Portada :: Amrica Latina y Caribe
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2011

Los perversos versos de la mineria
Minera, maldesarrollo y democracia

Maristella Svampa
Rebelin


No daremos marcha atrs en la Ley de Minera, porque el desarrollo responsable de la minera es fundamental para el progreso del pas. No podemos sentarnos como mendigos en el saco de oro.

Rafael Correa, Presidente de Ecuador, 15.1.2009

Por qu existe una gran oposicin y rechazo social a la minera metalfera a gran escala en Amrica Latina? Ser que los gobiernos, las grandes transnacionales mineras y su ejrcito de comunicadores no trasmiten correctamente las ventajas y oportunidades del nuevo modelo? Ser que las poblaciones involucradas estn desinformadas y no estn en condiciones de comprender el impacto que en trminos de trabajo, progreso y desarrollo tendra la industria metalfera a gran escala, sobre todo en aquellas regiones pobres y relegadas de nuestra amplia geografa latinoamericana? Estos parecen ser los principales argumentos que repiten funcionarios, tcnicos de las ms variadas especies y, por supuesto, las grandes compaas mineras, que hoy buscan legitimar un modelo que genera cada vez ms resistencias en gran parte del territorio latinoamericano.

Lejos de los planteos implcitos en los discursos gubernamentales, los motivos de la oposicin social a este tipo de emprendimientos mineros hay que buscarlos tanto en las caractersticas tecnolgicas y econmicas de los mismos, as como en las consecuencias sociales, ambientales y polticas que stos generan. El elemento central que explica el pasaje de la minera tradicional a la moderna, est dado por la escala de explotacin y sta obedece en realidad al progresivo agotamiento -a nivel mundial- de los metales en vetas de alta ley.

La gran mayora de las explotaciones industriales actuales extraen los metales con leyes sumamente bajas. En la actualidad, se explotan yacimientos de cobre con un promedio de 6 kg de metal por tonelada de roca tratada. En el caso del oro, la gran mayora de los yacimientos presentan una ley inferior a 10 g/tonelada de roca tratada, e incluso hasta 0.5 g/tonelada. En Ecuador, los proyectos aurferos Quimsacocha (a cargo de la empresa Iamgold) y Fruta del Norte (a cargo de la empresa Kinross) cuentan con leyes de 6.76 g/t y 11.2 g/t, respectivamente. A nivel mundial, los desechos lquidos y slidos generados por cada onza de oro producida oscila entre un promedio de 12 y 120 toneladas.

Esto implica que, al disminuir la concentracin del mineral contenido en las rocas, deja de ser rentable la explotacin mediante socavones. As, con el objeto de extraer los minerales diseminados en la roca portadora y frente a la creciente demanda de los mercados internacionales, asistimos hoy a la generalizacin vertiginosa del sistema de explotacin a gran escala, utiliza tcnicas de procesamiento usando sustancias qumicas altamente contaminantes, que producen impactos negativos en la salud de las poblaciones y cuantiosos daos ambientales, los cuales han sido fehacientemente probados en diferentes pases y regiones. Al mismo tiempo, dichos procesos contaminantes suelen tener un carcter transfronterizo, al que se aade la irresponsabilidad de las empresas ante el cierre de minas (pasivos ambientales). En la mayora de los casos, la gestin de los sitios mineros y de las diferentes contaminaciones, en particular por metales pesados y drenaje cido de mina, quedan a cargo del Estado. En el Ecuador, la empresa china CCRC-Tongguan prev la extraccin del yacimiento Mirador, con tan solo 13 kg de cobre puro por tonelada de tierra y roca mineralizada. Esta contar una mina a cielo abierto tendr al menos 1.2 km de dimetro. Por cada tonelada de concentrado de cobre producido, se producir un promedio de 94 toneladas desechos slidos y lquidos (Esta cifra no incluye los desechos producidos durante la refinacin). [2]

Por otro lado, se trata de minera a gran escala, esto es, de mega-emprendimientos, por lo cual estamos hablando de una actividad que consume enormes cantidades de agua y energa (una mina de oro de tamao medio consume unos 100 litros de agua por secundo, es decir 8.640.000 litros por da) y compite por tierra y recursos hdricos con otras actividades econmicas (agricultura, ganadera, turismo). En este sentido, dada la envergadura de los emprendimientos, stos tienden a desestructurar y reorientar la vida de las poblaciones, desplazando economas regionales preexistentes. Asimismo, se trata de minera transnacional, lo cual quiere llamar la atencin no slo respecto de que la actividad est altamente concentrada en unas pocas grandes empresas de capitales extranjeros que operan a escala global, sino tambin de que el destino casi exclusivo de estas explotaciones es la exportacin de minerales con escasa transformacin o valor agregado. Es por ello que esta actividad favorece la reprimarizacin de la economa, que termina por reconfigurar negativamente los territorios y economas, al tiempo que genera una nueva dependencia: los pases latinoamericanos exportan cada vez ms materias primas, lo que aparece reflejado en la concentracin econmica, en la especializacin productiva y la tendencia a la monoproduccin, as como en la consolidacin de enclaves de exportacin.

