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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2011

Buscando desde el sur un idealismo prctico

Sebastin Endara
Rebelin


Resumen: Segn Jos Mara Tortosa, el sistema capitalista es generador de un maldesarrollo estructural. Siguiendo esta tesis se hace un breve repaso de las condiciones del sistema capitalista, para desembocar en la permanente pregunta por las alternativas. Al respecto se hace mencin de que stas deben ser en primer lugar alternativas culturales, que modifiquen la prioridad de su atencin, centrndose en el ser humano. Al respecto se menciona al cooperativismo como un 'idealismo prctico' que rene los requisitos tericos y prcticos de esta 'alternativa cultural', para finalmente sugerir la necesidad de profundizar y actualizar la investigacin en la doctrina cooperativista paralelamente a la del mundo indgena como un espacio cooperativista que ha permitido el nacimiento de categoras (alternativas) tan importantes como el Buen Vivir.

Alberto Acosta, al iniciar el prlogo del libro de Jos Mara Tortosa, Mal desarrollo y Mal Vivir, plantea la pregunta de si ser posible y realista intentar un ordenamiento social diferente, sustentable, igualitario y equitativo dentro del capitalismo. La respuesta es simple: no.(Acosta, 2011, 15). El capitalismo es un sistema que bsicamente genera mal vivir, es decir, condiciones de desarrollo desigual, tanto dentro de una economa local como a nivel mundial, genera condiciones severas de insatisfaccin -lo que Tortosa llama insatisfaccin sistmica-, de las necesidades bsicas en grandes porciones de la poblacin a nivel mundial.

La falacia de la libre competencia que segn Acosta anima al canibalismo econmico entre los seres humanos y que ha alimentado la especulacin financiera- (Acosta, 2009, 20), nunca tuvo en cuenta al perdedor, solo al ganador, al dominador, quien adems propuso su versin de desarrollo, y en general su visin de cmo debe ser el mundo. El sistema capitalista, con sus pretensiones homogeneizadoras a nivel global, con su lgica de consumo infinito, con la explotacin soslayada de las personas y de la naturaleza, con la destruccin del medio ambiente, con la eliminacin prctica de todo pensamiento crtico que no se alinee a su concepto de progreso y desarrollo, est consiguiendo en palabras de Jos Mara Tortosa, la virtual aniquilacin de la humanidad como especie. El capitalismo es un orden prepotente, enajenante que no considera las relaciones humanas que subyacen a las relaciones econmicas, ni la relacin de los seres humanos con la naturaleza, como hbitat que permite el aparecimiento y reproduccin de la vida. El capitalismo es un sistema de muerte y de aniquilacin que se ha consolidado en la llamada cultura de masas, una cultura sin capacidades crticas, sin la posibilidad de gestar propuestas o soluciones alternativas a pesar de los niveles de pobreza y exclusin, de inseguridad y violencia, a pesar de las condiciones de hacinamiento y congestin en que viven diariamente las grandes mayoras, en la 'cspide' de la historia humana, en gran medida gracias a una suerte de acondicionamiento placentero que produce el consumismo y la sobrecarga de informaciones alienantes(Tortosa, 2011, 24).

El capitalismo es un sistema de mal desarrollo estructural porque est basado en la eficiencia que trata de maximizar los resultados, reducir costes y conseguir la acumulacin incesante de capital (Tortosa, 2011, 54). El capitalismo en palabras de Francois Houtart, es un sistema que organiza toda la vida econmica sobre un principio fundamental que es la ley del valor, es decir, la ley de la acumulacin y todo lo que no contribuye a la acumulacin no entra dentro de sus clculos (Serrano, 2011, 150). Sera interesante retrotraernos a las palabras del olvidado Marx cuando en el Manifiesto Comunista deca que:

1) La historia de la humanidad es la historia de las luchas de clase, y la moderna sociedad industrial no ha abolido tal lucha aunque ha simplificado sus contradicciones, entre los poseedores del capital y los que no poseen capital y tienen que vender su fuerza de trabajo.

2) La gran industria necesita el mercado mundial -su expansin a escala global-, que acelera el desarrollo del comercio, el transporte y la comunicacin para el intercambio de 'mercancas'. En este contexto el Estado Moderno no es ms que una junta que administra los negocios de la burguesa.

3) La lgica comercial ha hecho que la dignidad personal se vuelva un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades por la libertad de comercio y ha reducido a las relaciones culturales y humanas, a relaciones de dinero.

4) Las ideas dominantes en una sociedad siempre han sido las ideas de la clase dominante y la supresin de la cultura de clase, para la burguesa significa la desaparicin de toda cultura.

5) El precio del trabajo, como el de toda mercanca, es igual a su coste de produccin. El precio medio del trabajo asalariado es el mnimo del salario, es decir, la suma de los medios de subsistencia indispensables para que el obrero conserve su vida, como obrero.

6) El trabajo asalariado no crea propiedad para el obrero, sino que crea capital, que no es ms que la propiedad que explota al trabajo asalariado y que no puede acrecentarse sino a condicin de producir nuevo trabajo asalariado, por lo tanto, el capital debe convertirse en propiedad colectiva, perteneciente a todos los miembros de la sociedad.

