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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 02-09-2011

Entrevista al historiador Sergio Glvez
Por qu no volar el Valle de los Cados?

Mario Amors
Le Monde Diplomatique


Sergio Glvez (Madrid, 1980) es miembro del equipo fundador de la nica ctedra universitaria espaola dedicada al estudio de la recuperacin de la memoria histrica republicana y antifranquista, dirigida por Julio Arstegui en la Universidad Complutense de Madrid. Se instituy en 2004 por iniciativa del legendario luchador comunista Miguel Nez (entonces presidente de la Asociacin para la Memoria Social y Democrtica), quien propuso al rector Carlos Berzosa la creacin de un espacio que permitiera el dilogo entre los movimientos sociales y el mundo acadmico en torno a uno de los asuntos, la llamada memoria histrica, que ms ha convulsionado a la sociedad espaola en la ltima dcada.

Glvez ha sido profesor de la UCM y de la Universidad de Buenos Aires, comisario de la exposicin Presas de Franco de la Fundacin de Investigaciones Marxistas, director de diferentes proyectos de investigacin, ponente en numerosos congresos cientficos, coeditor del libro Nosotros los comunistas. Memoria, identidad e historia social (Atrapasueos) y en la actualidad est preparando un estudio crtico para la reedicin de la obra emblemtica de E. P. Thompson: La formacin de la clase obrera en Inglaterra. Este ao defender su tesis doctoral: La modernizacin socialista (1982-1992). Entre sus ltimos trabajos, ha coordinado con Julio Arstegui Generaciones y memoria de la represin franquista. Un balance de los movimientos por la memoria, el 28 ttulo de la excelente coleccin Historia y Memoria del Franquismo de Publicaciones de la Universidad de Valencia (PUV).

- Despus de una dcada de existencia, el heterogneo movimiento social por la recuperacin de la memoria histrica ha impulsado notablemente las investigaciones sobre la represin franquista

- Prefiero no hablar de memoria histrica porque memorias histricas hay muchas. La memoria histrica de la que vamos a hablar es la Memoria Democrtica: la memoria republicana, la memoria antifranquista y por extensin la memoria antifascista. Efectivamente, todas estas investigaciones sobre la represin franquista, estimuladas por el activismo social, nos han permitido conocer mucho mejor las interioridades y los contornos del plan de exterminio del adversario poltico ejecutado por el franquismo. Estamos empezando a percibir las dimensiones reales de la represin, ya conocamos las cifras generales y ahora vamos acercndonos poco a poco del mbito regional al local.

El problema que se nos plantea ahora es que la magnitud de la represin franquista fue tan grande, tanto a nivel cualitativo como cuantitativo, que la sociedad tardar mucho tiempo todava en asimilar lo que fue el franquismo. Y esto exigir muchos aos de trabajo y pedagoga.

- La relacin entre historia y memoria es uno de los grandes debates intelectuales de la ltima dcada en Espaa. En su trabajo para el libro editado por PUV, Francisco Espinosa destaca, a partir de una crtica contundente de las tesis de Santos Juli, que el movimiento social por la Memoria Democrtica ha impugnado el pacto de silencio sellado en la Transicin

- Al igual que no se puede negar la poltica de exterminio franquista, ya no es posible -como defienden Espinosa o Reig Tapia- con los estudios y los documentos que vamos conociendo, negar aquel pacto de silencio. Evidentemente, un pacto de silencio no se pone por escrito, pero se aprecia si uno analiza desde las actividades parlamentarias a las declaraciones de las organizaciones polticas en aquel tiempo.

- Cmo afect aquel acuerdo tcito al conocimiento histrico?

