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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2005

La injuria como arma poltica

Marcos Roitman Rosenmann
La Jornada


La infamia tiene una larga historia. Es producto de la falta de escrpulos y la ignominia. Se alimenta de la vanidad y sirve para eliminar a los adversarios. Su utilizacin forma parte de redes de poder donde se combate por medio de la descalificacin personal. Su prctica est extendida y afecta sin distincin a amigos y enemigos confesos. Es habitual tener que desmentir lo que otros urden para eliminar del camino a quienes consideran rivales o un peligro. Es tal la degradacin que los tribunales rebosan de querellas por difamacin. En Espaa, por ejemplo, se lanzan acusaciones sin contrastar o verificar la informacin. Despus del 11 de septiembre, el Partido Popular administra esta tctica para denigrar a personas bajo el supuesto de participar en conspiraciones contra sus militantes y dirigentes.

En los tiempos de guerra fra, estas armas para descalificar a los adversarios eran plato de todos los das. Por un bando se acusaba de comunistas y por otro se les tildaba de agentes de la CIA y contrarrevolucionarios. En el primero, la caza de brujas llev a la silla elctrica a los Rosenberg y abri las puertas del suicidio poltico en Estados Unidos. En la Unin Sovitica y los pases del este la traicin se fundamentaba en los pensamientos burgueses de sus militantes. La farsa ms grande fueron los juicios contra y los fusilamientos del secretario general de los comunistas polacos. Sin olvidar el asesinato de Trotsky en Mxico. Asimismo, en la izquierda occidental ser acusado de agente del imperialismo o la CIA era suficiente para perder la vida. Baste mencionar el caso de Roque Dalton en El Salvador y a su verdugo, el ex comandante Joaqun Villalobos.

No pocos cayeron en desgracia. El lema era claro: la difamacin justifica la muerte y quiebra voluntades. Sembrar desconcierto y duda son buen material para talar el rbol que hace sombra. Resulta doloroso comprobar cmo un argumento tan vasto se transform en un arma poltica, cuya capacidad de matar fue portentosa. Las descalificaciones se sucedieron en todos los frentes.

Una vez culminada la guerra fra, al menos formalmente, estas infamias han pasado a segundo plano. Otros adjetivos han ocupado su lugar y se convierten en un recurso bastardo de consecuencias imprevisibles. Ya no tiene sentido ser acusado de agente de la CIA o del KGB. Ahora basta con achacarles el sanbenito de traidores. No se ha evolucionado mucho en esta direccin. Simplemente se han modernizado las tcnicas y los usos. Ahora, para poner en duda la honorabilidad y lograr la descalificacin basta poner el mote y hacerlo circular. La ignominia es completa, se apunta en una direccin para hacer blanco en un doble objetivo.

En este ir y venir de acusaciones la difamacin se construye bajo una alambicada estrategia para destruir todo cuanto pueda significar crtica y reflexin. No hablamos de disidentes, concepto ideado por el Departamento de Estado para definir a los conversos del comunismo y auparlos a la categora de paladines de la libertad. El objeto de esta nueva trama mafiosa es otra y tiene como blanco a quienes sin renunciar a los principios y valores ticos ejercen su derecho de crtica. Son los casos de militares que no han cumplido rdenes de tortura o los miembros de organizaciones guerrilleras, poltico-militares comunistas o socialistas que han abandonado sus militancias sin dejarse arrastrar por los bienes materiales ofrecidos si se capitula.

En este sentido, diferenciamos las acciones abyectas de conversos de las muestras de dignidad que comprometen el honor y no se someten a los designios del poder. Muchos son los ejemplos en ambas direcciones y por ello no pondr nombres ni apellidos.

Arthur Schopenhauer escribi en un opsculo casi olvidado, Dialctica erstica o el arte de tener razn, expuesta en 38 estratagemas, publicado cuatro aos despus de su muerte, en 1864, un buen manual para el debate poltico, as como para la injuria y la descalificacin. En l advierte de sus intenciones. Se trata de urdir estratagemas para ganar siempre de forma lcita o ilcita. En un alarde de conocimiento y de prctica en el debate retrico y dialctico nos adentra en la discusin encaminada a la destruccin del adversario. Descarnadamente expone sin mediaciones ticas cules deben ser los pasos a seguir para eliminar al enemigo. Armas habituales que hoy reconocemos en todo debate poltico son presentadas como conjunto ordenado de recetas victoriosas.

Llama la atencin la diversidad de formas para descalificar y sembrar dudas sobre el buen hacer de los considerados enemigos. Un buen comienzo, para Schopenhauer, es apostillar sobre los argumentos del contrario: "esto es verdad en teora, pero en la prctica es falso". Tambin se puede recurrir, dir, al clsico mtodo de homologar una definicin y "subsumirla bajo una categora aborrecible con la que pueda tener alguna semejanza, con la que se le relaciona sin ms: por ejemplo esto es maniquesmo, idealismo, misticismo, etcrera, otra opcin; si an el adversario sigue vivo y se resiste, es declararse 'irnicamente incompetente: lo que usted dice supera mi pobre capacidad de comprensin'. Pero hay dos que son mortales de necesidad a la hora de descalificar.

La primera, hacer uso ilegtimo de la deduccin del oponente para inferir deducciones falsas que deforman los conceptos y permiten construir tesis que de ningn modo corresponden a la opinin manifestada fabricando afirmaciones absurdas y peligrosas. La segunda funciona como comodn y es la ltima de las 38 propuestas de Schopenhauer.

Tomemos buena nota: "cuando se advierte que el adversario es superior y se tienen las de perder, se procede ofensiva, grosera y ultrajantemente; es decir, se pasa del objeto de la discusin (puesto que ah se ha perdido la partida) a la persona del adversario, a la que se ataca de cualquier manera... Esta regla es muy popular; como todo el mundo est capacitado para ponerla en prctica, se utiliza muy a menudo".

Hay antdoto para evitar ser infamado y sometido a calumnias? Schopenhauer encuentra la vacuna en Aristteles: "No discutir con el primero que salga al paso, sino slo con aquellos que conocemos y de los cuales sabemos que poseen una inteligencia suficiente como para no comportarse absurdamente y que se avergonzaran si as lo hiciesen".

 



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