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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-08-2011

Movilizaciones en Europa que dicen basta

Sandra Ezquerra
Pueblos


Despus de tres aos realizando anlisis sobre la crisis desde la izquierda social y poltica nos hemos puesto de acuerdo en varias cosas. Hemos coincidido en que la crisis es estructural y responde a las contradicciones del sistema capitalista. Tambin, en que estas contradicciones se han traducido en las ltimas dcadas en la agresiva implementacin de polticas neoliberales que, entre otros efectos, han provocado una grave erosin de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, han derivado en la devolucin de una parte importante de la reproduccin y el cuidado a las familias (lase mujeres), han disminuido la participacin de los salarios en las rentas estatales y han facilitado la reduccin de las inversiones productivas y la desregularizacin del mundo financiero.

Las polticas anticrisis impuestas en el Estado espaol desde 2008 responden a la misma filosofa de dcadas previas y en los ltimos aos hemos asistido cada vez ms indignados e indignadas a la imposicin de diferentes medidas.

En primer lugar, al rescate pblico de los bancos. En segundo lugar, al amago de crear empleo con recursos pblicos, un amago que no dur demasiado y que, adems, estuvo centrado en un sector, la construccin, que no slo es marcadamente masculino (por ende, se ignor el impacto que la crisis estaba teniendo en el empleo femenino), sino que adems ha demostrado ampliamente su insostenibilidad econmica, social y ecolgica. En tercer lugar, el gobierno de Zapatero, en lnea con las directrices de Bruselas y de las instituciones financieras internacionales, ha contribuido al reciclaje de una vieja leyenda neoliberal, la crisis fiscal, que sirve de coartada para la socializacin de las prdidas creadas en los ltimos aos. Medidas supuestamente coyunturales como la congelacin de pensiones, los recortes en las ayudas a la dependencia y a la cooperacin, los tijeretazos en los salarios pblicos o la eliminacin de empleos pblicos, entre otras, estn teniendo un severo impacto en las clases populares, las personas mayores, los trabajadores y trabajadoras.

Cabe destacar, a su vez, sus efectos desproporcionados sobre las mujeres a raz de nuestra posicin econmica particularmente vulnerable y de nuestra gran presencia laboral en el sector pblico. Adems, como resultado de nuestra identificacin histrica con el cuidado seremos nosotras de nuevo quiees, con nuestro trabajo silencioso y altruista en el hogar, recojamos los pedazos de un Estado del Bienestar que se desmorona por momentos.

En cuarto lugar, el gobierno nos ha obsequiado en el ltimo ao con una reforma laboral y una reforma de las pensiones que colocan a la clase trabajadora en una situacin an ms vulnerable. Finalmente, tambin hemos observado el avance de la reforma de la negociacin colectiva y la privatizacin de las cajas. Los mal llamados mercados tocan el silbato y el gobierno de Zapatero se apresura obediente a acatar su dictamen.

El impacto de las anticrisis

Es difcil decir qu otras medidas disearn para apaciguar una crisis fiscal que todos ellos, mano a mano, han creado y que parece poder conducirnos a otra hecatombe supuestamente an mayor: el riesgo de que nos rescaten como aGrecia, Irlanda y Portugal. Todo esto, a grandes rasgos, constituye el escenario al que nos hemos enfrentado durante los tres ltimos aos y seguimos enfrentndonos en la actualidad.

Como decamos, es necesario visibilizar la devolucin de responsabilidades de reproduccin y cuidado por parte de las administraciones a los hogares y familias (de nuevo lase mujeres) como importante eje de anlisis de las polticas anticrisis y de la evolucin de la economa internacional. As como las polticas neoliberales se muestran eficaces para inclinar la balanza a favor del capital frente a la clase trabajadora, las medidas de austeridad social tienen una gran incidencia en cargar a las mujeres con responsabilidades que deberan ser equitativas, colectivas y pblicas. Todas estas estrategias garantizan al sistema capitalista la extraccin de recursos de salarios, impuestos, pensiones, cuerpos y vidas de trabajadores y trabajadoras (sean reconocidas y/o remuneradas o no) para sobrevivir a su muerte anunciada.