- Durante muchos aos hubo una clara voluntad poltica de que no se hablara de la Memoria Democrtica y el principal ejemplo de la poltica del silencio lo representan los gobiernos socialistas de Felipe Gonzlez, un periodo de casi 14 aos en el que prcticamente no hubo ninguna iniciativa significativa. Un ejemplo de esa apuesta por la poltica del silencio fue la declaracin que el Ejecutivo difundi el 18 de julio de 1986 (en el 50 aniversario del golpe de estado contra la II Repblica), en la que sealaba que la guerra civil no era un hecho conmemorable y reforzaba el relato cannico de la Transicin. Adems, ahora empezamos a plantear que este relato tiene un claro sesgo de clase, impuesto por quienes pudieron sobrevivir al cambio poltico y social sin pagar ningn precio por su complicidad con la dictadura.

Entonces, si algo positivo ha tenido el movimiento por la Memoria Democrtica es que, por una parte, el historiador ha recuperado su funcin social, es decir, se ha implicado en debates que cada vez han tenido un mayor eco ciudadano y meditico. Y, por otro lado, el debate entre historia y memoria responde a algo muy evidente: la Memoria Democrtica, esa memoria ocultada, silenciada, que no interesaba a las instituciones y a la parte ms conservadora del mundo acadmico, tiene una fuerza enorme que impugna el pacto de silencio de la Transicin. Esto es lo que da miedo. Podr disfrazarse de debate epistemolgico, pero la relacin entre historia y memoria va mucho ms all, porque cuando interconectamos historia y memoria, cuando construimos un nuevo relato con las voces de los protagonistas excluidos, empiezan a tambalearse esos discursos construidos en los aos 80 y 90.

- En este conflicto social y poltico por la memoria ha habido una resurreccin con aparente xito de ventas- del revisionismo histrico inspirado en la mitologa franquista

- A esa corriente neofranquista no dudo en calificarla de negacionista, porque niegan crmenes contra la humanidad y, si algo hemos demostrado los historiadores en la ltima dcada, es que el franquismo cometi crmenes contra la humanidad, que no prescriben. Estos individuos, con su propaganda, niegan algo muy grave y tipificado penalmente. La justicia debera estar muy atenta a este tipo de libros y verificar que no sobrepasen la lnea del delito penal, porque estamos ante autnticos delincuentes que niegan tres principios esenciales: verdad, justicia y reparacin a las vctimas.

- En la ltima dcada, tras la exhumacin de ms de 200 fosas comunes, se han identificado los restos de ms de 5.000 de los ms de 100.000 republicanos desaparecidos a manos del franquismo.

- Ms all de la significativa recuperacin personal y familiar de los restos, las exhumaciones tienen el gran valor de demostrar el plan de exterminio del adversario poltico que puso en marcha el franquismo durante la guerra civil y la dictadura.

- Pero esta inmensa labor ha sido impulsada por las asociaciones comprometidas con la Memoria Democrtica

- Porque el Estado espaol incumple los convenios internacionales en materia de desapariciones forzosas, en concreto, la Convencin sobre Desapariciones Forzosas, que este ao ha entrado en vigor en nuestro pas. Adems, la Ley de Memoria Histrica, con sus artculos 11, 12, 13 y 14, se salt a la ligera toda la legislacin internacional en materia de derechos humanos. Soy crtico con la externalizacin de las exhumaciones a las asociaciones a travs de las conocidas subvenciones anuales del Ministerio de la Presidencia. Tenemos que decirlo alto y claro: ninguna persona ajena a la Administracin pblica debera llevar a cabo una exhumacin porque se corren muchos riesgos. Por supuesto, no dudo de la profesionalidad de las asociaciones y de las personas que las llevan a cabo, pero debera ser una funcin exclusiva de la Administracin pblica, como por ejemplo sucede en Chile.

