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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2011

La corrupcin descarada, una forma de vida en Afganistn

Willia Marsden
Rawa.org

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


Sherpur es la famosa/infame barriada de Kabul que en otro tiempo estaba cubierta con las casas bajas de adobe de los ms pobres y que se ha convertido ahora en la barriada de los ms ricos. Son los comandantes y seores de la guerra, los especuladores y los traficantes de opio, o bien por especuladores que confan en atraer a una organizacin internacional rica como inquilina, quienes encargan la construccin de estas mansiones. La narcoarquitectura es un trmino acuado para este tipo de construcciones.

(Foto: Tilo Driessen/Flickr)

Muy cerca del sector donde se hallan las embajadas en el centro de Kabul hay una barriada llamada Sherpur. Tambin se suele deletrear Sher Poor, pero eso no deja de ser una mera irona. Porque, al margen de las calles, que en algunos lugares rivalizan con los caminos de cabras de las montaas, no hay nada que evoque pobreza en Sherpur.

Tras los muros de piedra y hormign que rodean las manzanas de la barriada de Sherpur hay villas y mansiones de mrmol. Seores de la guerra, traficantes de droga, polticos, ministros, banqueros y otros hombres de negocios que se han enriquecido a partir del comercio de la herona, o de los miles de millones de dlares de la ayuda exterior que han afluido hacia Afganistn desde el ao 2002, son quienes han construido esas mansiones a lo largo de los ltimos cinco aos.

Algunas veces referida como Jardn de Adormideras, esta barriada es la sede de la elite del poder en Afganistn.

No se puede ignorar la riqueza, ni siquiera intentan disimularla.

Fuera de estas casas, que parecen bnkeres, hay todo un mundo diferente donde las alcantarillas corren al aire libre a travs de barriadas seriamente deterioradas y depauperados nios juegan entre los persistentes escombros de treinta aos de guerra.

Alrededor del 84% del PIB lo constituye la ayuda exterior, pero al hacer un recorrido por la ciudad se tiene la prueba de que la inmensa mayora de los afganos no han sentido sus beneficios. Hay muy pocas calles pavimentadas. Muchas se han compactado con barro y piedra o estn tan absolutamente llenas de baches que representan ms una carrera de obstculos que una va pblica.

El trfico fluye como si fuera agua. Se suele coger el camino donde la resistencia sea menor. Los conductores van por el lado equivocado de los bulevares girando sin miedo hacia el trfico que viene en direccin contraria o torciendo por la va equivocada en las rotondas. Los pocos semforos que existen no funcionan y la polica es demasiado analfabeta como para escribir multas.

El estadio de ftbol donde los talibanes se entretenan en otra poca ejecutando a los prisioneros- sigue esperando un nuevo csped y los pobres se renen en el cercano Cementerio Shohada para lavarse y quitarse el polvo sobre las tumbas esperando que parientes o amigos les paguen algo por sus problemas.

Hasib Sayed, hombre de negocios de Kabul, de 30 aos, que es tambin canadiense y tiene casa en Toronto, dijo que viene de vez en cuando al cementerio a repartir dinero.

La corrupcin forma parte aqu de la vida, dijo. Cualquiera que piense que eso va a poder controlarse no es muy realista. Tendr su ciclo y finalmente desaparecer. Tienes que entender que tras treinta aos de guerra estos viejos que dirigen el pas no conocen nada ms. No son polticos. Son matones. Se morirn finalmente y llegar una nueva generacin que confiamos cambie las cosas y piense que el futuro no tiene por qu ser igual que el presente.

Pero en el presente, dijo, todo el mundo trata de obtener todo cuanto puede de sus posibilidades. Se tiene el sentimiento de que ahora nos toca a nosotros, por tanto aprovechmonos. No hay fe en el futuro. Esto es muy negativo. Tenemos que librarnos de esa negatividad.

Sayed dijo que centra todas sus esperanzas en la emergente generacin de afganos que se han educado y que no comparten los viejos modos tribales.

Pero Habib Zahori, de 28 aos, escritor, periodista y parte de esa nueva generacin, no est de acuerdo.

Es muy difcil librarse ahora de esos seores de la guerra, de esos criminales, dijo en una entrevista. Al principio, los afganos tuvieron una oportunidad de oro para llevar a esos criminales ante la justicia, incluyendo a los talibanes, pero perdieron esa oportunidad.