A pesar de todo, parece que tenemos que permanecer calladas ante un chantaje donde el silencio sumiso casi deviene en sinnimo de patriotismo, y donde nuestros sacrificios son justificados porque salvarn a la economa patria de un desmoronamiento a la griega, irlandesa o portuguesa. A diferencia de Portugal y Grecia, no obstante, en el Estado espaol ha brillado por su ausencia hasta mediados de mayo una movilizacin social en consonancia con las agresiones sufridas. A pesar de que sufrimos ya casi tres aos de sangra, lo que ha caracterizado la situacin hasta hace bien poco ha sido la desolacin de mucha gente tras la ensima traicin de las cpulas sindicales, la incertidumbre y la falta de direccin de la izquierda.

Hacia dnde queremos ir?

Pero ya va siendo hora de dejar de regodearnos en la desesperanza. Deviene cada vez ms urgente preguntarnos hacia dnde queremos ir y cmo pensamos llegar. Y nuestro destino ha de ser una salida a la crisis y la construccin de una nueva sociedad que no estn basadas en la lgica del beneficio y la explotacin; que no se construyan sobre la dominacin y la opresin y que no dependan de la destruccin del planeta para sobrevivir. Nuestro recorrido debe tener tres dimensiones: la ideolgica, la poltica y la social.

En el terreno ideolgico o discursivo se nos presenta un reto que, a pesar de ser enorme, resulta imprescindible enfrentar. Llevamos tiempo dicindolo pero habr que seguir repitindolo de manera tozuda y quizs en formatos ms fciles de entender o creer: la actual salida a la crisis no es la nica posible. Existen vas de izquierdas, radicales, solidarias y sostenibles para enfrentarnos a ella. Estas vas son ms legtimas, realistas, factibles, deseables y justas que las que nos estn imponiendo.

Otras batallas que tenemos que librar en este terreno son, en primer lugar, la de rechazar la falacia de que la lucha en lugares como Francia, Reino Unido o Grecia para derribar las medidas ultraliberales no ha servido de nada: dicha falacia nicamente contribuye a que la gente se quede en su casa derrotada de antemano. Hay que contrarrestarla insistiendo en que los movimientos sociales en todos esos pases han bloqueado algunas medidas y, adems, han ayudado a crear redes, confianzas, acumular fuerzas y formar a gente joven en la cultura del disenso y la reivindicacin.

En segundo lugar, hay que luchar contra la cosificacin de entidades aparentemente annimas, abstractas y omnipotentes como los mercados, el poder financiero, los rescates o las medidas dolorosas. Los mercados estn constituidos por empresas y personas con nombres, apellidos e intereses concretos, con capacidad de influencia, con decisiones determinadas que, a su vez, tienen consecuencias reales en las vidas de millones de personas. Pongmosle cara al poder financiero y dejemos de hablar de l como si de un ser divino se tratara, denunciemos que lo que ellos llaman medidas dolorosas, como lo podra ser una mera indigestin, son en realidad verdaderas tragedias en las vidas de las personas, de las familias, de las comunidades, del planeta. En definitiva, recuperemos la capacidad de definir, de nombrar y denunciar la realidad tal cul es. A veces el nombre hace a la cosa y necesitamos librar esta batalla no slo para entender el mundo sino tambin para inventar, imaginar y transmitir a los y las que nos rodean nuevas maneras de transformarlo.

