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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 18-08-2011

El bien comn y los bienes comunes

Susana Merino
Rebelin


El hombre no cre la tierra y, aunque tena un derecho natural a ocuparla, no tena ningn derecho a colocar bajo su propiedad a perpetuidad ninguna parte de ella, ni el Creador de la tierra abri un registro de terrenos, de donde saliesen los primeros ttulos de propiedad.

Tomas Paine1

Las sociedades humanas han buscado organizarse polticamente, a travs de los siglos, con el objeto de alcanzar las ms aptas condiciones de vida para sus miembros. Esa bsqueda se ha basado en la conviccin de que para obtener y preservar esas condiciones es indispensable el esfuerzo mancomunado y la accin de todos y cada uno de quienes las integran, alentados por un mismo espritu, el de compartir los bienes de la creacin sobre la inconstil trama del bien comn.

Esa es la razn bsica de la existencia de la comunidad poltica y es en el Estado en quin sta delega la responsabilidad de promover, defender y garantizar el disfrute de ese bien comn por parte de los ciudadanos. Un bien comn que no solo debe satisfacer las necesidades materiales de los seres humanos sino que debe abarcar tambin el amplio espectro de sus necesidades espirituales, estimulando el desarrollo de sus mltiples y variadas capacidades y el desafo de la propia perfeccin a la que no podra aspirar individualmente contando solo con sus propios recursos.

Nos recuerda Maritain que segn Aristteles el hombre es un animal poltico y agrega el mismo Maritain por ser animal racional porque la razn exige desenvolverse mediante la educacin, la enseanza y el concurso de otros hombres y porque la sociedad es de ese modo necesaria para la realizacin e integridad de la dignidad humana

De manera que esa bsqueda y administracin del bien comn es lo que luego de ms de quinientos aos de dominacin, estamos comenzando a descubrir que es tambin el fundamento de convivencia entre los pueblos originarios que ellos expresan como el buen vivir (Sumak Kawsay y Suma Qamaa) o mejor an en el buen convivir, expresiones que han sido incorporadas ltimamente a las Constituciones ecuatoriana y boliviana.

El bien comn no es en sntesis una simple sumatoria de bienes privados ni tampoco pblicos sino es ms bien la forma de disponer de una trama de relaciones, de servicios, de responsabilidades, de recursos que beneficia al todo y a las partes y que en definitiva constituyen el bien de la comunidad, el bien del cuerpo social y que le permite adems asumir conciencia cvica, comprender el sentido del deber y del derecho y de los valores espirituales heredados posibilitando al mismo tiempo la continuidad inter-generacional. Un bien comn que, cito nuevamente a Maritain ha dejado decididamente de ser nicamente el bien comn de la nacin, pero todava no ha llegado a constituirse en el bien comn de la comunidad civilizada

La prolongada crisis actual nos est enfrentado a la urgencia de encontrar un nuevo paradigma en el que como dice, en apretada sntesis, Leonardo Boff: la economa est al servicio de la poltica y la poltica al servicio del bien vivir, de las personas entre s y con la naturaleza. Es decir a la necesidad de construir un nuevo modelo de universo en que se corrijan las carencias y los excesos y nos aboquemos a la bsqueda de un mayor equilibrio entre la aspiracin al bien comn y la oferta de bienes comunes que nos ofrece el planeta.

Porque cuando decimos bienes comunes no nos estamos refiriendo al plural de bien comn sino al conjunto de elementos que ya identificaran los griegos y sin los cuales no existira la vida: la tierra, el sol, el agua y el aire. Ninguno de ellos puede ser por lo tanto propiedad de una fraccin de la humanidad, porque gratuitamente nos han sido dados y gratuitamente debemos compartirlos. Toda otra forma de posesin individual o grupal atenta contra la existencia de la vida en el planeta porque nadie puede sobrevivir sin los productos de la tierra, sin el agua que constituye el 70% de nuestros organismos, sin el aire que aspiran nuestros pulmones y oxigena nuestra sangre sin el sol que genera la energa necesaria para concretar la fotosntesis que transforma la materia inorgnica en orgnica traducida as en alimentos que en continua dinmica mantienen y reproducen la existencia humana.

La ms tradicional de estas apropiaciones es sin duda la referida a la propiedad de la tierra. Una propiedad que entre los pueblos indgenas, ms respetuosos de la madre tierra que occidente, es comunitaria porque es lo nico que garantiza a la comunidad la obtencin del necesario sustento, ya sea de la caza, de la pesca, de la recoleccin o de la, aunque fuere rudimentaria, produccin agrcola. Mientras que en las sociedades donde se ha establecido la legalidad de la tenencia y el usufructo de la tierra, las muertes por hambre o desnutricin aguda siguen siendo una lacra difcil de superar. Los informes de la ONU estiman que al menos una persona muere cada cinco segundos por causas relacionadas con la desnutricin, llegando a una cifra anual de entre 10 y 30 millones de personas, lo que en definitiva implica mayor cantidad de muertes que las que en el mundo ocasionan los conflictos blicos.

