Portada :: Opinin :: Ctedra Che Guevara-Amauta
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-04-2005

Prlogo a la edicin mexicana de El Capital, Historia y mtodo
Con Marx y con Zapata, despus del posmodernismo

Nstor Kohan
Rebelin


El marxismo constituye una concepcin del mundo, de la sociedad y de la historia de carcter universal. Por su escala de anlisis, por el alcance de sus pretensiones polticas de cambios sociales radicales (que jams se conforman con la tmida e inviable ilusin de construir el socialismo en un solo pas) y, fundamentalmente, por su mtodo dialctico.

El corazn de este mtodo que tratamos de auscultar en el libro reside en la categora de totalidad concreta. Hoy, ms que nunca antes en la historia, la totalidad social ms concreta, la ms mltiplemente determinada, es la sociedad capitalista mundial. El marxismo pretende ser una teora que la explica crticamente mientras seala sus tendencias latentes y sus crisis potenciales, esforzndose por trazar un rumbo para su derrocamiento y su transformacin radical.

Ahora bien, ese carcter universalizante no est reido con la contextualizacin histrica de cada aproximacin a El Capital. Toda lectura est moldeada por un ngulo de abordaje y condicionada por una perspectiva. No puede ser igual la lectura evolucionista de El Capital que canoniz la socialdemocracia alemana a fines del siglo XIX que la que impulsaron los bolcheviques, a instancias de Lenin, desde abril de 1917. (No casualmente Antonio Gramsci caracteriz a la revolucin socialista rusa como una revolucin contra El Capital... es decir, contra El Capital tal como lo entenda la ortodoxia kautskiana-plejanoviana). No hay equivalencia posible entre el desciframiento del marxismo que en forma abierta propiciara el peruano Jos Carlos Maritegui en los 20 y la codificacin cerrada que impuso burocrticamente el talo-argentino Victorio Codovilla a partir de los aos 30. Del mismo modo que no pueden homologarse las recetas y manuales oficiales de las Academias de Ciencias de la URSS con los seminarios de lectura y grupos de discusin sobre El Capital en los que participaron Fidel Castro y principalmente el Che Guevara en la Cuba de inicios de los 60.

Cada generacin construye o debe construir, cuando el marxismo se resiste a convertirse en un calco y una copia su propio acercamiento al pensamiento de Marx. Esa aproximacin no puede hacerse en forma deshistorizada. Nuestras preguntas e interrogantes estn impregnados por los problemas, las preocupaciones y los debates que han marcado nuestra experiencia poltica. Nadie puede eludir consciente o inconscientemente esos presupuestos bsicos subyacentes. Nosotros tampoco.

Por eso, intentar leer, estudiar e interrogar El Capital desde el Mxico contemporneo (como nosotros intentamos hacerlo desde Argentina) presupone dar cuenta y hacerse cargo de la propia historia del marxismo mexicano, de sus avatares, sus aportaciones y sus lmites.

En nuestro aprendizaje intelectual y nuestra propia historia de donde surge el presente intento de leer y comprender El Capital el marxismo elaborado en Mxico ha estado sumamente presente.

Por ejemplo, existe un pensador (de origen espaol pero que ha trabajado su original interpretacin del marxismo en el contexto cultural mexicano) que ha dejado su huella indeleble en nuestros estudios. No ha sido el nico, pero s uno de los ms importantes maestros y guas inspiradores (junto con Antonio Gramsci, el joven Lukcs, Isaac Rubin, el Che Guevara, Jos Carlos Maritegui, Michael Lwy, entre varios otros). Nos referimos, obviamente, a Adolfo Snchez Vzquez con quien nos une una entraable amistad, adems de nuestra sincera admiracin poltico-intelectual por la coherencia tica de su trayectoria y su filosofa de la praxis. Aunque el grueso de su produccin marxista no gira especficamente sobre El Capital, su obra nos ha servido para terminar de saldar cuentas con las lecturas e interpretaciones predominantes en la vulgata stalinista.

