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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2011

Cristina recargada

Atilio A. Boron
Rebelin


Las elecciones primarias que acaban de tener lugar en la Argentina dejaron numerosas enseanzas. Sera imposible resear todas y cada una de ellas en un breve texto como este. Se impone, por lo tanto, la necesidad de sintetizar y privilegiar algunas cuestiones, postergando el tratamiento de otras para otros momentos. Centraremos nuestro anlisis en tres ejes principales: (a) las razones de su apabullante victoria; (b) la agenda del gobierno para los prximos aos; (c) las tareas de la izquierda ante la actual coyuntura.

Va de suyo que para quien esto escribe la eleccin presidencial (no as la de los dems cargos a nivel nacional, provincial y municipal) del 23 de Octubre se convirti, luego de las primarias, en un ejercicio superfluo. Salvo por un catastrfico imponderable la re-eleccin de Cristina Fernndez de Kirchner (CFK) en la primera vuelta electoral ya est asegurada: le sac una indescontable diferencia de 38 puntos a Ricardo Alfonsn y Eduardo Duhalde. Peor an, en Lomas de Zamora, supuesto bastin del duhaldismo, CFK aventaj al ex presidente por 43 puntos: obtuvo 57 % de los votos contra un flaco 14 % de su contendor. Y en la mesa 26 de la Escuela N 9 donde emiti su voto Duhalde, Cristina se alz con el apabullante 73 % contra un raqutico 9 % de su rival. La Udeso, liderada por Ricardo Alfonsn y Francisco de Narvez, fue derrotada sin atenuantes en 132 de los 134 distritos de la provincia de Buenos Aires. Teniendo en cuenta estos demoledores antecedentes cualquier especulacin acerca de las chances que podran tener cualquiera de las dos mayores candidaturas de la oposicin es un alarde de voluntarismo carente de todo fundamento. Claro est que hay que reconocer que por detrs de ese infundado optimismo existen tambin razones tcticas que obligan a ello: la desercin de un candidato presidencial acarreara consecuencias muy negativas para los otros postulantes pegados a su boleta (senadores y diputados nacionales, gobernadores, legisladores provinciales, intendentes, concejales) al mismo tiempo que debilitara la capacidad de esa fuerza para conquistar posiciones en lo terreno parlamentario y en los gobiernos locales.

 

Por qu gan CFK?

Lo primero que hay que decir es que su aplastante victoria se debi antes que nada a los mritos propios de su gestin gubernativa. Vale la pena insistir en esto porque la tnica dominante de muchos anlisis parece sugerir que su triunfo fue antes que nada causado por la fenomenal ineptitud de la oposicin. Este es un planteamiento errneo porque deja en las sombras algunos factores que, sin duda, influenciaron muy positivamente en las preferencias ciudadanas. Por empezar, mal se podra desconocer el impacto oficialista que aqu y en cualquier otro pas ejerce la bonanza econmica, por relativa que sea y ms all de sus insatisfactorios y/o limitados impactos redistributivos. Pero si adems el crecimiento econmico va acompaado por una fuerte expansin del consumo (no importando, ante los ojos de los beneficiarios, los mecanismos mediante los cuales se lo promueve); la creacin de empleos (no importa si registrados o en negro); una modesta pero bienvenida mejora en sueldos y salarios y en las remuneraciones a los jubilados y pensionados; la enorme ampliacin de la cobertura previsional con la jubilacin de las amas de casa; la implementacin de algunas polticas paliativas del grave problema de la pobreza que el pas viene padeciendo desde los aos noventas (Asignacin Universal por Hijo, tres millones y medio de personas cubiertas por distintos planes sociales, retorno a la escuela impulsado por la masiva entrega de netbooks, etctera), sera verdaderamente una anomala que este conjunto de factores se hubiese revelado incapaz de fomentar un sentimiento de conformidad para con el gobierno nacional.