Esta batalla es la que nos permite trabajar nuestro segundo terreno: el poltico. Quin ha decidido que no es posible prohibir los despidos en empresas con beneficios? Por qu no se ha aprovechado la reciente reforma laboral y del Rgimen General de la Seguridad Social para integrar a todos los trabajadores y trabajadoras que no disfrutan de los mismos derechos que el resto? Qu nos impide exigir una prestacin de desempleo indefinida? Acaso el sentido comn, lejos de la ortodoxia neoliberal que nos repiten cada da los medios de comunicacin mayoritarios, no nos dicta que una medida anticrisis innegociable ha de ser una mejora sustancial de los servicios pblicos? Reivindiquemos que estas son las nicas salidas que aceptamos, atrevmonos a formular medidas verdaderamente transformadoras y que ayuden a concretar nuestra batalla en el terreno ideolgico.

Nos ahogan bajo la amenaza de que hay que pagar la deuda para paliar la impaciencia de los seores mercaderes. Acaso no nos podemos empezar a plantear, como han hecho en otros lugares, que podemos rechazar este chantaje? Ya que la deuda se est pagando con nuestros impuestos, de la prdida de nuestros empleos, de los recortes en nuestros salarios, de la desaparicin de servicios sociales que tanto necesitamos y queremos preservar, no es absolutamente legtimo que tengamos capacidad de decidir que no queremos pagar la deuda? Exijamos una auditora transparente de la deuda y decidamos qu parte es legtima y qu parte no.

Exijamos tambin la creacin de empleos socialmente tiles, necesarios y sostenibles. La crisis puede servir para repensar el modelo econmico: aprovechemos para fortalecer el Estado de Bienestar. Esta apuesta no slo contribuira a crear empleo sostenible sino que adems permitira avanzar en el reordenamiento de nuestras prioridades sociales y polticas, ya que estara basada en la centralidad del bien comn, el bienestar y la solidaridad. Todo ello contribuira no slo a mejorar la presencia de las mujeres fuera del hogar y la familia sino que fortalecera la capacidad de los hombres para implicarse de manera equitativa en las tareas de cuidado. Reivindiquemos tambin de esta manera la urgencia de reducir la jornada laboral sin alterar por ello los salarios, tanto para repartir el empleo como para reorientar los usos del tiempo y dar una mayor centralidad al tiempo social, personal, familiar, poltico, de ocio y de descanso.

Y para cundo una reforma fiscal progresiva a escala europea? Cmo es posible que en estos momentos los impuestos de patrimonio, el de sucesiones y el de donaciones favorezcan a los ms ricos o corran el riesgo de desaparecer en algunos lugares? Por qu no gravar de forma ms severa los bienes de lujo y no penalizar en absoluto los bienes de subsistencia? Por qu no eliminar las deducciones en el impuesto de sociedades? De igual modo, qu impide gravar las transacciones financieras que no se orienten a inversiones duraderas o que resulten en desinversin a corto plazo? Por qu no obligar a la devolucin de cualquier subvencin pblica a las empresas con beneficios de explotacin que trasladen centros viables?

El tercer terreno de batalla es el social. Tenemos que estar en la calle mucho ms y seguir trabajando por la articulacin y la unin de distintas luchas que, aunque parezcan inconexas, se encuentran profundamente relacionadas. Hay que tomar el espacio pblico para reivindicarlo como nuestro y utilizarlo para dejar claro que si no nos hemos callado hasta ahora no lo haremos tampoco en los tiempos que han de llegar: reivindiquemos las calles, plazas y barrios como lugares de encuentro, denuncia y creacin de alianzas. Dialoguemos y discutamos, y sigamos haciendo mucho, muchsimo ruido. Nos sobran la fuerza, la ilusin y, sobre todo, la razn.

Las revueltas en el mundo rabe han sido las primeras del siglo XXI pero no sern las ltimas. El levantamiento de los y las indignadas en el Estado espaol est moviendo a gente, cosas e ideas. Tambin est sirviendo de detonador para numerosas movilizaciones en todo el mundo, porque la suerte no est echada.

*Sandra Ezquerra es sociloga. Este artculo resume y actualiza el texto presentado por la autora en el Foro Social de Madrid el 6 de mayo de 2011.

Este artculo se ha publicado en el n 47 de Pueblos - Revista de Informacin y Debate, tercer trimestre de 2011.



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