Estamos acostumbrados a este modelo de impunidad, incluso lo asumimos como propio, por eso que no vemos algo lgico: es el Estado el encargado de hacer justicia. El modelo espaol de impunidad, definido hace varios aos por el Informe Nizkor, es casi perfecto y se ha demostrado invulnerable desde 1977. Tiene alguna pequea grieta, pero la tapan incorporando a nuevos protagonistas a lo que Rafael Chirbes denomin el santoral laico. Sucedi, por ejemplo, en el otoo con Marcelino Camacho tras su fallecimiento, cuando el primer secretario general de CCOO nunca quiso ser parte de ese mecanismo de dominacin y consenso, de ese mecanismo de compensacin que tiene el discurso dominante para tapar las grietas del modelo de impunidad.

- En su trabajo incluido en Generaciones y memoria de la represin franquista habla del Derecho a la Memoria Democrtica como un nuevo derecho ciudadano que debiera ser reconocido

- El derecho a la memoria tendra que ser un derecho ms, fomentado y auspiciado por las administraciones pblicas, como un valor constitucional de primer orden, porque no debemos olvidar que, si vivimos en un pas democrtico con sus lmites, con sus carencias-, es gracias a la resistencia antifranquista. La Transicin no fue un regalo de la derecha y de la monarqua, la libertad se conquist gracias al sacrificio, la tenacidad y el valor de varias generaciones de luchadores sociales y polticos antifranquistas.

- Hechos como la demolicin de la crcel de Carabanchel evidencian que la conquista de este nuevo derecho an queda lejos

- Estuve muy implicado en esta lucha social, sobre todo en los ltimos momentos, y no hay que olvidar que la orden de destruccin de esta emblemtica prisin en el otoo de 2008 parti del Ministerio del Interior, de la Direccin General de Instituciones Penitenciarias. Las entidades vecinales, las fuerzas de izquierda y las asociaciones por la Memoria Democrtica propusieron muchas alternativas, como construir un centro de memoria en una parte y destinar otra a usos sociales. En el ltimo momento pedimos que se conservara la cpula como elemento emblemtico de un lugar donde centenares de presos polticos (principalmente militantes del PCE y de CCOO) pagaron con muchos aos de crcel su compromiso con la democracia y la libertad. La destruccin de la crcel de Carabanchel es una metfora ms de la impunidad del franquismo y de la larga sombra de la dictadura, porque esto lo hizo el PSOE, no el PP, y conocan todas estas demandas. Es uno de los ataques ms graves a nuestra Memoria Democrtica.

- En cambio, persiste el Valle de los Cados, el gran smbolo de la dictadura, un lugar de homenaje al fascismo espaol

- A pesar de las indicaciones de la Ley de Memoria Histrica, este lugar conserva una connotacin poltica claramente franquista y es un monumento a la poltica de exterminio, al esclavismo de los presos republicanos. Soy de la opinin de que no se puede reconvertir, es imposible, tan slo hace falta visitarlo. Por qu no volar el Valle de los Cados como un acto institucional de higiene democrtica con el Jefe del Estado y el jefe del Gobierno presentes?

- Muchas asociaciones comprometidas con la Memoria Democrtica reivindican un proceso constituyente que desemboque en la III Repblica. La recuperacin de la memoria republicana y antifranquista puede contribuir a construir un frente amplio por la Repblica?

- No slo lo creo, sino que pienso que es necesario. Es fundamental asumir y extender la reivindicacin de la III Repblica como un proceso de cambio poltico, de construccin desde abajo de una nueva ciudadana, de unos nuevos valores. Adems, en este momento de grave crisis de credibilidad de la clase poltica este proyecto estimula continuar hacia la construccin de una sociedad ms justa, igualitaria y democrtica. Los ideales de los luchadores republicanos y antifranquistas estn vigentes porque nos hablan de tres valores esenciales, del corazn de la razn democrtica: la libertad, la igualdad y la fraternidad. Y los historiadores no debemos ser ajenos a este debate, debemos ser parte de este compromiso colectivo desde nuestro trabajo cientfico.

- Entrevista publicada en el nmero de agosto de la edicin espaola de Le Monde Diplomatique.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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