Si a ello se le agregan otros componentes que expresan una vocacin progresista de la Casa Rosada, como la Ley de Medios, el Matrimonio Igualitario, la poltica de derechos humanos, la estatizacin de las AFJP y Aerolneas Argentinas y la reorientacin latinoamericanista de la poltica exterior nadie debera manifestarse sorprendido ante el categrico veredicto de las urnas. Podra haber sorpresa en el nivel del apoyo -ms del 50 %- o en los 38 puntos que separan a CFK de sus ms inmediatos perseguidores, pero no en la reconfirmacin de su liderazgo en el terreno electoral.

El xito oficial sirvi, de paso, para demostrar que los poderosos medios hegemnicos -verdaderos intelectuales orgnicos, dira Gramsci, del heterclito archipilago opositor- carecen de los poderes omnmodos que muchos, tanto en el gobierno como en la oposicin, les haban atribuido. Pueden agigantar lo que hay, pero sus artimaas y manipulaciones no les alcanzan para inventar lo que no existe. Y la oposicin, en la Argentina post-crisis del 2001, post que se vayan todos, no existe. Lo que aparece bajo la equvoca etiqueta de oposicin es una coleccin de individualidades y precarias organizaciones polticas, mutuamente repulsivas, carente de unidad y coherencia, sin un claro programa alternativo que no sea volver al pasado todo lo cual la convierte en fcil presa de las iniciativas del kirchnerismo. En el perodo transcurrido entre las elecciones parlamentarias de Junio del 2009 y las del 14 de Agosto de este ao sus exponentes exhibieron excepcionales dosis de ineptitud, egocentrismo, sectarismo, ombliguismo y personalismo que aportaron lo suyo para hacer posible el triunfo de Cristina. En sntesis: a la oposicin le sobr vanidad y le falt grandeza. Y la protesta social, vigorosa y recurrente, transit por carriles que no tenan contacto con los partidos de la oposicin. Salvo, en algunos pocos casos, con las pequeas expresiones de la izquierda.

Fue debido a ello que el multimedio Clarn no pudo, empleando a fondo su vastsima red de propaganda y manipulacin polticas, inventar una opcin donde no la haba, o fabricar un lder capaz de concitar la adhesin de grandes segmentos de nuestra sociedad. Por ms que algunos de los candidatos de la oposicin fueran exhibidos ad nauseam, noche a noche, en los distintos programas televisivos del multimedio -especialmente Eduardo Duhalde y Elisa Carri y, en menor medida, Ricardo Alfonsn- y se les concediera, en algunos casos, hasta veinticinco minutos ininterrumpidos de pantalla (algo absolutamente extraordinario en el timing televisivo!) ni uno slo de los favorecidos por tamaa generosidad del oligopolio logr convertirse en un competidor serio de CFK. Peor an: la venenosa campaa meditica en contra del gobierno termin por volverse en contra de quien, desde una autoasignada funcin de conciencia tica de la repblica, la encarn con singular vehemencia. Nos referimos, est claro, a Elisa Carri, derrumbndose desde el 23 % de los votos obtenidos en la eleccin presidencial del 2007 a un triste tres y tanto por ciento en las primarias del domingo pasado. Una cada, dicho sea al pasar, que tampoco puede atribuirse a los poderes demirgicos de la televisin oficial, cuyo mdico rating inclusive en un programa como 6-7-8- la inhiben de acometer empresas tan demoledoras, suponiendo que lo quisiera. Y lo mismo puede decirse de la prensa grfica oficial o identificada con la gestin de CFK: el periodismo militante pudo haber ayudado a consolidar la adhesin de los ya convencidos, pero jams proyectar a Cristina por encima del cincuenta por ciento de los votos. Este acotado poder de los medios, de uno y otro bando, no deja de ser una buena noticia para la democracia.