De ah que Tortosa diga que el mal desarrollo es el efecto estable (es decir estructural) de aquella lucha de clases y afecta a todas las necesidades bsicas y recientemente, est afectando de modo especial al ambiente, al ecosistema.(Tortosa, 2011, 31).

Es necesario pensar ms all de alternativas dentro del capitalismo, hay que pensar en alternativas al propio capitalismo, con lo que cada intento, por pequeo que sea, es determinante para su supresin. Ntese que no hablamos de superacin del capitalismo en el mismo sentido en que se establecen los criterios de un progreso unidireccional y sin fin, pues otras formas de realidad deben partir cuestionando aquellos sentidos implcitos que subsisten en la articulacin teortica de la realidad acuada en la modernidad occidental. Es necesario recalcar la necesidad de considerar con atencin cosmologas marginadas por la razn instrumental, que seguramente permitiran entender desde otras perspectivas a la realidad, con otras formas de articular la realidad, de entender sus relaciones bsicas como el tiempo, el espacio, y eso implica realizar un serio viraje cultural que permitan consolidar nuevas pautas conceptuales y de accin, as como legitimar otras tantas, que dentro del mismo paradigma occidental han aparecido como inviables por su criticidad, por su oposicin a los tradicionales sistemas de dominacin (organizacin), y casi siempre, por su calidad de utpicas.

A propsito, parece necesario referirse brevemente a uno de los ltimos acontecimientos anti-sistema que han surgido de manera casi espontnea frente a la crisis estructural del capitalismo global, el movimiento 15M. El problema no es la crisis, el problema es el sistema, es una de las miles de frases que aparecieron en la Acampada del Sol y que parece sintetizar la necesidad de alternativas integrales a un sistema que bajo la ilusin de la democracia desmoviliza a la poblacin y le impide participar activamente en la construccin colectiva -y el disfrute-, de formas de vida diseadas y reservadas para las lites. El llamado a la reflexin pblica, con el que parte el movimiento 15M definitivamente trasciende las fronteras y las coyunturas particulares de los pueblos dado el grado de interconexin que experimentamos globalmente, pero sobre todo, ya que se comparten en mayor o menor medida las condiciones de exclusin de los accesos a bienes y servicios, el sentimiento de cosificacin y de mercanca que hace de las personas cosas y de las cosas personas, y desde luego, la indignacin frente al abandono sistemtico de los valores humanos y solidarios en funcin de un consumismo voraz que se alimenta en el individualismo extremo. Como dicen en su manifiesto los mentalizadores del movimiento Democracia real ya!, las prioridades de toda sociedad avanzada deberan ser la igualdad, el progreso, la solidaridad, el libre acceso a la cultura, la sostenibilidad ecolgica y el desarrollo, el bienestar y la felicidad de las personas, saber que existen unos derechos bsicos que deberan estar cubiertos, el derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educacin, a la participacin poltica, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz (Movimiento Democracia real ya!). Si stas cuestiones no se cumplen, el sistema no es sino un obstculo para el 'progreso' de la humanidad y hay que cambiarlo.

Volviendo a nuestro tema, habra que decir que las aspiraciones a un mundo equitativo, ms equilibrado han estado presentes en la lnea ms crtica del pensamiento occidental, y la doctrina cooperativista recoge probablemente lo mejor de esta tradicin, que supone la recuperacin de la cultura como elemento radicalmente opuesto a las estrategias de desarrollo tomadas por el pensamiento hegemnico occidental vinculado al capital. En este punto es importante hacer mencin al concepto de sostenibilidad cultural. Cuando George Yudice habla de sostenibilidad cultural, habla de un cambio de paradigma hacia una relacin tica con la naturaleza y los seres humanos, donde adems debemos replantearnos el sentido de las instituciones que mantienen un orden particular de desarrollo y que tiene correlatos bastante definidos en el orden simblico. (Yudice, 2011). La cultura no es solo un eje de desarrollo, es el sostn mismo de un conjunto de acciones orientadas hacia una nueva consideracin del desarrollo, un desarrollo cultural y sustentable. No es lo mismo una poltica para la cultura que una poltica desde la cultura, entendiendo a la cultura como un nodo fundamental, un punto de intersecciones vitales para la construccin de otra ciudadana y de otra forma de entender el ser humano, empezando por ubicarlo como el centro mismo de toda accin y de todo pensamiento.

