Portada :: Espaa :: Laboral y sindical (luchas locales, frentes globales)
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2011

La discriminacin en el mercado laboral espaol
Crisis capitalista y dualizacin social

Arturo Borra
Rebelin


a) El derrumbe de la explicacin meritocrtica

Por qu un temporero inmigrante gana 15 diarios (en una jornada de 12 horas de trabajo de recoleccin de ctricos) y los cabos, casi todos de origen nacional, cuadriplican su salario? Por qu un profesor extranjero no puede acceder ni participar en pie de igualdad con profesores locales en las instituciones educativas, a pesar que en ocasiones disponen de una trayectoria institucional ms relevante y unos perfiles intelectuales comparativamente mejores? Qu lugar tienen los diversos profesionales procedentes de diferentes regiones del mundo en el mapa econmico de Espaa, incluyendo las administraciones pblicas y los rganos sindicales? Por qu la mayora de las grandes cadenas comerciales no contratan a inmigrantes en general o les reservan puestos de trabajo de baja cualificacin? Qu porcentaje de directivos de procedencia extranjera hay en las empresas espaolas? Cul es la tasa de temporalidad comparativa entre autctonos y extranjeros? En suma, por qu el mercado laboral espaol plantea una desigualdad radical entre trabajadores locales y trabajadores inmigrantes (cualificados o no), incluyendo las diferencias salariales en puestos de trabajo similares?

Partiendo de la premisa de que existen mltiples formas de discriminacin, incluyendo la discriminacin mltiple (p.e. una mujer musulmana de procedencia africana mayor a 45 aos), sealemos que adems de la segregacin por motivos de raza, etnia o nacionalidad, se plantean otras formas discriminatorias por gnero, edad, clase u orientacin sexual. Es claro que esas otras formas siguen vigentes y consolidadas en los mercados laborales, aunque en este trabajo me contentar con distinguir entre poblacin local y extranjera para mostrar la clara desigualdad existente entre ambos.

No se trata, por supuesto, de una afirmacin novedosa, pero es parte de nuestra tarea crtica documentar estas asimetras que ponen radicalmente en cuestin la apertura poltica de la globalizacin capitalista y la injusticia que gobierna las relaciones sociales y econmicas actuales. La labor de cuestionamiento de nuestra realidad histrico-social no tiene su justificacin en una supuesta originalidad autoral (una bsqueda bastante repetida por cierto), sino en la conviccin de que slo un trabajo tcnico pormenorizado puede desmontar las falacias conceptuales que contribuyen a sostener dicha realidad, entre otras cuestiones, por el desempeo de una intelligentia tecnocrtica. Avancemos, pues, en esa direccin.

A los efectos de dar cuenta de la desigualdad laboral suele invocarse con frecuencia la explicacin meritocrtica: las diferencias en las condiciones de trabajo responderan tanto a una cuestin de competencias y formacin (aptitudes) como a una cuestin de disposicin para el trabajo (actitudes). Si las diferencias aptitudinales ameritaran una desigualdad salarial, por su parte, las diferencias actitudinales (el esfuerzo efectuado por cada quien para conseguir algo en la vida) justificaran la desigualdad en el acceso a puestos jerrquicos de trabajo. La movilidad ascendente, disponible para todos, slo estara dada para aquellos dispuestos a competir duro por el logro de sus objetivos en el mundo laboral. Si los inmigrantes no ocupan puestos de mayor responsabilidad y jerarqua sera, segn esta perspectiva, por su retraso cultural (cuando no su incultura), su falta de formacin (si no de educacin) y, tampoco faltan variantes que avanzan hasta invocar pereza crnica y la correlativa incapacidad de asumir grandes responsabilidades por parte de los (in)migrantes. Por supuesto, esta explicacin se retacea a s misma para no resultar inverosmil y grotesca. Se invocar de forma parcial pero, en general, se mantendr el principio de mrito que justifica las desigualdades econmicas en nombre de un diferencial de esfuerzo, tenacidad y cualificacin en condiciones de partida presuntamente igualitarias.

