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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-09-2011

Un nuevo amanecer de los movimientos sociales en Chile

Sergio Grez Toso
The Clinic


El ao 2011 quedar inscrito en la historia de Chile como el de un nuevo despertar de los movimientos sociales despus de ms de dos dcadas de aletargamiento debido a la combinacin de la accin natural del modelo econmico neoliberal, del recuerdo del rgimen de terror de la dictadura, de las trabas y cortapisas legales e institucionales para la expresin de las demandas sociales, de la virtual dictadura meditica impuesta por un puado de grupos econmicos y de poder, adems del control y cooptacin de estos movimientos ejercidos durante largo tiempo por los gobiernos de la Concertacin y sus partidos.

En lo que va corrido de este ao, los movimientos sociales en Chile se han sucedido con inslita rapidez, masividad y persistencia. En apretada e incompleta sntesis habra que mencionar la protesta regional de Magallanes, las movilizaciones contra el megaproyecto de HidroAysn, las marchas por los derechos de la diversidad sexual, los paros comunales de Calama, la protesta de Arica, las huelgas de los trabajadores del cobre (estatales y privados), los paros de los empleados fiscales, sin olvidar la persistente lucha de los mapuches por la recuperacin de sus tierras y la reconquista de su autonoma y libertad. Pero, sin duda, el ms masivo y de mayores efectos sociales, culturales y polticos, ha sido el movimiento por la educacin pblica cuya columna vertebral y principal componente son los estudiantes. Tal vez la principal virtud de este movimiento aparte la de poner en la agenda poltica con tremenda fuerza la cuestin educacional- ha sido su aporte a la repolitizacin de la sociedad chilena, potenciando la reactivacin de otros sectores y cuestionando certezas, valores, normas, instituciones y formas de hacer las cosas que parecan haber adquirido caractersticas naturales para millones de ciudadanos sometidos a la hegemona ideolgica del neoliberalismo. Hasta hace unos cuantos meses solo una minora de chilenos cuestionaba seriamente el lucro en la educacin y el rol subsidiario del Estado. Hoy son millones los que exigen junto a los estudiantes una educacin estatal gratuita, laica, democrtica, igualitaria y de calidad. El cambio ha sido radical. Igualmente, hasta hace poco, plantear demandas como el plebiscito para zanjar disyuntivas de gran inters ciudadano, la renacionalizacin del cobre y una reforma tributaria para financiar la solucin de los ms acuciantes problemas sociales, adems de la convocatoria a una Asamblea Constituyente para que por primera vez en su historia los pueblos de Chile ejerzan su soberana, eran sueos de izquierdistas impenitentes, sin gran eco social. Hoy son temas ineludibles y hasta la clase poltica, que ha pretendido monopolizar la representacin ciudadana en las ltimas dcadas, debe, muy a contrapelo de sus naturales inclinaciones e intereses, tomarlas en cuenta para rebatirlas o simular acuerdo con ellas para mejor contener las exigencias provenientes de la sociedad civil.

Asistimos, tal como lo han sealado diversos analistas, a un colapso del acuerdo de gobernabilidad suscrito entre los partidarios de la dictadura y sus opositores moderados en la segunda mitad de la dcada 1980, pero tambin a una crisis de legitimidad del modelo econmico neoliberal y del sistema de democracia restringida, tutelada y de baja intensidad administrado por dichas fuerzas desde 1990. Al mismo tiempo se extiende el cuestionamiento a las viejas formas delegadas de hacer poltica a travs de representaciones institucionales divorciadas de las bases sociales, altamente centralizadas y jerrquicas. En su lugar, los jvenes y otros actores sociales han venido construyendo desde hace aos formas ms democrticas y horizontales, como los colectivos sociopolticos, las asambleas territoriales y locales y las coordinaciones sectoriales, regionales y nacionales de colectivos y organizaciones sociales cuyas polticas y decisiones se toman colectivamente y en las que no es extrao que los dirigentes y voceros sean removidos por sus bases si estas lo estiman conveniente. El sistema poltico binominal, la elitizacin de la poltica profesional y los abusos de la clase poltica, han engendrado sus propios sepultureros: una ciudadana popular y de clases medias crecientemente empoderada. La crisis del sistema es profunda aunque an no es terminal. Qu falta para que la democracia de baja intensidad y el extremista modelo neoliberal chileno sean desalojados del escenario histrico? Varios elementos. Los ms importantes e inmediatos parecen ser los siguientes. En primer lugar, que los trabajadores en tanto tales (y no solo como pobladores, consumidores, padres o apoderados) entren decididamente en la lucha por sus propios derechos, con los mismos grados de autonoma, radicalidad y sagacidad poltica demostrados hasta ahora por el movimiento estudiantil. Ellos son y seguirn siendo el elemento decisivo, como lo es la infantera en la guerra, considerada tradicionalmente como la reina de las batallas. 3 En segundo trmino, es indispensable que los movimientos sociales (no solo el estudiantil) sean capaces de elaborar sus propias propuestas polticas y de tender lazos solidarios entre s para formar un frente comn ante sus adversarios. Esos movimientos deben buscar sus puntos de acuerdo para construir plataformas unitarias consensuadas democrticamente. Pero tambin es imprescindible que se doten de sus propias representaciones en la esfera poltica.

El profundo desprestigio que envuelve al duopolio de la transicin chilena (la Concertacin y la Derecha clsica) ofrece una oportunidad como pocas veces se ha visto en la historia de este pas para que los movimientos sociales se auto representen polticamente y sean, por primera vez, los actores principales de la refundacin de las bases polticas que la sociedad requiere so pena de deslizarse hacia callejones sin salida de sucesivos estallidos sociales sin capacidad de construir alternativas viables. La anomia poltica es un mal que suele acechar a los movimientos sociales si estos no estn en condiciones de orientarse ms all de sus reivindicaciones sectoriales o corporativas, y esa anomia es tambin un peligro que est rondando a la sociedad chilena. La convocatoria a una Asamblea Constituyente en la cual los representantes de los movimientos sociales sean la fuerza principal, debera ser el horizonte poltico para la refundacin de una segunda Repblica, que deje atrs la soberana delegada y esencialmente nominal que ha imperado durante doscientos aos, sustituyndola por la soberana efectiva de los pueblos que viven en este Estado nacin. El plebiscito sobre la educacin puede ser un hito importante en ese camino hacia la soberana popular.

Historiador, acadmico de la Universidad de Chile.

* Artculo publicado en The Clinic, N409, Santiago, 1 de septiembre de 2011.


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