La tarea pedaggica realizada en Mxico por Snchez Vzquez ha resultado para nosotros muy importante, no slo por sus propios textos y clases sino tambin por la publicacin de toda la literatura marxista heterodoxa que l impuls como director de la coleccin Teora y praxis de editorial Grijalbo (muchos de esos textos estn presentes de una forma u otra en este libro). Esta coleccin imperdible form parte de una constelacin todava mayor: el amplio abanico editorial mexicano donde merecen destacarse, junto con Grijalbo, ediciones ERA y Siglo XXI, entre otras que durante los 60 y 70 difundi en gran escala el pensamiento de Marx y su tradicin. Aun hoy, quien recorra las libreras de textos viejos y usados en el distrito federal de Mxico se chocar con una increble biblioteca de clsicos marxistas. Para un lector argentino esa imponente acumulacin de ttulos ya desgraciadamente ausente de las libreras mexicanas actuales resulta sobrecogedora, fundamentalmente si la comparamos con lo editado de marxismo en Argentina, Chile o Uruguay durante los ltimos cuarenta aos. El contraste notablemente favorable a Mxico es abrumador. Los recurrentes golpes de estado del cono sur de nuestra Amrica, la quema de libros y de personas, el asesinato masivo de ideas y de compaeros de ideas, los exilios forzados y los recurrentes maccartismos, han dejado su sucia huella en nuestra cultura poltica y en la pobreza editorial de literatura marxista en cada uno de nuestros pases. Algo no muy distinto podra decirse sobre la aridez en cuestiones de marxismo de nuestras bibliotecas pblicas, incluyendo las universitarias.

Junto con la obra de Snchez Vzquez y el inestimable papel de las editoriales mexicanas, en nuestra formacin tambin ha sido muy importante poder contar con revistas tericas editadas en Mxico. Entre otras no podemos olvidarnos de Dialctica (impulsada por Gabriel Vargas Lozano); Cuadernos Polticos (orientada por Ruy Mauro Marini, Bolvar Echeverra y Carlos Pereyra, entre otros) y Crticas de la economa poltica (editada en su versin latinoamericana por Alejandro Glvez Cansino).

A pesar de esta evidente asimetra entre la divulgacin editorial marxista de Mxico y la del cono sur latinoamericano, no todo ha sido un lecho de rosas para el marxismo mexicano. La cooptacin estatal o la conversin planificadamente inducida del pensamiento marxista en objeto de consumo exclusivamente acadmico tambin se han hecho all presentes. Los sutiles pero poderosos mecanismos de disciplinamiento intelectual, neutralizacin de toda disidencia radical y la cooptacin poltica de la burguesa mexicana han constituido, lamentablemente, la otra cara de la moneda de aquella tolerancia y aquel pluralismo ideolgico que llama la atencin de los sudamericanos. Mientras que en Argentina el marxismo era perseguido a sangre, tortura, fuego, desaparicin y muerte, en Mxico era permitido y hasta subvencionado... a condicin de que no se animara a cruzar el lmite del permetro universitario.

All estn todava los jvenes impunemente masacrados en Tlatelolco en 1968 para corroborarlo. Siempre que se pongan en discusin los rgidos parmetros de la tolerancia represiva del capitalismo el poder feroz del capital ese mismo que viene al mundo chorreando sangre y lodo por todos los poros muestra su verdadero rostro. Mxico el de ayer, el de hoy no es la excepcin. La cultura crtica, especialmente en el caso de la herencia de Marx, tiene que vrselas tarde o temprano con el poder. No nos hagamos falsas ilusiones.

El poder, siempre el poder. La gran preocupacin del marxismo. El ABC de toda revolucin, segn el Che Guevara.

Lejos de nosotros ese relato de ficcin posmoderna y su doctrina del poder difuso que estara supuestamente en todos lados y que todos lo tendramos todo el tiempo. Sospechamos que esto no es cierto. En el mundo contemporneo, el de la globalizacin de los mercados y la mundializacin del capital, el poder est cada vez en manos ms reducidas, crueles y agresivas. Los pueblos estamos progresivamente ms explotados, sojuzgados, dominados y sometidos. No es eludiendo ni evadindose ilusoriamente de esta realidad aplastante y opresiva como vamos a emanciparnos en forma colectiva.

