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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-08-2011

Deuda y guerra

Michael Hudson
Sin Permiso


Empecemos por la cuestin ms obvia: si los gobiernos incurren en deudas en el proceso de ejecucin de programas ya aprobados por el Congreso, por qu debera el Congreso disponer de una opcin adicional negarse a levantar el techo de endeudamiento para frenar al gobierno en su tarea de poner por obra esos gastos parlamentariamente autorizados?

La respuesta es evidente, cuando se atiende a la historia de la introduccin de este control suplementario en casi todos los pases del mundo. A lo largo de la historia moderna, la guerra ha sido la causa principal del crecimiento de la deuda nacional. El grueso de los Estados operan en equilibrio fiscal durante los tiempos de paz, financiando su gasto y su inversin a travs de impuestos y de tasas cargadas a los usuarios de servicios pblicos. Las emergencias blicas empujan ese equilibrio hacia el dficit; a veces, para guerras defensivas; a veces, para llevar a cabo agresiones.

En Europa, los controles parlamentarios del gasto pblico se concibieron para prevenir las declaraciones de guerra dimanantes de la ambicin de los poderosos. Tal fue el gran argumento de Adam Smith contra la deuda pblica: pretenda que las guerras se financiaran pagndolas al contado. Escribi que si la gente perciba inmediatamente el impacto econmico de la guerra amortiguado y pospuesto por los emprstitos, estara menos inclinada a apoyar aventuras militares.

No ha sido esa, obvio es decirlo, la posicin del Tea Party; ni la de los Republicanos. Lo que hace tan llamativa la crisis del techo de deuda del pasado 2 de agosto en los EEUU es su aparente disociacin respecto del gasto blico. Es verdad que ms de un tercio (350 mil millones de dlares) de los 917 mil millones de recortes del gasto corriente son para partidas del Pentgono. Pero eso simplemente desacelera la notoria escalada de la tasa de gasto militar acontecida entre Irak y Afganistn y Libia.

La cosa resulta an ms llamativa, habida cuenta de que el mes pasado el congresista Demcrata Dennis Kucinich y el congresista Republicano Ron Paul trataron de obligar al presidente Obama a prestar obediencia a las condiciones establecidas por la Ley de Poderes de Guerra y pedir al Congreso la aprobacin de su guerra en Libia, segn es preceptivo cuando una intervencin blica dura ms de tres meses. Ese intento de someter al Estado de Derecho a la presidencia imperial result infructuoso. Obama replic que bombardear a un pas no era un acto de guerra. Sera una guerra, slo si hubiera soldados muertos. El bombardeo de Libia se haca desde el aire, a larga distancia, y tal vez con vehculos areos no tripulados. De modo que una guerra incruenta incruenta para el agresor, claro no sera propiamente una guerra.

Para este tipo de situaciones fue precisamente introducida la normativa del techo de deuda en 1917. El presidente Wilson haba metido a los EEUU en la Gran Guerra, rompiendo su promesa electoral de no hacerlo. Los aislacionistas en los EEUU buscaron limitar el compromiso blico norteamericanos imponiendo la necesidad de supervisin y aprobacin por parte del Congreso del techo de deuda. Esa salvaguarda, huelga decirlo, fue concebida para ser usada contra el gasto discrecional que se daba sin aprobacin del Congreso.

El actual incremento de la deuda del Tesoro estadounidense resulta de dos formas de accin blica. La primera, abiertamente militar, es la guerra del petrleo librada en el Oriente Prximo, desde Irak y Afganistn (Oleoductistn) hasta la Libia rica en crudo; esas aventuras terminarn costando entre 3 y 5 billones de dlares. La segunda forma, harto ms cara, es la guerra, ms encubierta y ms costosa, que Wall Street est librando contra el resto de la economa, exigiendo que las prdidas de los bancos y de las entidades financieras pasen directamente al debe de la contabilidad pblica (al contribuyente). Los rescates y la barra libre para Wall Street no por casualidad, la principal fuente de financiacin de las campaas electorales de los congresistas cuesta 13 billones de dlares.

Resulta asombroso que, en el asunto del techo de deuda, Obama se centre principalmente en alertar de que habr que recortar la financiacin de la Seguridad Social, adems de la de Medicare y otros programas sociales. A pesar de ser pblico y notorio que las cotizaciones federales deducidas de los salarios han venido invirtindose regularmente en ttulos del Tesoro durante ms de medio siglo, Obama ha llegado incluso a decir que el gobierno norteamericano podra dejar de pagar esta misma semana los cheques de la Seguridad Social.

En las democracias opera un doble rasero radical. Los inversores de Wall Street no tienen, ciertamente, esa inquietud. En efecto, las tasas de inters que rinden los bonos del Tesoro a largo plazo han bajado este ltimo mes, y especialmente esta ltima semana. Eso quiere obviamente decir que los tenedores institucionales de deuda pblica esperan cobrar. Slo los ahorradores de la Seguridad Social tenan que temer, o es que acaso pretenda Obama amedrentarles para presentarse a s mismo como el hroe que viene en rescate de su Seguridad Social logrando el Gran Acuerdo en el Congreso?

