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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-08-2011

Presentacin de la novela Komatsu PC-340 en Dnia, el 11 de agosto de 2011
Narrar para cambiar el mundo

Javier Mestre
Rebelin


Hola a todos y a todas, gracias por haber venido a esta presentacin.

Cuando uno se enfrenta por vez primera al prodigio de que le publiquen su novela, a menudo se siente extrao en estos eventos en los que todo parece girar alrededor del ombligo del escritor. Como si escribir no fuera otra cosa que un oficio, que ojal pudiera uno desempear para ganarse la vida. Imagino una presentacin de una escalera recin barrida y fregada, de un puesto del mercado bien acicalado por la maana para poner naranjas y melones a la venta por primera vez, del primer enfermo atendido a pesar de la privatizacin del consultorio... Pero no sabe uno muy bien por qu, editores, familia, amigos, todo el mundo ve natural congregarse alrededor del escritor que simplemente ha hecho como buenamente ha podido su trabajo.

Ser porque escribir, narrar, es un oficio que tiene algo de particular? Algo que lo hace especialmente notorio, relevante, en nuestras vidas? Llevo desde marzo, cuando sali a la luz Komatsu PC-340, dndole vueltas a este asunto. Y creo haber descubierto algo.

La magia de una novela estriba en que su relato sustituye todos los dems en la mente del lector atento. Por un instante, las palabras escritas se convierten en un ro que arrasa con todos los componentes de la conciencia del lector. Su flujo es invasivo, llena, porque encaja a la perfeccin en la mente y la memoria. Somos relato. Organizamos lo que sabemos y lo que transmitimos, siempre, en forma de relato. Quien domina los relatos, llena las mentes, domina el mundo. Hay relatos para todo: de relatos estn formadas las instrucciones para hacer las cosas, las coartadas morales, la toma de cualquier decisin o el disfrute de cualquier aventura, que no se completa hasta que puede ser contada. Quien siembra de relatos las mentes, educa, forma, explica cmo se relata y qu es lo bueno y qu lo malo.

Nuestras vidas son relatos que van a dar a la mar, que es el morir. Vivimos entre historias y cuentos. Son relatos la tele y los peridicos, los blogs y las redes sociales estn llenos de historias y se comprenden con estructura de relato. La radio, el cine, la escuela, las conversaciones de amigos, la mayor parte de los parlamentos de las asambleas de trabajadores o de indignados, los parloteos en los vestuarios de los antidisturbios que acaban de reprimir una manifestacin de jvenes sin esperanza...

Yo me gano la vida como profesor de lengua y literatura en secundaria y vivo da a da la importancia de dominar los relatos para dominar el mundo. Los profesores vivimos en la impotencia del que cuenta una historia sensata sobre lo que las cosas son, labrada en milenios de disciplina y esfuerzo colectivo, que se ve desbaratada da a da por los chascarrillos provenientes de un chorro fantstico, un estruendo sin fin, que invade los cerebros sin dar la menor tregua.

Tiene su aquel, por tanto, el trabajo de labrar narraciones. Conecta ntimamente con lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Y precisamente ah se encuentra la responsabilidad del escritor. No puede compararse, por ejemplo, con la inmediatez de la responsabilidad del mdico, por ejemplo, pero s con la del educador, la del periodista o la del poltico cuando llenan con sus cuentos el espacio pblico.

Ricardo Senabre, crtico literario de El Cultural, la revista de dan los viernes con el diario El Mundo, compar Komatsu PC-340 con la novela social que floreci en Espaa a finales de los aos cincuenta y durante los sesenta del siglo XX. Y se permiti asegurar que esta novela comparta con las de los Lpez Salinas y compaa sus notorias insuficiencias, disculpadas antao por la presencia de una novelstica combativa que pareca necesaria. Claro, ahora ya no tiene lugar una literatura cuyo fin sea transformar las cosas, ahora vivimos en la democracia ideal, el mejor de los mundos. Y oye, vamos leyendo las novelas de xito y parece que hay una poderosa normalidad subyacente que, o bien es un ahora reconfortante frente a un pasado en el que caban todas las ignominias, o bien es una mierda tal, hecha de individuos siempre despreciables, moralmente ambiguos o directamente chungos, que es obvia la imbecilidad de cualquier esfuerzo destinado a conseguir que las cosas cambien.