La agenda para el segundo turno

 El arrasador triunfo de CFK enfrenta un peligro que al menos en un par de discursos recientes pareci haber sido advertido por la presidenta cuando dijo, textualmente, no me la creo. En efecto: el riesgo es pensar que ante la plebiscitaria ratificacin de su mandato las cosas estn bien y el rumbo emprendido es el correcto. En realidad, la situacin econmica ha venido mejorando pero las asignaturas pendientes son muchas, y muy urgentes. El mantenimiento de la torpe poltica adoptada con el INDEC, que equivale destruir un termmetro porque registra la temperatura producida por una inoportuna enfermedad, conspira en primer lugar en contra del propio gobierno: las deficientes o abiertamente falsas informaciones suministradas en algunas reas por el INDEC le impide elaborar con racionalidad y eficacia las polticas pblicas que el pas necesita. La intervencin en ese organismo, adems, es un grave atentado en contra de la poblacin porque la priva de acceder a datos bsicos con los que, por ejemplo, defender su nivel de vida y sus salarios en las paritarias. En este sentido el subregistro de la inflacin ha adquirido ribetes escandalosos toda vez que no son las desacreditadas consultoras privadas sino las propias oficinas de estadstica de las provincias gobernadas por el Frente de la Victoria quienes mes a mes desmienten las fantasiosas cifras del INDEC. No slo ellas: lo mismo hacen los sindicatos afiliados a la CGT, que negociaron reajustes salariales para acompaar al aumento de los precios internos- del orden del 25 al 35 %, reajustes que fueron homologados por las autoridades nacionales y sobre todo por el Ministerio de Trabajo. Acabar con este engao debera ser una de las primersimas tareas a encarar por la presidenta lo antes posible, conciente de que esa mentira no slo ofende a la ciudadana sino que entorpece su propia gestin de gobierno.

Cuando el tema de la agenda del prximo perodo sale a la palestra son muchos los que en el mbito oficial y sus aledaos dicen que lo que hay que hacer es profundizar el modelo. No vamos a reiterar en esta nota todo lo que discutimos extensamente en anteriores publicaciones de este blog y que diera lugar a un apasionado debate. Pero no est dems recordar que los principales aciertos del kirchnerismo como, por ejemplo, la quita en los bonos de la deuda externa o las estatizaciones de las AFJP o de Aerolneas Argentinas- se produjeron cuando se dejaron de lado las prescripciones del modelo de acumulacin instaurado bajo el primado del neoliberalismo desde finales de la dcada de los ochentas y cuyos poderosos influjos se sienten todava el da de hoy. Para entendernos: si hablamos rigurosamente un modelo no es una sumatoria de polticas pblicas sino un tipo especfico de articulacin entre acumulacin capitalista, dominacin poltica y organizacin social. Al decir que el actual modelo tiene su gnesis en la ltima dictadura militar y su consolidacin en el decenio menemista se est afirmando que como producto de la refundacin reaccionaria del capitalismo global desde mediados de los setentas el eje central de la acumulacin capitalista se desplaz hacia los sectores ms concentrados (y extranjerizados) de la economa, entre los cuales sobresalen el petrleo, el gas, la gran minera, el sector financiero y el agroexportador (principalmente el complejo sojero), todos los cuales fueron (y siguen siendo) beneficiados por incentivos, subsidios, exenciones impositivas y facilidades de todo tipo que explican las fenomenales tasas de ganancia que exhiben estos sectores. Este modelo, neoliberal en su espritu y en su corporizacin prctica, tiene como puntales:

a) la sobrevivencia de la Ley de Entidades Financieras de Videla-Martnez de Hoz, pieza legal fundamental para institucionalizar el predominio de la banca extranjera y del capital financiero en general;

b) la vigencia de la Carta Orgnica del Banco Central establecida por Domingo F. Cavallo que todava condiciona negativamente a las actuales autoridades de esa institucin para actuar de conformidad con las exigencias de la coyuntura;