Desarrollo y trabajo?

Uno de los argumentos centrales que suelen esgrimir los defensores de esta actividad es asociar minera con creacin de puestos de trabajo. Lo que suele ocultarse es que los proyectos mineros a gran escala generan una demanda intensiva de trabajo en las fases iniciales, lo cual crea la ilusin de trabajo permanente. En realidad, la minera de gran escala se caracteriza por ser una de las actividades econmicas ms capital-intensivas. Cada 1 milln de dlares invertido, se crean apenas entre 0,5 y 2 empleos directos [3] . Cuanto ms capital-intensiva es una actividad, menos empleo se genera, y menor es la participacin del salario de los trabajadores en el valor agregado total que ellos produjeron con su trabajo: la mayor parte es ganancia del capital.

Pese a ello, el fantasma del desempleo es un argumento utilizado de manera recurrente para promover la megaminera, pese a que en el desenvolvimiento de estos emprendimientos difcilmente se cumplan con las promesas publicitadas. En Per, por ejemplo, la minera es la actividad que menos contribuye a la generacin de empleo: ocupa apenas el 1,5 de la Poblacin Econmica Activa (PEA), contra un 32,7% de la agricultura y un 26% de los servicios. Para el caso de Chile, las estadsticas muestran de forma contundente el fuerte incremento de los volmenes de explotacin y extraccin, y de los valores de exportacin, producidos a la par de una paralela cada en la cantidad absoluta y relativa del empleo minero. As, mientras los volmenes de minerales extrados registraron un crecimiento promedio del 150%, entre 1990 y 2004 se produjo una prdida neta de 18.490 puestos de trabajo. Con ello, la ya exigua participacin de la minera en el total de ocupados del pas se redujo drsticamente en ms del 50%, pasando del 1,34% del total de ocupados en 1990 a slo el 0,67% en el ao 2004.

En Argentina, pese a las promesas de los megaemprendimientos mineros, la minera representa menos del 0,7% del total de los asalariados registrados. El caso de Bajo la Alumbrera, en la provincia de Catamarca, uno de los yacimientos de cobre ms grandes de Sudamrica, es emblemtico. Cuando sta arranc en 1997, predomin la sensacin de que, an cuando las concesiones otorgadas fueran excesivas, se trataba de la nica alternativa para aprovechar tales riquezas como motor del desarrollo provincial. Minera Alumbrera auspiciaba la creacin de 10.000 puestos de trabajo para ocupacin de mano de obra directa. Por un lado, durante la fase de construccin de la mina se crearon 4.000 puestos de trabajo, segn un informe publicado por la Cmara Argentina de Empresarios Mineros . Sin embargo, siguiendo un estudio de la Universidad Nacional de San Martn, el empleo directo fue de 831 puestos de trabajo en el ao 2000, 795 en el ao 2001 y 894 en el ao 2002. Y segn la pgina de la empresa, en el yacimiento minero trabajan actualmente 1.800 empleados: 800 puestos de planta permanente y un promedio de 1.000 contratistas, la mayor parte trabajadores que no provienen de la zona de explotacin.

Por otro lado, la acentuacin de los niveles de pobreza, indigencia y desempleo contrasta notablemente con la evolucin de las variables macroeconmicas en un contexto de fuerte expansin de las exportaciones mineras. A la hora actual, tras catorce aos de explotacin de Bajo de la Alumbrera, el paisaje socioeconmico de la provincia no cambi favorablemente, sino todo lo contrario: los ndices industriales y de la construccin cayeron y los niveles de pobreza siguen siendo ms altos que la media nacional (17,2% de pobreza en 2009 para el Gran Catamarca), con porcentajes de poblacin asistida a travs de los diversos programas sociales de los ms altos del pas, e incluso, con algunos valores superiores a la media de la regin.