Un servidor, sin embargo, sigue teniendo como norte una cancin que escribi Gabriel Celaya cuando, al parecer, s que reposaba este pas sobre injusticias que necesitaban que alguien les metiera mano... Se titula La poesa es un arma cargada de futuro y es el manifiesto de la literatura social.

Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, 
mas se palpita y se sigue ms ac de la conciencia, 
fieramente existiendo, ciegamente afirmado, 
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente 
los vertiginosos ojos claros de la muerte, 
se dicen las verdades: 
las brbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas 
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, 
piden ser, piden ritmo, 
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto, 
con el rayo del prodigio, 
como mgica evidencia, lo real se nos convierte 
en lo idntico a s mismo.

Poesa para el pobre, poesa necesaria 
como el pan de cada da, 
como el aire que exigimos trece veces por minuto, 
para ser y en tanto somos dar un s que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan 
decir que somos quien somos, 
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. 
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesa concebida como un lujo 
cultural por los neutrales 
que, lavndose las manos, se desentienden y evaden. 
Maldigo la poesa de quien no toma partido hasta mancharse.

Hago mas las faltas. Siento en m a cuantos sufren 
y canto respirando. 
Canto, y canto, y cantando ms all de mis penas 
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, 
y calculo por eso con tcnica qu puedo. 
Me siento un ingeniero del verso y un obrero 
que trabaja con otros a Espaa en sus aceros.

Tal es mi poesa: poesa-herramienta 
a la vez que latido de lo unnime y ciego. 
Tal es, arma cargada de futuro expansivo 
con que te apunto al pecho.

No es una poesa gota a gota pensada. 
No es un bello producto. No es un fruto perfecto. 
Es algo como el aire que todos respiramos 
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo 
como nuestras, y vuelan. Son ms que lo mentado. 
Son lo ms necesario: lo que no tiene nombre. 
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.

En fin, como obrero de la prosa, o ingeniero, segn se mire, no busco el fruto perfecto, sino ms bien el relato que sirva para desvelar los cimientos de porquera sobre los que se asienta nuestra normalidad. Cuando atravesamos Madrid por los tneles de la M-30 es conveniente no olvidar, entre otras cosas, que nueve trabajadores murieron al construirlos, en un proceso en el que varios centenares quedaron marcados por heridas que los acompaarn toda su vida. Conviene saber tambin que hacer las cosas tan mal y tan rpido hizo posible un fabuloso negocio en el que se esquilmaron las finanzas municipales de Madrid para los prximos treinta aos, mediante una especie de hipoteca que tendrn que pagar los ciudadanos gobierne quien gobierne la ciudad, aun a costa de guarderas, bibliotecas, parques o instalaciones deportivas de base. Estas obras prosperaron sirvindose de la impresentable situacin poltico legal de la extranjera en Espaa, la explotacin ilegal de los seres humanos a los que se reduce a semiesclavos sin papeles, luego sin derechos, y para los que tenemos reservadas unas prisiones vergonzosas que se llaman Centros de Internamiento de Extranjeros (CIEs) donde se encarcela en unas condiciones penosas y humillantes por el mero hecho de no tener los papeles en regla. En fin, ahora, con la crisis econmica y el movimiento de indignacin popular que afortunadamente parece que no decae, nos lamentamos del volumen de los desbarajustes ambientales y sociales causados por los aos de una bonanza econmica que sabemos que se bas tanto en el desequilibrio, la corrupcin, la irresponsabilidad y la injusticia.

No hay razones para renunciar al lujo cultural de los neutrales y dedicarse a un verso plano y directo que sea para el pobre y necesario como el aire que respiras? Ahora me ha dado por mirar a los pies. Nos calzamos cada da y uno no sospecha la magnitud de los crmenes y los despropsitos que uno fomenta cuando compra un par de zapatos. He decidido que mi prximo relato sirva para mostrar otro cachito del mundo real-real que est ah, nos constituye, y parece que todas las voces se ocupan de mantenerlo oculto.


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