No es preciso hacer una contrastacin emprica rigurosa para saber que dicha explicacin se desploma no bien se comprueba la existencia de empleos idnticos en una misma empresa que varan su salario segn la condicin del empleado, as como en las promociones o ascensos laborales, inclinados favorablemente hacia los empleados locales. Invocar un diferencial de esfuerzos se parece al discurso de algunos lderes polticos que quieren explicar las asimetras de poder poltico-econmico de los pases-miembro de la Unin Europea sosteniendo que algunas naciones (las del Sur) tienen que hacer mejor los deberes (reducir salarios, recortar derechos y mejorar la productividad) para parecerse a las del esmerado Norte. O, para introducir una perspectiva histrica, dicha explicacin podra con irona retrotraerse a las leyendas sobre la displicencia de los indgenas con que los conquistadores justificaban su sometimiento, mientras apuraban con trabajos forzosos el expolio.

Me abstendr de ahondar en esas direcciones. El desplazamiento migratorio por factores econmicos ya es una muestra suficiente para acreditar la voluntad de trabajo de esa masa marginal que, con frecuencia, es arrojada fuera de sus contextos geogrficos en busca de oportunidades laborales. La cuestin, sin embargo, no se resuelve ah. Tambin podra invocarse la tasa de actividad de personas extranjeras (en proporcin, significativamente superior a la autctona). No seremos nosotros quienes se refugien en una nebulosa intencionalidad para determinar los factores de este diferencial.

b) La discriminacin en cifras

El punto ms crucial para rebatir esta perspectiva es el anlisis comparativo de cualificacin. Segn datos aportados por el INEM, la formacin de la poblacin inmigrante es similar a la de la poblacin local. Que el propio sistema estadstico oficial sea quien elabore estos datos evita cualquier sospecha de un enfoque sesgado de la cuestin (al menos, de un enfoque especialmente favorable ante los fenmenos inmigratorios). Dicho lo cual, es claro que la diferencia porcentual de ms de un 13% entre parados locales y extranjeros (1) no responde a problemas de empleabilidad, sino a una clara preferencia por los trabajadores locales, que sufren en menor medida los efectos del paro. Asimismo, tambin sabemos que alrededor del 80 % de los trabajadores extranjeros est ocupado en 6 sectores de la economa de baja cualificacin (hostelera, servicio domstico, comercio minorista, agricultura, industria y construccin). Ya hemos sealado que dicho confinamiento sectorial no obedece a problemas formativos, sino lisa y llanamente a la discriminacin directa e indirecta que sufren estos colectivos.

En sntesis, tanto por el mayor porcentaje de parados (la tasa de paro entre inmigrantes es del 32 %), por los puestos de trabajo que ocupan dichos trabajadores (empleos subcualificados y de baja cualificacin), por la alta temporalidad de su insercin y por el nivel de retribucin, muestran una discriminacin flagrante, relativamente conocida y que, sin embargo, no suscita mayor escndalo. La conclusin no puede ser otra: en el mercado laboral espaol se ha naturalizado la sobreexplotacin de los inmigrantes (un plus a la ya deplorable explotacin laboral de los trabajadores locales) y, con ello, se suma una variante ms de la discriminacin laboral que sepulta cualquier idea de igualdad material en el acceso a oportunidades laborales.

Aunque la informacin proporcionada es una prueba suficiente para hablar de discriminacin laboral entre trabajadores locales y extranjeros, el problema es demasiado grave para no hacer un esfuerzo adicional para documentar la situacin. Prosigamos, entonces, con otros datos relevantes, aportados por el Informe de inmigracin y mercado laboral 2010 (2). La poblacin trabajadora inmigrada tiene tasas de temporalidad muy superiores (pg. 19) a las de la poblacin autctona. Al finalizar 2009, la tasa de paro para el conjunto de la poblacin fue del 18,8%, pero para los espaoles fue del 16,8% y para los extranjeros del 29,7%. (pg. 156).

