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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-08-2011

Una revolucin en marcha

Editorial de Punto Final
Punto Final


Las desigualdades en Chile son excesivas, inmorales, intolerables.
SEBASTIAN PIERA, presidente de la Repblica
(Discurso en el 80 aniversario del diario La Segunda, 27 de julio de 2011)


Resulta difcil para muchos aceptar que en Chile estamos viviendo una verdadera revolucin, en este caso un proceso de profundos cambios que llevarn a trmino la democratizacin que dej a medio camino la hoy agonizante Concertacin de Partidos por la Democracia. Como toda revolucin verdadera, es diferente y sorprende incluso a sus propios actores, pero sobre todo, a las fuerzas conservadoras encargadas de mantener inclume, a sangre y fuego, el orden heredado. As ocurri en Chile en 1970, y vuelve a suceder hoy en condiciones bien diferentes. Esta revolucin -con un sello juvenil e imaginativo- no pretende derrocar al gobierno ni tomar el poder, ni reemplazar el sistema capitalista por otro ms justo que no se sustente en la propiedad privada de los medios de produccin. An no es hora.

La palabra revolucin para definir al bullente movimiento de estudiantes que desde hace tres meses conmueve al pas, no es excesiva. Los jvenes han tomado las banderas de la protesta social de amplios sectores -incluyendo las usualmente pasivas capas medias-, y las han proyectado al futuro, libres de todo reduccionismo dogmtico y del clculo pequeo que ha envilecido la poltica nacional. Basta observar el cambio producido en el plano de las conciencias. El pensamiento revolucionario ha ganado su primer y ms importante enfrentamiento: nadie hoy se atreve a poner en duda la legitimidad de las demandas estudiantiles y ciudadanas.

Un avezado revolucionario como Fidel Castro, sostiene que la batalla de las ideas es el principal desafo al que estn convocados los rebeldes de nuestro tiempo. All fue, en efecto, donde sufrimos nuestras derrotas ms importantes. El caso de Chile es muy aleccionador. La generacin de los 70, cuyos sobrevivientes -partidos, grupos y personas- slo pueden aspirar hoy al honroso papel de ponerse a disposicin incondicionalmente de los nuevos liderazgos poltico-sociales, sufri la prdida de miles de compaeros y compaeras muy valiosos. Pero fue en lo ideolgico donde la derrota fue an peor. Son los nietos de aquella generacin los que han tomado en sus manos el testimonio actual de la eterna lucha por la justicia, la solidaridad y la igualdad de derechos de los ciudadanos. La protesta social que encabezan los estudiantes -a la espera que los trabajadores asuman su rol histrico-, ha logrado instalar la necesidad de un cambio profundo en Chile. Se ha producido lo que hasta hace pocos meses se consideraba imposible: que una clara mayora comparta la idea de que el modelo econmico, social, institucional y cultural que instaur la dictadura de generales, almirantes y grandes empresarios tiene que ser modificado hasta en sus races para abrir paso a la justicia social. Esta demanda por el cambio, a partir de la exigencia de igualdad de derechos en la educacin, basada en una vigorosa denuncia de la desigualdad y discriminacin que padece nuestro pueblo en educacin, salud, vivienda, salarios, etc., se ha producido en un pas de Amrica Latina alabado como ejemplo por su modelo de economa de mercado. Por eso el cambio que tiene lugar en Chile en estos das, como fruto de una sostenida protesta social que se dimensiona como una revolucin, ha sorprendido al mundo. Pero tambin a muchos chilenos privilegiados por el sistema que no percibieron la indignacin que estaba fermentando en las entraas de la sociedad. Hoy, despus de tres meses de movilizaciones estudiantiles pacficas -pero agredidas por el atropello policial- es difcil encontrar defensores a ultranza del modelo o que nieguen lo justo del reclamo de poner fin al lucro en la educacin. Hasta el presidente de la Repblica, el connotado empresario Sebastin Piera, cuya fortuna asciende -dicen- a 2.400 millones de dlares, admite los grados excesivos de desigualdad social que existen en este pas y que a l le correspondera intentar corregir. Lo mismo opinan polticos, empresarios y autoridades eclesisticas que desde la derecha y la Concertacin intentan apagar el incendio y salvar sus privilegios. Ellos balbucean su miedo ofreciendo mediaciones, reformas constitucionales y -quizs- hasta tributarias si los apretan un poco.