c) la extraordinaria regresividad del sistema impositivo, en virtud de la cual la renta financiera queda exenta de obligaciones tributarias al igual que la transferencia de activos de sociedades annimas, mientras que una parte creciente de los asalariados debe pagar el impuesto a las ganancias la magia del neoliberalismo todo lo puede: sueldos y salarios se convierten en ganancias y como tales sujetas a un tributo- al tiempo que los sectores de menores ingresos ven encarecidos los tems de la canasta bsica de alimentos con un IVA del 10.5 %;

d) el continuo saqueo de nuestras riquezas naturales, sin ninguna clase de efectivo control fiscal especialmente en hidrocarburos, minera, pesca- que impide saber cunto se extrae y cunto se exporta. Si algn dato se tiene es por las declaraciones juradas que las empresas interesadas elevan a nuestras autoridades;

e) la descontrolada sojizacin del agro, con los graves perjuicios que conlleva no slo una acelerada reprimarizacin de la economa sino tambin la expansin del monocultivo y la primaca adquirida por el poderoso complejo transnacional del agronegocios, en desmedro de los pequeos y medianos productores locales;

f) el elevado grado de concentracin y extranjerizacin de la economa. Una encuesta peridicamente realizada por el INDEC sobre este tema demostr que en el 2010 las 500 mayores empresas del pas daban cuenta nada menos que del 22 % del PIB de la Argentina. Ese mismo estudio sealaba que 324 de las 500 mayores empresas o sea, dos de cada tres- que operan en el pas son extranjeras; y todas forneas son las seis ms grandes: YPF, Cargill, Telecom, Petrobras, Carrefour y Jumbo. Extranjerizacin que, como lo sealan recientes estudios, se extiende tambin a la tierra, inclusive en zonas de frontera;

g) perpetuacin de la precarizacin laboral, la tercerizacin, el trabajo no registrado (inclusive en la administracin pblica!), penosas herencias de los noventas que an persisten en nuestros das.

Estos rasgos, gestados durante los aos de la dictadura y el menemismo siguen penosamente caracterizando a la economa argentina. Hubo cambios, sin duda, pero las vigas maestras del modelo, neoliberal hasta el tutano, siguen en pie. A ello se debe la persistencia de elevados niveles de pobreza -cercanos al 30 % segn los anlisis ms confiables- en los sectores ms postergados y tambin la fragilidad econmica de las capas medias, donde para una pareja con ambos miembros trabajando en blanco y con buenas remuneraciones la adquisicin de un departamento de dos ambientes se presenta como una empresa de muy difcil realizacin. En suma, el modelo, fiel a sus orgenes, crece pero al hacerlo concentra ingresos y riquezas, desnacionaliza la economa y no distribuye. Quien lo hace, a duras penas y con muy modestos resultados, es el estado.


La izquierda y la coyuntura

Para concluir: la presidenta tiene la re-eleccin asegurada. Ha sido ratificada plebiscitariamente y gracias a esta relegitimacin dispone de un amplio campo de maniobra para introducir los cambios que necesita el pas. Si tiene voluntad de hacerlos seguramente contar con un enorme respaldo popular, como lo atestigua el resultado de las primarias. Cuenta tambin con un Congreso que no tendr fuerza para interferir o entorpecer sus ms trascendentales iniciativas y los poderes mediticos han demostrado que pueden desatar una molesta vocinglera pero no tienen como frenar las polticas gubernamentales. Este es el momento para avanzar a toda mquina por el camino de las reformas estructurales, dejando de lado los paliativos y las polticas de parche. Adems, haga lo que haga, los futuros historiadores y cronistas de la derecha ya condenaron a la presidenta. Seguir siendo sometida a toda suerte de presiones, chantajes y agresiones por los moderados avances sociales producidos durante estos ltimos aos. Siendo esto as es preferible que la condenen por las cosas buenas que podra hacer y no por lo que dijo que quera hacer y despus no lo hizo. Eso s: CFK tendr que apresurarse porque dispondr de poco tiempo, un ao a partir del inicio de su nuevo trmino presidencial. El 2012 debera ser el ao de las grandes batallas. Poco despus comenzarn las disputas con vistas a las elecciones parlamentarias del 2013 y, enseguida, estallar abiertamente la dursima lucha por la sucesin presidencial. Por lo tanto, si no es ahora, cundo?

