Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-08-2011

Intolerancia religiosa en Espaa

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


Nunca consider la posibilidad de ser vctima directa de la violencia religiosa. Viv mi adolescencia en Chile, pas laico y republicano, hasta Pinochet, claro est, donde la Iglesia era una institucin sin mucho peso en la vida poltica, aunque siempre presente de diferentes formas. No faltaban las incursiones de obispos, cardenales y sacerdotes en la vida pblica. Durante los aos 60 fui testigo de la toma de la catedral de Santiago, eran los tiempos de Pablo VI y el Concilio Vaticano II. En ese contexto nacan organizaciones como Cristianos por el Socialismo y los obispos latinoamericanos se reunan en Puebla y Medelln. Los sacerdotes comprometidos se incorporaban a las guerrillas en todo el continente. Pronto tendrn su mrtir con la muerte de Camilo Torres en Colombia. En los aos 70, la Teologa de la Liberacin consolidaba una propuesta de accin cristiana comprometida con los pobres. En medio de la dictadura de Pinochet, una parte de la Iglesia, defensora de los derechos humanos, montara la Vicara de la Solidaridad, fue una plataforma nica desde la cual se trabaj en la defensa de los presos polticos, en la condena de la tortura y se expuso el caso de los detenidos desaparecidos. Pero esta opcin de la Iglesia fue desplazada del centro de poder. El catolicismo ms conservador y reaccionario tom el relevo. Juan Pablo II, el Papa polaco, desautoriz, combati y excomulg a telogos progresistas; su mano derecha sera un alemn, un tal Joseph Ratzinger, llamado expresamente para hacerse cargo, como prefecto, de la Sagrada Congregacin para la Doctrina de la Fe. En otras palabras, la institucin sustituta del Tribunal de la Congregacin de la Santa Inquisicin.

En tiempos de guerra fra, Juan Pablo II, apoy las dictaduras en Chile, Argentina, Paraguay, Bolivia y Centroamrica. En El Salvador, tras el asesinato de monseor Romero y la muerte de Montes, Barho, y Ellacura a manos del ejrcito, guard un silencio cmplice, y en Nicaragua solicit al sacerdote Ernesto Cardenal su retirada del gobierno sandinista, apoyando, en contraposicin, al cardenal Ovando y Bravo en su campaa desestabilizadora desarrollada desde Estados Unidos por el entonces presidente Ronald Reagan. Mientras tanto Ratzinger mandaba callar a los telogos, condenndolos a un silencio absoluto so pena de excomulgarlos. Un dupla perfecta. Ambos ampararon a pedfilos y pederastas en sus filas y callaron las demandas de justicia de las vctimas. Marcial Maciel, fundador de Legionarios de Cristo, es el paradigma, por antonomasia, de esta infamia. Tras la muerte de Juan Pablo II, el sucesor al trono de Pedro fue el propio Ratzinger. As los cardenales premiaban la fidelidad y garantizaban la continuidad de un apostolado reaccionario. Con el nombre de Benedicto XVI, Joseph, inici su andadura. Muy pronto nos percatamos de sus intenciones. En sus homilas conden el derecho a la eutanasia, la muerte digna, el aborto, la sexualidad libre, el matrimonio homosexual y el laicismo. Martillo de herejes, fue miembro de las juventudes nazis. Tal vez por ello, la juventud catlica recrea en la actualidad los mismos comportamientos autoritarios y violentos propios del nazismo acuados por su lder espiritual. La cruz y la esvstica se entienden a la perfeccin, ambas estn manchadas de sangre y no por la crucifixin de Cristo. En su nombre se han cometido crmenes de lesa humanidad que no dicen mucho en favor de sus aclitos defensores.

En Madrid, mientras se celebra la reunin mundial de la juventud catlica, quienes hemos protestado por el uso de los impuestos para financiar la prdica papal nos hemos visto sometidos a un alud, primero de insultos y a continuacin golpes y la represin policial. Se han credo los dueos de la ciudad. Campan a sus anchas, sin respeto alguno pretenden la conversin del infiel. Y cuando se les hace saber que no participas de su credo, los catlicos practicantes se transforman en violentos inquisidores, siguiendo a Torquemada. Hoy no pueden quemarnos vivos, pero s utilizar a la polica para castigar al hereje. En medio de una manifestacin legal, los catlicos practicantes, con la complacencia de las autoridades locales y la delegada del gobierno, no han sabido compartir ni el espacio pblico ni las buenas maneras de quienes, desde el laicismo, han querido mostrar el rechazo, no a su presencia, sino a la forma en la cual el Estado aconfesional patrocina un evento privado con fondos del erario pblico. Molestos por la crtica, los catlicos practicantes quisieron romper la manifestacin, provocando y lanzando improperios. Incapaces de comprender el significado de la palabra tolerancia, se pusieron a rezar el rosario, cantar misa, tirar estampitas en medio de los manifestantes laicos, quienes ante el asombro, slo les qued apartarse. Los organizadores del evento catlico eran conscientes de la manifestacin laica y debieron haber informado a sus partcipes de no transitar por los sitios por los cuales transcurrira la protesta. Pero su decisin fue incomprensible, alentaron a sus militantes a hacer acto de presencia, romperla y luego pasar por vctimas. Hoy el Papa se queja del maltrato sufrido por sus jvenes en la Puerta del Sol. En mi ingenuidad, crea que los catlicos y su juventud, salvo excepciones, eran gentes educadas en la paz y el amor cristiano. Tolerantes. Pero su comportamiento dice lo contrario. Militan en la excrecencia de la pasiones ms abyectas, les pueden la ira, el odio y la violencia. La inquisicin pervive en sus almas.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2011/08/20/opinion/022a1mun

rCR



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter