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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-08-2011

La guerra en Libia demuestra que el conocimiento de la verdad no impide el trfico de las mentiras

Editorial Gara


Al igual que cuando Rosa Parks se neg a dejar su asiento de autobs reservado a los blancos e inspir el movimiento por los derechos civiles en el sur de EEUU, cuando Mohamed Bouazizi se prendi fuego a s mismo en un pueblo rural de Tnez encendi una dinmica en el mundo rabe que exiga el fin de la brutal humillacin por parte de los autcratas que los opriman. Los medios occidentales se apresuraron a denominarla Primavera rabe, que evoca agradablemente un florecimiento o un renacer y reduce los acontecimientos a los caprichos de una estacin. Pero la brutal guerra de Libia, la salvaje represin de Bahrein o Siria, el estado policial en jaula de oro de las cleptocracias de Arabia Saud, Qatar o Emiratos rabes Unidos difcilmente pueden calificarse como primavera.

Lo que comenz como una lucha por la libertad, por los derechos humanos y civiles bsicos, que exiga el fin de la corrupcin a gran escala, del enriquecimiento de unas lites que mediante la brutalidad policial y del apoyo cnico de potencias extranjeras entendan el ejercicio del poder como sinnimo de mano dura y falta de libertad de expresin, nada tiene que ver con la intervencin humanitaria de la OTAN. Sobran razones para apoyar la causa y a los pueblos de las revoluciones rabes, pero la intervencin de la OTAN no busca la libertad. Traer destruccin, degradacin y esclavitud permanente al yugo neo-imperial. Y fortalecer un pernicioso estereotipo de Occidente sobre Oriente. A saber: que los rabes son, en cierta manera, incapaces para la democracia y que la injerencia e intervencin de Europa o EEUU es necesaria, a punta de pistola o a base de bombas si se torna necesario.

Petrleo para un cambio de rgimen

La contradiccin entre la resolucin 1973 del Consejo de Seguridad que estableca una zona de exclusin area y un mandato para proteger civiles y tena como objetivo facilitar el dialogo que desemboque en reformas polticas necesarias para alcanzar una solucin pacfica y sostenible y su materializacin demuestra una primera gran mentira. La OTAN ha actuado desde el primer momento como fuerza area y de operaciones especiales sobre el terreno de unos rebeldes que, de hecho, estn demostrando la misma brutalidad de la que acusaban a Gadafi.

En un interesado ejercicio de honestidad, Le Figaro habla abiertamente en trminos de la guerra de Sarkozy, The Economist filtra las operaciones britnicas del MI6 o la RAF, y el turbio Consejo Nacional de Transicin libia -que nadie ha elegido y que ha sido reconocido por 30 estados que ya han presentado sus ofertas para los contratos post-Gadafi- reconoce que tiene una deuda de gratitud y que sabr cmo saldarla. China, India y Brasil, opuestos a la intevencin militar de la OTAN, tendrn que esperar. Libia, mayor productor de petrleo de frica, con un crudo de excelente calidad fcilmente refinable, es hoy un gran casino para las grandes compaas -con las francesas en pole position-. Ese es precio de miles de vidas y de reducir Libia a escombros.

He ah otra conocida gran mentira. Las guerras humanitarias no existen. Y en Libia se da justo lo contrario: una guerra neo-imperial selectiva con el objetivo de asegurar un control polticamente clientelar de recursos naturales bsicos. Hacer del Mediterrneo un lago bajo control europeo y de EEUU. Y asentar nuevas bases para el acceso a los recursos y control de frica.

Una verdad simple y plana

Oponerse a la intervencin de la OTAN no supone, en absoluto, apoyar a Gadafi. Aun reconociendo que en trminos de desarrollo social e inversin en frica tuvo aspectos positivos, su poder era tirnico y mataba sistemticamente a la disidencia poltica interna -islamista o bereber-, as como a miembros relevantes de Hezbollah y otras organizaciones militantes. Pero la OTAN no ataca a Gadafi porque sea un dictador. Si sa fuera la razn, por qu no ataca a Dubai, Bahrein o Uzbekistn? Dubai financia sus guerras, Bahrein acoge su V. Flota en el Golfo Prsico, ambos maquinan en la Liga rabe para dar cobertura a los bombardeos sobre sus hermanos rabes y Uzbekistn es clave en el abastecimiento para su otra guerra de Afganistn.

Aunque los medios y comentaristas serios se afanan en presentar lo que ocurre en Libia como una guerra desinfectada, con bombas lser que resuenan por una causa noble, la mortal realidad se impone. A la hora de escribir estas lneas, la OTAN bombardea Sirte con artillera pesada y una lluvia de misiles para proteger a sus civiles de un rgimen que, en sus propios comunicados, dice que ya no existe. Para facilitar as el dilogo.

Cientos ms morirn en Sirte, miles han muerto ya en Libia. Esa es la verdad actual. Tan simple y extremadamente plana.

Era sabido que la manipulacin de la informacin, y la desinformacin, es ms efectiva y duradera que intentar su total control y supresin. Pero aunque tuerzan los hechos, la verdad es la que es.

Y la verdad es que en Libia, una vez ms, somos testigos de la muerte a gran escala de personas inocentes por parte de una banda de mentirosos y farisaicos matones de la OTAN vestidos con trajes de seda.

Fuente: http://www.gara.net/paperezkoa/20110828/287445/es/La-guerra-Libia-demuestra-que-conocimiento-verdad-no-impide-trafico-mentiras



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