Resulta casi indiscutible, aunque lo consagre la tradicin histrica, que tanto el planeta tierra como sus cuatro elementos, deben ser inalienables, pese a que en las ltimas dcadas no solo se halla privatizada la tierra sino que ya se han producido apropiaciones del agua y de seguir as podramos ver, en cuanto se descubran las formas de lograrlo privatizados el aire y la luz y el calor solar. Esperemos que no se descubran!

Si razonamos por el camino de la reduccin al absurdo sin pretender por ello emular a Ionesco, podramos concluir que dado que es posible privatizar hasta el ltimo centmetro cuadrado de tierra, podra llegar el momento en que los seres humanos en lugar de caminar tendramos que levitar u mutarnos en aves para no transgredir las leyes de la propiedad privada o que para poder seguir respirando tuviramos que trasladarnos con una mochila de oxigeno, eso si recargable mediante el consabido pago en apropiadas estaciones de servicio.

Pero una cosa es la propiedad del suelo y otra, en cambio, la produccin agrcola o ganadera indudable fruto del trabajo humano y que en consecuencia genera un valor agregado que la ciudadana debe estar en grado de reconocer y de remunerar como lo hace con los dems productos del quehacer individual o colectivo, sin olvidar tanto productores como consumidores que sin el aporte de las sustancias minerales que contiene el suelo, del agua y del sol que forman parte del patrimonio universal, tampoco sera posible lograr esa produccin y que por lo tanto, de una u otra manera, debe estar absolutamente al alcance de todos los seres humanos, si como tantas veces declaramos privilegiamos la VIDA.

En efecto como expresa Juan Pablo II en la encclica Evangelium Vitae. Trabajar a favor de la vida es contribuir a la renovacin de la sociedad mediante la edificacin del bien comn. No es posible construir el bien comn sin reconocer y tutelar el derecho a la vida sobre el que se fundamentan y desarrollan todos los dems derechos inalienables del ser humano

Y aunque parezca una digresin no podemos seguir pregonando a los cuatro vientos que nos oponemos al aborto, a la eutanasia, a las torturas ni seguir proclamndonos defensores de los derechos humanos mientras aceptamos con indiferencia la muerte de nuestros pequeos compatriotas en el norte (o en el sur lo mismo da) y seguimos convalidando con nuestro silencio el desalojo de nuestros campesinos de sus ancestrales territorios, desalojos que precisamente implican la obligatoria renuncia al ms esencial de los derechos humanos, el de la subsistencia.

Finalmente como dice el eclogo Javier Rodrguez Pardo: las riquezas que habitan en la tierra no son recursos naturales, son bienes comunes. Referirse a ellos como recursos naturales es la primera forma de apropiacin desde el lenguaje. Nadie tiene el derecho a recurrir a un recurso natural, apropindoselo, enajenndolo. El derecho a recurrir a un recurso natural termina en el mismo instante en que ese recurso es tambin de otro, de otros. De manera que las riquezas que admiramos de la tierra y que denunciamos como propias en una accin extractiva, no son recursos naturales sino bienes comunes, que pertenecen a los comunes . Es decir a toda la comunidad.

El acelerado proceso de privatizacin que se ha venido produciendo a lo largo del siglo XX ha alcanzado a todos los bienes naturales, se han privatizado espacios martimos para la acuicultura, napas freticas subterrneas a travs de derechos de uso, la biodiversidad florstica y faunstica, el conocimiento sobre genes botnicos y animales e incluso humanos, el espacio areo a travs de los rascacielos a partir de un pequeo lote de terreno, extensiones mayores a las que naturalmente pueden ocupar las viviendas en los barrios cerrados, y aunque desde luego esta no es una enumeracin exhaustiva constituye un innegable reflejo de que de esa manera no se est promoviendo precisamente el bien comn para cuyo logro genuino deberamos alentar en cambio formas cooperativas y solidarias de gestin, de propiedad colectiva y otras formas de propiedad que estn adems al servicio de una mejor gestin del territorio y del patrimonio natural.

El bien comn y los bienes comunes no conforman esferas autnomas sino que son por el contrario absolutamente interdependientes y la adecuada gestin de los unos es condicin sine qua non para el logro de un sostenido bienestar o de un bien vivir para la totalidad de las sociedades humanas.

Notas:

(1) Thomas Paine (Thetford, 29 de enero de 1737 - Nueva York, 8 de julio de 1809) fue un poltico y publicista estadounidense de origen ingls. Promotor del liberalismo y de la democracia. Es considerado uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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