En Ecuador, actualmente, segn cifras del Banco Central de este pas, la extraccin de minerales representa 2.982 empleos directos y 10.254 empleos indirectos. Con el arranque de la minera metlica a gran escala, se estima que la contribucin del sector a la economa del pas, segn el borrador Plan Nacional de Desarrollo Minero, generar 10.000 nuevas plazas de trabajo. En el caso del proyecto Mirador, se prev la creacin de 1.200 empleos directos durante la fase de exploracin, y de 586 empleos directos durante la fase de explotacin.

Volviendo a la Argentina, respecto de la renta minera, las reformas de los `90 y el rgimen tributario permitieron que el sector funcionara con altas tasas de rentabilidad. Los aspectos que tienen un papel clave en la construccin poltica de la rentabilidad empresarial minera son, en primer lugar, la ingeniera fiscal compuesta de inditas exenciones y beneficios impositivos que inciden de modo determinante en la porcin de las rentas de explotacin que los estados y las sociedades ceden a favor de los inversionistas. No es que la minera no pague impuesto a las ganancias, pero en general tienen un rgimen que les permite deducir el 100% de lo invertido en prospeccin y exploracin; no pagan tasas municipales y se les garantiza tarifas no distorsivas de luz, gas, combustibles y transportes, entre otras muchas exenciones (A esto se conoce como subsidios encubiertos). En Argentina y en Per, el porcentaje mximo que se cobra en concepto de regalas es del 3%, pero ste puede ser menor. EnSan Juan -paradigma de la megaminera en Argentina-, en 2009 la empresa Barrick Gold aport por la mina Veladero slo el 1,7% en regalas.El resultado final es as una ecuacin financiera asimtrica: ingresos fiscales exiguos versus ganancias empresariales extraordinarias. Esto permite que coexistan en un mismo territorio empresas inmensamente ricas y pueblos extremadamente pobres, como ocurre en Per, Argentina o Mxico.

En 2010, tanto en Chile y en Per se levantaron fuertes voces crticas reclamando el cambio de la legislacin tributaria para la minera y el pago de una renta extraordinaria. Pero solamente para el caso chileno, stas desembocaron en la sancin de la Ley N 20.026, que establece el pago de un impuesto equivalente al 5% de las Utilidades Operacionales para empresas (o grupo de empresas relacionadas) que venden ms de 50.000 toneladas mtricas finas de cobre al ao, o su valor equivalente para otros productos mineros. Sin embargo, ms all de las ganancias extraordinarias y lo que stas puedan aportar a las arcas del Estado, la historia mundial ha venido mostrando que ningn pas del sur se ha desarrollado apelando a la explotacin de sus recursos minerales. Es cierto que para el caso de los pases especializados en materias primas, la minera transnacional puede generar fuerte crecimiento econmico (aumento del producto interno bruto), como sucede en el Per minero, pero ste es voltil, con escaso derrame y sin autntico desarrollo para la poblacin. Esto sucede as, porque los procesos de encadenamientos productivos dinmicos a partir de la minera se dan nicamente en los casos de los pases centrales (Estados Unidos, Canad, Australia), que son aquellos donde estn radicadas las grandes corporaciones transnacionales que controlan las cadenas de valor a escala global.

Finalmente, aspirar al desarrollo total de las fuerzas productivas, por ms que se quiera citar ciegamente a Marx o apelar al desarrollismo de antao, implica un gran retroceso e ignorancia; significa volver a una concepcin lineal del desarrollo, hoy ampliamente cuestionada en vista de los costos sociales, sanitarios y ambientales que el planeta est afrontando. Muestra a las claras que, ms all de las retricas ampulosas, y aunque se hable de Derechos de la Naturaleza o de la Pachamama o de manera ms modesta de cuidado ambiental, nuestros gobernantes, tanto como las grandes empresas conservan una concepcin productivista, que identifica el desarrollo con el mero crecimiento econmico, sin contemplar los indicadores sociales y ambientales, que en mediano y largo plazo son claramente negativos.

Derechos humanos y democracia

Si hay algo que precisamente no puede ser negado o minimizado, ni siquiera por el propio discurso tecnocrtico prominero, es la fuerte conflictividad social desencadenada de manera creciente por los proyectos extractivos. A lo largo de toda Amrica Latina y de la geografa de los pases del Sur en general, a medida que se fueron ampliando la cantidad de proyectos extractivos y las superficies territoriales intervenidas, los conflictos provocados por los mismos no han cesado de crecer. La casustica de la conflictividad social generada por proyectos mineros es extenssima y prcticamente muy difcil de abordar en trminos exhaustivos. Cada proyecto minero desencadena, de por s, un proceso conflictual que empieza ya con las actividades de exploracin y que no cesa ni aun cuando es momentneamente paralizado, ni cuando se hubiere agotado el ciclo de vida del yacimiento. La conflictividad tiene, como los pasivos ambientales que deja la minera misma, una sobrevida que excede largamente la del perodo de explotacin del yacimiento, tal como se puede verificar en casos emblemticos de la minera latinoamericana, en Guanajuato y Zacatecas (Mxico), Cerro de Pasco, La Oroya o la Baha de Ilo (Per) (H.Machado, 2010).

