarjeta de crdito. Todo lo que se logra es provocar dolo innecesario sin motivo.

El hecho es que la nueva ley de la deuda del pas muestra hasta qu punto ha llegado la bancarrota del sistema poltico. Y lleva a que los que propugnan una economa que asegure resultados para todos consideren lo impensable: que el default habra sido la mejor alternativa. Con el default habra habido una afliccin econmica generalizada tan inconmensurable que incluso los planificadores financieros y los gerentes de los fondos de alto riesgo no podran encontrar una manera de evitarla. Las consecuencias habran sido desastrosas. Pero por lo menos habran sido compartidas por todos.

El mal evaluado enfoque de Washington en esta crisis inventada de la deuda revela que estamos mucho ms all de pensar en lo que es correcto desde el punto de vista econmico; nos queda lo que es justo desde el punto de vista social en una democracia. Y simplemente es poco escrupuloso que tantos sufran mientras unos pocos se benefician. Es lo que se consagr en el acuerdo de la deuda amaado por un Partido Republicano rehn de una rabiosa insurgencia del Tea Party y que fue facilitado por un presidente ms que dispuesto a abandonar los principios en nombre de la paz. No consigui ni lo uno ni lo otro y la gran mayora de los estadounidenses son los perjudicados.

Imara Jones es un bloguero que vive en Nueva York y escribe, entre otros temas, sobre justicia econmica, para Colorlines. Su sitio en la web caffeineator.com publica incisivos comentarios sobre nuestro mundo perturbado y trabaja como editor de www.slaveryblog.org, un recurso informativo en lnea sobre el trfico transatlntico de esclavos y el mundo africano-atlntico.Tambin es creador y copresentador de caffeinetv un programa de televisin en lnea que se encuentra en desarrollo. Antes de caffeinetv, Imara tuvo puestos en Viacom donde su trabajo obtuvo dos premios EMMY y un Peabody as como en la Casa Blanca de Clinton. En 2006, Imara fue identificado por el Foro Econmico Mundial como Joven Lder Global; tiene una maestra en economa de la Escuela de Economa de Londres. Fluido en portugus, Salvador, Baha, es la segunda patria de Imara. Sgalo en Twitter: @imarajones.

Fuente: http://www.truth-out.org/us-doesnt-have-debt-problem-it-has-crisis-values/1312557805

rCR



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