De all que indagar e interrogar El Capital desde la crtica de la economa poltica pero tambin desde la teora marxista del poder y la dominacin constituya una de las obsesiones del presente libro.

Para nosotros el poder constituye una relacin social de fuerza entre las clases, que atraviesa ntimamente tanto el plano de la economa, como la esfera de la poltica y el terreno de las subjetividades sociales y sus representaciones ideolgicas en pugna.

Sin embargo, esa caracterizacin de alcance general se encuentra siempre histricamente situada. Tomamos distancia, descreemos y cuestionamos toda metafsica... incluyendo las metafsicas del Poder (con maysculas) popularizadas por diversos pensadores postestructuralistas de La Sorbona. No es cierto que lo nico que interese sea cmo funciona el poder, sin importar qu clases sociales lo ejercen. Ambas dimensiones son fundamentales. Sin atender a sus condicionamientos histricos y determinaciones clasistas, el poder se vuelve un demiurgo dotado de vida propia, un nuevo dios ante quien hay que arrodillarse. Se transforma en un nuevo fetiche (por ms que se lo enmascare o maquille con la jerga pluralista y seudolibertaria del postestructuralismo y el posmodernismo). El poder est siempre atravesado por la lucha de clases que se desarrolla en la historia. Luego, no hay ni existe ningn poder omnmodo, transhistrico, por ms absoluto que parezca. De all que la historia constituya una dimensin imprescindible, tanto para analizar el entramado social que lo conforma en la sociedad capitalista como para comprender las diversas conceptualizaciones tericas que las ciencias sociales han elaborado acerca suyo.

Sin historia, el poder se torna incomprensible. Gravsimo error metodolgico el de aquellos compaeros y tericos, con pretensiones libertarias u horizontalistas (apresurados impugnadores, dicho sea de paso, de la herencia de Lenin y el Che Guevara...) que pretenden teorizar sobre el poder, la revolucin y el cambio de la sociedad en abstracto, en general, de forma radicalmente desterritorializada y completamente al margen de la historia. El imperialismo capitalista de nuestros das, de alcance y poder mundial, opera a partir de territorialidades bien concretas. Las resistencias antiimperialistas y anticapitalistas tambin.

Tenemos el mximo respeto por estos compaeros. No nos confundimos. Son compaeros. No son el enemigo. Sin embargo, sin perder nunca el respeto (que jams debemos abandonar), discrepamos. Creemos ilegtimo apelar al atractivo iconoclasta de la militancia altermundista o incluso a la autoridad moral del zapatismo mexicano para contraponer en forma artificial las luchas libertarias contra las luchas de inspiracin marxista, como si ambas fueran dicotmicas y mutuamente excluyentes.

Cualquiera que se imagine que la perspectiva poltica que nutre sus races en la tradicin de Emiliano Zapata es opuesta o inclusive contradictoria con el pensamiento marxista de Lenin (y sus herederos), bien hara en recordar aquella hermosa carta que el lder de la revolucin mexicana escribiera en Tlaltizapn, Morelos, el 14 de febrero de 1918 (publicada por primera vez en mayo de ese ao en el diario El Mundo de La Habana). Trazando un paralelo directo entre la rebelda de los campesinos insurrectos de Mxico y la revolucin bolchevique de obreros y campesinos encabezada por Lenin y Trotsky, entre muchas otras cosas Emiliano Zapata afirmaba: Mucho ganaramos, mucho ganara la humanidad y la justicia, si todos los pueblos de Amrica y todas las naciones de la vieja Europa comprendiesen que la causa del Mxico Revolucionario y la causa de Rusia son y representan la causa de la humanidad, el inters supremo de todos los pueblos oprimidos. [...] Aqu como all, hay grandes seores, inhumanos, codiciosos y crueles que de padres a hijos han venido explotando hasta la tortura a grandes masas de campesinos. Y aqu como all los hombres esclavizados, los hombres de conciencia dormida, empiezan a despertar, a sacudirse, a agitarse, a castigar. [...] No es de extraar, por lo mismo, que el proletariado mundial aplauda y admire la Revolucin Rusa, del mismo modo que otorgar toda su adhesin, su simpata y su apoyo a esta Revolucin Mexicana, al darse cabal cuenta de sus fines.