El temor y desorganizacin de las clases dirigentes revelan cmo la batalla de las ideas se est resolviendo a favor del cambio. La institucionalidad ha entrado en una etapa en que algunos de sus usufructuarios alertan sobre el peligro de la ingobernabilidad, y otros -en franco estado de pnico- invocan como de costumbre a las fuerzas armadas para encargarse del trabajo sucio que creen inevitable. Los administradores del sistema saben que la revolucin democrtica y desarmada -que rescata los valores y derechos del ciudadano- pondr fin al modelo neoliberal y sus huellas se prolongarn en el tiempo. Con esta revolucin juvenil y creadora ocurrir lo que sucedi con el cambio cultural de los aos 60, con el movimiento hippie, las repercusiones de la revolucin cubana y de la guerra de Vietnam, la independencia de los pases africanos y asiticos, las jornadas de mayo del 68, en Francia, y la primavera de Praga. Porque esta revolucin en Chile ha dejado al descubierto las tripas del sistema neoliberal, sumando evidencias lacerantes a la crisis global que experimenta el sistema. La revolucin encabezada por los jvenes chilenos es creativa, plural y sorprendentemente ideolgica en el ms limpio sentido de la palabra. No obstante su fuerza, no tiene un destino asegurado. Puede sufrir considerables dificultades si termina atrapada en una institucionalidad hbil en hacer trampas y en cooptar al movimiento social. Sin embargo, las demandas de hoy en educacin, salud, derechos sociales y polticos, no tienen solucin en el marco de la actual Constitucin. Hay que volcar esfuerzos en avanzar hacia una Asamblea Constituyente que elabore y plebiscite la nueva Constitucin democrtica de Chile. Ese camino se puede ver hoy con ms optimismo, ha nacido un espritu que lucha por ideales que parecan perdidos. Se estn trazando las lneas de un nuevo Chile que recoge, sin decirlo y hasta olvidndolo, el sedimento de muchas luchas victoriosas y derrotas terribles, de ejemplos buenos y malos que no estn -felizmente- en el primer lugar de las preocupaciones de los jvenes que se vuelcan al futuro y a la esperanza de un cambio. Hay en nuestra dispersa Izquierda un agotamiento de lenguaje, de ritos y exterioridades que debe ser asumido conforme a los ejemplos que estn dando los jvenes. Ideas nuevas para problemas viejos y criterios novsimos para los fenmenos emergentes.

Algunas demandas pueden resolverse ahora mismo, si se mantiene la presin para lograrlo. Otras tomarn ms tiempo, como la Asamblea Constituyente. Hay demandas ms complejas, como la renacionalizacin del cobre, entrabada tanto por la Constitucin actual como por las leyes orgnico-constitucionales y hasta por los tratados de libre comercio suscritos por los gobiernos de la Concertacin. Lo importante es que lo central est conseguido: se ha puesto en cuestin un modelo de dominacin que se crea inamovible. El rechazo al lucro en todas aquellas cuestiones fundamentales para el individuo y su familia, el respeto pleno al medioambiente, la vigencia absoluta de los derechos humanos, la representatividad efectiva del sistema democrtico y de los mecanismos de consulta directa a la ciudadana, el derecho a la participacin, se han instalado como objetivos legtimos en la conciencia ciudadana. La clase poltica no podr seguir rehuyendo su responsabilidad de ayudar a abrir paso pacficamente a la nueva poca que quiere vivir Chile. El cambio slo asusta a la derecha econmica y poltica y a las cpulas concertacionistas que validaron los remiendos de la Constitucin dictatorial, y que cifraron sus esperanzas de estabilidad y ascenso social en xitos macroeconmicos, olvidando que su precio era la desigualdad y la marginacin de grandes sectores que ahora hacen or su potente voz y que exhiben su enorme fuerza.



Edicin N 740, 19 de agosto, 2011
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"Gracias mil a los estudiantes, que en las calles de Chile nos estn devolviendo la fe, que a veces se nos cae o se nos pierde: la fe en que maana no es otro nombre de hoy, la fe en que el mejor de nuestros das es el que todava no hemos vivido.

Vuelan abrazos de muchos brazos, que quieren atravesar la cordillera"

Desde Montevideo,

Eduardo Galeano


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