No obstante la crisis econmica, en los trabajadores espaoles no se ha interrumpido el proceso de movilidad ascendente, mientras que en el caso de los inmigrantes no estn beneficiados en las mejoras en su distribucin por categoras (pg. 158). A pesar de los prejuicios que enfatizan la condicin amenazante del trabajador inmigrante con respecto a los espaoles, no ha habido sustitucin de los segundos por los primeros: En casi todas las ocupaciones en las que los espaoles pierden ocupados, tambin los pierden los extranjeros (pg. 158).

Hasta en el ltimo informe anual se seala este agujero negro: Apenas existen estudios que hayan determinado con rigor la discriminacin que sufren los trabajadores extranjeros en el mercado laboral, pero hay indicios claros de que tal discriminacin existe. Por el momento, la discriminacin no ha merecido una atencin especial en el proceso de insercin laboral de la poblacin inmigrada, porque la simple legalizacin de tal insercin ha sido prioritaria. Ahora, sin embargo, combatir la discriminacin es ya asunto inaplazable y ello demanda, en primer lugar, cierto aprendizaje para detectarla y calibrarla. La lucha contra la discriminacin requiere una vigilancia especfica que comienza por el acceso al trabajo, asegurando que se cumple el principio de igualdad de oportunidades y sigue con las condiciones laborales y los procesos de promocin interna en las empresas. La discriminacin en algunos casos puede ser burda, pero en otros es muy sutil, y es por ello por lo que no puede ser detectada ni corregida sin mecanismos especficos establecidos a tal efecto (pg. 160).

En esa escasez de estudios al respecto, habra que remontarse ms de una dcada para hallar algn informe pionero, en el que se haca un relevamiento emprico del campo empresarial espaol, como es el caso de La discriminacin laboral a los trabajadores inmigrantes en Espaa, del Colectivo IOE: M. Angel de Prada, W. Actis, C. Pereda y R. Prez Molina (3). Lamentablemente, su informacin est desactualizada y no contamos con ningn estudio similar en el presente. Slo indirectamente podemos inferir que la discriminacin de intensidad notable (sic) que detectaban los investigadores con respecto al colectivo de marroques (la poblacin estudiada) no slo no ha desaparecido, sino que se ha agravado.

Aunque la discriminacin laboral por motivos de raza, etnia o nacionalidad se trata de un hecho probado, es difcil prever si el estado espaol desarrollar planes especficos para corregir estas tendencias negativas, ms all del Proyecto de Ley Integral para la Igualdad de Trato y la no Discriminacin (pendiente de aprobacin), tan necesario como insuficiente. El giro hacia la derecha del gobierno espaol y la inminente consolidacin del neoconservadurismo como formacin hegemnica permiten anticipar un pronstico negativo: es probable que la discriminacin laboral en los prximos aos se agudice, al punto de hacerse endmica, sin avances significativos en la gestin de la diversidad dentro de las empresas y las instituciones en general.

c) Discriminacin y capitalismo

Paradjicamente, aunque el ciclo migratorio ha cambiado (su ritmo no slo se ha desacelerado notablemente y puede producirse un saldo negativo en los prximos aos, como ya est ocurriendo en algunas comunidades autnomas) la ola xenfoba y racista ha aumentado en los ltimos tres aos (4). A esa ola ha contribuido el propio estado espaol (entre otras cuestiones, criminalizando a los inmigrantes irregulares, restringiendo con cierta discrecionalidad legal el acceso y permanencia a trabajadores regulares, taponando los mecanismos de regularizacin y asilo y, en general, invisibilizando el problema del racismo y la xenofobia). No obstante lo dicho, sera apresurado suponer que la discriminacin opera de forma indiscriminada en las estructuras del estado. Antes que un rechazo general a los trabajadores inmigrantes, sus polticas han optado por mecanismos selectivos (p.e. la tarjeta azul) que permitan discriminar categoras de trabajadores requeridos de otras consideradas prescindibles, en previsin a las necesidades instrumentales de mano de obra, sostenibilidad de la seguridad social, ingresos fiscales y crecimiento demogrfico, entre otras razones.