Podr objetarse, con razn, que el planteo anterior adolece de un fuerte voluntarismo. Ello es as porque hemos optado, metodolgicamente hablando, por suspender por un momento una valoracin radicalmente crtica que considere a los datos definitorios de la coyuntura actual como resultados inamovibles de un proceso que no admite correcciones o rectificaciones. Si bien adherimos sin reservas a la perspectiva crtica que ofrece el marxismo -en el sentido de que sabemos que dentro del sistema no hay solucin para la crisis del capitalismo, y que ste es una imparable mquina de producir injusticias, pobreza y exclusin econmica, social y poltica que slo una revolucin socialista pondr fin- creemos que al menos hipotticamente se le podra conceder al gobierno el beneficio de la duda. En qu sentido? En el sentido de reconocer que las renovadas y cada vez ms violentas contradicciones del capitalismo, aguijoneadas por la crisis actual, van a desbaratar cualquier intento de gestionar a la economa y mantener el orden social apelando a las herramientas macroeconmicas convencionales, incluyendo las tenidas por heterodoxas. Empujado por circunstancias signadas por profundos desequilibrios en la vida econmica y una creciente agitacin social y poltica ms pronto que tarde el gobierno se enfrentar a un dilema de hierro: avanzar por el sendero de las reformas estructurales que le permitan neutralizar los efectos desquiciantes de un capitalismo en crisis o bien quedar sepultado bajo sus escombros, abriendo el paso a una restauracin conservadora que ponga fin a todas sus ilusiones progresistas.

Acrrimos crticos del capitalismo, Marx, Engels, Lenin, Trotsky y Gramsci, entre otros, nunca dejaron de reconocer las posibilidades de recomposicin y cambio que los capitalistas siempre tienen a su alcance an en medio de las ms profundas crisis. Ms de una vez Marx se reproch por haber errado en sus sombros pronsticos sobre el curso futuro de Francia una vez establecido el rgimen bonapartista, refutados implacablemente por casi veinte aos de vigorosa expansin econmica que slo la guerra franco-prusiana de 1870 pondra fin. Atentos a esta leccin hay que desterrar la tentacin de pensar que, ante la crisis, el kirchnerismo jams osara transitar por el sendero de las reformas estructurales. Sus relaciones con la clase dominante son complejas y por momentos contradictorias: promueve sus ganancias y facilita sus negocios si no vase lo ocurrido con el voto del campo en las primarias, o las declaraciones de Franco Macri o de tantos otros capitostes del empresariado local- aunque lo hace en un clima de mutuo recelo y permanentes tironeos ocasionados por la insaciable voracidad de una y otro.

