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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-04-2005

Conclusin de una poca
Con Wojtyla cesa la ltima huella de la guerra fra

Lisandro Otero
Rebelin


Juan Pablo II falleci tras una larga agona de un par de meses. El desenlace estuvo cubierto por un desbordamiento meditico similar al que acompa al Pontfice durante su vida. Desde su primer internamiento en el hospital Gemelli las cmaras de televisin siguieron las variaciones de su estado de salud declinante.

El aluvin de ditirambos ha sido avasallador. Las alabanzas, exaltaciones y loas no han conocido ningn lmite. Igual que durante la guerra en Irak las cadenas de televisin faltaron a su ms elemental deber: informar. Editorializaron todo el tiempo sin respeto por el pblico. Slo en ciertos medios de poco alcance se abord con cierta objetividad la obra de Wojtyla y se hizo el juicio crtico que merece la obra de un Papa singular.

Sin lugar a ninguna duda Wojtyla fue un pensador poderoso, un intelectual de alto calibre. Se sabe que era un vido lector de marxismo y en su biblioteca del arzobispado de Cracovia mantena obras de Marx, Lenin y Stalin. Fue un filsofo ducho en teologa. Sus estudios sacerdotales se basaron en la obra de Toms de Aquino y los msticos espaoles. La publicacin, en 1979 de su estudio sobre fenomenologa, Persona y accin, (en ingls The acting person) le dio a Wojtyla una presencia digna entre los filsofos europeos. Los cardenales que lo eligieron estaban convencidos del alto coeficiente de inteligencia de este sacerdote.

Otra de las caractersticas del Pontfice fue su inmenso dinamismo meditico. Fue el primer Papa que comprendi el valor de los medios masivos en la difusin de la doctrina y en el proselitismo. El papel que antao estaba reservado a las misiones evangelizadores, bajo su reinado lo asumi la divulgacin electrnica. Sus giras mundiales eran preparadas con gran esmero, cuidando propiciar el mayor contacto del dirigente con sus seguidores.

Fue, tambin, un Papa que anim un combate poltico frontal, de gran envergadura, contra las fuerzas del socialismo. Su estmulo al movimiento contrarrevolucionario Solidaridad, en Polonia, fue causante de una importante resquebrajadura en el campo de los estados marxistas. Pero no fue, en absoluto, como algunos de sus enaltecedores han declarado, el Papa que derrot al comunismo.

La caricatura de socialismo que existi en la Unin Sovitica, y en los pases de Europa del este, cay por sus propias debilidades internas. Por la separacin de la dirigencia de las aspiraciones de las masas, por su ineficacia administrativa, su excesiva centralizacin, su apego a los dogmas, su falta de flexibilidad, su excesiva reglamentacin de todos los aspectos de la vida, su autoritarismo desptico. No fue derrotada por la economa de mercado ni por la Iglesia, muri por sus propias imperfecciones.

Es cierto que la alianza del Vaticano con Reagan, y el papel de brazo espiritual de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, contribuy a inclinar la victoria en la Guerra Fra del lado del capitalismo. En la biografa Su Santidad, de Carl Bernstein y Marco Polliti, se afirma: El Papa era depositario de algunos de los secretos mejor guardados de los Estados Unidos y de sofisticados anlisis polticos: informacin de satlites, de agentes de inteligencia, de escuchas electrnicas, de discusiones polticas en la Casa Blanca, el departamento de Estado y la CIA. Ah tambin se sostiene que el subdirector de la CIA, el general Walters se reuna regularmente con el Papa para ofrecerle evaluaciones polticas de la situacin mundial. William Casey, director de la CIA en aqul tiempo, era un ferviente catlico que asista a misa diariamente.

La Guerra Fra que se inici tras la conclusin de la Segunda Guerra Mundial por la pugna entre las dos principales potencias por establecer su ascendencia geopoltica tuvo en el Vaticano, durante el reinado de Wojtyla, uno de los escenarios principales del conflicto. El advenimiento de ese Pontfice trajo una parlisis en el proceso renovador iniciado por Juan XXIII. Vino un perodo inmovilizante durante el cual se detuvieron las respuestas que se incubaban, ms orientadas al humanismo contemporneo.

La iglesia, al morir Wojtyla, se encuentra en crisis. La asistencia a las misas dominicales ha disminuido, millones de catlicos ignoran las prohibiciones sobre el aborto y la anticoncepcin, hay una grave escasez de sacerdotes y los escndalos sexuales del clero perturban a los fieles. La libertad filosfica de los telogos se ha visto reducida a una obediencia total. Estas, y otras muchas inconformidades se mueven en los corrillos episcopales pero ninguno, siguiendo la discrecin necesaria, se atreve a alzar la voz, pero ello pudiera emerger tras la eleccin de un sucesor.

Algunos estiman que las condiciones estn maduras, en la base, para una revolucin interna. Pero en el actual colegio cardenalicio estn en mayora los conservadores designados abrumadoramente por Wojtyla. Est por ver si el difunto Papa fue o no el ltimo absolutista, dadas las exigencias de modernidad que reclama el nuevo siglo.

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