La resultante de esta combinacin explosiva de crisis econmica, cultura hegemnica crecientemente xenfoba y racista y polticas de estado restrictivas es la produccin de un proletariado perifrico que atiende -a bajo costo y con derechos mermados- las demandas fluctuantes del sistema productivo, sin el ms mnimo respeto de un principio de igualdad y trato no discriminatorio. Trabajos de mala calidad, mal remunerados, de baja cualificacin (habitualmente, subcualificados segn los perfiles competenciales de los trabajadores), sin posibilidades reales de promocin y con alta temporalidad son las caractersticas de los puestos laborales que se ofertan a inmigrantes desde el mercado. Ni siquiera el desaprovechamiento de sus capacidades por parte del sistema productivo ha frenado esta prctica de trato desfavorable a una parte de la poblacin residente en el pas, presuntamente ciudadanos de pleno derecho pero tratados en verdad como ciudadanos de segunda mano. No debera sorprender la aparicin ms o menos mediata de brotes de indignacin de colectivos especficos: son producto de una inclusin subordinada y precarizada en el mercado laboral, cuando no directamente de la exclusin del sistema econmico, facilitada en cierta medida, por la utilizacin generalizada de tecnologas de la produccin.

En ltima instancia, no se trata de un problema local. La discriminacin abierta y encubierta es, en verdad, propiciada por la mano invisible de los mercados capitalistas que, a fuerza de desregulacin, tiene va libre para explotar a mano de obra ms vulnerable y apostar por una reduccin salarial general. Puesto que no media regulacin suficiente al respecto, la inmigracin laboral constituye fuerza sobre-explotable (habida cuenta de la explotacin habitual de los trabajadores, cualquiera sea su origen) y por otro, usada como chivo expiatorio de la crisis, poniendo a distancia la responsabilidad de las empresas en el propio estancamiento econmico. Responsabilizar al eslabn ms dbil de la cadena de produccin tiene sus beneficios secundarios: no enfrentarse con aquellos agentes ms poderosos de los que depende, en cierta medida, la propia subsistencia. Para establecer un smil, la situacin es similar a cuando se acusa a una mujer maltratada de ser la responsable de su maltrato. Si bien el menosprecio hacia los sujetos ms vulnerables no es sino una renegacin de la situacin temida para s mismo, adems de confundir el blanco, prepara las condiciones para la expansin de una prctica de cuo totalitario.

En sntesis, aunque podra leerse un cierto cosmopolitismo del capital, siempre y cuando sea funcional a su propia rentabilidad, por otra parte no debera llamarnos a engao: la discriminacin interna al mercado es garante de salarios bajos y de procesos de precarizacin laboral que reducen costos a fuerza de incrementar el malestar colectivo. La contratacin de trabajadores inmigrantes no slo presiona para una cada salarial general, sino tambin para el deterioro de las condiciones de trabajo en su conjunto. Tal como Marx seal, los parados constituyen un ejrcito de reserva que limita los niveles salariales y, como tal, son condicin de existencia de la produccin de plusvala. Como complemento, un ejrcito de irregulares participa en la economa sumergida o en los sectores ms precarios de la economa formal, posibilitando la vulneracin absoluta o relativa, respectivamente, de derechos laborales bsicos y consolidando el disciplinamiento del nuevo proletariado fragmentado. Es necesario insistir en el punto: lo que en este contexto de metamorfosis del trabajo (5) est en juego no es slo la posibilidad real de negociacin colectiva, sino la calidad misma del trabajo. La degradacin en ese mundo, desde luego, es inseparable al deterioro de las condiciones sociales de vida, lo que no deja de ser una razn de ms para consolidar unas luchas polticas y unas resistencias colectivas.

Aunque se suela invocar la crisis como factor central de la discriminacin, dicha percepcin es errada: esta prctica discriminatoria claramente le preexiste y la crisis no ha hecho ms que agudizarla. Se trata de una perversin intrnseca al capitalismo: sin discriminacin, esto es, sin construir categoras socioeconmicas que sostengan la desigualdad efectiva entre trabajadores, la relacin de fuerzas entre clases tendera a equilibrarse (en trminos relativos) y las exigencias colectivas podran estructurarse con mayor eficacia. Desde una perspectiva extraeconmica, el antagonismo entre trabajadores locales y extranjeros quiebra el mutuo reconocimiento necesario para construir unos intereses y demandas comunes, esto es, una (com)unidad de lucha. Sin esa unidad estratgicamente construida, el antagonismo con las clases dominantes queda, si no desactivado, s al menos desenfocado.