Este es precisamente el punto que nos permite decir categricamente que el cooperativismo, al tener como centro de su accin al ser humano, a las personas, es una propuesta de corte cultural que arranca cuestionando los motivos de una formas de produccin y de distribucin de la riqueza autoritaria, as como los modelos mentales que estas estructuras de dominacin producen, como la terrible dificultad para generar intervenciones y propuestas colectivas en beneficio comn, lo cual pone en evidencia hasta qu punto esas estructuras de dominacin han destruido las relaciones comunitarias y la idea del bien-comn. El cooperativismo parte reiterando la confianza en la organizacin popular para la emancipacin popular a travs del fomento de la ayuda mutua como criterio de accin para la maximizacin de beneficios comunes. Aconseja una coherente y consecuente unidad de accin desde abajo (Infield, 1971, 139), una sociedad cooperativa que tiende a realizar beneficios econmicos y morales extracapitalistas (Kesselman, 1974, 12). El cooperativismo tiene un slido programa social cuyos elementos tienen que ver con la emancipacin econmica, la sustitucin de la competencia por la solidaridad, la consolidacin de propiedades colectivas, la disminucin del papel preponderante del capital y la educacin como valor principal determinante. De hecho, una interesante definicin de cooperacin propuesta por Kesselman dice que el cooperativismo es:

El sistema educativo econmico que bajo forma de agrupaciones sociales constituidas 'intuito personae', persigue el logro de la satisfaccin de las necesidades de sus integrantes en forma de eliminacin de factores indirectos de incidencias, con sentido de solidaridad, sin desmedro de la individualidad de sus componentes, a cuya elevacin educativa debe proveer en la misma o mayor medida que a su bienestar econmico, debiendo para ello sujetarse siempre a los principios doctrinarios.(Kesselman, 1974, 14).

Un anlisis de tales principios nos permitir saber hasta qu punto podemos extraer normas polticas comprometidas con cierto modelo de sociedad, entendiendo por ello maneras o mtodos concretos, no abstractos, mediante los cuales se llevan las ideas al plano de la accin, y al plano de los principios el nivel de la hiptesis (Guerrero, 1970, 47). A ello debiramos aadir, sobre todo para el caso concreto de Sudamrica y para el rea andina en particular, aquella lcida percepcin que Maritegui ya en la dcada de los veinte del siglo pasado, haba afirmado, y que consista en que el cooperativismo en stas tierras encuentra elementos ms espontneos y particulares de arraigo. Para este autor, las comunidades indgenas renen la mayor cantidad posible de aptitudes morales y materiales para transformarse en cooperativas de produccin y consumo, e incluso llega a decir, siguiendo a Castro Pozo, que en ellas (en las comunidades indgenas) se encuentran elementos activos y vitales para la 'realizacin socialista' (el subrayado es nuestro). (Mariategui, 1928, 129). Obviamente el tiempo ha pasado, las comunidades andinas no son las mismas, sin embargo la historia le ha dado la razn a Mariategui. Cmo, si no, se explica que un concepto como el de Buen Vivir, Sumak Kawsay, haya salido precisamente de los pueblos de indoamrica?

Cuenca, Ecuador, agosto de 2011

Textos consultados

Acosta, Alberto. Del mal vivir al buen vivir, una lectura actual, incmoda y comprometida En Jos Mara Tortosa, Maldesarrollo y Mal vivir. Pobreza y violencia a escala mundial. Ed. Abya Yala. Quito, 2011.

Ailln, Jaime. Manual prctico del cooperativista ecuatoriano. Corporacin SEPCA. s/a.

Infield, Henrik. una Aldea Cooperativa. En Comunidades cooperativas, sociologa de la cooperacin. Ed. Intercoop. Buenos Aires 1971. 3ra Ed.

Kesselman, Julio. Sociedades cooperativas. Vctor P. Zavala. Ed. Buenos Aires, 1974.

Lambert, Paul. La doctrina cooperativa. Intercoop, editora limitada. Buenos Aires, 1975. 4ta Ed.

Lasserre, George. El cooperativismo. Oikos-ta ediciones. Barcelona, 1972.

Mariategui, Jos Carlos. El porvenir de las cooperativas. Participacin, cogestin y autogestin en Amrica Latina Francisco Iturraspe Editor. Ed. Nueva Sociedad. Caracas 1986.

Marx, Carlos y Federico Engels. Manifiesto del partido comunista y otros escritos polticos. Recopilacin de trabajos de Ediciones en Lenguas Extanjeras, Mosc 1930. Coleccin dirigida por Alberto Snchez Mascun. Editorial Grijalbo. Mxico. Primera ed. 1970.

Serrano Narvez, Helga y Eduardo Tamayo. Superar la lgica capitalista. Entrevista a Francois Houtart. El Buen Vivir, una via para el desarrollo. Alberto Acosta y Esperanza Martnez Compiladores. de. Abya Yala. Quito, 2009.

Tortosa, Jos Mara. Maldesarrollo y Mal vivir. Pobreza y violencia a escala mundial. Ed. Abya Yala. Quito, 2011.

Ydice, George. Cultura y desarrollo: Amrica Latina frente al desafo de un desarrollo culturalmente sustentable, 2011.www.flacso.org.



Sebastin Endara esLicenciado en Ciencias Humanas mencin en Gestin Cultural por la Universidad de Cuenca. Estudiante del postgrado en Cultura y comunicacin, Flacso-virtual, Argentina 2011. Maestrante del programa en Desarrollo Local del PYDLOS, Universidad de Cuenca, 2011. Miembro del Kolectivo Caf Filosfico de QNK. Miembro de la Casa de la Cultura Ncleo del Azuay. [email protected]

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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