Wall Street estaba en lo cierto. No haba una crisis real. La autorizacin para levantar el techo de deuda no es la ocasin adecuada para debatir la poltica fiscal a largo plazo. Desde 1962 precisamente cuando la Guerra de Vietnam empezaba su escalada, se ha levantado 74 veces. Esto es, un promedio de una vez cada ocho meses. Es como ir al notario pblico: slo para garantizar que el presidente no est haciendo algo mal. El seor Obama podra haber solicitado un voto limitado slo a eso, sin restricciones. Nunca antes se haban incluido restricciones as. Y an ms llamativo: no hubo el menor intento de imponer una restriccin para que la administracin Obama no gastara ms fondos en Libia sin obtener antes del Congreso una declaracin oficial de guerra.

Obama habra podido invocar la 14 Enmienda para pagar. Habra podido hacer suya la propuesta de Scott Fullwiler y otros economistas de la Universidad de Kansas para que el Tesoro emitiera unos cuantas monedas por valor de 1 billn de dlares y pagar a la Fed por los ttulos del Tesoro. Pero no; el seor Obama se tir de cabeza al ruedo, y entr en el debate sobre cmo recortar la Seguridad Social y Medicaire en el fragor de la guerra de clases que se est librando en EEUU, evitando el debate sobre la extensin de la guerra del petrleo al frica septentrional.

La primera gran victoria obtenida por el sector financiero en la guerra de clases que se libra sobre suelo norteamericano fueron los recortes fiscales temporales a los ricos bajo la administracin Bush. Obama no ha rectificado esa agresin, a fin de restaurar el equilibrio presupuestario. No se han abolido los recortes fiscales a los archiricos; no se han cegado los agujeros fiscales. El fardo del reequilibrio presupuestario se ha cargado sobre las espaldas de lo que constituyen las propias bases sociales del Partido Demcrata: trabajadores urbanos, minoras raciales y tnicas, los litorales del Este y el Oeste. Y sin embargo, los Demcratas se partieron por la mitad (95 a 95) en el voto para levantar el techo de deuda yugulando el gasto social del que es beneficiario principal el grueso de su electorado.

Su electorado, no los financiadores de sus campaas electorales. Tal parece la clave explicativa del modo en que se ha desarrollado la crisis de la deuda. Aun cuando se dio una resuelta oposicin de destacados Demcratas (como Maxine Walters Waters, Dennis Kucinich, Henry Waxman, Barney Frank, Edolphus Towns, Charles Rangel y Jerrold Nadler) y de algunos Republicanos [cercanos al Tea Party] (como Ron Paul, Michele Bachmann y Ben Quayle), lo cierto es que el grueso de la oposicin por principios vino del lado de los Republicanos tradicionales. Paul Craig Roberts, el antiguo asesor del Secretario del Tesoro de Reagan, critic el acuerdo como excesivamente derechista y a tal punto favorable a los ricos, que amenazara con llevarnos derechamente a la depresin econmica.

La esencia de la economa clsica de mercado libre era la restriccin del poder ejecutivo, en una poca en que el poder para declarar la guerra constitua la mayor amenaza para los intereses nacionales. As como las cmaras bajas de las legislaturas bicamerales se hicieron con el poder para comprometer a las naciones con una deuda nacional permanente antes del siglo XVI, las deudas reales moran con el monarca que las haba contrado, as tambin los parlamentos afirmaron su derecho a bloquear las actividades blicas.

Pero ahora que las finanzas constituyen la nueva forma de librar guerras internamente, no en el exterior, dnde est el poder capaz de restringir el poder del Tesoro y de la Reserva Federal para obligar a los contribuyentes a rescatar los intereses financieros enquistados en la cspide de la pirmide econmica? La Fed y otros bancos centrales se jactan de que su independencia es un hito de la democracia. Lo que parece es ms bien un jaln en la transicin hacia una oligarqua financiera. Y ahora que las finanzas se han amalgamado con la industria petrolera y con los grandes monopolios y los privatizadores del dominio pblico, la necesidad de algn tipo de supervisin parlamentaria resulta tan perentoria como lo fue en su da la del poder de los parlamentos sobre el gasto militar.

En el debate sobre el techo de deuda no se oy la menor alusin a este principio bsico. Hasta los crticos que votaron a favor con la nariz ostensiblemente tapada para dar plausibilidad a las previsibles crticas que oportunamente se reservan para la siguiente campaa electoral, hasta stos actuaron como si estuvieran salvando a la economa. La cruda realidad es que ahora hay menos esperanzas de reconstruccin de la infraestructura, una de las promesas del presidente. Los recortes en el reparto de los ingresos federales sern un duro golpe para los estados y los municipios, y los obligarn a vender todava ms suelo y ms carreteras y a poner en almoneda otros activos en el dominio pblico, a fin de poder equilibrar el presupuesto mientras la economa de los EEUU sigue hundindose en la depresin. Lo nico que ha hecho el Congreso es aadir deflacin fiscal a la deflacin por sobreendeudamiento, debilitando todava ms el empleo.

Cmo explicarn todo esto en las elecciones de noviembre de 2012?

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=4358



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