Si por un lado la globalizacin capitalista garantiza flujos desregulados de capital, por otro, regula fuertemente los movimientos migratorios, en concordancia a las necesidades del capital trasnacionalizado (lo que equivale a decir: segn sus territorializaciones y desterritorializaciones continuas). La dualizacin entre trabajadores extranjeros y locales forma parte de una estratificacin social ms vasta que el capitalismo produce entre trabajadores diferentes. En ltima instancia, es un movimiento complementario de la tendencia a la concentracin monoplica: si por una parte el sistema procede por concentracin (de capital), por otra parte, necesita operar por dispersin o divisin (de la fuerza de trabajo). En ese escenario, no cabe descartar en absoluto la produccin de un excedente de mano de obra tcnicamente prescindible, tanto desde la perspectiva de la produccin como del consumo (habida cuenta de su nfima participacin en el mismo). Dicho de forma brutal: el capitalismo, en esta fase, produce un sobrante estructural de personas que son condenadas a la marginacin social. Ni siquiera las requiere como recambio social a una de por s amplia clase trabajadora que busca en la formacin tcnica el paracadas que ralentice la cada o, en otras palabras, el desarrollo de competencias que disminuya los riesgos de la precarizacin laboral. En esta dimensin de la problemtica, aunque a menudo el miedo al paro termine significando esta disyuntiva como primaria, no nos enfrentamos a la simple alternativa entre trabajo y no-trabajo sino a algo mucho ms complejo y difcil: la reconstitucin del trabajo reducido a empleo, ms o menos inestable y precario, vaciado de cualquier significacin vital estructurante. Semejante metamorfosis, desde luego, requiere una elucidacin independiente y desborda la reflexin aqu acotada a ciertas formas de discriminacin laboral.

En cualquier caso, las crisis sistmicas forman parte del ciclo econmico del capitalismo: construir categoras trabajo intelectual y manual, cualificado y no cualificado, fijo y temporal, jerrquico o subordinado, etc.-, esto es, discriminar segn criterios identitarios, forma parte de sus tcnicas de dominacin de una fuerza de trabajo que no est asegurada de por s y que produce resistencias ms o menos articuladas, segn cambiantes relaciones de poder. No por azar la retrica de la productividad impregna los discursos empresariales y gubernamentales, como un modo de aumentar la rentabilidad y construir mecanismos de distincin entre los trabajadores categorizados. Pero precisamente porque detrs de esa fuerza lo que hay son sujetos humanos concretos, con sus aoranzas y su sufrimiento, es nuestra tarea cuestionar de raz las estructuras colectivas e institucionales que sostienen y reproducen las desigualdades en aumento.

Notas

(1) Me remito a los ltimos datos de la EPA:

http://www.ine.es/daco/daco42/daco4211/epa0211.pdf

(2) Dicho informe puede consultarse en:

http://extranjeros.mtin.es/es/ObservatorioPermanenteInmigracion/Publicaciones/archivos/Inmigracion__Mercado_de_Trabajo_OPI25.pdf

(3) Dicho informe puede consultarse aqu:

http://www.ilo.org/public/english/protection/migrant/download/imp/imp09s.pdf

(4) Para esta cuestin, remito al artculo donde me ocup de esta cuestin: http://www.tendencias21.net/inmi/Operacion-borrado-quien-da-cuenta-del-racismo-y-la-xenofobia-en-Espana_a4.html

(5) Los trabajos de Andr Gorz (La metamorfosis del trabajo, Sistema, Madrid, 1997) y Benjamin Coriat (El taller y el cronmetro. Ensayo sobre el taylorismo, el fordismo y la produccin en masa, Siglo XXI, Madrid, 1993) resultan especialmente esclarecedores al respecto.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter