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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-08-2011

El fin de la impunidad

Carlo Frabetti
Boltxe


A la polica se le acaba el chollo de las mentiras sin rplica, del anonimato, de las cloacas invisibles. Durante ms de setenta aos, la tortura, los malos tratos, las detenciones ilegales, los abusos, las vejaciones y las agresiones brutales a manifestantes pacficos han sido prcticas sistemticas e impunes (es decir, sistmicas) en el Estado espaol, con la abyecta complicidad de jueces, polticos y medios de comunicacin. Y esto no lo dicen los simpatizantes de ETA: lo dicen, entre otros, Amnista Internacional, los relatores de la ONU y el medio centenar de organizaciones integradas en la Coordinadora para la Prevencin de la Tortura.

Pero se les acaba el chollo, se les ha acabado ya. Hace solo diez aos, la mayora de la poblacin crea que la tortura se haba terminado con la supuesta transicin a la democracia; hoy solo la niegan los necios y los canallas. Los medios alternativos y las redes sociales difunden en tiempo real la informacin veraz, esa que los discpulos de Goebbels intentan sustituir por una gran mentira mil veces repetida. Es imposible evitar que circulen las fotografas y los vdeos de la brutalidad policial cuando en cada telfono mvil hay una cmara y un transmisor, cuando cada ordenador puede convertirse en una potente unidad emisora-receptora. Dont hate the media, become the media (no odies a los medios, convirtete en los medios), dicen los antisistema britnicos, y la consigna ya es un hecho.

Ansutegui era tan zafio como Carrin (por no hablar de Rubalcaba, que, alguien lo duda?, sigue siendo el ministro de Interior); pero aquel an tena algunas posibilidades de que sus mentiras fueran credas, mientras que los penosos balbuceos de esta son instantneamente desmentidos por los cientos de imgenes y testimonios que circulan por la red.

Ahora todo el mundo sabe que hace falta una docena de antidisturbios para reducir a un periodista (lo cual da idea de la vala -y valenta- relativa de ambos oficios). Todo el mundo puede comprobar en vivo, y a veces incluso en directo, la bravura y eficacia de los agentes del orden. Dos contra uno, mierda para cada uno, dicta la justicia popular. Cuando son doce contra uno, sobra la sentencia, pues los doce la mierda ya la llevan puesta. Y a la vista de todos, aunque intenten esconderla debajo de los cascos.

Fuente: http://boltxe.info/?p=36485



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