Creo que este pas est abocado a otra guerra civil, mucho ms sangrienta y terrible. Los estadounidenses nos han inundado de armas. Creo que tan pronto como el gobierno se venga abajo, el ejrcito y la polica se dividirn en dos facciones, una se ir con los talibanes y la otra se unir a los seores de la guerra.

Declar que confiaba en que los estadounidenses perdieran inters por Afganistn despus de las elecciones presidenciales de 2012.

Y si los estadounidenses se van no creo que ningn pas europeo se quede aqu.

Ambos hombres conocen bien los modos y maneras de Afganistn. Cuando era adolescente, Zahori dijo que una vez los talibanes le obligaron a contemplar una ejecucin en el estadio de ftbol.

Cmo te sentiste? Te impresion?

No. Haba vivido ya una guerra civil.

La corrupcin ha ido invadiendo todos los aspectos de la vida afgana. Todo el mundo se queja de ella porque todo el mundo la sufre.

Un agente de polica que busque promocionarse tiene que sobornar a su superior. Para financiar ese soborno, cobra a sus patrulleros quienes, a su vez, sacan dinero de la gente. Las docenas de controles de la polica y del ejrcito de Kabul algunos itinerantes, otros permanentes- sirven como puntos de recogida de sobornos. El dinero va subiendo por la cadena de mando.

Los estudiantes pagan sobornos para conseguir acceder a las mejores facultades universitarias y para poder estudiar en el extranjero.

Sin embargo, estos son slo los flecos de una sociedad corrupta. El dinero de verdad est en el centro del poder.

El Banco de Kabul, que tramita los salarios de los empleados del gobierno, se hundi el pasado ao despus de que 900.000 millones de $USA se volatilizaran en prstamos sin inters y sin documentar concedidos a 207 personas con acceso a informacin privilegiada. El hundimiento casi arruin la agobiada economa de 12.000 millones de dlares de Afganistn.

Los destinatarios de esos prstamos incluan al parecer a altos funcionarios del gobierno como el hermano del presidente Hamid Karzai, Mahmud Karzai. El pasado mes se acus tanto al ex director ejecutivo del banco como a los integrantes de su junta y otras 38 personas estn tambin bajo investigacin.

El gobierno tom cartas en el asunto slo tras las presiones del FMI y los miembros de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad. Las reticencias de Karzai a investigar el caso provienen probablemente del hecho de que muchos de los prstamos se los llevaron funcionarios gubernamentales cercanos a Karzai.

Hay ciertos negocios en Afganistn que estn considerados prohibidos para todos excepto para un puado de gentes con acceso a informacin privilegiada. Entre esos negocios estn, en primer lugar, el negocio del combustible. Esto incluye la seguridad del transporte de petrleo hasta las principales bases de la ISAF por todo el pas.

Para asegurar las entregas de combustible, la mafia del petrleo paga sobornos a los insurgentes para que no ataquen esos suministros tan importantes estratgicamente. En consecuencia, los transportes de combustible atraviesan prcticamente el pas sin que nadie les moleste. De esa forma, el dinero de la ISAF ayuda a financiar la insurgencia.

Nadie se atreve a tocar el petrleo a menos que seas uno de los cuatro o cinco tipos que controlan todo, dijo Sayed.

Sayed tiene varios pequeos negocios en Afganistn que incluyen una compaa de autobuses que gan recientemente un contrato para poner en funcionamiento una red de autobuses en la ciudad virtual de la OTAN que es el campo de aviacin de Kandahar.

Su experiencia con la compaa de autobuses refleja el tipo de conducta corrupta con la que los hombres de negocios tienen que lidiar incluso en contratos relativamente a pequea escala.

Cuando gan el contrato, dijo, su competidor telefone a sus empleados advirtindoles que si cogan cualquier autobs a Kandahar (los empleados), iba a hacerles desaparecer. Un trabajador confirm esta historia a Postmedia News.

En otro caso, Sayed dijo que cuando logr engatusar a un empleado clave de su competidor, el competidor soborn a la polica para que acusara al empleado de robar combustible y neumticos. La queja no se present en Kandahar, donde el competidor acus que se haban cometido los delitos, sino en una pequea comisara de Kabul.

Me pas todo un da en la comisara intentando librarme de l, dijo Sayed. En un determinado momento, uno de los agentes de polica me llev aparte y me dijo que mi competidor les haba pagado 6.000 dlares para que arrestaran y encarcelaran a su empleado.

Fuente: http://www.rawa.org/temp/runews/2011/08/12/blatant-corruption-is-a-way-of-life-in-afghanistan.html



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