Si estas tensiones, exacerbadas al calor de la crisis, llegaran a sobrepasar un cierto umbral no sera extrao que se desencadenase una ruptura entre la clase dominante y el gobierno, colocando al kirchnerismo ante el dilema enunciado ms arriba: reformas estructurales o capitulacin. Acosado por similares ms no idnticas circunstancias Franklin D. Roosevelt opt por lo primero: fortaleci el movimiento obrero y organiz al partido demcrata, y a partir de all lanz el New Deal, un programa tenazmente resistido por gran parte de la burguesa estadounidense que consideraba confiscatoria y comunista la nueva legislacin tributaria en un pleito que slo se resolvi en la Corte Suprema de Estados Unidos- y los renovados poderes de la Reserva Federal, al paso que denostaba como demaggicas las audaces iniciativas en materia de seguridad social y asistencia mdica impulsadas desde la Casa Blanca. Obviamente, era un programa que no tena la menor intencin de salirse del sistema y abandonar al capitalismo; no obstante, acuciado por las premuras del momento, para salvarlo era preciso otorgar significativas concesiones a las clases populares a la vez que se recortaban algunas de las ms irritantes prerrogativas del capital. Que no hubiera aparecido un partido revolucionario capaz de aprovechar las oportunidades que se abrieron en esa coyuntura es otra historia. A la luz de la experiencia histrica, desde Napolen III a Roosevelt, deberamos excluir a priori que una salida reformista burguesa pudiera ser elegida por CFK? Hay numerosos indicios de una creciente tensin al interior del kirchnerismo, originada por las limitaciones y perversiones del modelo y por el creciente hiato que separa el discurso crtico del neoliberalismo del pesado legado neoliberal que an hoy informa buena parte de las polticas oficiales. Quin estara en condiciones de asegurar que, forzado por las circunstancias, el kirchnerismo preferira suicidarse antes que abrazar una opcin reformista, aunque sea por razones tcticas, oportunistas o demaggicas de supervivencia poltica?

Y si tal cosa llegara a ocurrir, estaran la izquierda y el movimiento popular en condiciones de sacar partido de la situacin? Es evidente que la debilidad de las fuerzas socialistas, comunistas y de izquierda de la Argentina, herederas de traumticas experiencias del pasado, conspira contra su capacidad para gravitar decisivamente en la coyuntura. El tsunami peronista de 1945 cambi radicalmente la estructura y la identidad de la clase trabajadora y el movimiento popular, condenando a la izquierda a jugar un papel marginal en el desarrollo de las luchas de clases durante dcadas. Ante ello habra que estar sumamente atentos a las inditas posibilidades que podran abrirse en el marco de la crisis actual y sus reflejos en un pas de la semiperiferia capitalista como la Argentina. No hay un nico camino para la emancipacin de la clase trabajadora, y ms importante que el punto de arranque son el itinerario, las novedades generadas a lo largo de un continuo proceso de luchas sociales (que cambia conciencias, proyectos, modos de organizacin y liderazgos) y la meta hacia la que apuntan los conflictos y antagonismos del momento.

Para ello es preciso tener en mente que estamos ingresando a una nueva etapa en la historia del capital: la contraofensiva reaccionaria inaugurada en los aos ochenta del siglo pasado de la mano de Ronald Reagan, Margaret Thatcher y Juan Pablo II se ha agotado y se derrumba estrepitosamente. La conmocin social que sacude a Europa, desde la ola de huelgas en Grecia hasta el repudio a los banqueros en Islandia, pasando por los incendios en Londres, los indignados espaoles y el fragilsimo equilibrio poltico apenas sostenido en Francia y Alemania, es un claro anuncio del cambio de poca, y sus violentas reverberaciones se dejarn sentir en todo el mundo. La Argentina y Amrica Latina, por ms que se las intente blindar, no sern la excepcin a la regla. Fin de una poca que coincide con la inexorable decadencia del imperio norteamericano, incapaz de ganar guerras (aunque destruya pases), de ordenar el caos econmico internacional y de acomodar el tablero poltico mundial en funcin de los intereses imperiales. En un marco de cambios epocales en donde la mismsima supervivencia del capitalismo est puesta en cuestin -ya no por el catastrofismo de sus crticos sino por el diagnstico de los intelectuales orgnicos del capital!- la izquierda argentina tiene la posibilidad y el deber de reconstituirse de forma tal de poder incidir positivamente en el curso de los acontecimientos, dejando de ser lo que, a pesar suyo, fue durante dcadas: una presencia testimonial. Para que esto sea posible deber abandonar todo dogmatismo y saber leer, en los enrevesados y contradictorios pliegues de la coyuntura actual, las oportunidades que podran existir para desarrollar un proyecto emancipatorio para nuestro pueblo y actuar en consecuencia.

Nota originalmente publicada en : www.atilioboron.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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