Slo a condicin de menospreciar la historia o desconocerla olmpicamente se puede contraponer a Zapata con Lenin o Marx.

Apelando entonces a diversos prestigios prestados, el relato posmoderno pretende disolver el poder desptico del capital por arte de magia y con un simple decreto filosfico. La misma operacin realiza cuando se trata de acabar de un plumazo con los sujetos sociales.

Esta corriente de pensamiento, de amplia difusin en los grandes monopolios de la comunicacin, repentinamente labra el acta de defuncin del sujeto revolucionario, reemplazndolo sin mayores trmites ni explicaciones por los nuevos movimientos sociales, concibiendo a cada uno de ellos como si estuviera encerrado en sus respectivos e intraducibles juegos de lenguaje. De este modo, no slo se evapora misteriosamente el poder bestial y despiadado del capital sino que tambin se disuelve la posibilidad de resistir y enfrentar organizadamente al conjunto de dominaciones que el capital entreteje, subsume, reproduce y amplifica.

Esta operacin discursiva, puramente especulativa, no captura ni aprehende lo que efectivamente sucede con la globalizacin del capital. Si bien es cierto que durante los ltimos cuarenta aos han florecido nuevos sujetos de lucha, eso no implica que ya no exista el sujeto de la revolucin. Por el contrario! Ese sujeto se ampla, se multiplica y puede llegar a crecer en radicalidad, a condicin de que las diversas luchas y resistencias puntuales logren conformar un nuevo bloque histrico, articulando fuerzas sociales heterogneas dentro de una estrategia poltica unificada que las potencie, centrada principalmente en el antiimperialismo y el anticapitalismo. La diversidad y pluralidad de sujetos no es necesariamente sinnimo de fragmentacin, dispersin, reformismo e impotencia poltica!

Al intentar profundizar en el mtodo dialctico y en El Capital entendido como texto central de la teora crtica marxista tanto de la explotacin como de la dominacin nos proponemos retomar una tradicin injustamente olvidada. Ya es hora de dejar atrs ese lamento permanente, paralizante, desmoralizador y lacrimgeno, por los buenos viejos tiempos que se han ido y no volvern. Dejemos la aoranza y la nostalgia de los aos 60 a la moda retro. Las mejores luchas, las ms radicales y audaces, todava no han sucedido. El desafo que la nueva poca nos pone por delante consiste en recuperar la iniciativa poltica y la ofensiva terica.

Tomando en cuenta ese desafo este libro est dedicado principalmente a las nuevas generaciones. Al emprender esa tarea nos inspira la necesidad de difundir el pensamiento marxista, sin caer en las frmulas trilladas de la manualstica (que aplanaban el pensamiento complejo de Marx para que entre en un cmodo esquema de pizarrn) pero al mismo tiempo sin renunciar a la pedagoga militante. Por eso aqu se apela a un lenguaje comprensible que intenta eludir los tics del elitismo acadmico as como tambin las simplificaciones de la vulgata tradicional.

Este libro se esfuerza por navegar en ese difcil equilibrio, distante tanto del populismo (que subestima a las clases populares negndoles el derecho a la reflexin terica y al estudio sistemtico) como del aristocratismo intelectual (que confunde jerga esotrica y terminologa hermtica con profundidad de pensamiento).

Cuando en Mxico, en Amrica Latina y en todo el mundo ya se van desgastando y agotando los proyectos gatopardistas que pretenden aggiornar el capitalismo neoliberal reemplazndolo por... otra variante de capitalismo (humano, racional, regulado, nacional, keynesiano, de tercera va, etc.), volver a leer y estudiar El Capital se torna un reto poltico y terico inaplazable. Ha llegado el momento de afrontarlo.

Buenos Aires, 4 de abril de 2005
El Capital, Historia y mtodo (http://www.rebelion.org/docs/3318.pdf)



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter