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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-04-2005

Balance del ejercicio de Wojtyla
Por sus hechos los conoceris

Javier Ortiz
El Mundo


Quisiera referirme a la noticia del da con el debido respeto para quienes no piensen, no sientan y no crean como yo, pero reclamando de ellos, a su vez, el necesario respeto para quienes pensamos de modo muy distinto y creemos tan slo en las cosas que nos parecen crebles, entre las cuales no figura la hiptesis de que haya un Dios, y menos todava uno que cuente con un representante en la Tierra.

Los catlicos deben asumir que los no catlicos examinemos la personalidad de Karol Wojtyla desde una perspectiva desprovista de la menor dimensin trascendente: para nosotros, con toda la razn (o con toda la Razn, con mayscula), se trata del dirigente mortal de una congregacin humana, cuyas acciones evaluamos con criterios ticos y polticos estrictamente terrenales.

Fijada esta premisa elemental, qu balance cabe hacer del largo ejercicio de Wojtyla como jefe del Estado vaticano y de la Iglesia catlica?

Apuesto cualquier cosa a que las pginas de cientos de peridicos de todo el mundo incluirn hoy artculos editoriales que se referirn a la trayectoria del Papa polaco con idntico criterio: figura controvertida, lo positivo y lo negativo, personaje de difcil clasificacin, luces y sombras... Y que, cuando entren en materia, dirn que las luces hay que ponerlas en su honda preocupacin social y su lucha por la paz, mientras las sombras recaen sobre sus posiciones retrgradas en materia de costumbres, familia, sexo, etctera.

Harn trampa. Un balance correcto requiere el uso de magnitudes comparables.

La supuesta honda preocupacin social y la tan mentada lucha por la paz de Karol Wojtyla no ha traspasado jams la frontera de las proclamas y los discursos. En la prctica, ha mantenido siempre excelentes relaciones con los alimentadores del becerro de oro, lo mismo que con los seores de la guerra del mundo entero.Nunca rompi relaciones con ninguno de ellos. Para juzgar su preocupacin por la pobreza, me basta con constatar que ni se le ocurri la posibilidad de poner en venta as fuera una pequea parte de las inmensas riquezas que posee la Iglesia catlica -en terrenos, en edificios, en obras de arte- para dar con ello algn socorro a los parias del orbe entero.

En cambio, las batallas que ha encabezado contra el control de la natalidad, contra el uso de profilcticos en las relaciones sexuales, contra la igualdad de derechos de las mujeres (dentro de su propia Iglesia, para empezar), contra el derecho al aborto, contra el divorcio, contra los avances de la gentica con fines teraputicos... y un largo etctera, han sido reales y muy reales, materiales y muy materiales, y han tenido graves consecuencias para millones de personas a lo largo y lo ancho del mundo.

No lo digo yo, ni la sentencia es ma: Por sus hechos los conoceris.


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