Actualmente, no hay pas latinoamericano con proyectos de minera a gran escala que no tenga conflictos sociales suscitados entre las empresas mineras y el gobierno versus las comunidades: Mxico, varios pases centroamericanos (Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panam), Ecuador, Per, Colombia, Brasil, Argentina y Chile. Segn el Observatorio de Conflictos Mineros de Amrica Latina (OCMAL) existen actualmente 120 conflictos activos que involucran a ms de 150 comunidades afectadas a lo largo de toda la regin. Slo en el Per, la Defensora del Pueblo de la Nacin da cuenta de que los conflictos por la actividad minera concentran el 70 % de los conflictos socioambientales y stos a su vez, representan el 50 % del total de conflictos sociales en ese pas, no casualmente uno de aquellos donde ms acelerada y descontroladamente se ha dado la expansin minera (De Echave et all. 2009). Este contexto de conflictividad contribuye directa o indirectamente a la judicializacin de las luchas socio-ambientales y a la violacin de los derechos en la medida en que no se generan procesos de consultas adecuados a las comunidades, son desalojadas de las tierras reclamadas por las empresas y stas ltimas contaminan los recursos de las comunidades como son el agua y la tierra, de los que dependen para su vida.

En definitiva, la minera metalfera a gran escala es muy cuestionada, no por falta de cultura productiva o simple demonizacin de la actividad, sino porque constituye una sntesis acabada del mal desarrollo [4] . Pero adems, dicha minera pone en jaque a la democracia, porque avanza sin consenso de las poblaciones, generando todo tipo de conflictos sociales, divisiones en la sociedad, y una espiral de criminalizacin de las resistencias que sin duda abre un nuevo y peligroso captulo de violacin de los derechos humanos.

As, en un nuevo escenario de vinculacin global que los diferentes gobiernos latinoamericanos sean progresistas, de izquierda o de inspiracin neoliberal- comparten en nombre del consenso de los commodities, la minera metalfera a cielo abierto se ha convertido en la actividad ms cuestionada en la regin, en una suerte de figura extrema, un smbolo del extractivismo depredatorio, al sintetizar este conjunto de rasgos particulares directamente negativos para la vida de las poblaciones y el futuro de nuestros pases. En consecuencia, no se trata solamente de una discusin econmica o ambiental, sino tambin de una discusin poltica sobre los alcances mismos de la democracia: se trata de saber si queremos debatir lo que entendemos por desarrollo sostenible; si apostamos a que esa discusin sea informada, participativa y democrtica, o bien, aceptamos la imposicin de nuestros gobernantes locales y las grandes corporaciones, en nombre del nuevo consenso de los commodities y de un falso desarrollo.-

[1] Retomamos parte de los argumentos y datos desarrollados en 15 mitos de la minera transnacional, colectivo Voces de Alerta, Librera de Humanidades Kronopios, Montevideo, Uruguay, 2011. Por ende, al tratarse de un libro colectivo, la verdadera autora de esta nota tambin es colectiva.

[2] Esta cifra est muy por debajo del promedio mundial de 497 toneladas dado por el US GEOLOGICAL SURVEY.

[3] Clculo sobre datos de Minera Alumbrera, Veladero, Potasio Ro Colorado y otras. Hernndez indica 1 empleo directo por cada US$ 1,2 millones: HERNNDEZ, S.: Sistemas Legales de Apoyo a la Pequea y Mediana Minera, en: http://www.panoramaminero.com.ar/sergio%20Hernandez.doc

[ 4 ] Tortosa, Jos Mara; Mal desarrollo y mal vivir Pobreza y violencia escala mundial, editores Alberto Acosta y Esperanza Martnez, serie Debate Constituyente, Abya-Yala, Quito, 2011.

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Maristella Svampa, Colectivo Voces de Alerta

Coordinacin de la serie Los perversos versos de la minera : Carlos Zorrilla, William Sacher, Alberto Acosta.

Nota: estos textos son de amplia divulgacin, por lo tanto pueden ser distribuidos citando la fuente. Se encuentran colgados en los siguientes portales:

www.extractivismo.com

www.infomineria.org



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